ALICANTE, según Catastro, a 1.1.2015 por tamaño y fecha.

tabla-alicante-2-121996e-314dadtaman%cc%83o-edificaciontabla-alicante-edadtaman%cc%83o-edificacion

Estos gráficos representan el Parque Residencial de ALICANTE.

Son los Bienes Inmuebles, de uso VIVIENDA, matriculados a 1.1.2015, clasificados por tamaño y fecha de inscripción.

Cada barra horizontal representa una década, la inferior es la más reciente (2010-2014), y la superior la más antigua (<1900).

Cada color es un tamaño, del más cálido (<60 m2) al más frío (>180 m2).

La barra inferior (DELVI) representa el cálculo hecho desde Otropunto de la Demanda Latente de Vivienda (la demanda latente se configura por las personas que no tienen vivienda y que por su perfil sociológico (edad) y socioeconómico (no están en desempleo) son potenciales compradores). Es una estimación del número máximo de vivienda que constituye la demanda encubierta de una zona y se basa en las personas con el perfil de los actuales compradores de vivienda pero que todavía no han constituido un hogar.

alicante-delvialicante-piramidetabla-alicantealicante-catastro-2014-2016alicante-inealicante-alquiler

Son datos fríos, sin cocinar.

Información para la toma de decisiones.

Información para el conocimiento.


Alicante GE1.jpgAlicante/Alacant es una ciudad y municipio de 201,27 km2, capital de la provincia homónima, una de las 3 que conforman la Comunidad Valenciana. Es una ciudad portuaria situada en la costa mediterránea. Es el 2º municipio más poblado de la comunidad autónoma y el 11º del país. Forma una conurbación de cerca de 500.000 habitantes con muchas de las localidades de la comarca del Campo de Alicante: San Vicente del Raspeig, San Juan de Alicante, Muchamiel y Campello. Estadísticamente se asocia también al Area metropolitana de Alicante-Elche, que cuenta con 757.085 habitantes. Es una ciudad eminentemente turística y de servicios.

Alicante 3d.jpgLa ciudad se halla a orillas del Mediterráneo, en una planicie sorteada por una serie de colinas y elevaciones. El monte Benacantil, con 169 m de altura, sobre el que se asienta el Castillo de Santa Bárbara, domina la fachada urbana y constituye la imagen más característica de la urbe. En esta encontramos también el Tossal, donde se asienta el castillo de San Fernando, la sierra de San Julián o Serra Grossa, las lomas del Garbinet y el Tossal de Manises. Entre estas discurren barrancos y vaguadas, algunos completamente ocultos por el crecimiento urbano como las ramblas de Canicia, Bon Hivern o San Blas-Benalúa; otras, de más envergadura, se hallan canalizadas como la Rambla de las Ovejas o la del Juncaret. Al S de la ciudad hay una zona pantanosa, el saladar de Agua Amarga.

En la línea de costa cabe señalar las playas que son, de N a S: San Juan, La Almadraba, La Albufereta, El Postiguet, Agua Amarga, El Saladar, y las de la isla de Tabarca. Entre las playas de La Albufereta y la de San Juan está el Cabo de la Huerta, con numerosas calas: Calabarda, Cantalares, Los Judíos, La Palmera.

alicante1 hoy.jpg

La Organización político-administrativa de Alicante divide oficialmente la ciudad en 12 entidades de población. La de Alicante está dividida en 42 barrios y el puerto de Alicante que depende de la autoridad portuaria. Las 11 entidades restantes son las partidas rurales que a efectos estadísticos son el barrio nº 43.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

La ciudad ostenta este título desde 1490 concedido por Fernando II de Aragón, además de los títulos de “Muy Ilustre Fiel y Siempre Heroica Ciudad de Alicante”. Las dos primeras le fueron concedidas por Felipe V; bastante más tarde le llegaría la de Heroica, que le otorgó Alfonso XII según real decreto aparecido en el Boletín Oficial de la Provincia el 10.6.1881. Con anterioridad Alfonso X el Sabio ya la había distinguido con las de “Leal ” y “Esforzada”. Posteriormente fue Carlos I quien, junto con el Toisón de Oro para la orla de sus armas, concedido en el año 1524, confirmó también a su municipio el tratamiento de “excelencia”.

Barrio_de_Alicante.PNG

El territorio que hoy pertenece al municipio de Alicante fue ocupado ya en tiempo de los íberos. Posteriormente, tanto griegos como romanos se asentaron en estas tierras, aprovechando las ventajas defensivas que ofrece el monte Benacantil y creando un importante puerto marítimo‐fluvial.

El 1º asentamiento existente en la ciudad de Alicante, de origen romano, surgió en la actual Benalúa donde existían buenas tierras para el cultivo. La ciudad más importante en el Alicante de la romanización debió ser Lucentum, la única que aparece mencionada en los escritores romanos. Plinio dirá tan sólo que se encuentra en la provincia Hispania Citerior. Según Pomponio Mela, Lucentum se ubica en el golfo ilicitano, entre otras 2 ciudades, Ilice y Alone, y en las tablas geográficas de Ptolomeo aparece como ubicada en la costa de los contestanos, entre las ciudades costeras, junto a Alone y el Portus Ilicitanus. Pero el conjunto de documentos más importantes para el estudio de los aspectos no estrictamente materiales de la ciudad de Lucentum es el proporcionado por las inscripciones. En el Tossal de Manises y en su entorno se conocen más de una docena de inscripciones. Los documentos más importantes nos dejan constancia de la erección de 1 o 2 templos, uno sin nombre y otro dedicado a la diosa Juno. El 1º fue costeado por Marco Popilio Onice, ciudadano destacado. El templo de Juno fue reconstruido por la ciudad, representada por su senado municipal.

El asentamiento árabe se rige por una lógica más defensiva, por lo que se organiza al pie del Castillo de Santa Bárbara, surgiendo así el llamado barrio de Villavieja. Con la llegada de la dominación cristiana se construye un nuevo barrio, el de Villa Nueva colindante con el anterior.

A partir del año 718, la ciudad forma parte del Califato de Córdoba y, tras su desmembramiento, pasa a las Taifas de Denia y Murcia.

El término municipal de Alicante nace con la conquista cristiana del siglo XIII, y a lo largo del tiempo ha sufrido modificaciones. Hay un documento del Rey Alfonso X el Sabio, fechado en Murcia, el 29.8.1252, en que el rey amplía el término municipal añadiéndole las aldeas de Novelda, Aspe el Viejo, Aspe el Nuevo, Monforte, Agost, Busot y Aguas, con todas sus alquerías, todos sus castillos y todas sus rentas. Azuar propone que la ampliación del término municipal no responde a otra cosa que a igualarlo con lo que había sido el hisn en época islámica, no tanto en un sentido geográfico sino más bien de vinculación personal bajo la autoridad de un ca’id.

En 1243, Alfonso X El Sabio, ocupa la ciudad ampliando el antiguo reducto islámico de la “Vila Vella” con la “Vila Nova”. Se procede al repoblamiento del territorio, pero la escasez de pobladores cristianos y las carencias económicas prolongaron la permanencia de la población musulmana.

Concluída la ocupación del entero Reino de Murcia a principios de enero del 1301, Jaime II lo incorporó a la Corona de Aragón, a modo de una 4ª perla engarzada en aquélla al lado de las ya existentes del Reino de Aragón, Principado General de Cataluña y Reino de Valencia. Pero al efectuarse la partición del Reino de Murcia entre Castilla y Aragón, por la Sentencia Arbitral de Torrellas-Tarazona (agosto 1304), se creó la Procuración General de Orihuela con la región centro-meridional alicantina, que, al resultar ahora anexionada al Reino de Valencia, pasó a denominarse también Reino de Valencia ultra Sexonam. Pero la anexión formal de la villa de Alicante al Reino de Valencia con el disfrute en plenitud de sus fueros, iba a tener lugar poco después, el 25.6.1308. Jaime Il extendía una provisión real, en la que promulgaba oficialmente la incorporación formal de Alicante al Reino de Valencia, de suerte que a partir de entonces fuera considerado a todos los efectos parte integrante del Reino de Valencia, como territorio enclavado dentro del mismo y que todos sus vecinos se rijan y gobiernen en lo sucesivo por los fueros de la ciudad y reino de Valencia, renunciando a los propios, salvo aquéllos confirmados expresamente por el monarca.

Pasó Alicante por 2 administraciones soberanas diferentes, en la baja edad media, la de Castilla primero (1247-1296) y después la de Aragón (1296-1490).

En el siglo XV en la ciudad de Alicante encontramos un doble recinto fortificado, el islámico, que es el que envuelve a la Villavieja; y el segundo construido entre el s. XIII y XIV para defender el arrabal de San Nicolás. Durante este siglo, Alicante disfruta de una próspera agricultura orientada hacia la exportación (vino, frutos secos, esparto), lo que impulsó un notable desarrollo del puerto y una clase media que controlaba el gobierno municipal.

Con fecha del 26.7.1490, despachaba Fernando II el Católico en la ciudad de Córdoba, inmerso en los preparativos bélicos finales para la conquista de Granada, alIado de su esposa Dª Isabel, un privilegio solemne a favor de la villa de Alicante, por el que la elevaba, en reconocimiento de los muchos logros alcanzados en las áreas del comercio, la artesanía, la agricultura y la industria, al rango honorífico de ciudad, con todos los fueros y franquicias, que el referido alto título conlleva. Con gesto tan singular, se proponía el Rey Católico 2 cometidos muy claros: premiar antes que nada el esfuerzo de la villa de Alicante por superarse y propender siempre a metas superiores de creciente desarrollo económico y mayor bienestar social, y a su vez, potenciar con mayor fuerza sus múltiples actividades mercantiles, agrícolas, artesanas e industriales, con la seguridad de que su activa aplicación había de conducir a la recién creada ciudad de Alicante a un mayor desarrollo económico, crecimiento demográfico en ascenso y a un mayor bienestar social. y entrambos cometidos se vieron en efecto satisfactoriamente realizados. La villa de Alicante vió colmada su vieja aspiración a convertirse en ciudad (como 53 años antes, su vecina Orihuela había visto realizado su sueño, por obra de Alfonso V el Magnánimo, desde Gaeta el año 1437), apreciando en tal gestoreal un premio legítimo a sus muchos méritos. Y contempló a la vez en su conversión en ciudad un poderoso estímulo hacia conquistas de metas mucho más ambiciosas ya en los preludios mismos del siglo XVI.

1688.jpg

1688 – Alicante

Entre los siglos XVI y XVII, se discutió de manera repetida sobre la necesidad de construir una nueva muralla defensiva, abaluartada a la manera de la época. A finales del XVII, Alicante es objeto de un ataque de la escuadra francesa, quedando destruidos los edificios más importantes del siglo anterior y haciéndose patente la necesidad de construir una muralla moderna y eficiente. De esta manera, se refuerzan los muros del siglo XVI y se cerca el arrabal de San Francisco, tomando como base el baluarte de San Carlos.

1721

1721 – Alicante

En el XVIII, se remodelaron el muelle y el puerto, por su importancia militar, estratégica y comercial. Se hizo construir una batería en la punta del muelle, que recibió el nombre de San Felipe y fue terminada en 1707. Durante este siglo se produjo un crecimiento demográfico importante, fomentado por el auge comercial de la ciudad. 

1764.jpg

1764 – Alicante

Hasta el siglo XIX el ensanchamiento de las sucesivas cercas de la ciudad se realiza hacia el O, en paralelo con la costa, de tal modo que a comienzos de este siglo la ciudad cuenta con los 2 barrios anteriores, los de Santa Cruz y San Roque, así como los antiguos arrabales de San Antón, de San Francisco y Raval Roig, todo ello dentro del recinto amurallado, ya que, debido a la condición de puerto de armas que tenía la ciudad, ésta no podía crecer más allá de esta frontera administrativa ni podía renovar su patrimonio residencial.

1787.jpg

1787 – Alicante

La ciudad de Alicante, en los primeros años del siglo XIX, presentaba el aspecto tradicional de una vieja ciudad, a la que se le habían quedado estrechos los muros que la cercaban; de manera que fuera de los mismos habían aparecido algunos núcleos de población, hacia los que se proyectaba la futura expansión, tales eran el arrabal Roig y el de San Antón, situados al NE y NO, respectivamente, y en los que ya desde antiguo, particularmente en el 2º, se habían levantado algunos edificios de gran importancia, como la Casa de la Misericordia y el convento de los Capuchinos. El recinto amurallado, por su parte, estaba formado por 2 conjuntos, ya que el núcleo histórico, que se extendía desde la ladera del Benacantil hasta la actual calle de la Rambla de Méndez Núñez, se le había adosado, al sur, a principios del siglo XVIII, y rodeado de un muro el barrio de San Francisco.

Este recinto amurallado y los barrios extramuros tuvieron que soportar el crecimiento demográfico y económico que se dió en Alicante en dicho siglo.

1795.jpg

1795 – Alicante

Como consecuencia, y tal como aparece en la documentación de los primeros años del siglo XIX, la densidad demográfica dentro de los muros de la ciudad era muy alta, ya que a la falta de espacio para construir se unía la prohibición, por razones defensivas, de aumentar la altura de los edificios existentes; lo que pesaba gravemente sobre la población y había causado una elevación considerable del precio de los alquileres de las viviendas. De ahí que, en las mismas fechas, se suplicara a las autoridades del Estado que proporcionaran “los ensanches que necesita con la construcción de un nuevo recinto”.

1803.jpg

1803 – Alicante

La guerra de la independencia brindó la oportunidad de ampliar el perímetro murado de la ciudad, a la vez que se reforzaban las defensas y construía, fuera de las murallas, el castillo de San Fernando sobre el monte Tosal, situado al NO, a escasa distancia del casco urbano.

El recinto urbano ampliado y descrito anteriormente fue el que albergó Alicante durante toda la primera mitad del siglo XIX, aunque, una vez terminada la guerra, de nuevo se construyó y ocupó el barrio de San Antón, del que sólo habían permanecido en pié los viejos edificas de la Casa de la Misericordia y convento de los Capuchinos, y se convirtió en el núcleo principal de la expansión urbana. En otros puntos de la periferia, en torno al muro, fueron apareciendo algunos pequeños núcleos que anticipaban la dirección de la expansión de la ciudad en la segunda mitad del siglo. Tal sucedió a lo largo y en torno de la carretera de Madrid y de la alameda de San Francisco y en las proximidades del baluarte de San Carlos, en el extremo suroccidental, en donde se ubicaron determinados oficios relacionados con el transporte y el comercio y con las actividades marineras y portuarias.

Alicante, durante la guerra de la independencia, no sufrió asedio alguno ni destrozos materiales causados por  el enemigo; sin embargo, la guerra afectó duramente a sus habitantes, porque, aparte de dañar gravemente el sistema productivo, como sucedió en todo el país, y particularmente las actividades mercantiles, aquellos tuvieron que enfrentarse a fuertes gastos y colaborar a duros trabajos, como los que se precisaron para levantar las nuevas murallas; asimismo fue muy gravoso el derribo del barrio de San Antón y, finalmente, la ciudad, en su función de retaguardia, tuvo que cobijar a numerosos refugiados y servir de desembarque y, consiguientemente, abastecer a unidades del ejército que desde Alicante había de desplazarse a los frentes de combate.

La ciudad tardará en recuperarse y crecerá y se transformará lentamente; sin embargo, no debe deducirse que se entrara en una etapa de completa inactividad, porque ya a mediados de la 2ª década se decidió facilitar la comunicación entre los 3 núcleos que integraban el recinto amurallado, y más en concreto entre el casco antiguo y los barrios de San Francisco y Nuevo, ya que el muro que separaba a estos últimos se había destruido unos años antes, al finalizar la obra de ampliación anterior. Para ello se proyecto el derribo de la muralla que seguía la dirección de la actual calle de la Rambla de Méndez Núñez y aprovechar los escombros para cubrir el barranco colateral y elevar el centro de la amplia avenida resultante, en cuyos lados se plantaron árboles y se colocaron bancos, protegiéndolos con una verja; de manera que la unificación del casco urbano llevó consigo la aparición de un elemento que contribuía al embellecimiento de la ciudad. Este fue el origen de lo que, primero, fue Paseo del Vall, después de Quiroga y, más tarde de la Reina.

Dada la gran densidad de las viviendas en el casco antiguo y la estrechez de las calles, los únicos cambios posibles en el paisaje urbano serían los que procedieran de la construcción de nuevos edificios sobre viejos solares y los que se lograran reformando y dando mayor altura a los existentes, excepto en el barrio Nuevo, en donde podía llevarse a cabo una distribución racional del espacio y reservar algunos solares para la construcción de edificios de carácter público y destinar otros al esparcimiento de la población, tal como sucedió con la construcción del cuartel del Rey, en 1816, y del teatro principal, en 1847, en la calle del Barranquet, actual avenida de la Constitución, y la apertura de la plaza de Santa Teresa (Plaza Nueva), que ordenaba el conjunto urbano de todo el barrio. También el barrio de San Antón se reconstruyó racionalmente, con calles rectas y amplias, en el que se levantó algún edificio público, como la plaza de toros, en 1846, y se destinaron algunos espacios al esparcimiento, como la alameda que desde la calle de San Vicente se prolongaba hasta el convento de los capuchinos y que, más tarde, en 1850, se remató con el paseo de Campoamor.

1850 Coello.jpg

1850 – Alicante por Francisco Coello

En las décadas de los 40′ y 50′ del XIX, como consecuencia de la aplicación de las leyes de desamortización de los bienes del clero regular, publicadas por el gobierno liberal, en 1836 y 1837, el casco antiguo de la ciudad conoció algun remodelación importante, ganando 2 pequeños espacios abiertos, mediante el derribo de los conventos de los agustinos y de los carmelitas, que habían sido entregados al municipio, y que se convirtieron respectivamente en las plazas de Quijano y del Carmen; en cambio, en el mismo núcleo histórico, con fachada a la calle Mayor y lindante con la muralla se hallaba el convento de los dominicos que, vendido en pública subasta y derribado, fue sustituido por el edificio, aún en pie, estructurado en torno al Pasaje de Amérigo, entre las calles Mayor y Altamira. Con lo que los intereses de la Hacienda Pública se habían antepuesto a cualquier otro objetivo social o político, por tratarse de un solar, que, debido a sus dimensiones y localización, podía alcanzar un óptimo precio en el mercado. En el extremo occidental de la ciudad,  intramuros, el convento de San Francisco, también entregado al municipio y derribado, se convertía en la plaza del mismo nombre, permaneciendo en pié únicamente la iglesia; y en el barrio de San Antón el de los capuchinos se transformaba en Casa de Beneficiencia. Finalmente, en la calle del Vall, fuera de la vieja muralla, el convento de las capuchinas reformó, primero, su fachada para adecuarla a la nueva avenida, siendo ocupado más tarde su solar por la sucursal del Banco de España, tal como se mantiene en la actualidad.

Ya en los 50′, ante una coyuntura económica favorable y la perspectiva de un importante crecimiento económico y demográfico, la ciudad de Alicante, una vez superada la resistencia de las autoridades militares, proyectó el derribo de las murallas, que se llevó a cabo a lo largo de los 25 años siguientes. Con ello la ciudad no sólo se abría hacia el O y el SO, anexionando las edificaciones extramuros y permitiendo los proyectos de ensanche que se elaboraron a partir de 1860 en esa zona, sino también se ocupaban y urbanizaban los terrenos extramuros a lo largo de la línea de la playa y del malecón del puerto. Así se efectuó la comunicación de la plaza de Ramiro con la playa y se construyó sobre el malecón el paseo de los Mártires, desde el baluarte de San Carlos hasta la plaza del Mar, que más tarde se convertiría en la Explanada.

La rápida transformación de la ciudad coincidió con un fuerte auge de la actividad comercial, intensificada, con la llegada del ferrocarril, que enlazaba Alicante con Madrid y con el N de la península, siendo la primera ciudad de la costa que lo lograba, y después en los años 70′, otra coyuntura favorable para el comercio de exportación impulsaría, más aún, el crecimiento urbano.

1850MAPA_DEFENSA-copy.jpgDurante el siglo XIX, se produjeron cambios socioeconómicos importantes, principalmente a partir de la 2ª mitad del siglo, que tendrán su reflejo en el paisaje urbano y territorial. Durante la primera mitad, la condición de plaza de armas que se le otorga a la ciudad, prohíbe la expansión extramuros de ésta, así como la reconstrucción de los arrabales, destruidos durante la guerra de la Independencia. De esta manera, se alcanzan altos índices de compacidad y hacinamiento en el interior de las murallas, con sus consiguientes deficiencias higiénicas y las posteriores epidemias. En la 2ª mitad del siglo XIX, el ayuntamiento decidió finalmente derribar las murallas, y se legalizó, por medio de una Real Orden, la posibilidad de construir más allá de los límites marcados por ellas.

En 1887 se convoca el concurso para el Ensanche de Alicante. 6 años después se aprueba el Proyecto General de Ensanche de Alicante, firmado por José González Altés. El Ensanche se planificó hacia el O y NO, quedando la ciudad dividida en casco, ensanche y extrarradio. Comprendía el territorio extramuros de la última muralla, limitando por el N con el Castillo de San Fernando, al oeste con el trazado del ferrocarril que conectaba la estación de Madrid con el Puerto, al S de E, y con el Castillo de Santa Bárbara al este. El Plan de Ensanche se desarrollará a lo largo del primer tercio del siglo XX.

1869.jpg

1869 – Alicante

Los primeros esfuerzos de las autoridades locales para modificar este estatus se producen bajo el gobierno de Godoy, pero no será hasta finales del siglo cuando la ciudad se expanda dando rienda suelta a su crecimiento. Éste se lleva a cabo con un Proyecto de Ensanche en 1886 y modificado en 1892, (cuyo autor es el ingeniero Guardiola Picó),que ordena el territorio al O y al N de la población incluyendo la vaguada existente entre los 2 montículos que presiden la orografía de Alicante, el coronado por el Castillo de Santa Bárbara y el que alberga el actual parque Ruiz de Alda.

Se crearon barriadas periféricas que dieron respuesta al importante crecimiento demográfico que sufrió la ciudad, que superó las previsiones sobre las que se basó el Plan del Ensanche. Las parcelaciones periféricas ligadas al tejido productivo que se encarga de la primera industrialización de la ciudad. Así surgen barriadas como la de Benalúa, asociada a la estación de ferrocarril y a la fábrica La Alicantina, o el barrio de las Carolinas, dependiente de la Fábrica de Tabacos. Se comienzan a construir los barrios del Plá del Bon Repós y de San Blas, que se colmatan ya en las primeras décadas de este siglo. Estos núcleos se consolidaron apoyándose en las infraestructuras de transporte o tomando como base la implantación de instalaciones fabriles. Son los casos de Benalúa, Ciudad Jardín o Barrio Obrero. Durante el segundo tercio del siglo XX, se realizaron importantes mejoras desde el punto de vista de las infraestructuras y la comunicación, así como reformas interiores, pero no se llevaron a cabo expansiones importantes en la ciudad.

En las últimas décadas del siglo XVIII, el puerto y la red de caminos, que se complementaban entre sí, constituían esos medios, y así continuó hasta mediados del XIX, cuando Alicante quedó unida a Madrid por el ferrocarril; sin embargo, a lo largo de la 1ª mitad de ese último siglo, aunque en el puerto se hicieron también importantes trabajos, se puso especial interés en la reforma de la red y construcción de nuevos caminos para tratar de crear y definir con precisión, en torno a la capital, el territorio de la nueva provincia.

A principios del XIX, Alicante era la sede de una gobernación, cuyos límites llegaban poco más lejos de los de su municipio, dentro de la gran provincia formada por el antiguo reino de Valencia. De ahí que las comunicaciones de Alicante con su medio geográfico próximo correspondieran a la influencia económica que ejercía; sin embargo, con la creación de la provincia, la función administrativa complementaría la influencia de la ciudad-capital y la haría llegar, en algunos casos, a lugares a los que no se extendía la anterior. Alicante disponía de un excelente camino, a través del valle del Vinalopó, para comunicarse con Madrid, el camino real, que en Almansa enlazaba con el camino de Madrid a Valencia por Albacete. Por ese mismo camino se efectuaba la comunicación terrestre entre Alicante y Valencia, ya que no existía la calzada de la costa; en cambio, era importante la comunicación marítima entre las dos ciudades. En 2º lugar, otra vía de comunicación, aunque frecuentemente en mal estado, era el camino que unía Alicante con Orihuela a través de Elche y que continuaba hasta Murcia. Por el contrario, no existía comunicación directa entre Alicante y Alcoy, sino a través de una senda a partir de Jijona, debiendo realizarse la comunicación entre las 2 primeras ciudades por Villena. Finalmente, no existía ninguna vía estable a lo largo de la costa que uniera la ciudad con Denia ni con Torrevieja, sino unas meras sendas. 

Desde los últimos años de la década de los 30′, la Diputación Provincial adoptaría, con carácter prioritario, el proyecto de reparar los caminos que se hallaban en mal estado, como el de Alicante a Orihuela, de abrir los caminos de la costa y establecer la comunicación entre Alicante y Alcoy a través de San Vicente del Raspeig y de Ibi; asimismo, la Diputación Provincial se proponía la reparación y apertura de los caminos transversales de la provincia, el de Denia a Villena por Alcoy, el de Alcoy a Sax por Castalla, el de Novelda a Orihuela y Murcia por Crevillente, etc. De esta manera se pretendía estrechar los lazos entre las cabeceras de las comarcas -cabezas de los partidos judiciales- y la capital de la provincia, con lo que la influencia administrativa que ejercería Alicante se convertiría en otro factor que impulsaría el crecimiento de la ciudad.

1876.jpg

1876 – Alicante

El puerto de Alicante ha sido históricamente el factor principal de la evolución y del desarrollo de la ciudad desde su propio emplazamiento. El puerto ha servido de entrada y salida de mercancías, de hombres y de culturas y, por lo tanto, Alicante, a lo largo del tiempo, ha sido centro de acogida y de distribución de los productos e, incluso, de las ideas que llegaban a sus muelles. Además, la importancia del puerto y la función que desempeñaba estuvieron protegidas por el castillo de Santa Bárbara hasta la segunda mitad del siglo XIX, cuando la evolución de la técnica militar redujo estas fortalezas a meros monumentos históricos.

Ambos elementos, puerto y castillo, han condicionado la historia de la ciudad y explican la razón por la que históricamente Alicante ha sido tan codiciada. En un plano de la ciudad trazado por Manuel Miralles, en 1794, se refleja perfectamente la  posición de la ciudad entre los montes de Benacantil y Tosal, al E. y O. respectivamente, abriéndose desde el barrio de San Antón, por NE, hacia la huerta y prolongándose hacia el S. a través del puerto; finalmente, en el SO, desde la puerta de San Francisco, partía, en diagonal, el camino de Madrid. Es decir, se había captado en dicho plano todos los elementos que intervenía en la evolución de la ciudad.

A finales del XIX y principios del XX el ayuntamiento de la ciudad de Alacant entró en la senda del tránsito desde el municipio liberal clásico al municipio liberal providencial. El principal factor que lo evidencia es el recorte de la mortalidad que registró uno de los rasgos típicos de la transición demográfica. Para este positivo cambio el gobierno municipal introdujo novedades en la normativa, en el urbanismo, en los servicios, en las inversiones y, lógicamente, en el Presupuesto. En este marco, el saneamiento de su puerto y de sus zonas de servicio e influencia y la construcción del sistema de evacuación general fueron claves. Pero si bien el primer aspecto se concluyó con éxito, con la financiación por parte de la Junta de Obras del Puerto y del Ministerio de Fomento, sin embargo el alcantarillado debería de esperar a los años veinte del siglo pasado, constituyendo una espada de Damocles sobre la salubridad del puerto.

Hasta la Revolución liberal de mediados del XIX, la acción del Ayuntamiento absolutista en asuntos de salud pública fue escasa y se limitó, fundamentalmente, a tratar de combatir los embates epidémicos, a través del establecimiento de las cuarentenas y los cordones sanitarios. La atención asilar y benéfica se sustentaba, primordialmente, en instituciones particulares, con alguna subvención municipal. Pero la Corporación local dedicó una muy restringida atención a las infraestructuras parasanitarias. Con el acceso de la burguesía a los centros de decisión política, el panorama cambió tenuemente de tendencia. Doblado el ecuador del siglo XIX, el Ayuntamiento inició una política de mayor sensibilidad hacia las cuestiones de higiene y salubridad, que se manifestó en la limpieza y arreglo de algunas calles; una mayor preocupación por el alcantarillado, mercados y mataderos; varios intentos de abastecimiento de agua; suministro de alumbrado público, sucesivamente por aceite, petróleo y gas; mejores atenciones en la educación; un mayor interés en la dotación de personal médico y de matronas; y una más firme consolidación de los puestos de arquitecto y delineantes municipales para un urbanismo en renovación.

La acción municipal se dirigió hacia 2 vertientes: la normativa y la de inversión. En el 1º aspecto se publicaron nuevas Ordenanzas, Reglamentos y Bandos municipales. Las ya obsoletas Ordenanzas Municipales de 1850, fueron sustituidas por las de 1898, dedicadas casi en su totalidad a asuntos relacionados con la higiene y salud pública, como la inspección; las construcciones de viviendas; el mantenimiento de los edificios públicos, el cuidado de la red viaria; el control de las fábricas y comercios; las actividades de compra-venta de alimentos; y la cuestión de los enterramientos. En 2º lugar, se dictaron diversos Reglamentos que regulaban la Casa de Socorro y su asistencia médica y farmacéutica; el Laboratorio Químico Municipal y sus tarifas, que tuvo un favorable impacto sobre el control de la calidad de los alimentos; la hospitalidad domiciliaria y el cuerpo facultativo; el servicio del mercado; el funcionamiento del matadero; la Beneficencia municipal; la construcción de retretes y desagües de aguas negras; el Reglamento para la higiene y salubridad, aprobado en 1914; el Reglamento Orgánico e interior del Instituto de Higiene y Laboratorio Municipal de Alicante y su provincia; y la fijación de la tarifa de precios para los análisis realizados en el Instituto de Higiene. Y, en tercer lugar, se siguieron publicando bandos relacionados con la higiene y la salubridad, especialmente insistentes en cuanto a la vacunación antivariólica.

Desde la perspectiva de las inversiones, la política municipal emprendió el suministro de unos mejores servicios públicos en un urbanismo en renovación.

Se acometieron diversas actuaciones como el derribo de las murallas que constreñían a la ciudad, lo que permitió su apertura al mar, a través de 3 paseos marítimos. Además, se abrieron jardines públicos. Asimismo, se inició el ensanche de la ciudad, a partir de 1896. Como resultado de las limitaciones reales del Plan de Ensanche, surgieron nuevos barrios desvinculados del mismo, cuya realización estuvo impregnada de la impronta higienista. Durante las 2 primeras décadas del siglo XX, se continuó con diversas obras de reforma interior; con el acondicionamiento de calles y plazas; y con la apertura de nuevas vías. Sin embargo, persistían los barrios hacinados y antihigiénicos de la parte alta de la ciudad.

Con relación a algunos de los servicios públicos más esenciales, Alicante contó, desde 1898, con un suministro de agua más regular, en virtud del contrato firmado por el Ayuntamiento y la belga Compagnie Générale des Conduits d’Eaux y amplió la provisión de alumbrado público, mediante su concesión a diversas empresas.

Uno de los factores más importantes que estuvieron en la base de los inicios de la modernización de la ciudad de Alacant, tanto desde el punto de vista de su ordenación urbana como desde la perspectiva de la mejora de las condiciones higiénicas y de salubridad, fue el saneamiento de su puerto. Por sí mismo y por sus implicaciones sobre el sistema de evacuación general de la ciudad.

El puerto era competencia del Estado, pero el sistema de alcantarillado concernía a su Ayuntamiento. Consecuentemente, tanto por la envergadura financiera que suponía, como por la colusión de competencias entre los dos niveles de la Administración, su coste se distribuyó, no sin fuertes discrepancias y graves incumplimientos por parte del Ayuntamiento,  entre estas dos instituciones. Para la génesis, andadura y conclusión del proyecto de saneamiento del puerto y de su zona de servicio y sus implicaciones sobre el sistema de alcantarillado de la ciudad, me he basado, fundamentalmente, en las Memorias de la Junta de Obras del Puerto de Alicante (en adelante JOPA), correspondientes al período 1901-1916. En este proceso tuvo una capital importancia el “Proyecto de Saneamiento del Puerto de Alicante y de su zona de servicio”, redactado por el ingeniero Ramón Montagut, en 1905.

En la Memoria de la JOPA de 1901-1904, la primera que se realizó, se recoge la información sobre la constitución de la Junta de Obras del Puerto de Alicante, la transferencia del puerto por parte del Estado y las primeras subvenciones concedidas por el Tesoro. En el inicio de este proceso, el Estado se negaba a ceder el puerto a la futura Junta, mientras no se liquidara la construcción del puerto hasta entonces existente, en la que los comerciantes alicantinos habían contribuido con un 50%, a través de un doble derecho de fondeadero mientras duraron las obras y, cuando estas finalizaron, con un impuesto del 25% por derechos de descarga. El comercio juzgaba este último gravamen excesivo, al considerar que sus aportaciones anteriores habían rebasado el 50% fijado.
En 1897, el diputado en Cortes por Alicante, Juan Poveda y García, consiguió una liquidación que arrojaba un saldo favorable a los comerciantes, que, sin embargo, no fue reintegrado por el Estado. En su consecuencia, se suspendió el pago del citado impuesto por descarga. Después de muchos intentos, durante la visita a Alicante del Ministro de Fomento, Rafael Gasset, en 1900, para inaugurar el pantano de Tibi, se logró hacerle interesar por la cesión del Puerto a una Junta, a la vista de las deficiencias y malas condiciones del mismo. La respuesta fue la Real Orden de 28.11.1900, que autorizaba la formación de la Junta, que quedó constituida el 13.12.1900 y que concedía un recargo del 25% sobre el impuesto de transportes, como soporte financiero inicial.
1900Alicante_plano.png

1900 – Alicante

El 5.1.1901 se firmó el acta de entrega del puerto a la Junta. Sin embargo, a este organismo le parecía insuficiente el gravamen citado y descartaba un empréstito. Razón por la cual decidió pedir subvenciones al Estado, ya que consideraba este puerto como de interés general, y habida cuenta, además, que otros puertos como Bilbao, Valencia, Santander, Cartagena, Sevilla, Gijón, Málaga, Tarragona y otros, recibían ayudas del Tesoro.
Mientras tanto, en marzo de 1902, fue nombrado Ministro de Fomento José Canalejas, al que la Junta felicitó por su nombramiento. El ministro contestaba agradeciendo el detalle y proponiendo a la Junta que formulara peticiones. El organismo portuario inició entonces las gestiones para conseguir la deseada subvención estatal que, después de alguna incertidumbre  por el hipotético, y finalmente real, cese del Ministro citado, consiguió el objetivo. En el Consejo de Ministros en el que Canalejas presentó su dimisión (mayo de 1902), se aprobó su propuesta con relación al puerto de Alicante. Por la Real Orden de 24.5.1902, se aprobó el “Plan General de Mejoras del Puerto” y pocos días después, el ministro Suárez Inclán, sucesor de Canalejas, llevó al rey un Real Decreto, de 7.6.1902, que se insertó en la Gaceta del día 10.6.1902, por el que se concedía a la Junta de Obras del Puerto de Alicante una subvención de 50.000 pesetas para el 2º semestre del año y otra anual de 300.000 pesetas, a partir del 1.1.1903 y para todos los años siguientes, hasta finalizar las obras, con cargo al Presupuesto del Ministerio de Agricultura, Industria, Comercio y Obras públicas.
Esta Memoria ponía de manifiesto las deficiencias de la instalación portuaria y de su zona de servicio, con relación a la falta de calado y la estrechez e insuficiencia de sus muelles, y resaltaba las perversas consecuencias que sobre la higiene y la salud tenía la evacuación de las aguas residuales y de lluvia sobre el mismo.
El avance más significativo, en el período 1905-1908, fue el “Proyecto de saneamiento del Puerto de Alicante y de su zona marítima”, (Ramón Montagut 1905), y aprobado por el Ministerio de Agricultura, Industria, Comercio y Obras públicas, el 1.1.1906, con un Presupuesto de 654.473,82 pesetas. Sobre la importancia de estas mejoras para la salud pública de una ciudad como Alacant, con lamentables condiciones higiénicas, y la reducción de la mortalidad de su población, debida en gran parte a la viruela, al tifus y a la difteria.
A la urgencia en la realización del saneamiento no debieron de ser ajenas las repetidas quejas de la población, fundamentalmente la influyente burguesía que habitaba cerca del puerto, hoy actual Explanada.
Las obras proyectadas consistían en la instalación de un emisario para las aguas sucias de la parte alta de la ciudad, que desaguarían, por gravedad, en el mar, en la zona de Aigua Amarga, al sur de la capital, y con la inclusión de un vertedero detrás del principio del dique de Poniente, para las aguas pluviales. En la parte baja de la ciudad, se establecería una red tubular que debía de converger en un depósito regulador, desde el que se bombearían las aguas residuales al colector general, que desembocaría en el emisario submarino de Aigua Amarga. Las aportaciones producidas por lluvias torrenciales verterían en la zona posterior del contramuelle. De esta manera, se sanearía completamente la zona inferior, que hasta entonces arrojaba sus aguas residuales en el puerto, y se recogerían todas las aportaciones de la zona alta. Para completar las obras de saneamiento, cuya parte asumía la Junta de Obras del Puerto, era imprescindible que el Ayuntamiento cargara con su responsabilidad de instalar la red de alcantarillado de la parte alta de la ciudad.
Montagut preveía, asimismo, la depuración biológica de las aguas fecales, antes de su evacuación al mar. Tarea que confiaba al Ayuntamiento. El sistema de alcantarillado elegido era semejante al adoptado, en España, por las ciudades de Bilbao, Sevilla y Zaragoza y, fuera de España, por Berlín, Francfurt, París y Lisboa. Consistía en tuberías de gres y tubos de hormigón, con depósitos de descarga automática, tipo Adams, en el origen de cada tubería. Es decir, una adaptación del sistema de Waring, denominado unitario. Para un correcto funcionamiento de este sistema, se requería una suficiente disponibilidad de agua. Circunstancia con la que, afortunadamente, ya contaba la ciudad desde 1898, a cargo de la belga Societé des Eaux d’Alicante. Este plan coincidía, básicamente, con el ya propuesto años atrás, por el arquitecto higienista Guardiola Picó.
Sin embargo, el gran coste que suponía la ejecución de las obras y la insuficiencia de recursos de la Junta, puso en duda su viabilidad, por lo que este organismo solicitó, una vez más, la ayuda de Canalejas. El fruto de su mediación fue la publicación de la Real Orden de 14.2.1907, por la cual se concedía una subvención específica de 63.618,45 ptas, durante 4 años, a cargo del Ministerio de Fomento. Además, esta disposición aumentó la subvención general a la Junta de Obras del Puerto en 100.000 pesetas. De esta manera, todos los gastos de saneamiento del puerto quedaron a cargo del Estado.
Obtenidos los recursos necesarios, se subastaron las obras, que fueron adjudicadas, por la Real Orden de 4.1.1908, a Martín Gerteiz-Goxeascoa por 594.000 pesetas, obteniéndose una baja sobre lo presupuestado de 60.473,82 pesetas.
Los trabajos se iniciaron el 30.3.1908 y el 30 de abril se colocó la primera piedra del edificio de máquinas, con la asistencia de Canalejas.
Entre 1909 y 1912, se continuó avanzando en las obras del saneamiento del puerto, con Próspero Lafarga como nuevo Ingeniero-Director del puerto. Se produjeron las primeras divergencias entre la Junta de Obras y el Ayuntamiento de Alicante, por el incumplimiento de sus compromisos por parte de este último. Entre los planes previstos, se redactó un “Proyecto de pavimentos y desagües en el nuevo muelle de Levante”, con un presupuesto de contrata de 292.343,48 pesetas,  aprobado el 20.11.1909, habida cuenta de las deficiencias del alcantarillado existente en esta zona.
Se procedió a la tasación del Mercado municipal, con el objetivo de adquirirlo al Ayuntamiento y ensanchar la entrada del puerto. La expropiación estaba ya autorizada desde 1862. Ante la petición de Lafarga, la Real Orden de 2.6.1910 instó a que se redactase el Proyecto de un nuevo mercado, que fue realizado por el propio Lafarga y el arquitecto municipal Fajardo, y aprobado por la Real Orden de Fomento de 9.2.1911. Esta disposición prescribía que la Junta se limitase a tasar el mercado existente y que el Municipio corriera con los gastos de la construcción del nuevo. La tasación arrojó un resultado de 251.613,37 pesetas.
Las obras ejecutadas durante estos años, fueron la instalación de las bombas y motores para elevar los productos del alcantarillado, previo concurso para el suministro de material. El 1º concurso tuvo lugar el 24.8.1909 y fue declarado desierto por la Real Orden de 5.1.1910, al haberse presentado como postor Luis Badía, representante de la casa Aznar e Hijos, y pertenecer Tomás Aznar a la Junta de Obras del Puerto. El 10.5.1910 se celebró nuevo concurso por el que, esta vez sí, se aceptó la propuesta de Aznar “por ser la más ventajosa y haber dejado de pertenecer a la Junta”. Tanto en uno como en otro concurso, la mayoría de los postores eran extranjeros, aunque, lamentablemente, la documentación no los identifica.
Las obras en curso de ejecución seguían girando en torno al saneamiento del puerto y de su zona de servicio. Al finalizar 1908, sólo se había ejecutado la cimentación del edificio para máquinas, la del puente sobre el barranco de San Julián y 986 m de canalización del colector general. Entre 1909 y 1910 se realizaron 3.029 m más del emisario que se extendía entre el Paseo de Gadea y el mar, a la altura del barranco de Aigua Amarga; se construyó un colector de 369 m, alojado en el foso, que iba desde el paseo citado hasta la calle Bazán; y se ejecutó el resto del colector de la zona superior, de 663 m, que enlazaba la última calle citada con la plaza de las Monjas.
Entre 1909 y 1911 se finalizó el edificio de máquinas y se construyeron los vertederos de dicho edificio al emisario y al mar y se instaló el depósito regulador. A finales de 1911, empezaron las obras de canalización de la zona inferior de la ciudad. Las dificultades y peligros que se presentaron, por las pésimas condiciones del terreno y la defectuosa cimentación de los edificios, aconsejaron la modificación del plan. La variación supuso la construcción, en 1912, de un colector único en el Paseo de los Mártires (actual Explanada), con extremos en el Paseo de Ramiro, por un lado, y el depósito regulador, por otro. A este gran emisario debían de verter los pequeños colectores del entramado vial. Pero al acabar 1912 quedaban por construir la mayor parte de estos últimos.
Pronto surgieron los problemas derivados de los incumplimientos del Ayuntamiento con sus compromisos aceptados en esta materia, alegando dificultades técnicas y presupuestarias, lo que decidió al Ministerio de Fomento a que la Junta gestionara el saneamiento del puerto y el alcantarillado, durante 2 años, entre 1911 y 1913, y que la Corporación municipal, mientras tanto, abonara los gastos de explotación del alcantarillado.
La institución local seguiría sin hacer frente a sus obligaciones, durante los ejercicios económicos posteriores.
Próspero Lafarga tomó otras iniciativas a favor de la higiene y salubridad de la ciudad. Redactó un Reglamento para el alcantarillado, que sometió al examen del Ayuntamiento; elaboró una estadística de las casas de la zona baja, que debían de ser objeto de un saneamiento completo; y remitió a cada propietario un plano que contenía las reformas que habían de acometer para la evacuación de las aguas sucias, incluyendo el detalle de los tubos de bajada y ventilación, sifones, retretes y fregaderos.
Con relación al saneamiento de las viviendas, señalaba que el primer problema era el de la carestía del agua, que no su escasez “como erróneamente se ha dicho en alguna ocasión”. Con un precio del agua tan prohibitivo, (1,50 pesetas/m3), era imposible dedicarla a la higienización de las casas particulares. Instaba al Ayuntamiento a que hiciese las gestiones oportunas para que la Sociedad suministradora de aguas abaratase el precio. Una vez conseguido el abaratamiento del agua, se debía de aplicar el Reglamento citado, para conseguir la higienización de las viviendas, que verterían sus aguas sucias en la red. Para lograr pronto la higienización, proponía el establecimiento de un impuesto de saneamiento, que debía de recaer sólo en las viviendas, mientras no estuvieran saneadas. Auguraba que “…Si no se atienden estas observaciones, podemos asegurar que la transformación del alcantarillado de Alicante durará muchos años, con gran detrimento de la salubridad pública…”
Otro problema apuntado por el ingeniero y relacionado con el saneamiento de la zona baja, era la evacuación de las aguas pluviales de la zona alta de la ciudad, que, con sus aportes, podían dañar la red que se estaba instalando. Como solución, proponía que el Ayuntamiento encauzara en el foso, a través de una alcantarilla, las aguas provenientes de la zona alta y desviara las provenientes de los castillos de Santa Bárbara y San Fernando, mediante cunetones situados al pie de la montaña, que las condujeran, respectivamente, a los barrancos de San Blas y de la Goteta. Además, la zona del castillo que daba al Raval Roig, debía de disponer de una alcantarilla que vertiera las aguas pluviales al mar, junto al matadero, para evitar la amenaza que suponían, para el colector de la Explanada, para el depósito regulador y para las bombas.
Con relación a la zona alta de la ciudad (cuya población era más pobre y las pendientes muy pronunciadas), concluía que no se podía aplicar el sistema ideado por Montagut para la zona baja. Decía que “en rigor caben otros procedimientos, inaplicables a la zona inferior. Si el Ayuntamiento de Alicante tiene a bien meditar un poco sobre estas modestas observaciones (…) no dudamos que el saneamiento de toda la ciudad será un hecho en breve plazo”
Entre 1913 y 1914, se terminaron las obras del saneamiento del puerto y de su zona de servicio y parte del alcantarillado de la ciudad. En el transcurso de 1913, se ejecutó la distribución de la red tubular por las calles de Alacant, aunque con dificultades, al tropezar con la antigua y mal llamada red del alcantarillado, cuyo deficiente estado provocaba derrumbamientos. Junto con las alcantarillas, se construyeron los pozos de ventilación y registro, y las cámaras de descarga automática. También se realizaron varios pozos de sedimentación en el punto de unión de las alcantarillas de la zona superior de la ciudad con el colector de dicha zona, para evitar que las aportaciones de las aguas de lluvia, bloqueasen el emisario.
Las obras se concluyeron en abril de 1914. Los gastos realizados por la Junta de Obras del Puerto y el casi nulo grado de desviación, contrasta con los del Ayuntamiento. El cumplimiento de sus compromisos por parte del 1º organismo contrasta, notoriamente, con el incumplimiento de la institución municipal.
La Junta de Obras del Puerto de Alicante había cumplido con sus obligaciones, por lo que, según las disposiciones legales, debía de hacer entrega al Ayuntamiento del servicio del alcantarillado, el 31.3.1913. Pero la institución municipal, como ya hiciera en 1911, se resistía a recibirlo, por no disponer de suficientes recursos. Y aunque elevó una petición al Ministerio de Fomento en este sentido, la Real Orden de 4.8.1914 la denegó. De manera que la Junta de Obras del Puerto entregó el servicio al Ayuntamiento el día 31.8.1914, después de un forcejeo que duró casi 1 año.
Ante la desidia, o incapacidad, municipal en este asunto manifestada en los impagos, en un oficio dirigido a la Dirección General de Obras Públicas, en septiembre de 1913, la Junta alegaba el absoluto incumplimiento de los compromisos financieros del Ayuntamiento con relación al alcantarillado; denunciaba el peligro de un nuevo aterramiento del puerto, por el insuficiente mantenimiento de la red de evacuación de la ciudad, con lo que las grandes inversiones realizadas por el Estado resultarían inútiles; advertía del riesgo de averías o interrupción de la red, por falta de recursos; y reclamaba que este servicio continuara gestionándolo este organismo, pero con garantías de que la Corporación municipal pagase escrupulosamente.
El mismo mes y año, la Junta dirigía un escrito al Jefe de Obras Públicas de la provincia, en términos parecidos, pero resaltando las perversas consecuencias que sobre la salud pública y la economía, tendría una gestión deficiente e irregular del servicio del alcantarillado. La respuesta a las peticiones de la Junta, fue la Real Orden de Fomento de 21.11.1913, que disponía que se reclamara al Ayuntamiento las deudas y que éste garantizara los gastos hasta el mes de abril. Mientras estos extremos no se cumplieran, el Ministerio no autorizaría ninguna inversión más.
El 19.12.1913, la Junta remitió un oficio al alcalde, en el que le solicitaba que el Ayuntamiento incluyera en el Presupuesto para 1914 la cantidad necesaria para saldar las deudas y cubrir los gastos hasta abril de 1914. El primer edil municipal contestaba, el 30.1.1914, que la Junta de Asociados del Ayuntamiento había acordado incluir en el Capítulo de cargas 6.000 pesetas, para el pago de los atrasos, y consignar 12.000 pesetas en el Capítulo de Policía urbana y rural, para el abono de los gastos que se produjeran hasta abril del mismo año. Sin embargo, como se constata en las liquidaciones de los Presupuestos, no aparece cantidad alguna.
Mientras tanto, la misma Junta Provincial de Sanidad remitía un oficio a la JOPA, el 26.1.1914, en el que pedía al Ayuntamiento y a la propia Junta de Obras diversas mejoras en la ventilación de la red de alcantarillas, la instalación de sifones de acometida y que se adoptaran “las medidas necesarias para evitar que los gases del antiguo alcantarillado desahoguen en el Puerto (…) (para que se modifiquen) notablemente las condiciones higiénicas de esta ciudad”. El 16 de febrero, la Junta de Obras del Puerto respondía afirmativamente.
En consecuencia, la Junta creía necesario que el Estado se encargase de la conservación y explotación de las obras. En la comunicación dirigida al alcalde, la Junta de Obras del Puerto amenazaba al Ayuntamiento con entregarle el servicio y hacer que las alcantarillas vertieran de nuevo en el Puerto, si no se le pagaba lo adeudado. En el escrito enviado al Gobernador civil, el organismo portuario reiteraba sus quejas y comunicaba sus drásticas intenciones.
En vista de que era imposible hacer pagar al Ayuntamiento, la Junta ideó un plan alternativo a los ruegos y amenazas. El 21.4.1914 remitió un oficio a la Dirección General de Obras Públicas, solicitando autorización para que, del total de las 251.613,37 pesetas a que ascendía el coste de la expropiación del antiguo mercado, de propiedad municipal, para la ampliación de la zona portuaria, se dedujeran 19.468,05 pesetas, importe de lo que el Ayuntamiento adeudaba a la Junta de Obras del Puerto. (La tasación de los terrenos del antiguo mercado había sido aprobada por Real decreto de 21.1.1913).
Mientras tanto, el Ayuntamiento se había dirigido al Ministro de Fomento solicitando que la Junta de Obras del Puerto abonase la mitad de los gastos de conservación y explotación del saneamiento del puerto. Petición que había sido favorablemente acogida por la Junta. Por otra parte, como respuesta al oficio remitido a la Dirección General de Obras Públicas, la Real Orden de Fomento, de 3.6.1914, decía que este Ministerio no tenía competencias para aprobar el descuento solicitado. Disponía que se le reclamase al Ayuntamiento el débito, al tratarse de una deuda municipal no asegurada con prenda ni hipoteca, o que se le ofertase a la Corporación municipal la rebaja citada. Como última medida, se recomendaba a la Junta que hiciese uso de los medios legales que concedían las normas civiles.
Finalmente, la Real Orden del Ministerio de Fomento, de 4.8.1914, vino a zanjar y cerrar, definitivamente, el conflicto entre la Junta de Obras del Puerto y el Ayuntamiento de Alicante. Aunque con esta disposición no se solucionó el problema del alcantarillado, a tenor de las cantidades que en su conservación destinó la Corporación local. Esta norma sintetiza la singladura de este problema.
1915.jpg

1915 – Alicante

El 31.8.1914, la Junta de Obras del Puerto hizo entrega al Ayuntamiento de las obras de saneamiento, máquinas y efectos para la conservación y explotación del servicio. Estaban presentes, por parte de la Junta de Obras del Puerto, Rafael Beltrán, Presidente de la Junta y Próspero Lafarga, Ingeniero Director del Puerto, en representación del Ministerio de Fomento. Por parte del Ayuntamiento asistieron, Ramón Campos, Alcalde de la ciudad; Francisco Fajardo, Arquitecto municipal y la Comisión especial del Saneamiento.
Finalmente, el Decreto del Ministerio de Fomento, de 11.12.1914, autorizaba a la Junta de Obras del Puerto de Alicante a pagar al Ayuntamiento 236.959,23 ptas, importe de la tasación de los terrenos del antiguo mercado, una vez descontadas 14.654,14 ptas, en concepto de las deudas contraídas por la Corporación municipal con la Junta de Obras, por la conservación y explotación de las alcantarillas, de las 251.613,37 ptas inicialmente previstas. El 23.12.1914 se realizó el abono.
El saneamiento del puerto y su zona de servicios y la ampliación del perímetro de su impacto urbanístico supusieron un hito de importancia capital para la higienización de la ciudad y para un marco significativamente mejor en salud pública. La reducción de la mortalidad de la que hablaba Montagut (aunque lógicamente no está vinculada en exclusiva a la modernización del puerto) se evidencia empíricamente en las siguientes cifras. Las tasas brutas de mortalidad cayeron en la ciudad de Alacant desde el 26.4/1000 del año 1900 al 18.7/1000 de 1930. Una recesión de casi 8 puntos. El segundo puerto más importante del País Valenciano había dejado de ser un lago muerto, tal y como lo denominaban los higienistas durante el siglo XIX. 
Sin embargo, el sistema del alcantarillado, que debía de ser financiado por el Ayuntamiento, sólo se realizó en parte, debido a la insuficiencia financiera municipal. No le faltaba al gobierno municipal más voluntad política que al Gobierno, sino un adecuado marco de autonomía fiscal que le permitiera establecer figuras impositivas propias y no subordinadas a la Hacienda central, que le hubiera suministrado más recursos. La Hacienda municipal ha estado subordinada históricamente, y aún lo está en la actualidad, a otros niveles de la Administración pública, gobierno central y gobiernos autónomos correspondientes.
Por eso, la insuficiente atención municipal en el sistema del alcantarillado supuso un lastre que empezaría a remontarse, lentamente y con muchas dificultades, avances y detenciones, a partir de los años 20′ del siglo XX.
Salvador Salort i Vives. 2007. URBANISMO, ECONOMÍA Y SALUD: LA TRANSFORMACIÓN DEL PUERTO DE ALICANTE (1900-1914). Boletín de la A.G.E. N.º 45 – 2007, págs 249-278
1925.jpg

1925 – Alicante

planoinv.pdf

2016 – Alicante y el Puerto

Tras el paréntesis de la Guerra Civil, la falta de alojamiento se intenta paliar con promociones públicas de la Obra Sindical del Hogar o bien iniciativas privadas de marcado carácter social, que, apoyándose en las infraestructuras existentes a las afueras de la ciudad, especialmente la llamada Carretera de la Huerta y la de Madrid, dan lugar a barriadas como las de Ayela y Ripoll, San Agustín, Barrio Obrero, Montoto, Sagrada familia, Ciudad de Asís, Divina Pastora y Barriada de la División Azul.

Tras la consecución del Ensanche, durante el primer tercio del siglo XX, la ciudad queda dividida en casco, ensanche y extrarradio:

El casco se encuentra a los pies del monte de Benacantil, donde se encuentra el castillo de Santa Bárbara.

Entre los barrios más representativos del casco histórico se encuentran los de San Francisco y San Antón. El conjunto queda delimitado por las calles de Méndez Núñez al oeste, la calle de Rafael Altamira al sur, y el monte Benacantil al noreste. Se trata de una trama abigarrada e irregular, típica de los crecimientos medievales y previos a la aparición de la ciudad industrial burguesa.

El trazado del Ensanche se extiende hacia el oeste del casco histórico, hasta las actuales avenidas de Oscar Esplá y Salamanca, y se organiza en torno a dos grandes ejes: Avenida de Alfonso X el Sabio y las Avenidas Soto/Gadea/Marvá, además de la prolongación de la Carretera de Madrid (actual carretera Ocaña). Se implanta una trama fundamentalmente ortogonal colmatada a base de manzanas cerradas y compactas, tomando como referencia los ensanches realizados en otras ciudades españolas.

El extrarradio está compuesto por las barriadas que colmatan el primer anillo de la ciudad configurado por la Gran Vía. Se trata, en términos generales, de parcelaciones periféricas implantadas sobre tramas ortogonales, que se adaptan a la complicada topografía. La tipología predominante es la manzana cerrada y compacta. Entre las barriadas de este tipo destacan el caso de Benalúa, San Blas, Carolinas, Plá del Bon  Repós. Más allá de la Gran Vía se localiza el barrio de la Florida, que pertenece igualmente a este tipo de crecimiento.

A partir de los 60′, en pleno auge inmobiliario, y partiendo de esta estructura urbana claramente diferenciada en tres tipos de crecimiento, comienza la expansión de la ciudad más allá del anillo conformado por la Gran Vía. El Plan de 1960 propone un modelo radioconcéntrico que rompe con la estructura existente en aquel momento.

Tras la Guerra Civil, la ciudad añade a la inactividad municipal durante los años de la guerra y la devastación producida por los ataques aéreos en las áreas centrales de la ciudad, las carencias y deficiencias en servicios y equipamientos  que ya arrastraba antes de la contienda. Información del 11.1.1943 publica un artículo titulado “Los 3 problemas fundamentales de Alicante. Alcantarillado, Pavimentación y Alineaciones”. El trazado de alineaciones era una operación urbanística que tenía por finalidad la apertura de calles y la remodelación de volúmenes edificados, dirigidas sobre aquellos sectores «muy afectados por la guerra y a la vez lleno de calles tortuosas de pésimo aspecto donde la piqueta municipal ha entrado de lleno» como leemos en el artículo citado.
Estas intervenciones de reforma interior, más interesadas en la creación de una nueva imagen de la ciudad que en una mejora de la calidad de vida de los ciudadanos, serán las protagonistas del urbanismo de la ciudad en los años de la autarquía, y algunas de ellas hasta bien entrado los 50′. A mediados de 1946, el Ayuntamiento había invertido más de 13 millones de ptas, según informa el periódico, en la más emblemática obra de reforma interior de la ciudad como fue la de la plaza de la Montañeta. La Montañeta era un espacio marginal del primer ensanche de la ciudad antigua que no se había desarrollado por la existencia de una gran peña, de ahí su denominación, que exigió largos trabajos de demolición.
Un artículo que publica INFORMACIÓN el 1.4.1958 conmemorando el aniversario del final de la Guerra Civil, bajo el título “Profundas transformaciones en Alicante bajo la Paz de Franco”, destaca la “La urbanización de la Montañeta y la apertura de la Rambla hasta el mar, obras municipales de gran transcendencia”. En ese artículo, entre las actuaciones citadas, también se incluían las obras de los enlaces ferroviarios, la traída de aguas del Taibilla, la urbanización del Postiguet y la pavimentación de la Explanada, así como la municipalización del servicio de tranvías y el de aguas.
Los historiadores del urbanismo de esta primera época de la dictadura coinciden en que no hubo un modelo definido de ciudad, aunque las ideas urbanísticas que subyacen en las intervenciones y proyectos tenían una fuerte inspiración falangista. De hecho los centros dirigentes de donde emanaba la ideología urbanística estaban controlados por entusiastas arquitectos miembros del partido único. Uno de los objetivos del pensamiento urbanístico totalitario del nuevo régimen, muy influido por el fascismo italiano, fue el de eliminar todo vestigio de la ciudad republicana imponiendo un nuevo orden arquitectónico y urbanístico que expresase el poder del Estado surgido de la victoria en la Guerra Civil.
Este ideario se materializará en Alicante en proyectos como la citada Plaza de la Montañeta, y en la del Ayuntamiento, denominadas, respectivamente, del Generalísimo y del 18 de Julio. Las obras de ordenación de la Montañeta tuvieron prioridad frente a las de la plaza del Ayuntamiento, consecuentes con la concepción falangista de la ciudad en la que el gobierno municipal estaba situado en una escala jerárquica inferior: “El Ayuntamiento no podrá invocar su autonomía, sino servir a un fin nacional” manifestaba el arquitecto Pedro Bidagor que estuvo al frente de la Jefatura Nacional de Urbanismo, dependiente del Ministerio del Interior, desde 1939 a 1949.
En el concepto de ciudad falangista, el proyecto de una plaza no estaba dirigido hacia la creación de un espacio público, sino a la configuración de una escenografía del poder. El sociólogo de lo urbano Henri Lefebvre sostiene que el espacio vacío en la ciudad construida es una representación del poder, no es un espacio producido para ser usado sino para ser “leído”. La Montañeta se convirtió en el espacio de representación de los poderes del estado franquista: la sede del Gobierno Civil, sede del Gobernador, verdadero “virrey” territorial; delegaciones de la administración central, Obras Públicas y Hacienda, y la iglesia de Nuestra Señora de Gracia, abierta al culto en 1951. Todo ello expresado con lenguajes arquitectónicos monumentales historicistas y eclécticos.
Alicante GE5.jpg
La historia urbana de Alicante en la década de los años 70′ del siglo XX destaca por la aparición de una serie de edificios de gran altura, con relación a la altura media de la ciudad, que marcaron, y marcan, su paisaje urbano. El urbanismo de estos “edificios singulares” tiene el triste honor de constituir el paradigma de las irregularidades e ilegalidades cometidas en el país durante los años del “desarrollismo”. Así se destaca en “Planeamiento Urbano en la España contemporánea. Historia de un proceso imposible” una obra canónica de la que es autor el arquitecto e historiador del urbanismo Fernando Terán.
En 1958 el Ayuntamiento de Alicante aprobó un documento que a pesar de denominarse Plan General de Ordenación Urbana era poco más que un plano de alineaciones y unas ordenanzas. De todos modos sus determinaciones fueron repetidamente vulneradas con aumentos de volumen y altura, eliminando calles, concediendo licencias en suelo rústico y en sectores con planeamiento parcial sin aprobar, como ocurrió con varios de los nuevos sectores residenciales periféricos. En 1971, el Colegio de Arquitectos envió a la Dirección General de Urbanismo una relación de 13 edificios singulares, la mayoría de ellos con licencias recurridas y suspendidas en los tribunales, aunque ya estaban construidos varios de ellos.
Los edificios singulares constituían excepciones a las ordenanzas vigentes que podían obtener licencia, según la Ley del Suelo aprobada en 1956, siempre que estuviese justificado de algún modo, y que contasen con el refrendo de la Comisión Central de Urbanismo. El Ayuntamiento de Alicante no cumplió nunca esta última condición aduciendo consideraciones de autonomía municipal.
Este cúmulo de irregularidades no estaban ocultas sino que se exhibían sin ningún pudor, justificándolas con argumentos como los que aportaba en INFORMACIÓN (8.9.1968) Agatángelo Soler, alcalde de la ciudad desde 1954 a 1963, en respuesta a un largo escrito, muy crítico con la política urbanística municipal, firmado por el presidente del Colegio de Arquitectos, publicado en el mismo periódico unos días antes: “Lo que había que hacer, con estudios minuciosos y lentos, era incompatible con la explosión de vitalidad que se nos venía encima y que Alicante no podía desaprovechar. Mientras no se pusieran al día las ordenanzas, había que dar facilidades aunque fuese en precario, para que Alicante construyera y construyera, y se adelantara a la invasión del turismo”.
En este artículo realizamos un sucinto recorrido por las circunstancias que concurren en 3 de estos edificios singulares: el Gran Sol, el Riscal y el Meliá, aunque este último, por su emplazamiento en el área portuaria, no estaba sometido directamente  a la competencia municipal, aunque los criterios que se aplicaron finalmente fueron los mismos que si hubiera estado emplazado en el centro de la ciudad.
Los antecedentes para la construcción de estos edificios se iniciaron a comienzos de los 60′, pero su construcción se alargó hasta finales de la misma o principios de la siguiente, debido a diferentes problemas entre los que destacan los judiciales como ocurrió en el caso del Riscal. Tanto el Gran Sol como el Riscal fueron construidos sobre solares municipales sacados a subasta, que a su vez habían sido obtenidos por expropiación en la gestión de operaciones de reforma interior de regularización o creación de nuevas alineaciones. Método, este último, que nos recuerda el puesto en práctica en la reforma del Paris de Haussmann 100 años antes.
El 16.2.1961, INFORMACIÓN da cuenta de la aprobación por el Ayuntamiento el día anterior, del acuerdo para la construcción del “Edificio Alicante” de 23 plantas, ahora conocido como Gran Sol, por considerarlo “un edificio especialmente adecuado para el servicio del turista internacional”. El 19.5.1962, el periódico publica, en su sección de “Cartas al Director”, un texto titulado “No, profesional, al rascacielos” firmado por un grupo de arquitectos en el que se oponen a la construcción del Gran Sol, esgrimiendo argumentos urbanísticos y arquitectónicos. El escrito está encabezado por Juan Vidal, autor de edificios públicos como la Diputación, el Mercado Central, y residenciales como el edificio Carbonell en la Explanada, entre otros que han dado su impronta a la ciudad, seguido de otros como Gabriel Penalva, Julio Ruiz Olmos y Juan Antonio García Solera.
3 días después el alcalde Agatángelo Soler responde en la misma sección del periódico con un escrito titulado “Si, municipal, al rascacielos” en donde además de criticar con dureza e ironía a los firmantes de la carta de los arquitectos, se posiciona así a favor del Gran Sol: “(El edificio) será el orgullo de Alicante y los alicantinos, del mismo modo que en Milán y Génova y otras ciudades de Italia”.
En julio de 1964 INFORMACIÓN publica la noticia  de la inauguración por todo lo alto del inicio de las obras de la Torre Riscal con asistencia de autoridades provinciales y otras “jerarquías”. Un año después, la Audiencia Territorial de Valencia tras una denuncia del Colegio de Arquitectos suspende las obras. Se abre un periodo que terminará en 1971 con la suspensión definitiva de las mismas por el Tribunal Supremo, seguida de la petición al Ayuntamiento por la empresa propietaria de una indemnización de 196 millones por daños y perjuicios (INFORMACIÓN 13.8.1971). Sin embargo, lejos de hacer cumplir la sentencia, a finales de ese año, la Comisión Provincial de Urbanismo aprueba que se continúen las obras invocando el interés público por la proyección turística del edificio.
El mismo argumento se esgrime cuando el Ayuntamiento aprueba por unanimidad el proyecto de construcción del Apartotel Meliá. La corporación municipal que había puesto inicialmente reparos a este proyecto, tramitado por la Administración Portuaria, en lo relativo a alturas, que no debían de superar a la cercana Aduana y otros relativas a aparcamientos, tuvieron que ceder ante las fuertes presiones que suponemos se ejercerían sobre la Corporación Municipal por tratarse de la empresa de un amigo personal de Franco. El Meliá, a diferencia de otros edificios en zona portuaria, no es una concesión con limitación temporal de vigencia de su licencia: el edificio se levantó sobre terrenos ganados al mar mediante rellenos que perdieron su titularidad pública al ser desafectados por el Estado a favor de la empresa inmobiliaria.
1943 alicante.jpg

1943 – Alicante

En el PGOU de 1956, si bien no se consigue ordenar y ni regularizar estos asentamientos antes mencionados se plantea el trazado del que viene a ser el cinturón de circunvalación de la ciudad que tendrá el papel de frontera a partir de la cual se construirán los conjuntos residenciales de los 60′ y 70′. Barrios como Francisco Franco (Las 1000 viviendas) construido por el Patronato Francisco Franco, Virgen del Remedio, de promoción privada, Nuestra Señora de los Ángeles, el Grupo Tómbola Y la Ciudad Elegida Juan XXIII son ejemplos de una producción de ciudad basada en la especulación, típica en estos años de desarrollo.

Los nuevos crecimientos tienden a ocupar el territorio existente entre los barrios de los 40′-60′ y el virtual cinturón de circunvalación de la ciudad.

Por otro lado la ciudad ha experimentado un gran crecimiento a lo largo de su frente marítimo, desde la Albufereta hasta San Juan donde han encontrado su espacio las promociones turísticas.

El 1º Plan de Alineaciones y de desarrollo de las zonas colindantes con el casco de Alicante data de 1960 (1958-1962). Este Plan de 1962 se adecuaba a la nueva ley del suelo de 1956, y si bien era un plan de alineaciones introducía aspectos nuevos como la zonificación, diversas tipologías alternativas a la manzana cerrada y piezas dotacionales en el borde del área consolidada. El modelo propuesto era radioconcéntrico, rompiendo la estructura radial existente en aquel momento.

El Plan que continuó a este de 1962 se inició en 1964, momento de un importante desarrollo en la ciudad. Este nuevo Plan establece un cambio en el urbanismo de Alicante y provocó la tendencia hacia el N de la ciudad, relacionándola con los municipios de El Campello, Muchamiel, San Juan y San Vicente del Raspeig , y no con la ciudad de Elche. Es un Plan que se apoya en la costa, o mejor dicho entre la costa norte y el futuro trazado de la autopista (hoy A7) y refuerza el trazado radioconcéntrico del plan anterior, estableciendo una importante jerarquía viaria, que se sitúan en el exterior de la ciudad construida (Vía Parque y Gran Vía), articulándose con las calles de Alfonso X El Sabio y Oscar Esplá.

1960.jpg

1960′ – Alicante

Las décadas de los años 60 y 70 suponen una etapa de expansión importante, motivada por la gran demanda de vivienda de la época. Este crecimiento se produjo fundamentalmente hacia el N, potenciando la estructura radioconcéntrica de la ciudad y relacionándola con los municipios de El Campello, Muchamiel, San Juan y San Vicente del Raspeig , y no con la ciudad de Elche.

El Plan posterior, de 1962, es el que propone la expansión hacia el norte, apoyándose en la costa y extendiéndose hacia la actual autopista A7, reforzando el trazado radioconcéntrico impuesto en el plan anterior. En este plan se establece una importante jerarquía viaria, estructurada a partir de los anillos de la existente Avenida Gran Vía y la futura Vía Parque, y articulada con las calles Alfonso X El Sabio y Oscar Esplá. Se establece como tipología predominante el bloque abierto salvo en núcleos antiguos y las zonas muy consolidadas del ensanche.

En la década de los 60′ la mejora de los niveles de renta de la población urbana, impulsada por el desarrollo industrial, convirtió al coche en un símbolo de esa prosperidad. En Alicante, como en otras ciudades, uno de los primeros efectos de la irrupción del coche fue la desaparición de los tranvías, que dejaron de circular a finales de esa década. INFORMACIÓN se hará eco de la nueva problemática urbana en Alicante con su secuela de demanda de aparcamientos y atascos agravados por el tráfico de paso, como problemas más relevantes. La administración los abordará con criterios exclusivamente de ingeniería de tráfico dando la espalda a la dimensión urbana de la movilidad. El Ministerio de Obras Públicas en los 60′ diseñó un modelo de red viaria para las ciudades capitales de provincia dirigido a resolver la incidencia del tráfico de paso por la ciudad mediante vías periféricas de alta capacidad, completadas con accesos a los centros urbanos, todo ello, como decíamos, resuelto desde una lógica del tráfico privado. Este modelo se denominó “Red Arterial”.
El PGOU de Alicante aprobado en 1973 contenía un trazado de Red Arterial que apenas suscitó atención hasta que comenzó a gestionarse su paso del plano a la realidad con la construcción de una pieza clave de ese modelo viario: la Vía Parque, llamada así porque pasaba por algunas de las grandes áreas verdes y parques previstas en este Plan General. La Vía Parque estaba prevista como una ronda exterior de conexión de autopistas, y desde su diseño inicial estaba concebida como una vía de gran capacidad, una verdadera autopista urbana, como se puede comprobar por los enlaces a distinto nivel grafiado en los planos, sin embargo la idea que se transmitía a los ciudadanos era que se trataba de una vía con un tratamiento urbano.
A comienzos de 1970 ya se invoca la Vía Parque para “descongestionar el tráfico pesado por el interior de la ciudad” (INFORMACIÓN 24.1.1970), y en general como la panacea para resolver los problemas más graves provocados por el tráfico en la ciudad. Pero no será hasta principios de 1976 cuando el periódico titule a toda página: “Luz verde a la Vía Parque”, anunciando el inicio de la fase de expropiaciones e incluso dando también la fecha de octubre de ese año para el inicio de las obras. La inauguración, a mediados del mismo año, del tramo San Juan-Altea de la Autopista del Mediterráneo impulsó el proceso. Sin embargo a comienzos del verano del mismo año, el periódico descubre el verdadero carácter de la Vía Parque: “Se va a convertir, por arte de birlibirloque, en un tramo más de autopista, con todos los inconvenientes de ésta, como ruidos, gases, velocidad endiablada igual que si hubiera pasado una Autopista propiamente dicha por el término municipal pero peor y más cerca” (INFORMACIÓN 11 de junio). Y el 8 de septiembre otro titular no menos rotundo: “Gato por liebre. No será vía urbana, sino nexo de conexión entre autopistas en realidad la prolongación de una autopista”.
En 1976 y 1977, la reacción contra la Vía Parque como autopista urbana provocó la primera gran movilización ciudadana de la Transición en Alicante. Ya no se trata de una disputa entre el Ayuntamiento y élites profesionales de la ciudad, como había ocurrido una década antes con la polémica sobre los “rascacielos”, ahora son los ciudadanos de a pie los que toman la palabra.
Tampoco  se trata únicamente de un rechazo de los costes sociales en forma de expropiaciones y desalojos que producirá la apertura de la nueva vía rápida, se reivindica la democracia como camino para construir y gestionar una ciudad para todos. Lo que ocurre en Alicante con la oposición a este viario no es un caso aislado, al mismo tiempo se producen en todo el país movilizaciones contra grandes operaciones viarias en las que el coche es el único protagonista. Los casos más conocidos son los de M-30 y el Centro Comercial de “La Vaguada” en Madrid; las redes arteriales de Barcelona y Burgos; las autopistas de Mallorca, y Atlántico en Galicia.
En Alicante, el conflicto de la Vía Parque catalizará al naciente Movimiento Ciudadano. A finales de septiembre de 1976, INFORMACIÓN da cuenta de la formación de 3 nuevas Asociaciones de Vecinos, Los Ángeles, San Agustín y Altozano, muy afectados por las expropiaciones: “La Vía Parque dejará en la calle a 130 familias” (19.9.1976). Las noticias, opiniones y posiciones de colectivos ciudadanos que aparecen en el periódico son extensas e intensas. Sería prolijo reproducirlas todas, traemos algunas de ellas: “5 Asociaciones de Vecinos contra el actual trazado” (29.10.1976); “A favor de una vía urbana y en contra de la Vía Parque” (19.12.1976) firmada por varias asociaciones vecinales. Así se continuó algunos meses hasta que finalmente tras una visita a Alicante de responsables de la administración central, el periódico informa con este titular “La Vía Parque no será una autopista” (6.12.1977). Fue una victoria ciudadana, impulsada por el clima social de esperanza y generosidad imperante en la ciudad, como en todo el país, tras la muerte del dictador, contra la imposición de una forma autoritaria de gestionar  la ciudad y de un modelo urbano fundado en el coche.

En el Plan de 1973, a las puertas de la nueva legislación urbanística de 1975, se introducen 3 áreas de centralidad situadas, al S (en el entorno de la OAMI), en San Blás y entre la Albufereta y la Condomina.  El PGOU del 1973 se inició en 1964 hasta concluir el periplo aprobatorio en 1973. El proceso de adaptación del PGOU a la ley del suelo de 1975, comenzó en 1979 y culminó con la aprobación definitiva del Plan Adaptado en 1984.

Mantiene la misma tipología propuesta por el plan precedente.

Por último, el Plan General de Ordenación Urbana de 1987, vigente en la actualidad, se pronuncia como modelo de transición y sienta las bases para que un plan posterior pueda realizar los cambios significativos de tendencias de desarrollo urbano. Se trata por tanto de un modelo expansionista, direccionista, abierto y de transición.

Además, este Plan delimita como suelos urbanos llamados “de segundas residencias” un conjunto de emplazamientos en torno a la carretera San Vicente de Raspeig a Agost CV.820 y en colindancia con el término municipal de San Vicente del Raspeig.

1975.jpg

1975 – Alicante

En 1997 se inicia el Plan de Acción Territorial del Entorno Metropolitano de Alicante‐Elx (PATEMAE), que pretende la ordenación territorial del entorno metropolitano desde Crevillente hasta Jijona.; y por Planes de Acción Territorial de carácter sectorial vigente, como el PATRICOVA (sobre prevención de riesgos de inundación en la Comunidad Valenciana) que tiene gran incidencia en el ámbito del término municipal, habiéndose limitado las afecciones por las obras de emergencia acometidas en todo el término municipal. 

El urbanismo de la democracia: la ciudad de los bulevares
En la primavera de 1979, el primer gobierno municipal elegido democráticamente tras la Guerra Civil traía como prioridad en su programa de gobierno la revisión del Plan General de Ordenación Urbana de 1973. Y lo cumplieron: en 1981 ya estaban en marcha los trabajos de la revisión del planeamiento vigente.
Solo unas semanas después del triunfo electoral de la izquierda, el Ayuntamiento convoca a un nutrido grupo de representantes de asociaciones, estamentos profesionales y empresariales para debatir sobre el futuro de la ciudad. INFORMACIÓN publica la noticia de este encuentro a toda página: “Los alicantinos deben decidir qué clase de ciudad quieren” (15.6.1979). Este debate público se polarizó en las cuestiones relativas a la participación pública en el planeamiento, destacándose “la necesidad de que el movimiento ciudadano estuviera dotado de protagonismo en la elaboración del Plan General”. Pero, este artículo también puso de manifiesto la dificultad de articular un programa de participación porque los ciudadanos “con frecuencia se interesan únicamente por su propio barrio mientras que ante el resto de la ciudad permanecen a menudo indiferentes”. Otro de los temas preferentes para la nueva Corporación Municipal será el del medio ambiente. A finales de 1979, el Ayuntamiento encarga a la Universidad de Alicante un análisis y diagnóstico del estado medioambiental del término con el fin de constituir una base documental para el nuevo Plan General (INFORMACIÓN, 20.12.1979).
La dedicación que pone la corporación alicantina en el planeamiento es compartida con la de otras capitales y grandes ciudades españolas que lo consideraron como un instrumento político y técnico clave para recuperar unas ciudades heredadas del franquismo plagadas de déficits de todo tipo. Ante unos problemas comunes se produjo un urbanismo también común, básicamente, un modelo urbano dirigido a la recuperación de la ciudad existente y que es conocido como “Urbanismo Urbano”. Proponía la recualificación de la ciudad construida frente al crecimiento en extensión, reforzando el concepto de “ciudad compacta” enraizada en la arquitectura y en la recuperación del espacio público, la calle y la plaza. En el plan de Alicante el bulevar puede ser uno de los paradigmas del nuevo paisaje urbano como resultado de la aplicación de esos principios. La ejecución en los últimos años de bulevares previstos en el PGOU de 1987, como Gran Vía, Bulevar del Pla, Vía Parque, entre otros, han convertido a estas piezas urbanas en lo que pueden ser los paisajes más renovadores propuestos en el plan.
La Corporación salida de las primeras elecciones democráticas tuvo que afrontar diferentes problemas urbanísticos y territoriales que habían quedado pendientes o estaban mal resueltos, entre los más relevantes: La Vía Parque, la Red Ferroviaria, la prolongación de Alfonso el Sabio, el Plan Especial del Casco Antiguo y el Catálogo de Edificios Protegidos, el Puerto Deportivo de la Albufereta; alguno de estos casos se solucionaron dándoles cobertura en el marco del nuevo PGOU.
Entre 1981 y 1987, año en que se aprobó el Plan General, el planeamiento de la ciudad es uno de los protagonistas periódicos de las páginas de INFORMACIÓN. En 1985 los trabajos del plan están lo suficientemente avanzados para exponer al público un avance del mismo. El periódico encabeza la noticia con este titular: “Así será el Alicante del año 2000. Mejorar la calidad de vida, evitar la segregación social y proteger los elementos de identidad” (9.11.1985). En el mes de marzo de 1986, comienza la publicación de una serie de 6 artículos en los que el periodista Manuel Dopazo desarrolla una exposición muy completa de los contenidos del PGOU.
El 28.3.1987 el periódico informa en su primera página de la firma por el conseller Blasco de la aprobación definitiva del Plan General  de Alicante: “El Alicante del futuro en marcha”. Se enumeran las ventajas y bondades que traerá el nuevo planeamiento a la ciudad: “Un espectacular crecimiento de las zonas verdes que de los 134.000 m2 actuales se pasará al millón y medio, la aprobación del PGOU también supondrá la luz verde a importantes proyectos que llevan meses esperando como el hipermercado de La Goteta, “El Corte Inglés”, un Acualand en la Playa de San Juan”.
Pero no todo fueron celebraciones por la aprobación del plan. Un mes antes de su aprobación definitiva, INFORMACIÓN publica un amplio escrito firmado por 10 Asociaciones de Vecinos de la ciudad denunciando el incumplimiento de las promesas contenidas en el programa del PSOE de la elecciones locales de 1983, que este partido había ganado por mayoría absoluta, poniendo especial énfasis en la ausencia de participación pública en el planeamiento recién aprobado. Aun reconociendo, se lee en el escrito vecinal, que en algún momento sí haya existido esta participación, se ha debido al “interés propagandístico”, además de haber tenido lugar a destiempo y bajo la presión de los hechos consumados”, todo ello muy alejado del fin prometido en su día “que era el de dar la posibilidad a los vecinos de aportar ideas para mejorar nuestra ciudad”.
El PGOU del 1987 es un plan riguroso en sus aspectos normativos pero tibio en propuestas estructurales que podrían haber supuesto una trasformación real de la ciudad en los ámbitos urbanísticos que le competían. No obstante, el plan ha funcionado razonablemente bien, a pesar de los casi 30 años que lleva de rodaje, cuando el programa que contenía preveía su cumplimiento en 12 años…

Y desde entonces se han redactado 2 nuevos Planes Generales de Alicante que no han concluido en nada cierto.

El Pleno del Ayuntamiento de Alicante, en la sesión celebrada el 2.12.1998, acordó la Revisión del PGOU vigente, con la correspondiente iniciación del procedimiento para seleccionar el equipo redactor mediante concurso entre profesionales libres, no incluidos en la plantilla municipal. El 1.2.2000, se firmó el contrato de adjudicación de los trabajos de redacción de la Revisión del PGOU. 

Presentó el 13.8.2002, en el Servicio Territorial de Urbanismo de Alicante, documentación relativa a la Revisión del Plan General de Alicante a efectos del preceptivo concierto previo, según determinaba el art. 38, apartado 1º, de la Ley 6/1994, de 15 de noviembre, de la Generalitat Valenciana, Reguladora de la Actividad Urbanística (LRAU). El Concierto Previo tiene por objeto garantizar la adecuación del modelo territorial municipal a su contexto supramunicipal, a los Planes de Acción Territorial aplicables y a la política urbanística y territorial de la Generalitat, debiendo la Consellería competente en materia de urbanismo emitir informe pronunciándose sobre el modelo territorial definido en el documento presentado y la procedencia o no de considerar superada la fase de concierto.

Tras resolverse el contrato de adjudicación (mediante acuerdo de la Junta de Gobierno Local de 19.2.2007), ante el objeto de finalizar los trabajos de revisión del PGOU vigente de Alicante, introduciendo en la documentación entregada en Diciembre de 2004 las rectificaciones derivadas del informe emitido al respecto por la Gerencia de Urbanismo, el 29.7.2005, y adaptando toda esa documentación a las determinaciones de la normativa aplicable en la actualidad, la Junta de Gobierno Local, en sesión celebrada el día 10.12.2007, aprobó la convocatoria de un concurso de tramitación anticipada para contratar las prestaciones de referencia

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El 9.4.2008 tiene lugar la firma del documento administrativo de Formalización del contrato de finalización de la ejecución de los trabajos de revisión del PGOU por el equipo técnico de Laboratorio de Proyectos SLP

El pleno municipal por acuerdo mayoritario en sesión extraordinaria y urgente de fecha 17.4.2009, aprobó provisionalmente el Plan General, con las modificaciones introducidas tras una exposición al público y al mismo tiempo acordó, abrir un nuevo periodo de información pública… hasta que mediante resolución de la Consellera de Infraestructuras, Territorio y Medio Ambiente de 18.5.2015, finalmente el 6.6.2015, acepta el Desistimiento de la Revisión del Plan General.

TERRIBLE¡¡¡

En el Informe “Análisis Urbanístico de Barrios Vulnerables 1996. Catálogo de Áreas Vulnerables Españolas”. Ministerio de Fomento‐Instituto Juan de Herrera. ETSAM (UPM), HERNÁNDEZ AJA, Agustín se identifican en Alicante en 1991 los barrios vulnerables de 1.‐ Casco Histórico, 2.‐ Ciudad de Asís, 3.‐ Las 1.000 viviendas y 4.‐ Ciudad Elegida Juan XXIII, además de las zonas de DISTRITO 3, (secciones 11, 12, 16 y 30, pequeños asentamientos periféricos de finales del siglo pasado. Se trata de una zona de expansión de la ciudad, donde las promociones nuevas pueden actuar como restauradores).

En 2001 serán los barrios de 1.‐ Carolinas Altas/Pla del bon Rèpos, 2.‐ Virgen del Carmen/400 viviendas – Nou Alacant, 3.‐ Virgen del Remedio I, 4.‐ Virgen del Remedio II, 5.‐ Colonia Requena/Juan XXIII y 6.‐ Florida Alta/Ciudad de Asís, junto a las zonas de CAMPOAMOR (al E del Castillo de San Fernando, a ambos lados de la Avenida de Alcoy. Parcelación periférica de los 60′, con manzana cerrada y compacta como tipología principal. Sus principales carencias son, el mal estado de algunas de las viviendas y la falta de equipamientos. Se ha producido un éxodo de la población más joven, produciéndose un envejecimiento importante en la zona), CEMENTERIO (en el Camino de los Cipreses. Pequeño asentamiento espontáneo que alberga vivienda autoconstruida y chabolas. Se encuentra rodeado por polígonos industriales y en las proximidades se encuentra el cementerio. Se encuentra parte de la población más marginal de la ciudad), CAROLINAS BAJAS (al N del monte Benacantil. Parcelación periférica del primer tercio del siglo XX. Se trata de una malla ortogonal de manzanas cerradas cuya edificación evidencia claros signos de envejecimiento. Se trata de un área ocupada durante la primera industrialización. La población que hoy habita este sector posee una alta tasa de envejecimiento). 

Los Grandes desarrollos residenciales en la ciudad de Alicante acumulan una edificabilidad residencial prevista de 3.844.144 m2, para 31.278 viviendas, estando pendientes 11.103 viviendas. Son sectores urbanizados en proceso de edificacion como ALBEFERETA (191.594 m2 de suelo para 200.957 m2 de techo para 1.420 viviendas, arrancando), o PAU-1 (670.196 m2 de suelo para 848.240 m2 de techo para 3.623 viviendas, pendientes aun 2.106 viviendas), o el sector PLAYA de SAN JUAN NORTE (697.063 m2 de suelo para 395.428 m2 de techo residencial para 4.060 viviendas, pendientes aun 2.806), o sectores en proceso de urbanización no edificados como PAU-3 (698.185 m2 de suelo para 253.155 m2 de techo residencial para 1.652 viviendas).

alicante-ge2

captura-de-pantalla-2016-11-17-19-13-512captura-de-pantalla-2016-11-17-19-07-572captura-de-pantalla-2016-11-17-19-07-52captura-de-pantalla-2016-11-17-19-09-042

El que hoy se encuentra en vigor es el 4º Plan General que tiene Alicante. El 1º de ellos (1958-60) fue de alineaciones. El 2º Plan General de Ordenación Urbana (1973) se redactó en época de intenso desarrollismo, mientras que su aplicación coincidió con la crisis que siguió a la subida del precio de los productos petrolíferos en 1973 para posteriormente adaptarse a la Ley del Suelo de 1976, en 1984. El Plan General Municipal de Ordenación (aprobado definitivamente el 27.3.1987) se redactó en época del último tramo de la crisis (1984-85) y comenzó a aplicarse en una etapa de fuerte dinámica inmobiliaria. Qué lejos queda todo. Y lo peor, cuánto mal se ha hecho al territorio desde entonces, y … nadie se hace responsable…

dusi-alicante1.jpgEn la última convocatoria de los fondos FEDER 2014-2020 octubre 2016, en el Ayuntamiento de Alicante (Alicante) ha sido aprobado el “Área las Cigarreras”, seleccionada con un importe de 11.053.941,33 € dentro del programam S.G. de Cooperación Territorial Europea y Desarrollo Urbano

El área urbana seleccionada para desarrollar la DUSI Alicante, comprende 4 barrios de la ciudad que conforman la vaguada existente entre los 2 montes más significativos, el monte Benacantil y el monte Tossal ambos incluidos en la estrategia, en los que se sitúan 2 castillos de diferentes épocas con un valor paisajistico, medio-ambiental y patrimonial muy importante.

logo dusi.jpgEl origen y situación de estos barrios implica algunas diferencias entre ellos de tipo edificatorio y orográfico pero en conjunto conforman una franja urbana definida que une gran parte de la ciudad antigua y de la ciudad nueva. Se trata de una zona central y pericentral que tiene su origen en una estructura de caminos que partían de la puerta norte de la ciudad para conectarla con el territorio, fundamentalmente con la huerta de Alicante y a una escala mayor con la meseta, salvando los escollos de los montes citados.

La falta de previsión citada y el desarrollo de la ciudad nueva, sin la planificación y regeneración urbana necesaria de la ciudad existente, coloca esta gran área geográfica en una situación de vulnerabilidad importante que influye en el crecimiento global de la ciudad, esta zona que actúa de nexo de la ciudad, presenta síntomas de desvitalización económica y deterioro físico y social en algunos núcleos de la misma, especialmente a espaldas de las 2 grandes vías (Avenida de Alcoy y Avenida de Jijona), que la atraviesa radialmente, existiendo falta de conexión entre sus barrios y problemas de accesibilidad en el espacio urbano y en el parque edificatorio.

El Ayuntamiento de Alicante ha realizado en las 2 ultimas década diversos planes estratégicos sectoriales que sirven de guía a las diferentes acciones municipales, dirigidas tanto a potenciar los activos de la ciudad y aprovechar las oportunidades que tiene, como a regenerar y revitalizar las áreas deprimidas con el objetivo de conseguir una mayor inclusión y cohesión social.

Para elaborar la Estrategia DUSI-Las Cigarreras, además de la información recabada a través de los trabajos de campo y del proceso de participación ciudadana realizado, se utilizaron los datos y resultados de diferentes estudios y Planes Municipales. También se conectó con diferentes Organismos Públicos Y Privados que han proporcionado datos complementarios a los ya obtenidos.

Los Estudios y Planes Municipales de referencia son los siguientes:

· PGOU. Se ha tomado como referencia el PGOU-1987 vigente en la actualidad, aunque se han incorporado algunos principios y criterios del nuevo PGOU que se está elaborando y que en breve el Ayuntamiento quiere impulsar. Se ha contando especialmente con el catalogo de edificios patrimoniales municipales, para la conservación y rehabilitación del patrimonio histórico-cultural existente en el Área Urbana de la Estrategia.

· PLAN IMPULSA: El Plan de Competitivdad Urbana de Alicante 2012-2020, que realiza un diagnostico global de la ciudad, propone una estrategia a nivel socio-económico para todo el municipio, en el que han participado 90 entidades, con 70 proyectos a desarrollar en el marco de 6 ejes prioritarios: Ciudad (capitalidad), Sectores Económicos, Administración accesible y eficiente, Capital Humano, Acción Exterior y Conectividad.

· PMUS: Plan de Movilidad Urbana Sostenible de Alicante y Plan de Movilidad de la Comunidad Valenciana. Se detallan los estudios, indicadores y estrategias de actuación para la mejora de las redes viarias y de transporte público, de las infraestructuras especificas para peatones y ciclistas, del sistema de estacionamiento y de otros aspectos relevantes a la hora de determinar elementos cuantitativos y cualitativos del transporte y movilidad peatonal, siempre con criterios de accesibilidad universal.

· PAES: Plan de Acción para la Energía Sostenible de Alicante 2010-2020, incluido en el “Pacto de Alcaldes” de la U.E., con el objetivo de reducir las emisiones de CO2 y promover la Eficiencia Energética a la ciudad de Alicante.

· PLAN ESTRATEGICO DE MODERNIZACIÓN DEL AYUNTAMIENTO DE ALICANTE 2015-2017. Se ha utilizado documentos diversos referente al desarrollo de la Administración Electrónica y a las nuevas tecnologías y al avance hacia una ciudad “Smart City”. La creación del Portal de Transparencia y la puesta en marcha de “datos abiertos” ha servido de base para la definición de las lineas de actuación incluida en el objetivo temático 2 para mejorar el uso y la calidad de las tecnologías de la información y de la comunicación y al acceso a a las mismas, en el desarrollo de la Estrategia.

· PLAN INTEGRAL BARRIOS ZONA NORTE: La experiencia acumulada tanto en los sistemas de evaluación y seguimiento empleados, como la gestión y ejecución de este Plan Integral que era objeto de la iniciativa urbana del periodo 2007-2013, ha facilitado la elaboración de la Estrategia DUSI Alicante.

· AGENDA 21: El Ayuntamiento de Alicante viene adoptando desde el 2002, la utilización del listado de evaluación para el análisis de la situación medioambiental en el área urbana de la Estrategia.

· PLAN RACHA: la experiencia en la rehabilitación de edificios e infraestructuras del casco antiguo de Alicante, así como otros programas de viviendas en zonas centras y periféricas de la ciudad ha servido de base para el análisis y definición en materia de vivienda en el marco de la Estrategia.

· PLAN RECUPERACIÓN CENTRO CIUDAD: Este Plan Integral desarrollado en el corazón de Alicante, colindante con el área urbana de la Estrategia DUSI Alicante, ha sentado las bases para elaborar y desarrollar las acciones más adecuada e innovadoras a implementar en zonas de intervención con riesgo de vulnerabilidad física, economía y social.

· PLAN TURISTICO COMUNIDAD VALENCIANA: El resultado es una visión estratégica compartida para el turismo de la Comunitat Valenciana 2010-2020, definida también para las marcas, con el horizonte puesto en el 2020 y basada en 8 ejes estratégicos: Gestión Turística como Política Global, Cooperación Público-Privada, Competitividad Empresarial, Capital Humano, Sostenibilidad, I+ D+ I, Distribución y Promoción y Comunicación. Es un Plan Estratégico Global del Turismo de la Comunitat Valenciana 2010-2020, consensuado por todos los agentes implicados, consta de 28 programas de actuación para hacer de nuestra Comunidad un territorio competitivo en materia de turismo. Una hoja de ruta para el turismo de la Comunitat Valenciana que nos permitirá alcanzar los 27 millones de turistas en 2020 y que se caracteriza por su enfoque global, sin precedentes en nuestro país, y su caracter abierto y participativo. El analisis y la hoja de ruta realizada en la Costa Blanca ha servido de guia en la definición de los proyectos turisticos de esta Estrategia.

evolucion historica.jpg

Evolución histórica ciudad de Alicante

Alicante. Una gestión llena de escándalos
Los casos de corrupción golpean al Ayuntamiento, que ya se ha cobrado la dimisión de sus dos últimos alcaldes, ambos del Partido Popular.
Alicante fue una fiesta, y ahora está de resaca.
Tras 20 años de Gobierno municipal del PP, la capital alicantina es una de las ciudades con más tramas de corrupción y políticos imputados. Entre ellos, sus dos últimos alcaldes, Luis Díaz Alperi y Sonia Castedo, quien dejó el cargo el pasado 23 de diciembre.
Fue el día que se conocía su 2ª imputación, esta vez en el marco del caso Brugal, un escándalo de corrupción en la adjudicación de contratos públicos.
En estos 20 años, Alicante ha basado su economía en ladrillo y turismo. Turismo de sol, playa y sangría, pero también de ladrillo: turismo residencial. Con seis centros comerciales en la ciudad, 18 más en el resto de la provincia y alguno más por llegar, el comercio es ya, junto a la hostelería, el motor económico alicantino. El enorme complejo del futuro Ikea aumentará entre un 60 y un 90% la superficie comercial del municipio. El proyecto, en fase de información pública, es heredero del Plan Rabassa, una de las ramas del caso Brugal.
Su impulsor, el empresario y propietario del Hércules Club de Fútbol, Enrique Ortiz, se lleva uno de cada tres euros del presupuesto municipal a través de sus tres decenas de empresas. Sólo por la contrata de basuras, adjudicada en 2013 por 12 años, ha recibido 435 millones de euros. Ortiz también es el mayor propietario de suelo del municipio, gestiona la limpieza de colegios y hasta el mantenimiento del cementerio. Seguramente, la posición de Ortiz como primer contratista tendrá que ver con que el Ayuntamiento, pese a tener una deuda de 178 millones de euros, sea la ciudad de España que más rápido paga sus facturas, aunque lo haga a través de presuntos procedimientos irregulares. 
Al otro lado de la balanza hay un Alicante que despierta.
El 15M supuso la creación de nuevos espacios de encuentro social que se unieron a otros proyectos ya existentes, como el huerto comunitario de Carolines. Tímidos pasos hacia otro modelo de ciudad.
Cercanías: una radiografía diferente de nuestras ciudades. Diagonal-La Marea. 2016
Alicante GE6.jpg

2016- ALICANTE

Corrupción o escándalo del PGOU de Alicante.

En febrero de 2016, “…el juez de Instrucción número 5 de Alicante, Manrique Tejada, ha declarado compleja la investigación sobre el antiguo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Alicante y ha prorrogado su instrucción 18 meses…” 21 personas entre las que destacan los ex alcaldes de Alicante Luis Díaz Alperi y Sonia Castedo, ambos del PP, el constructor Enrique Ortiz o el arquitecto municipal Jesús Quesada, están investigados; anticorrupción sostiene que los dos políticos favorecieron los intereses del citado empresario en la redacción del planeamiento urbanístico de Alicante, al que el ayuntamiento ya ha renunciado, a cambio de diferentes dádivas…

Sobreseimientos o no, el PGOU de Alicante vigente es el Plan General Municipal de Ordenación de Alicante (PGMO’87),  aprobado definitivamente por la Conselleria de Obras Públicas, Urbanismo y Transporte el 27.3.1987, y publicado en el BOP de 14.5.1987.

Y el Plan Rabassa, IKEA …. TELA¡¡¡

alicante_area.jpgAlicante hoy tiene una población de 328.648 habitantes y un parque residencial edificado de 181.171 viviendas, de las cuales 10.669 son unifamiliares (el 5,89% del total). Aun conserva casi un 8% del parque de viviendas anterior a los 60′, datando de entonces 43.949 viviendas (el 24%), de los 70′ son 42.061 viviendas (el 23%), en los 80′ son 25.028 viviendas (el 14%), en los 90′ son 20.324 viviendas (el 11%)y de la década prodigiosa 2000-2009 son 35.467 viviendas (el 20% del total).

Empezar a trabajar en el nuevo texto del PGOU de Alicante tras más de 15 años perdidos, ese el el gran reto; el PGOU de Alicante se redactará después de que el ex alcalde Miguel Valor (PP) desechase el texto en el que Urbanismo llevaba 15 años trabajando, y que estaba bajo sospecha de corrupción en Brugal. Además, el nuevo documento está siendo polémico antes incluso de redactarse la primera línea. Urbanismo ha creado ya un catálogo de protecciones que posteriormente se incorporará al PGOU. Sin embargo, el PP ha presentado ya varias alegaciones, en las que acusa al tripartito de no cumplir con el trámite de participación, y aseguran que puede ser “motivo de nulidad”….

Y mientras…????


Cada mercado es local.

Cada municipio tiene su singularidad.

Cada municipio se retrata en su parque residencial.


…seguiremos analizando en próximas entregas los 250 municipios mayores de España

 

GRANADA, según Catastro, a 1.1.2015 por tamaño y fecha.

tabla-granada-2-121996e-314dadtaman%cc%83o-edificaciontabla-granada-edadtaman%cc%83o-edificacion

Estos gráficos representan el Parque Residencial de GRANADA.

Son los Bienes Inmuebles, de uso VIVIENDA, matriculados a 1.1.2015, clasificados por tamaño y fecha de inscripción.

Cada barra horizontal representa una década, la inferior es la más reciente (2010-2014), y la superior la más antigua (<1900).

Cada color es un tamaño, del más cálido (<60 m2) al más frío (>180 m2).

La barra inferior (DELVI) representa el cálculo hecho desde Otropunto de la Demanda Latente de Vivienda (la demanda latente se configura por las personas que no tienen vivienda y que por su perfil sociológico (edad) y socioeconómico (no están en desempleo) son potenciales compradores). Es una estimación del número máximo de vivienda que constituye la demanda encubierta de una zona y se basa en las personas con el perfil de los actuales compradores de vivienda pero que todavía no han constituido un hogar.granada-delvi
granada-piramidetabla-granada

granada-catastro-2014-2016
granada-ine
granada-alquiler

Son datos fríos, sin cocinar.

Información para la toma de decisiones.

Información para el conocimiento.


GRANADA GE1.jpgGranada es una ciudad y municipio de 88,02 km2, capital de la provincia homónima, en la comunidad autónoma de Andalucía, situada en el centro de la comarca Vega de Granada, a una altitud de 680 msnm, en una amplia depresión intrabética formada por el río Genil y por el piedemonte del macizo más alto de la península ibérica, Sierra Nevada, que condiciona su clima.

En ella se encuentra la sede del partido judicial número 3 de la provincia; la de la archidiócesis que lleva su nombre, así como las del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, Ceuta y Melilla, el Consejo Consultivo de Andalucía, el Consejo Escolar de Andalucía y el Colegio Notarial de Andalucía —compartida con Sevilla—. Granada alberga también la sede de diversas instituciones autonómicas de índole cultural y científica, como el Centro de Documentación Musical de Andalucía, la Biblioteca de Andalucía, el Instituto de Astrofísica de Andalucía, el Instituto Andaluz de Geofísica y Prevención de Desastres Sísmicos, el Instituto de Academias de Andalucía y el Centro de Estudios Escénicos de Andalucía —compartida con Málaga y Sevilla—. Además, es sede del Mando de Adiestramiento y Doctrina (MADOC) del Ejército de Tierra de las Fuerzas Armadas Españolas.

Granada 3D.jpg

El relieve del municipio está marcado por su localización en el borde oriental de la depresión de Granada. Las sierras de Huétor, Arana y Nevada ejercen de cabecera de esta cuenca sedimentaria.

La depresión granadina ocupa una posición central en el conjunto de depresiones que forman el surco intrabético, un corredor natural entre las alineaciones montañosas de la Subbética y de la Penibética, que enlaza el Levante con el Mediterráneo. Las terrazas fluviales de los ríos Genil, Darro y Beiro dieron origen a su vega, bordeada por un anfiteatro de colinas cuya altitud media ronda los setecientos y ochocientos metros. Su situación geográfica permitió al asentamiento beneficiarse de las facilidades de comunicación en la circulación regional y de las ventajas defensivas ofrecidas por la elevada altitud de las cadenas montañosas que lo circundaban. Su base económica fue posible gracias a la riqueza agrícola de la vega. No obstante, por sí solo, el conjunto de factores geográficos no explica ni el predominio adquirido por Granada -respecto a otros asentamientos con similares condiciones, e incluso con mayores facilidades-, ni tampoco su continuado desarrollo urbano. Fueron factores históricos los que determinaron el aprovechamiento al máximo de las ventajosas condiciones ofrecidas por su situación y emplazamiento geográficos.

Por último, la red hidrográfica, jerarquizada por el río Genil, ha modelado y perfilado una gran llanura de sedimentación, formada por materiales detríticos donde predominan las arenas, limos y arcillas, en función de la cercanía al centro de la cuenca. Esta llanura aluvial es de gran riqueza desde el punto de vista de la agricultura y, junto a los yacimientos auríferos ligados a los ríos Darro y Genil, provocaron su rápida población.

Granada-Mapa-Area.jpg

Su área metropolitana incluye cerca de 500.000 habitantes, estando constituido par los 19 municipios de AIbolote, Alhendín. ArmilIa, Atarfe, Cájar, Cenes de la Vega,Cúllar-Vega, Churriana de la Vega, Granada, Huétor Vega, Jun, Las Gabias, La Zubia, Maracena, Monachil, Ogijares, Peligros, Pulianas y Vegas del Genil. Además 21 municipios se encuentran en su area de influencia directa, son al NORESTE, Alfacar, Calicasas, Cogollos Vega, Guevéjar, Nivar y Víznar; al ESTE, Beas de Granada, Dúdar, Gúéjar Sierra, Huétor Santlillán, Quéntar y Pinos Genil; al SUR Dilar, Gójar y Otura y al NOROESTE Cijuela, Chauchina, Fuente Vaqueros, Láchar, Pinos Puente y Santa Fe.

DistritosyBarrios300.jpg

En el municipio existen 5 núcleos o unidades de población: Granada, Alquería del Fargue, Bobadilla, Cerrillo de Maracena y Lancha del Genil.

El municipio de Granada consta de 8 distritos, que forman a su vez un conjunto de 36 barrios; los más importantes son el Zaidín, el Albaicín, el Sacromonte, el Realejo, La Chana, Almanjáyar y la Cartuja, 

GRANADA GE6.jpg

Granada constituye un núcleo receptor de turismo, debido a sus monumentos y a la cercanía de su estación de esquí profesional, así como a la zona histórica conocida como La Alpujarra y también a la parte de la costa granadina conocida como Costa Tropical. De entre sus construcciones históricas, la Alhambra es una de las más importantes del país, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984, junto al jardín del Generalife y el Albaicín. Su catedral está considerada como la primera iglesia renacentista de España.

La Universidad de Granada es la 4ª a nivel nacional por número de alumnos y es uno de los destinos más populares por los universitarios europeos del programa Erasmus. En 2011, recibió del Ministerio de Educación un anticipo de 1,8 millones de euros en concepto de remuneración del personal investigador en formación; becas, ayudas y contratos de 256 investigadores dentro del programa de formación del profesorado.

Están concluyéndose las obras del Parque Tecnológico de Ciencias de la Salud que se centrará en la investigación médica. Asimismo, se están construyendo las infraestructuras necesarias para la conexión ferroviaria con trenes de Alta Velocidad (AVE), Además, se están terminando las obras del Metropolitano de Granada, que será inaugurado próximamente. Su aeropuerto, situado a 12 km. del centro de la ciudad, ha sido recientemente remodelado.

Fue capital del Reino Zirí de Granada, durante el siglo XI, y del Reino Nazarí de Granada entre los siglos XIII y XV. Tras la toma de la ciudad por los Reyes Católicos, se mantuvo como capital del Reino castellano de Granada, que ya era una simple jurisdicción territorial y que se mantuvo hasta 1833, momento en que se produjo una nueva división provincial en España, todavía vigente. Su escudo municipal ostenta los títulos de “Muy noble, muy leal, nombrada, grande, celebérrima y heroica ciudad de Granada”.

La historiografía granadina ha sostenido 2 opiniones divergentes sobre los orígenes de la ciudad. La 1ª tesis afirmaba la continuidad histórica entre Granada e Iliberri (ciudad iberorromana mencionada en las fuentes antiguas e identificada como sede de uno de los primeros concilios de la Cristiandad). Mientras que la 2ª tesis negaba tal supuesto y situaba Iliberri al pie de Sierra Elvira.
De acuerdo con las últimas campañas arqueológicas realizadas en el Albaicín, parece confirmarse la hipótesis iliberritana. De ser así, la antigüedad del asentamiento se remontaría hasta el siglo VII aC. La interpretación de las evidencias arqueológicas suministradas por las excavaciones realizadas junto a la Puerta Nueva o de las Pesas, en la placeta de las Minas, sitúa en esta zona el emplazamiento del foro de la ciudad iberorromana de Iliberri. El lugar fue objeto de excavaciones a mediados del siglo XVIII, aunque en una operación falsaria llevada a cabo por el Padre Flórez, restos auténticos fueron mezclados con falsificaciones que pretendían dar por ciertas las falacias sacromontinas, y obligó a la autoridad pública a sepultar lo hallado.
En línea con esta tesis, algunos estudios sostienen que con anterioridad a la etapa musulmana, en la margen izquierda del Genil, al pie de la Alhambra por su lado sudoeste se había asentado una colonia judía (Garnata al-Yahud según las fuentes árabes). Durante algún tiempo coexistirán ambos núcleos (la ciudad iberorromana y la colonia judía) hasta acabar formando uno solo.
granada-evolucionEl proceso de desarrollo urbano de Granada ha seguido un modelo expansivo a partir de fajas concéntricas semicirculares, con cambios sucesivos en la orientación de su crecimiento. La primera ocupación residencial se produjo sobre las colinas de San Cristóbal, del Albaicín y de la Alhambra, por sus potencialidades estratégico-defensivas. A partir del siglo XI, con la monarquía zirí, la expansión del recinto se orientó hacia las terrazas fluviales. Fue un momento de crecimiento poblacional, acentuado por los movimientos migratorios dirigidos hacia la metrópoli musulmana, a causa de la presión militar castellana. Al modelo de ciudad acrópolis se sobrepuso el de ciudad en llanura, más adecuado para el desarrollo de las actividades comerciales.
En la primera fase de la ocupación cristiana, el plano de la ciudad se extendió hacia el NO, con la implantación del Hospital Real y de los barrios de San Lázaro y de la Duquesa. Después, en la etapa barroca, el recinto urbano se desarrolló hacia el O y el S, a partir de los caminos surgidos de las antiguas puertas de la muralla. Más tarde, durante el gobierno napoleónico, se potenció el eje del río Genil, con actuaciones en sus riberas. Finalmente, en el XIX el interés se centraría más en las operaciones de reforma interior que en las de ensanche, mientras que durante los 50′ y 60′, la expansión urbana se realizó sobre los sucesivos ensanches (a menudo espontáneos o no planificados), que extendieron el organismo urbano hacia el N, S y O.

 

Podemos distinguir 4 grandes periodos bien definidos en la historia urbana granadina: de formación, de transformación de la estructura urbana medieval, de gestión urbanística liberal y de urbanismo planificado. Aunque, en las líneas generales de su evolución se puede aislar una invariante: la estructura de la ciudad consolidada (la ciudad histórica) ha sido vista como obstáculo para el progreso. Hasta fechas recientes (PGOU de 1985), los programas urbanos desarrollados en Granada se han sustentado en políticas de ensanche y de reforma interior de la población, al margen o en contra de la ciudad heredada y de su realidad morfológica, topográfica y paisajística.
La ciudad musulmana de Granada fue el resultado de 2 momentos históricos (durante el interregno africano la estructura urbana zirí sufrió pocas transformaciones, aunque la lectura de algunas fuentes como Ibn Idari sugiere a los estudiosos que con lo almohades se realizaron algunas intervenciones sobre el recinto amurallado). El 1º periodo, a partir del siglo XI, con el establecimiento de la dinastía Zirí se formó el conjunto urbano, ampliando sus defensas y haciéndolo capital de la región, aprovechando sus ventajas geográficas.
El 2ª período comenzó en 1238, cuando Muhammad I Ibn Al-Ahmar fundó la dinastía Nazarí. Con los nazaríes la ciudad y su reino se convirtieron en el último reino islámico de la península ibérica, alcanzando cotas de esplendor y decadencia. El núcleo del poder se trasladó desde la alcazaba Cadima (vieja) de los ziríes, en el Albaicín, a la frontera colina de la Sabica, originando la ciudad palacio fortificada de la Alhambra.
plano-andalusi.jpgLa ciudad medieval islámica, tal como quedó conformada poco antes de la incorporación a la Corona castellana, y de los proyectos subsiguientes de reforma, será el objeto a transformar por espacio de casi 4 siglos, y, pese a las modificaciones habidas en su red viaria, y, en su morfología, la definición estructural del espacio urbano ha estado vigente hasta hace relativamente poco, con un centro funcional comercial y administrativo en torno al sector de Bibarrambla, Catedral, Ayuntamiento, y de una serie de fajas residenciales extendidas desde aquí hacia la periferia, cercana a los terrenos rústicos de la vega.
El espacio urbano islámico se configura sobre bases muy diferentes de las del occidente medieval cristiano. Frente a las bases jurídico-políticas concretadas en el municipio (con sus principios de autogobierno, autonomía local y representatividad), la razón fundamental de ser de la ciudad islámica es abrigar las familias de la comunidad en un espacio construido que les permita desarrollar su vida de acuerdo con las prescripciones coránicas. Todo en la ciudad islámica se ordena en torno a los lugares de culto (la mezquita) y de concentración. Los barrios frecuentemente coinciden con el perímetro vocal del almuecín que llama a la oración, frente al urbanismo de ascendencia clásica greco-romana, basado en la geometría y en la reglamentación.
mapa_alhambraLa ciudad, en suma, está regida por una centralidad asociada a lo sagrado. Toda ciudad islámica tiene su centro. El centro de la Granada nazarí lo constituía la medina presidida por la mezquita aljama (sobre suyo solar se edificó la iglesia del Sagrario). En torno a este centro se desplegaban las actividades comerciales y los equipamientos públicos más importantes (Alcaicería, alhóndigas, fondaks como el Corral del Carbón, la madrasa) pero también los espacios residenciales. Próximos a las zonas comerciales, se concentraba una población de artesanos y mercaderes, a mayor distancia, barrios más o menos cerrados (harat) y los arrabales. Cada una de estas unidades urbanas se hallaba encerrada por su propia cerca, a la vez que un dispositivo amurallado conectaba las defensas de la ciudad palatina de la Alhambra con la barbacana de Bibataubín que defendía el valle del Darro.
asentamientos.jpg

Estructura urbana de Granada: supuestos asentamientos pre-islámicos

El espacio estaba rigurosamente jerarquizado. A cada función correspondía un tipo de circulación más o menos pública o privada. Los barrios eran unidades urbanas que poseían su propia identidad y un equipamiento autónomo: mezquitas, baños, tahonas y tiendas. La estructura corporativa de los oficios (a cuya cabeza estaban los alamines o alarifes) se correspondía con la distribución espacial de usos y funciones, al ocupar cada cuerpo de oficio los puestos de toda una calle, a la que daban nombre (zacatín, de ropavejeros; cuchilleros, etc.). El principio jerárquico que ordenaba el espacio urbano se correspondía con una red creciente de clausuras y segregaciones a partir de la familia y el linaje, y los grupos étnicos. Miembros de una misma familia ocupaban áreas urbanas contiguas y comunicaban sus casas mediante puertas falsas o pasadizos volados sobre la calle. En su origen, la toponimia urbana parece estar ligada al gentilicio de los habitantes que dieron nombre al asentarse a los barrios (Cenete, Gomérez).
El hábitat doméstico musulmán se concibe a partir de un elemento clave: el wasât al-dârt (“el patio umbrío”) es un espacio central, más o menos abierto hacia el cielo, que conforma el corazón de la vivienda. Distribuye, reúne, acoge todas las actividades cotidianas. Y es el centro de la vida femenina. La casa responde a la valoración de la intimidad y a la segregación social de la mujer. Por eso, la fachada (al-wajihah) no cuenta, la casa vuelve la espalda a la calle; al exterior predomina el paño ciego, mientras que lo que a ojos occidentales pudiera entenderse como fachada, por su ornamentación, se encuentra en el interior, abierto al wasât al-dârt. La casa, de pequeñas proporciones, se volcaba hacia el interior. Su estructura arquitectónica creaba vacíos en el interior de las manzanas, que contrastaban con el carácter compacto de un bloque urbano, apenas fisurado por callejuelas. La casa constaba de salas rectangulares flanqueadas por alcobas laterales con un único vano de ingreso abierto al patio sobre el que se disponían un grupo de ventanas cerradas por celosías a manera de respiraderos. En los casos más notables, el patio copiaría a escala menor la distribución de dos pabellones enfrentados con un patio rectangular centrado por alberca propia de la arquitectura palaciega.
granada_s.viii-xv.jpg

Granada entre el s VII y el s XV

El principio jerárquico del espacio urbano islámico se manifestaba también de manera singular en el sistema viario. Constaba de un sistema radial que conectaba entre sí las diferentes puertas de las cercas, y de un sistema secundario que daba acceso a las viviendas. Esta red secundaria se organizaba a partir de adarves (callejones sin fondo, semiprivados) y atarbeas o pequeños vacíos generalmente de planta cuadrada, cuyos edificios colindantes estaban ocupados por tiendas de una misma mercadería. Asimismo, el principio jerárquico espacial reflejaba la estructura de la propiedad y del poder: las unidades residenciales conformaban agregaciones homogéneas a partir del módulo pequeño que regía la parcelación y la edificación, junto a grandes extensiones propiedad de la familia dinástica que se extendía por el interior del recinto urbano, aunque su mayor concentración se producía en el sector oriental de la población, próxima al campo del Príncipe.
El 2º periodo en el proceso de desarrollo urbano granadino coincide con los intentos de transformación del organismo medieval y con la definitiva expansión de los bordes de fijación del plano urbano a finales del siglo XVIII, tal y como observamos en el levantamiento topográfico de Francisco Dalmau.
La incorporación de Granada a la Corona de Castilla condujo inevitablemente a la transformación del orden urbano islámico. Transformación que no fue ajena en absoluto a un proyecto político de más amplio calado, la creación de una nueva forma de organización política, a partir de los Reyes Católicos: el Estado. Desde ese enfoque es como hay que entender el ciclo de experiencias urbanas desarrollado en Granada durante todo el siglo XVI y hasta la expulsión definitiva del elemento morisco del reino tras las revueltas de la década de 1570. La conquista del reino de Granada supuso su fusión en el entramado institucional castellano, y, sobre todo, la voluntad decidida de transformar políticamente un marco social y civil que resultaba incomprensible y molesto, no sólo a ojos de los nuevos pobladores, sino, sobre todo, para la Corona, es decir, para el naciente Estado. Derribo de ajimeces y cuerpos volados sobre la vía pública, ensanche de calles, institución del cabildo municipal, de la Capitanía General, de la Chancillería, desarrollo del programa parroquial (gracias a una Bula otorgada en 1501), creación del Hospital Real. Todo ello se inscribe en un doble registro. Por una parte, la modernización de una estructura urbana que se siente ineficaz. Por otra, la asunción por parte del estado del control del espacio urbano, de su sentido y de su función.
Prologando la primera edición impresa de las Ordenanzas de Granada figura una carta de merced de 20.9.1500, convertida en privilegio en 15.10.1501. Por medio de esa disposición, la Corona instituyó el Cabildo, con 24 regidores y su correspondiente aparato administrativo (entre el que destacaba el nombramiento de un Obrero, especie de arquitecto y sobrestante, y jueces de edificios); se ceden para ejidos (es decir, terrenos comunales) los osarios musulmanes; para casa de Cabildo, la Madraza y para Propios la renta de la hagüela (impuesto sobre casas, tiendas y censos, del que pertenecían tres partes a la Hacienda real y una al Ayuntamiento); asimismo, se cedían las casas de las Alhóndigas y se disponía que pudiese ubicar carnicerías y pescaderías y un peso del Concejo; los muros, cercas, puentes y alcantarillas quedan propiedad de la ciudad, etc.
1563 Granada.jpg

1565 – Granada

Un nuevo orden urbano se superpuso a la estructura física de la ciudad bajomedieval. Las relaciones funcionales permanecieron inalteradas durante algo más de 3 siglos (la centralidad funcional de la medina continuará), a pesar de los cambios de alineaciones (apertura de plazas como la Plaza Nueva, volteada sobre el río Darro, ensanche y rectificación rectilínea de calles) y pese a la implantación de un nuevo tejido administrativo-religioso con las parroquiales.
Cambios importantes fueron la creación de las morerías (1494) y los intentos por ordenar y sistematizar el parcelario. El viajero alemán Jerónimo Münzer que visitó Granada en 1494 (2 años después de su conquista cristiana) decía que las casas de los moros eran como nidos de golondrina, por lo complicado de su trazado y, sobre todo, que una casa de cristiano ocupaba cuatro o cinco árabes. De ahí se infiere el proceso de agregación de parcelas que comenzó, y el de regulación de la disociación entre la propiedad del suelo y la del vuelo o edificación, de enorme trascendencia en el concepto del dominio en el mundo musulmán.
En una primera fase, con los Reyes Católicos y su hija doña Juana, la preocupación de la Corona fue asegurar el poblamiento y el ennoblecimiento de la antigua capital del reino nazarí. Porque la dicha çibdad sea mejor poblada e ennoblescida (Carta real de merced a la ciudad de Granada determinando la organización de su cabido, 20.9.1500). Corresponden a esta fase los proyectos góticos que intentaron modernizar la morfología urbana. En una segunda fase, el capital simbólico de la ciudad se asoció al proyecto imperial, con dos programas de una importancia extraordinaria: la residencia del emperador junto a los palacios nazaríes en la Alhambra, y el panteón de la familia imperial proyectado en la catedral.
Entre los siglos XVII y XVIII la ciudad consolidará las líneas de fijación del plano urbano y establecerá gracias a nuevos ensanches apoyados en implantaciones religiosas (sobre todo conventos) el perímetro del organismo preindustrial. Límite que funcionará hasta que los planes de ensanche proyectados en la primera mitad del siglo XX definan las áreas de contacto con los terrenos rústicos de la vega en función de su aprovechamiento económico y no de su carácter productivo, alterando el equilibrio campo-ciudad y conduzcan el proceso de creación urbano según las leyes del mercado del suelo.
La ciudad baja se desarrolló o a partir de la medina musulmana, emplazada en las terrazas fluviales del valle del Darro. El doble proceso de cristianización y castellanización de la ciudad hispanoárabe, tras su conquista en 1492, perpetuó -y acrecentó- las funciones comerciales y representativas confiadas a los equipamientos públicos ubicados en la margen derecha del río. La llanura fue el lugar preferido por los nuevos pobladores cristianos. Se consolidaron nuevos asentamientos en los bordes de contacto con la vega. Surgieron barrios nuevos organizados en torno a fundaciones religiosas.
La despoblación y el abandono sufridos por el barrio del Albaicín (tras la expulsión de la población morisca en 1571), la reactivación económica y el prestigio ideológico adquirido por la vieja medina, con el establecimiento del complejo catedralicio y la sistematización de la plaza de Bibarrambla, configuraron este sector de la ciudad baja como el nuevo centro urbano. Por ello estará llamado a desempeñar un importante papel en las reformas burguesas de la ciudad iniciadas en el siglo XIX y prolongadas hasta el primer tercio del XX.
En la confluencia de los ríos Darro y Genil surgieron otros 2 focos expansivos: los barrios de la Virgen y de san Antón. El área ocupa un vasto terreno, extendido a lo largo de la ribera del Darro, extramuros de la antigua cerca nazarí, hasta las inmediaciones del Genil. Dos construcciones religiosas polarizaron el crecimiento urbano: la basílica de Nuestra Señora de las Angustias y el Convento de san Antonio Abad.
La transformación en parroquia independiente de la iglesia de las Angustias aseguró el crecimiento urbano del sector, e instauró un centro devocional de gran atracción para la población granadina. La principal arteria de esta zona era la Carrera Vieja (después llamada de la Virgen), un espacio longitudinal en la margen del río Darro, esencial en su configuración morfológica. Además de servir como eje viario cumplía funciones representativas como lugar donde se desarrollaban procesiones y celebraciones cívicas. La carrera terminaba en el puente del Genil, reformada en 1685. En el entorno del puente el Concejo había determinado la plantación de unas alamedas, que en el siglo XIX se transformarían en jardines públicos. En sus cercanías discurría la Acequia Gorda. Esta canalización hidráulica, que conducía su caudal hacia las huertas de la vega, a cuya red de riegos abastecía, daba funcionamiento además a un conjunto de instalaciones fabriles que circundaban la periferia urbana: desde molinos de pan a tornos para la seda. Cuando las alamedas fueron transformadas en jardines, según los nuevos ideales del decoro y ornato públicos que guiaban las intervenciones burguesas sobre la ciudad, cambió radicalmente la función desempeñada por las riberas del río Genil en el conjunto urbano.
En el lado izquierdo de la Carrera se conformó el barrio nuevo de los monjes de Santa Cruz, originado en terrenos que habían sido huertas del convento de dominicos. La estructura del nuevo barrio se organizó también según el trazado a cordel, con una disposición ortogonal de su viario (que lleva nombres de santos dominicos) y un loteo en manzanas cuadrangulares.
Al otro lado del río Darro surgió el barrio de San Antón, asimismo vertebrado sobre un trazado en damero, con un eje principal, la calle de San Antón, y otro paralelo, la calle de San Isidro, subsidiario de este. El barrio articulaba la continuidad entre los barrios de la Magdalena y el de los monjes de la Santa Cruz, prolongando el tejido urbano del centro neurálgico de las actividades comerciales e institucionales concentrado en la ciudad baja, la antigua medina musulmana.
La conexión entre los barrios de San Antón y el de las Angustias se aseguraba mediante los puentes de Castañeda y de la Virgen volteados sobre el Darro entre 1675 y 1700. El paso del río por el centro de la ciudad era un dato territorial inexcusable, a la vez que cumplía una función esencial en el desarrollo de determinadas actividades artesanales e industriales, al poder verter a él sus desechos.
En el 3ª periodo concurren la gestión urbana liberal y el despegue económico de la ciudad, basado en la acumulación de capital generada por las industrias de transformación de los cultivos de remolacha en la vega. Durante esta fase, se llevan a cabo las empresas de transformación urbana de más hondo calado. El embovedado del tramo del río Darro comprendido entre Plaza Nueva y Puerta Real creó un centro funcional, con la consiguiente vertebración en el corazón de la vieja medina musulmana y de un eje comercial moderno que funcionará hasta finales del siglo XX. La apertura de la Gran Vía de Colón, supuso la crisis definitiva del sistema urbano medieval y el origen de una nueva sistematización viaria, cuyos efectos son bien patentes en la actualidad.
Pero, además, es durante este periodo cuando se definieron 2 categorías de gran trascendencia para la comprensión ulterior de la ciudad y de su morfología. Por una parte, fruto de los viajeros románticos, se originó una interpretación pintoresquista de Granada, acompañada de un impresionante ciclo iconográfico que privilegió una visión general de la ciudad basada en fragmentos escogidos de su paisaje urbano. A la vez, la crítica romántica a la ciudad burguesa estableció, por su consistencia ideológica, un horizonte interpretativo de gran operatividad: es la interpretación ganivetiana. Por otra parte, no se puede soslayar que la gestión urbana liberal, además de sus técnicas urbanísticas (ensanche, reforma interior, zoning) se apoyaba instrumental y conceptualmente en el ideal del decoro y ornato públicos. Ello supuso en la práctica la adopción de unos patrones formales en la edilicia anclados en la cultura arquitectónica ecléctica, y encontró en el control de la ordenación de las fachadas la manera idónea de entender y hacer la ciudad. Esto último, unido al incremento de la producción inmobiliaria y a la transformación de los inmuebles tradicionales en inmuebles de renta o plurifamiliares, convenientemente refacheados, condujo a la definitiva definición formal del centro histórico y funcional granadino.
1796-1831.jpg

1796 – Granada por Francisco Dalmau

Al carecer la ciudad de planes de ensanche o de reforma interior, el principal instrumento de intervención urbana en Granada durante décadas, fue el proyecto de alineación. Entre 1844 y 1885, el Ayuntamiento aprobó 198 proyectos de alineación; más de la mitad de los cuales eran simples reformados que se referían a menos de 20 calles de las 850 que tenia entonces la ciudad. La técnica de las alineaciones fue un ejercicio de planificación que no logró articular un plan general de reformas. Su aplicación, necesariamente fragmentaria, al favorecer la reparcelación exigida por la concentración del capital inmobiliario y la redistribución de la propiedad, ordenaba el territorio de las nuevas arquitecturas vinculadas a la cultura historicista. La operatividad de las alineaciones estaba condicionada por la inexistencia de un mecanismo expropiatorio expeditivo, por el precio desmedido a pagar para expropiar fincas urbanas, por la exigüidad económica de la hacienda local, y por la ineficacia de la propia administración municipal.
1812.jpg

1812 – Granada

La primera oportunidad para la renovación urbana y arquitectónica del interior de la población la ofreció el proceso desamortizador. La desamortización (1836) permitió obtener espacios públicos en el interior del recinto urbano, previa demolición de las edificaciones religiosas cedidas a la Administración central o adquiridas por los Ayuntamientos y cuya restauración no pudo llevarse a cabo. Se abrieron nuevas plazas, como la del Carmen o de la Trinidad, que, con el desventramiento que suponían de la estructura urbana heredada, liberaron espacios en el compacto entramado urbano bajomedieval. La exclaustración también supuso una renovación importante del equipamiento dotacional e institucional. La demolición de los conventos de San Agustín y de Capuchinas, posibilitaron erigir mercados públicos sobre sus solares. En otros casos, las edificaciones mantenidas sufrieron un cambio de usos: parte del convento del Carmen fue ocupado por la nueva Casa Consistorial, el convento de la Merced, fue destinado a cuartel, etcétera.

1845.jpg

A partir de la segunda mitad del siglo XIX dos datos nuevos dirigen el debate y la práctica urbanos: el ferrocarril y el embovedado del río Darro.
Al NO de la ciudad, las instalaciones ferroviarias generaron un polo de atracción hacia ese sector, y una importante tensión en el plano de la ciudad, puesto que se completaban con otra estación proyectada (y no construida) al S, en las proximidades del puente del río Genil. La vieja medina nazarí, ahora centro burocrático y comercial de la ciudad, se convertía en un incidente molesto para el tráfico interior de personas y mercancías, y el ferrocarril se mantenía alejado de la ciudad.
Las obras del embovedado sobre el río Darro (1854-1884) y la ordenación del barrio próximo a la plaza de Bibarrambla (apertura de la calle Príncipe y las nuevas alineaciones de la calle Salamanca) habían otorgado a esta zona de la ciudad una ventajosa posición relativa en cuanto a accesibilidad, lo que había hecho de ella el lugar preferido para el desarrollo de las actividades burocráticas y comerciales. Con el abovedado del primer tramo del Darro se redefinieron la imagen y el paisaje urbanos, al convertir las traseras de los edificios que volcaban sus desechos al río en fachadas, y se alteró la morfología y función de todo el conjunto comprendido entre plaza Nueva y Puerta Real.
1853.jpg

1853 – Granada

La característica definitoria por excelencia de la gestión urbana liberal fue la quiebra que supuso la cesión de la capacidad de producir suelo por parte del Estado al privado. O sea, de entender que este podría ser mercancía apta para el mercado. Aquella cesión fue el voluntario abandono de un privilegio mantenido a lo largo de la historia urbana previa, pues sólo el poder estaba capacitado para diseñar la ciudad, calificar sus espacios y definir sus usos. A partir de esta cesión, la burguesía asumió la capacidad de programar el suelo, de lotearlo, de gestionarlo, de crear infraestructuras desde sus intereses o de fijar la clasificación por usos. Esta quiebra se constata en la historia urbana local con el episodio de la Gran Vía de Colón.
Las buenas expectativas abiertas por la expansión de la industria azucarera de la vega granadina, hicieron pensar a sus promotores en convertir a Granada en la sede de los negocios azucareros, y, no en colocar unos recursos financieros acumulados previamente. Pero para ello, había que realizar la tan esperada reforma interior de la población. La iniciativa partió de la cámara de Comercio e Industria, en 1890. Todo hace pensar que el proyecto había sido madurado por el presidente de la Cámara, Francisco López-Rubio, impulsor de las actividades azucareras y su socio, el arquitecto Francisco Giménez Arévalo. En 1894 el proyecto, firmado por el arquitecto municipal Modesto Cendoya fue aprobado. Al año siguiente se constituyó la sociedad anónima La Reformadora Granadina, promotora del proyecto, y, en 1934 se procedió a la liquidación de la sociedad.
1894.jpg

1894 – Granada

Aunque, desde un enfoque funcional, la apertura de la Gran Vía supuso la conexión del centro comercial con el nudo ferroviario del noroeste; desde planteamientos estructurales, representó la desestabilización del equilibrio urbano tradicional. La yuxtaposición de un eje rectilíneo sobre el complejo entramado urbano de la medina cortó los vínculos existentes entre las redes primarias y secundarias que articulaban las circulaciones, y exigía para su funcionamiento la redefinición (no realizada) de todas las conexiones transversales a la nueva arteria (como la proyectada y no construida Gran Vía de los Liberales). Por otra parte, la tensión longitudinal de la avenida obligaba a su prolongación a través del barrio de san Matías, proyecto dilatado en el tiempo y objeto de contestación ciudadana, cuando se abordó a mediados de 1970. La construcción de la Gran Vía supuso la reordenación de 43.698 m2 de la ciudad, lo que trajo dos consecuencias. La primera, con el desmantelamiento de la estructura socioprofesional del barrio central de Granada, una segregación espacial en función de los niveles de renta. Esto contribuyó a la congestión de los barrios históricos, especialmente del Albaicín, al buscar en ellos alojamiento las clases más modestas y las categorías profesionales manuales (casi dos terceras partes de los habitantes censados). La segunda consecuencia, fue que, si bien se procedió a la renovación de un lote importante del parque inmobiliario del centro histórico, se hizo a costa de la demolición de edificios de indudable valor, y su sustitución por nuevos tipos inmobiliarios.
1910.jpg

1910 – Granada

La ciudad liberal fue el resultado de una ruptura epistemológica en su gestión y en su construcción. Cuando el problema del alojamiento obrero y el de la disgregación del organicismo de la ciudad preindustrial se hacían cada vez más evidentes, se perfilaron dos alternativas: la planificación urbana (lo que significaba corregir el desequilibrio entre el Estado y el privado) y el rechazo antiurbano, materializado en la ideología ciudadjardinista.
1943 granada.jpg

1943 – Granada

Respecto a la planificación urbana, el Estatuto Municipal de 1925 contemplaba en su artículo 127 la obligación de redactar planes de ensanche para los municipios que entre 1910 y 1920 hubieran experimentado un aumento en su población superior al 20%. Las iniciativas del ensanche granadino fueron absorbidas por la política de viviendas baratas desarrollada durante la dictadura de Primo de Rivera. Pero el intento de disciplinar y solucionar el ensanche quedó reducido a la promoción de construcciones económicas en sectores muy localizados de la ciudad. Al amparo de esta política y junto a las tasas baratas (destinadas al alojamiento obrero), se desarrollaron promociones para las clases medias y medias altas. Las más representativas fueron las diferentes colonias de hotelitos que se emplazaron en el Paseo de la Bomba o en la Huerta de Belén. De este modo el espacio urbano quedó sometido a un principio de zonificación que distribuía los lotes residenciales de acuerdo con los diferentes niveles de rentación. El ensayo de esta práctica urbanizadora tendría una versión lingüísticamente más depurada en el Barrio Fígares.
1947.jpg

1947 – Granada

El 4ª y último periodo en la evolución del asentamiento está dominado por el conflicto entre los intentos por disciplinar y regular la ciudad mediante el urbanismo planificado, y la presión de los intereses de las rentas del suelo, lo que provocará, unas veces, la abdicación del interés público a favor de los intereses particulares (consolidación de los asentamientos no planificados de las barriadas del Zaidín y la Chana, modificación de la Ordenanza de alturas de Calvo Sotelo, Campus de Fuentenueva); en ocasiones, la búsqueda de una concordia entre las plusvalías y los ideales de decoro urbano (reforma interior del barrio de la Manigua; proyecto de prolongación de la Gran Vía de Colón a través de san Matías); y, otras veces, el hacer valer la norma general.
1958.jpg

1958 – Granada

La gestión urbanística durante la etapa de la alcaldía de D. Antonio Gallego Burín representó una solución de compromiso entre las 2 opciones en que se debatía la reflexión urbana desde los tiempos de Ángel Ganivet. Por un lado, estaba la postura que, basada en la crítica romántica a la ciudad industrial, veía en el pasado histórico una condición moral contraria a los procesos de reforma interior y ensanche en curso; una postura, en suma, que identificaba la organicidad del tejido urbano con el social (de ahí la defensa ganivetiana del aguador). Por otro lado, estaba la postura de quienes veían en la ruptura radical con los vínculos medievales de la ciudad la condición previa para garantizar que el espacio urbano fuese fuente de recursos económicos (gracias a las plusvalías del suelo, convertido ya en mercancía), y, soporte de las nuevas actividades financieras y productivas (identificadas ya con la idea de progreso). El compromiso entre ambas tendencias (postromántica y liberal) se materializaría en la doble dimensión de la reforma de Granada emprendida por el alcalde Gallego: Granada, ciudad artística, acometerá una transformación urbana que liquidará definitivamente el organismo preindustrial, lo despojará de sus connotaciones pintoresquistas y lo conducirá a una interpretación historicista.
La ideología que sustentaba la transformación urbanística de Gallego y Burín partía de un modelo culturalista -expuesto en su célebre conferencia sobre la Reforma de Granada (1943)-, construido a partir de unas categorías urbanas de inspiración hegeliana: la ciudad posee un espíritu, una esencia y los distintos episodios edilicios históricos son su epifanía; existe un eterno granadino. La reforma se concretaría jurídicamente en el Anteproyecto de Ordenación Urbana de 1943, anticipo del Plan de Alineaciones de 1951, que contribuyó a determinar físicamente la evolución de la ciudad de Granada (hasta 1973), y, a configurar todas sus contradicciones.
En el anteproyecto de 1943, la ciudad había quedado definida como una síntesis funcional entre la vieja estructura y los nuevos desarrollos. Buscaba establecer un equilibrio entre el pasado y la necesaria reforma y adaptación de su organismo. Determinaba la escala de su desarrollo: a partir de 250.000 habitantes, su crecimiento se apoyaría en ciudades satélites localizadas sobre los municipios de la vega. Las propuestas de ciudades satélites fue el objetivo en que coincidían los partidarios de las 2 opciones en que se escindía el debate ante la ciudad industrial: quienes apostaban por una ideología antiurbana y de abandono de la ciudad y quienes buscaban suelo barato. El Plan ordenaba los nuevos trazados urbanos con rotondas y glorietas, sangrando los barrios históricos con líneas rectas, utilizando una metodología más próxima a los sistemas barrocos que a la urbanística moderna.
1951 zonificacion.jpg

1951 – plano de zonificación PG Granada

El Plan de 1951 retomó ideas ya esbozadas en el Anteproyecto (1943). El Anteproyecto había fijado los criterios de intervención territorial, dentro de los parámetros de reforma interior y de ensanche. La reforma interior ponía en crisis los ambientes históricos, a los que deliberadamente excluyó de cualquier intento de revitalización. Mientras que los ensanches proyectados densificaban las zonas expansivas de la ciudad. No obstante, entre el Anteproyecto y el Plan existía una diferencia metodológica, al introducir este con respecto a aquel principios de zonificación urbana. Con la reforma interior del barrio de la Manigua comenzó la reforma de Granada, a la vez que concluyó una operación iniciada décadas antes. El proyecto fue entendido como una doble actuación de saneamiento de un sector degradado del centro urbano: físico, al consagrar definitivamente la funcionalidad administrativa y comercial de la zona; moral, al erradicar las actividades marginales (prostitución) del área representativa de la ciudad. Pero a la vez, permitió recuperar a la hacienda local su capacidad financiera, con la puesta en el mercado inmobiliario de un lote importante de solares en pleno centro comercial. Además, la operación ilustra muy bien el alcance y limites de la metodología proyectiva impuesta por el alcalde a sus técnicos. Toda la gestión urbana del alcalde Gallego se asienta en un modelo político y administrativo personalista, fuertemente intervencionista sobre las decisiones de cada técnico municipal.
Por otra parte, la reforma de la Manigua ilustra sobre la contradicción inherente entre la aplicación de un modelo culturalista de intervención territorial y la realidad de los hechos urbanos. Señalemos que el objetivo último del Plan era dar forma a la ciudad. Participaba, pues, de una conciencia planificadora premoderna, es decir ajena a la nueva ciencia planificadora que el movimiento moderno aspiraba a crear desde el fin de la Gran Guerra. Que su fin último era conformar (dar forma) a la ciudad más que regular la aglomeración urbana a partir de la solución de los problemas planteados por el horizonte industrial y la sucesión de actuaciones de su gestión liberal, se deduce, ya no del análisis del discurso que informaba sus contenidos teóricos (La reforma de Granada, verdadero subtexto que condensaba su programa teórico), sino, sobre todo, del aparato normativo del propio Plan, las Ordenanzas de 1949 y de los documentos gráficos en que se materializaba (planos, alzados, perspectivas).
A partir de los 50′ aumentó el volumen general de la construcción y se consolidó definitivamente el proceso expansivo de la ciudad hacia la vega. Los barrios tradicionales, como el Albaicín, se hallaban congestionados, mientras que el incremento de la demanda de casas baratas para el alojamiento de la clase obrera motivó que diversos organismos locales se encargasen de la promoción directa de viviendas en terrenos rústicos, cuyos precios eran mucho más baratos. Así surgirían áreas residenciales no contempladas por el planeamiento municipal y que entraron en contradicción con el espíritu racional que animaba las previsiones del crecimiento urbano de Gallego Burín (que dejó la alcaldía en 1951). Desde principios de siglo, los pioneros del urbanismo moderno, en su diagnóstico de la ciudad industrial, habían detectado 2 hechos: el alto precio del suelo existente en los cascos históricos, y el problema del alojamiento obrero. Es decir, exactamente las dos dificultades que la planificación del espacio urbano granadino tenía ante sí como datos a resolver.
Técnicamente, el Plan de 1951, cuyo objetivo era dar forma a la ciudad, había adoptado aquellos métodos de planificación urbana denunciados por la urbanística moderna. A saber: definía un perímetro abstracto, al asumir el trazado del camino de Ronda (proyectado 2 décadas antes), lo que suponía fijar un límite a un posible crecimiento futuro; fijaba un viario basado en una jerarquía (barroca) de los ejes; y, zonificaba la ciudad, fijando el uso y función de cada zona. Como certeramente había vislumbrado la crítica moderna, esto implicaba informar al capital sobre donde invertir, es decir, donde retener suelo, encareciéndolo y dificultando su ocupación.
Los propietarios de suelo en las zonas de ensanche previstas, inmediatas al extrarradio, ambicionando los beneficios de quienes poseían solares próximos al casco, desarrollaron una doble estrategia que condicionó el desarrollo urbano ulterior. Por una parte, numerosos solares del ensanche quedaron durante décadas sin edificar, lo que imposibilitó conseguir suelo para el desarrollo de viviendas económicas. Por otra parte, la iniciativa privada logró modificar las ordenanzas de altura, aumentando la edificabilidad de los terrenos del ensanche próximo al cinturón de ronda, con lo que se configuró una faja de viviendas de alta densidad.
El alto precio de los solares del ensanche (reservados por los promotores a la espera de alcanzar los beneficios esperados) y la alta demanda de viviendas populares, en una aglomeración con sus barrios históricos congestionados y carentes de equipamiento e infraestructuras, en un momento en que la ciudad tenía que absorber la emigración procedente del campo, provocó dos situaciones contradictorias con las previsiones del Plan de 1951. De un lado, la fijación de un modelo de hábitat espontáneo, basado en fórmulas económicas de ocupación del suelo: la habitación en cueva, desarrollada principalmente durante las 5 primeras décadas del siglo XX. De otro lado, la conquista desordenada del espacio situado más allá del límite de la ciudad, en terrenos calificados como rústicos. Esto provocó la ruptura definitiva del equilibrio entre la ciudad y la vega, además de condicionar gravemente la ordenación futura de la orientación de los ensanches urbanos. 2 son los principales asentamientos surgidos de esta situación, ambos promovidos por organismos locales cuya intención era resolver el problema del alojamiento obrero, pero que, debido a la carestía del suelo en las zonas de ensanche previstas por el planeamiento hubieron de buscar terrenos baratos donde edificar. Aunque tales iniciativas tenían por objeto satisfacer la falta de viviendas para la clase obrera, su adelantamiento en suelo rústico ocasionó a la larga la revalorización paulatina de las propiedades circundantes y la puesta en crisis de la vega al favorecer mecanismos de actuación claramente especulativos, sin que la administración pareciese interesada en controlar el proceso.
zaidin150.gifEl Patronato de Santa Adela, dependiente del Gobierno Civil, comenzó la construcción de un grupo de 722 viviendas en el pago del Zaidín. Estableció una nueva área residencial sobre terrenos rústicos en el camino de Dílar, en el corazón de la denominada Vega Alta, al otro lado del río Genil. Gallego Burín ya había pensado la edificación del barrio del Zaidín, aunque en la margen izquierda del río Genil. La promoción proponía una tipología edificatoria de vivienda en hilera unifamiliar de una planta, y optó por utilizar un lenguaje arquitectónico elemental, con un diseño próximo a ciertas propuestas de arquitectura popular elaboradas por la Dirección General de Regiones Devastadas, sin que su simpleza formal llegase a trascender en unos estándares compositivos adecuados a un programa de viviendas baratas. El patronato amplió después la construcción a 1.972 viviendas y por último a 2.012. Tras las promociones del patronato, la Obra Sindical del Hogar dio comienzo a la construcción de las 500 viviendas de la barriada Comandante Valdés en 1955-1957. Posteriormente se agregaron numerosas promociones, entre ellas las del Instituto Nacional de Previsión, las de la Diputación y las de la Policía Armada. Además de las implantaciones de particulares. El nuevo barrio vino a paliar las acuciantes necesidades habitacionales y dio asilo a gran parte de los damnificados por los terremotos de 1956, provenientes principalmente del Albaicín y del barrio de la Cartuja. Se desarrolló espontáneamente, sin planificación y con graves problemas infraestructurales. Y acabaría por configurarse como uno de los centros urbanos más activos y densamente poblados, cuyo crecimiento se hizo a costa de los terrenos fértiles de la vega, consolidando un proceso expansivo hacia el sudeste.
A unos 2 km del casco urbano, entre las antiguas carreteras de Málaga, Sevilla y Badajoz el Patronato de la Virgen de las Angustias, dependiente del Arzobispado, edificó el complejo residencial de la barriada de la Chana. El nuevo asentamiento se apoyaba sobre el margen de una carretera nacional, pero el aislamiento de la ciudad consolidada agravaría los problemas de comunicación y abastecimiento, sobre todo teniendo en cuenta la falta de infraestructuras que caracterizó la implantación y el déficit en los equipamientos. 
Por inciativa de la Administración Central se encargó en 1965 la redacción del Plan Parcial Polígono de la Paz, al N de la ciudad, al otro lado del río Beiro sobre una superficie de 80 Ha. Se trataba, en el marco de una política estatal, de paliar la acuciante demanda de vivienda. El Ministerio de la Vivienda expropiaba los terrenos, planificaba el área, distribuyendo usos y dotaciones y sacaba a pública subasta las parcelas urbanizadas, a precio de costo. Los particulares debían edificar con arreglo a las normas establecidas. A fin de garantizar un equilibrio entre volumen edificado y población se proponían 3 tipologías edificatorias: edificaciones en manzanas con patio central en orden abierto y bloques exentos en doble crujía con un máximo de cuatro plantas y viviendas unifamilares de una o dos plantas. El proyecto constituía una experiencia consecuente ajena al modelo urbanístico irracional y especulador que comenzaba a tomar cuerpo durante los años 60′. Una decisión administrativa hizo fracasar el ensayo. El Ayuntamiento presionó para conseguir el terreno y realojar a los damnificados por las lluvias torrenciales de 1963, albergados provisionalmente en barracones. Eran unas 12.000 personas, procedentes de grupos sociales marginados, principalmente integrantes de barrios trogloditas afectados por las inundaciones.
La iniciativa privada se desinteresó entonces del proyecto, quedando desiertas las sucesivas subastas de terrenos. Este rechazo motivó la remodelación del plan, modificando las condiciones iniciales de aprovechamiento previstas. Volúmenes y alturas se incrementaron para movilizar los intereses del capital y de los grupos inmobiliarios, a la vez que las previsiones de equipamiento se incumplieron. Lo que empezó siendo una alternativa razonable a la irracionalidad urbanística que guiaba la actuación pública y privada sobre la ciudad acabó convirtiéndose en un área estructuralmente segregada y una bolsa de marginalidad social.
1973

1973 – Granada

2 presupuestos marcarán la política oficial de desarrollo urbano a finales de 1950. En primer lugar, la existencia de una base institucional y legal en materia urbanística (Ley de Régimen del Suelo y Ordenación Urbana de 12 de mayo de 1956, cambio de denominación de la antigua Dirección General de Arquitectura por la de Arquitectura y Urbanismo, creación del Ministerio de la Vivienda en 1957, creación de la Gerencia de Urbanismo, adscrita al Ministerio de la Vivienda, en 1959). En segundo lugar, la superación de la etapa autárquica, hacia 1959, y la adopción, como instrumento básico para un mayor y más eficiente desarrollo, de la programación económica (vinculante para el sector público, indicativo para el privado), con el I, II y III Plan de Desarrollo y el Plan Nacional de la Vivienda, 1951-1976 (revisado en 1968). La promulgación de la Ley del Suelo obligaba a los municipios a revisar o redactar su planeamiento para adecuar sus determinaciones a las contempladas por el nuevo marco legal. Obligación incumplida por gobierno local de Granada, que se materializaría en el proceso de disgregación de la ordenación urbana y territorial prevista en el Plan de 1951, vigente de facto durante toda la etapa de subordinación del crecimiento urbano al económico, conocida como desarrollismo.
Tras más de 20 años de vigencia del Plan de Alineaciones de 1951, se procedió a revisar el planeamiento, con la aprobación en 1973 del Plan Comarcal de Ordenación Urbanística de Granada. Había sido encargado tras la concesión, en 1969, del Polo de Desarrollo Industrial de Granada (que incluía 20 municipios). Aunque en la esfera jurídica suponía la adecuación de la reglamentación urbana granadina a las bases legales y técnicas establecidas por la Ley del Suelo (1956), en el terreno de los hechos supuso la supeditación del desarrollo urbanístico al desarrollo económico, consagrando el valor especulativo del mercado del suelo, al establecer unas tipologías edificatorias y unas fórmulas de aprovechamiento de la edificabilidad, que en lugar de reconocer el casco consolidado (la ciudad histórica), la entendían en función de la disponibilidad económica del suelo.
De acuerdo con su contenido programático, el PCOU responde a la técnica de gestión urbana posliberal: la Administración pública se asegura un espacio que es el mínimo para hacer funcionar el conjunto de la ciudad (red de recorridos y red de servicios técnicos). La propiedad inmobiliaria tiene la gestión del resto del territorio, es decir, los terrenos servidos por estas redes (terrenos urbanizados, tal y como aparecen denominados en la legislación sobre el suelo). La administración debe realizar otros servicios públicos no vinculados al aprovechamiento de los terrenos privados (sistemas generales).
El PCOU establecía una red de viales jerarquizada de acuerdo con la capacidad y velocidad del tráfico rodado. La subordinación del viario a las exigencias del tráfico de vehículos no sólo agravaba el problema de la congestión urbana, sino que, sobre todo, consolidaba los recorridos según el modelo de calle corredor, con lo que imposibilitaba cualquier intento de revitalizar el uso del centro histórico a escala humana. Establecía un 2º cinturón de circunvalación a partir de la Redonda, y un 3º, más adelantado en la vega. Entre la zona de ensanches consolidados y el 2º cinturón de ronda proponía una faja paralela que excluía los usos residenciales. Por otra parte, la cohesión del territorio se sustentaba sobre una red arterial sobredimensionada que reconocía, de manera implícita, la crisis de la relación campo-ciudad (Granada-Vega), sin intentar siquiera proponer usos alternativos que posibilitaran su integración en modelos alternativos de desarrollo.
Respecto al aprovechamiento del suelo, fijaba a través de 17 calificaciones (12 para el suelo urbano y de reserva, 5 para el rústico) los diferentes usos y condiciones de aprovechamiento. A través de ellas se dibuja una tendencia clara hacia un uso residencial, proponiendo una tendencia expansiva al delimitar en la ordenación del suelo municipal zonas de ensanche actual, de nuevos ensanches y de transición. Preveía 13 polígonos parciales para el ensanche y expansión, que apuntaban predominantemente hacia el sector N de la ciudad, aunque también reconocían el crecimiento del borde S. Los usos dotacionales e institucionales se repartían proporcionadamente por toda la nueva periferia para corregir el déficit existente en todas aquellas áreas en que había crecido la ciudad.
La incidencia más notable del PCOU fue la forma propuesta de ocupación del espacio libre y su tratamiento sobre el espacio edificado. En el casco urbano consolidado asumía las consecuencias de las alineaciones contempladas en el Plan de 1951 y los procesos de producción de suelo producidos en los años anteriores. A partir de este núcleo preveía grandes zonas de expansión urbana, que en la práctica, asumían mecanismos de acumulación de suelo para su posterior desarrollo.
En línea con lo anterior, las tipologías edificatorias propuestas estaban disponibles tanto para las nuevas áreas de planes parciales como para el casco existente. Aunque incorporaba, como (lo había hecho el Plan de 1951) los bloques en ordenación abierta, su instrumentalización sirvió más que para descongestionar y planificar racionalmente los ensanches, para densificarlos, por la instrumentalización interesada de la tipología, entendida sólo como edificación en altura sin respetar la correspondiente relación entre volumen edificado y espacio libre circundante.
Las propuestas y determinaciones del PGOU de 1985 son inteligibles desde las premisas históricas que lo hicieron posible. Pueden agruparse estas en 3 categorías: políticas (relacionadas con el orden constitucional de 1978 y con la constitución de los ayuntamientos democráticos en 1979); particulares (referidas a la realidad urbana granadina, sobre la que pretendía actuar); y, metodológicas.
1975-granada

1975 – Granada y su entorno

El PGOU de 1985 era el resultado de la revisión del PCOU-Granada de 1973, y, de su adecuación a las determinaciones del texto refundido de la ley del suelo de 1976. Expresa en sus principios ideológicos y en su metodología el cambio político, institucional y normativo consagrado por el orden constitucional de 1978. El Pleno de la nueva corporación municipal surgida de las urnas en 1979 acordó el 19.10.1979 su revisión y ha estado vigente 15 años.
El PGOU se concibió como instrumento que paliase los desequilibrios derivados de la gestión urbanística precedente. Esta se había caracterizado por la dejación de la función pública del uso del territorio a favor de la mercantilización del suelo, sin arbitrar medidas correctoras que paliasen su abuso. Era una ciudad carente de equipamientos, con zonas altamente densificadas, faltos casi de ordenación, junto al abandono poblacional de los barrios históricos y el descuido por el mantenimiento de sus fábricas. A ello se unía el fracaso del modelo de ensanche hacia el N y NO proyectado por la administración central (Polígono de la Paz, reducido a una bolsa de marginalidad social) debido a la proverbial falta de previsión y a la improvisación características de la política municipal del suelo durante las décadas de 1960 y 1970. Por su parte, las determinaciones y las tipologías edificatorias contempladas en el Plan Comarcal de 1973 no sólo no habían puesto en crisis el modelo desarrollista que vertebraba la producción de la ciudad, sino que habían contribuido a su instauración como método de intervención urbana.
El PGOU de 1985 planteó entre sus objetivos prioritarios contener los procesos irregulares de expansión urbana, mediante los instrumentos de planeamiento dispuestos por la legislación (planes parciales y estudios de detalle) que desarrollasen en el suelo urbanizable programado por el propio plan sus estimaciones de crecimiento. A la vez, proponía una estrategia de equipamietos y de adecuación de las infraestructuras, paralela a programas de vivienda protegida, que viniesen a “acabar la ciudad”. Este concepto de acabado urbano es clave para entender los principios teóricos y metodológicos del PGOU. Al formular la práctica urbanística desde este enfoque se reconoce implícitamente el hecho urbano como un todo susceptible de ser conformado, es decir, el PGOU retoma de este modo la noción de forma urbana como medio de transformación de la ciudad misma y, coherente con esta idea, propone en suelo urbanizable “completar” el núcleo urbano actual. Fiel a sus líneas directrices generales de aceptar el centro histórico como factor determinante de la organización urbana, el PGOU acepta la estructura viaria interior existente, salvo rectificación puntual de alineaciones. Establece como solución a la congestión la adopción de medidas de gestión de la circulación urbana con la creación de nuevos viales transversales en la periferia municipal y en zonas poco urbanizadas, en torno a las principales carreteras nacionales y provinciales, con el objetivo de aumentar la coherencia interna de estos barrios y su conexión con la red primaria y establece una jerarquía de funciones respecto al tráfico urbano, interno y externo y las nuevas vías que relacionen la ciudad con otros ámbitos geográficos exteriores.
Uno de los aspectos más relevantes del nuevo plan respecto a sus antecesores consistió en asumir la conservación del centro histórico como uno de sus objetivos básicos. De este modo reconocía las reivindicaciones ciudadanas que, desde los 70′, propugnaban la recuperación de la ciudad histórica como alternativa crítica al modelo desarrollista sometido a los intereses de los grandes operadores privados que había regido la gestión urbana desde mediados de 1960. 
El PGOU de Granada de 1.985, otorgaba un tratamiento al suelo no urbanizable diferido a la redacción de Planes Especiales de Protección. Si bien se debe matizar que el Plan General, propugna en su Memoria una cautela absoluta para este suelo con el fin de impedir que cualquier uso, edificación o parcelación puedan alterar las condiciones existentes. Estas consideraciones del Plan General estaban motivadas por entender que sobre todo la zona de Vega perteneciente al término municipal, manifestaba una clara vocación comarcal por lo que, las determinaciones sobre la misma deberían abordarse desde un planeamiento territorial de nivel comarcal. A pesar de esto, el haber renunciado expresamente desde el Plan General al análisis, canalización y ordenación de los procesos que en el suelo no urbanizable venían produciéndose, supuso una serie de tensiones en un suelo no exento ya de ellas.
El Plan General programó la redacción de 2 Planes Especiales de Protección para la totalidad del suelo no urbanizable del término municipal sobre todo sí el correspondiente al ámbito de la Vega no llegaba a redactarse en el ámbito comarcal. Los objetivos de los Planes Especiales de Protección respondían en cierto sentido a las características físicas y medioambientales del territorio municipal de ahí que se denominasen:
– Plan Especial de Protección Agrícola de la Vega aprobado definitivamente por Acuerdo Plenario en 1.990.

PEP-VEGA-1991_Página_1.jpg

– Plan Especial de Protección Ecológica de las Cuencas de los Ríos Genil, Darro y Beiro, con aprobación definitiva por Acuerdo Plenario en 1.991. 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El PGOU-1999 de Granada, aprobado definitivamente en Diciembre de 1.999, marcó las directrices, criterios y objetivos en materia de ordenación del territorio.

Los Planes Parciales desarrollados como consecuencia de las previsiones del Plan de 1985 sumaron 3.013.847 m2.

En materia de equipamiento de la ciudad, y haciendo abstracción del resultado de las cesiones locales en estos sectores, el PGOU-85 generó suelo y oportunidades de reequipamiento de la ciudad, mejorando de manera importante sus estándares, si bien no siempre se respetan las localizaciones previstas para los grandes equipamientos.El suelo desarrollado, tenía una capacidad estimada de alrededor de 9.000 viviendas.

Así, el Palacio de Deportes, el Estadio Nuevo Los Cármenes, la estación de Autobuses, se sitúan en zonas de oportunidad por el desarrollo de Planes Parciales y en el caso de la Estación, a consecuencia del fracaso del sistema de intercambiadores Norte y Sur.

Del mismo modo, la mayor infraestructura de comunicaciones construida durante el periodo de vigencia del Plan, la autovía de Circunvalación, se produce como una reinterpretación crucial de la vía urbana que el Plan proponía como remate del borde Oeste de la ciudad, que pondrá en cuestión, definitivamente, la relación del organismo urbano con la vega.

La última etapa de gestión del Plan General de 1985, a partir de las modificaciones puntuales que acompañaban la Revisión de Programa, emprendida en 1990 y la aparición del texto refundido de la Ley del Suelo de 1992, se caracteriza por la superación de sus determinaciones mediante mecanismos sucesivos de aumento de sus techos edificatorios. Las condiciones de ordenación (altura y ocupación) sustituyen al alza a la edificabilidad máxima. En algunos casos, la redacción de Planes Especiales revisa las condiciones de ordenación. La edificabilidad realmente materializable resulta así un concepto no limitado, siempre que se importaran los aprovechamientos correspondientes. La valoración de las unidades de aprovechamiento a adquirir para producir tales acumulaciones de edificabilidad, ha permitido una alta rentabilidad de estas operaciones, reguladas a menudo mediante la figura del convenio urbanístico por el que el Ayuntamiento se obligaba a producir modificaciones del Planeamiento vigente (haciendo abstracción de los obligados trámites de participación pública).

El efecto más notorio de estas operaciones es que la ciudad consolidada y, particularmente, el centro histórico, ha resultado importador de aprovechamientos, aumentando su densidad. En estas condiciones, la rentabilidad de las operaciones de rehabilitación, sin aumento de edificabilidad, ha resultado comprometida.

Finalmente, a partir de 1996, se emprende la redacción de los Programas de Actuación sobre los ámbitos 2, 3, 4, 8 y 9 de suelo urbanizable no programado. (La programación de los sectores 10 y 11 de suelo industrial, propiedad de la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo, se había iniciado años antes), como sistema de cubrir las necesidades de suelo en la etapa de redacción de la revisión del Plan Gereral. Los PAUS establecen excesos de aprovechamiento no materializable en sus ámbitos a favor del Ayuntamiento (Patrimonio Municipal de Suelo) cuyo destino, en una parte sustancial se destinaba a dotar determinadas parcelas municipales, obtenidas de la gestión del Plan Especial S. Lázaro y cuyo aprovechamiento debía adquirirse, según el mismo, mediante transferencia. Este mecanismo de nuevo viene a densificar áreas ya densas de la ciudad a través de transferencias de aprovechamiento provenientes de zonas aún no consolidadas.

El Plan General de Ordenación Urbana de Granada-1999 se aprobó definitivamente por resolución de la Consejería de Obras Públicas de la Junta de Andalucía el 9.2.2001, entrando en vigor con su publicación en el BOJA el 5.3.2001 y publicado en el BOP de 10.5.2001.

Con posterioridad, el 17.12.2002, se aprobó la Ley de Ordenación Urbañlstlea de Andalucía (LOUA), que entró en vigor el 20.1.2003.

Las Disposición transitoria primera de la LOUA, en su apartado 1 establecía que “desde la entrada en vigor de esta Ley serán de aplicación íntegra, inmediata y directa, cualquiera que sea el instrumento de planeamiento que esté en vigor y sin perjuicio de su vigencia, los Título II, III, VI y VII de esta Ley”; estableciendo unas reglas de equiparación de las distintas clases y categorías de suelo previstas por la LOUA a las situaciones fácticas y de ordenación establecidas por el planeamiento general vigente (apartado 2 de la mencionada Disposición), si bien, también señalaba que “sin perjuicio de la aplicación directa de los dispuesto en el párrafo anterior, el municipio podrá redactar una delimitación del suelo urbano consolidado que, tras el trámite de información pública por plazo de 20 días, le corresponderá aprobar”. 

El Ayuntamiento de Granada inició el proceso de adaptación a la LOUA y revisión de su Plan General. Dicho documento, que ajusta el modelo de ordenación vigente, teniendo en cuenta la regulación establecida por la LOUA y la evolución de las previsiones del Plan General, tuvo aprobación inicial el 21.12.2007, sometiéndose a información pública desde el 21.1.2006 al 16.4.2006. 

En este periodo ha visto la luz el Decreto 11/2006, de 22 de enero, de la Consejería de Obras Públicas y Transporte de la Junta de Andalucía por el que se desarrollan procedimientos dirigidos a poner suelo urbanizado en el mercado con destino preferente a la construcción de viviendas protegidas, que se dicta, según su Exposición de Motivos, y entre otros objetivos, “con la finalidad de contribuir a una adecuada adaptación de los planes a la legislación urbanística actual, estableciendo el contenido, plazo y alcance de dichas adaptaciones, así como de regular un procedimiento de urgencia para la reducción de los plazos previstos”.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El Excmo. Ayuntamiento Pleno, en su sesión ordinaria celebrada 27.2.2009, entre otros acuerdos, adoptó el que con el núm. 111, literalmente dice: Aprobación de adaptación parcial del Plan General de Ordenación Urbanística de la LOUA. (Expte. 17267/08).

Con fecha 7.4.2009 se ha recibido en la Delegación Territorial de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente de Granada, de la Junta de Andalucía, la solicitud presentada por el Ayuntamiento de Granada para la iniciación del procedimiento para practicar asiento de anotación accesoria de adaptación parcial en el número de inscripción 822, correspondiente al instrumento Plan General de Ordenación Urbanística (Revisión) de Granada, aprobado con fecha 12.5.2005, en el Registro Autonómico de Instrumentos Urbanístícos.

En el Informe “Análisis Urbanístico de Barrios Vulnerables 1996. Catálogo de Áreas Vulnerables Españolas”, Ministerio de Fomento‐Instituto Juan de Herrera. Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Universidad Politécnica de Madrid. ‐HERNÁNDEZ AJA, Agustín, se identifican en Granada en 1991 los barrios vulnerables de 1‐ Almanjáyar, 2‐ Cartuja Oeste, 3‐ Cartuja Este, 4‐ Caserío de Montijo, 5‐ Norte de Churra, 6‐ Los Vergele , 7‐ Zaidín Oeste y 8‐ Zaidín Este; otras zonas vulnerables son, ZAIDÍN NORTE (Surge en 1956 al S de Granada, a 3 km del casco, en la margen izquierda del río Genil, ocupando los espacios de la Vega Rica. Por iniciativa del Patronato de Santa Adela, se construyen 2012 viviendas unifamiliares, que fueron ocupadas por los damnificados de los terremotos de 1956 y familias humildes procedentes de los barrios del casco antiguo altamente denisficados. Las edificaciones levantadas en sucesivas fases vinieron a paliar los déficits de viviendas después de la Guerra Civil. Más tarde en el mismo espacio periférico. La Obra Sindical del Hogar, construye 1050 viviendas en pequeños bloques de 4 y 5 alturas. A partir de este núcleo residencial, el barrio fue creciendo hacia la ciudad sin ningún tipo de planeamiento, carente de infraestructuras. Las edificaciones que constituyen el area forman un conjunto heterogéneo. Las primeras construcciones realizadas por el Patronato de Santa Adela, son viviendas unifamiliares de casas baratas, de carácter rural. La conservación de esta área es buena, a pesar de la baja calidad de la construcción. Posteriormente La Obra Sindical del Hogar construye pequeños bloques de 4 y 5 plantas, con un trazado viario quebrado y medianas dimensiones. A partir de este núcleo, el barrio crece de forma espontánea hacia la ciudad, sin ningún tipo de planificación urbana, desarrollada por la iniciativa privada. Las últimas construcciones, desarrolladas en los últimos cinco años, son viviendas de mayor calidad con mejor urbanización y ancho de calles. El barrio presenta una alta densidad de población y carece de espacios verdes. Las dotaciones, son importantes, se localiza en el área el Palacio de Deportes, Campo de Fútbol de Los Carmenes y un Continente. La urbanización es buena. El transporte público es abundante. Tiene numerosos comercios. La población es humilde y conviven con población gitana, creándose conflictos raciales. El mayor problema del barrio es el alto índice de desempleo),  y LA CHANA (Surge en 1956 al NE de Granada, a 2 km del casco, en la margen de la carretera Málaga-Sevilla, por iniciativa del Patronato de Santa Adela, para paliar los déficits de viviendas después de la Guerra Civil y alojar a los damnificados de los terremotos de los 50′. Este núcleo estaba muy distanciado de la ciudad, ocupando los espacios de la Vega Rica y fue el origen de un barrio obrero densamente poblado. Las edificaciones que constituyen el área forman un conjunto heterogéneo. Las primeras construcciones realizadas por el Patronato de Santa Adela, son viviendas de baja calidad de construcción. A partir de este núcleo la Obra Sindical construye pequeños  bloques de 4 y 5 plantas, con un trazado viario quebrado y medianas dimensiones. A partir de este núcleo, el barrio crece de forma espontánea hacia la ciudad, sin ningún tipo de planificación urbana desarrollada por la iniciativa privada. El barrio presenta una alta densidad de población y carece de espacios verdes. Las dotaciones, Centro Social, Asistencial, colegios, Instituto, Iglesias, se construyeron en épocas recientes para paliar la carencia de equipamientos).
En 2001 los barrios vulnerables identificados son 1‐ Almanjáyar, 2‐ La Paz, 3‐ Cartuja, 4‐ Monteverde/Caserío de Montijo, 5‐ La Chana, 6‐ Juventud, 7‐ Zaidín Chico, 8‐ Zaidín, 9‐ Zaidín/Vergeles y 10‐ Albaicín junto a las zonas de HAZA GRANDE: (Perteneciente al Distrito del Albaicín. Se caracteriza por su identidad y desarrollo independiente de otras zonas del Albaicín. En los últimos años se ha intentado fomentar la integración de esta zona tradicionalmente aislada, favoreciendo su accesibilidad. Con una alta tasa de paro en 2001, no se incluye en el catálogo por no alcanzar los 3.500 habitantes. Se percibe como una zona con una fuerte identidad y una asociación de vecinos activa, pero con habituales conflictos de vandalismo. Ha sido tradicionalmente ocupada por población de etnia gitana), CENTRO (Se trata de una zona de casco, colindante con la Alhambra, en la que se han detectado altos porcentajes de vivienda sin aseo o baño, aunque no se ha incorporado al Catálogo por no alcanzar la población mínima para ello. El área se corresponde con San Matías‐Realejo perteneciente al distrito Centro. Esta zona se ha sufrido, a lo largo de los últimos años, un proceso de mejora de muchas de las viviendas, en malas condiciones, resultando actualmente un problema, aunque existente, bastante puntual) y CARRETERA DE LA SIERRA (Zona mixta con una gran variedad urbanística. Se distinguen 2 zonas: la situada al N de la Carretera de la Sierra, que hasta hace unos años se componía principalmente de la tipología de casas‐chalet y palacetes, que a medida que se aproximaban a Lancha del Genil, se tornaban en viviendas autoconstruidas; y la zona S, colindante con la margen del río Genil, ocupada desde los años 70′ por promociones de vivienda colectiva, consideradas durante años como conflictivas. En los últimos años, la rehabilitación de las orillas del río ha supuesto una oportunidad para esta zona, que ha mejorado su situación).

Los Grandes Areas Desarrollos Residenciales en Granada suman una edificabilidad residencial prevista de 2.065.483 m2 para 19.683 viviendas, estando pendientes 10.231. Son sectores como FERIAL (187.312 m2 de suelo para 111.477 m2 de techo residencial para 1.094 viviendas, urbanizado al 100% y pendientes de edificar 1.039 viviendas), o el SECTOR LA AZULEJERA (263.084 m2 de suelo para 166.280 m2 de techo para 1.331 viviendas, urbanizado al 100% y sin edificar), o el SECTOR SAN JERONIMO (149.206 m2 de suelo para 115.242 m2 de techo para 1.044 viviendas, urbanizado al 100% y pendiente de edificar 712 viviendas).

GRANADA GE2.jpg

Su apuesta lleva décadas enfocada hacia su gran area metropolitana.

Granada_Area.jpg

Granada. Una ciudad que olvida a sus habitantes y que restringe la vida en la calle.
La ciudad de Granada, carente casi de tejido industrial y con la construcción en caída libre desde 2008, tiene al sector servicios como gran empleador, ocupando a cerca del 80% de los trabajadores de la provincia. 
El turismo, con 2,5 millones de visitantes y generador del 15% del empleo, es la gran industria de la ciudad de la Alhambra. Pero el boom turístico y el apoyo institucional a la “marca Granada” está causando la gentrificación de barrios como el Albayzín o el Realejo, y ha provocado una emigración de las rentas bajas al área metropolitana granadina. ¿Consecuencias? Desestructuración comunitaria, aumento de la movilidad y del uso del automóvil, segregación social y degradación del medio ambiente y de la calidad del aire.
Entre 1970 y el añ0 2000, la población del barrio del Albayzín se ha reducido a algo más de un tercio. Este éxodo fue principalmente de personas jóvenes que se mudaban en busca de mayores comodidades. 
Desde 2009, la ordenanza municipal que rige el espacio, aprobada con los votos de los grupos popular y socialista, restringe la vida en la calle. Jugar con la pelota, ir en monopatín o tocar la guitarra sin autorización se consideran ahora alteraciones de la convivencia. También la mendicidad y la prostitución.
Una quedada para hacer pompas de jabón fue prohibida por los agentes municipales, y se ha multado a personas por el mero hecho de estar bebiendo refrescos en la vía pública o paseando a un perro sin correa.
Granada se ha convertido así en una ciudad para el uso y disfrute del turista, pero no de quien la habita.
Cercanías: una radiografía diferente de nuestras ciudades. Diagonal-La Marea 2016

Granada ha vivido un urbanismo convulso en las últimas décadas (hoy puesto en tela de juicio) con anuncios de colaboración de la Junta en “80 auditorías”, valorando, dicen “…procedimientos, modelos e incluso conclusiones” para poner las bases de un “nuevo modelo de urbanismo en esta ciudad”. Pero la hemeroteca nos deja una retahila, por ejemplo, en el entorno de la joya de la Alhambra:

“…Las más recientes y enconadas fueron las relativas a la construcción del nuevo aparcamiento del conjunto monumental según el proyecto de Peter Nigst, Eric Hubmann y Andreas Vaas, que ganó el concurso internacional convocado en 1989; la construcción del pabellón de acceso al Generalife, de Luciano Rodrigo Marhuenda, de 1997; la construcción del edificio para restaurante en el Rey Chico, del arquitecto granadino Rafael Soler Márquez, en 1996; la idea de construir un enlace mecánico para unir la Alhambra con la ciudad, en 1999, reavivada en 2011; y la más reciente, en 2015, con el proyecto de construcción de un espacio de recepción para visitantes y de servicios en la zona de transición entre el Generalife y los Alixares, conocido como ‘Atrio de la Alhambra’, proyectado por los arquitectos Alvaro Siza y Juan Domingo Santos. Otras contiendas vendrán, pero no está demás poner en claro que el origen real de muchas de ellas, que han llegado a escandalizar a la comunidad internacional por su virulencia, tuvieron su génesis en el período comprendido entre 1937 y 1977, cuando Francisco Prieto-Moreno Pardo desempeñó el cargo de conservador de la Alhambra. Así lo desvelan, con no poca sorpresa, los planos y memorias recogidas en el Archivo del Patronato…Hubo actuaciones inauditas. Entre ellas destacaron la fallida reconstrucción entre 1965 y 1966 del antiguo castillo de Santa Elena, en la Silla del Moro, con destino a restaurante; la construcción de un depósito de agua junto a Dar-al-Husa, también inacabado; el proyecto de un gran teatro junto a los albercones del Generalife que por fortuna no se acometió; la concesión de permiso para la construcción de un hotel de lujo en los Mártires; el derribo del antiguo carmen del Tejar y más especialmente, la ejecución de los Nuevos Museos en la Huerta de Fuente Peña. Todos estos proyectos son suficientemente explicativos de un concepto de desarrollo urbanístico incomprensible para el entorno de un bien cultural de la importancia universal de la Alhambra…

En abril de 2016 dimitían el alcalde y su concejal de Urbanismo, detenidos, por su presunta implicación en una trama de corrupción urbanística. Las pesquisas pretenden aclarar si una trama corrupta ha favorecido proyectos inmobiliarios y comerciales en Granada en 7 casos urbanísticos que habían sido denunciados en los últimos 8 años.

Sobre la llegada del AVE a Granada, se ha dicho de todo, y el soterramiento de las vías, y las conexiones con Loja… ¿2017? Y la ciudad cambiará… no se sabe si por el AVE o con el AVE, ¿estará preparada para más (turistas)?

Hoy Granada tiene una población de 235.800 habitantes y un parque residencial de 135.702 viviendas, de las cuales 12.067 viviendas son unifamiliares (el 8,89%). Aun existe un 8% del parque de viviendas anteriores a los 60′, y las viviendas que datan de los 60′ son 23.106 (el 17%), de los 70′ son 43.393 viviendas (el 32%), de los 80′ son 23.570 viviendas (el 17,4%), siendo de los 90′ 14.535 viviendas (el 10,7%) y de la década prodigiosa 2000-2009 datan 17.391 viviendas (el 12,8% del total).


Cada mercado es local.

Cada municipio tiene su singularidad.

Cada municipio se retrata en su parque residencial.


…seguiremos analizando en próximas entregas los 250 municipios mayores de España

VALLADOLID, según Catastro, a 1.1.2015 por tamaño y fecha.

tabla-valladolid-total-2-121996e-314dadtaman%cc%83o-edificaciontabla-valladolid-total-edadtaman%cc%83o-edificacion

Estos gráficos representan el Parque Residencial de VALLADOLID.

Son los Bienes Inmuebles, de uso VIVIENDA, matriculados a 1.1.2015, clasificados por tamaño y fecha de inscripción.

Cada barra horizontal representa una década, la inferior es la más reciente (2010-2014), y la superior la más antigua (<1900).

Cada color es un tamaño, del más cálido (<60 m2) al más frío (>180 m2).

La barra inferior (DELVI) representa el cálculo hecho desde Otropunto de la Demanda Latente de Vivienda (la demanda latente se configura por las personas que no tienen vivienda y que por su perfil sociológico (edad) y socioeconómico (no están en desempleo) son potenciales compradores). Es una estimación del número máximo de vivienda que constituye la demanda encubierta de una zona y se basa en las personas con el perfil de los actuales compradores de vivienda pero que todavía no han constituido un hogar.

VALLADOLID DELVI.jpg
valladolid-piramidetablavalladolid-catastro-2014-2016valladolid-inevalladolid-alquiler

Son datos fríos, sin cocinar.

Información para la toma de decisiones.

Información para el conocimiento.


Valladolid GE1.jpgValladolid es un municipio de 197,91 km2 y una ciudad española situada en el cuadrante noroeste de la península ibérica, capital de la provincia de Valladolid y sede de las Cortes y la Junta de la comunidad autónoma de Castilla y León. El área metropolitana de la ciudad, conformada por 23 municipios tiene un área de influencia socio-económica directa de más de 600.000 personas, distando solamente 39 km a Palencia y otros municipios importantes.

Está situada en el centro de la Meseta Norte, división de la Meseta Central, por lo que presenta un paisaje típico, llano y con escasa vegetación. El relieve vallisoletano lo conforma una llanura interrumpida por pequeñas series de colinas que originan un paisaje montañoso de cerros testigos como el de San Cristóbal (843 m), a pocos kilómetros de la capital.

Valladolid 3D.jpgEl término municipal de Valladolid está compuesto por 3 territorios separados entre sí: el principal, donde radica la ciudad de Valladolid, y 2 exclaves, conocidos como Navabuena y El Rebollar, al NO de aquel. El de Navabuena es el más septentrional y el de mayor extensión de los dos, estando el de El Rebollar deshabitado.

Asentada en la vega del río Pisuerga, en las proximidades con el encuentro del río Duero en dirección Sur, la ciudad de Valladolid, será caracterizada por el recorrido fluvial desde los inicios de desarrollo poblacional.

medio ambiente fluvial.jpgLa población del municipio se reparte en 5 entidades singulares de población, que comprenden a su vez siete núcleos de población. Las entidades y sus poblaciones son,

  • Valladolid (ciudad):
  • Pinar de Antequera (colonia):
  • Puente Duero-Esparragal (lugar): , repartidos en los núcleos de:
  • Puente Duero-Esparragal:
  • El Pinarillo:
  • Doctrinos:;
  • Navabuena (casas de labor):
  • La Overuela (arrabal):

estructura urbana2.jpgValladolid se divide en un total de 12 distritos, que a su vez se subdividen en 47 zonas estadísticas, no necesariamente coincidentes con los barrios tradicionales: Distrito 1 Centro; Distrito 2 Campo Grande, Paseo Zorrilla (Bajo), Barriada de la guardia civil; Distrito 3 Caño Argales; Distrito 4 Delicias, Campo Grande (Renfe), Caamaño-Las Viudas; Distrito 5 Centro (Plaza España), Universidad, Centro (Cantarranillas); Distrito 6 Circular, Vadillos, Pajarillos, Páramo de San Isidro-Poblado de la Esperanza, Las Flores; Distrito 7 San Juan, Batallas, Universidad (Colón), Pilarica, Barrio Belén; Distrito 8 Hospital, Rondilla, Sta. Clara-XXV Años de paz, San Pedro Regalado, Barrio España; Distrito 9 San Miguel, San Nicolás, San Pablo; Distrito 10 Huerta del Rey, La Victoria, Puente Jardín, Gavilla, Girón, Insonusa, Parquesol, Arturo Eyries; Distrito 11 Cuatro de Marzo, Paseo Zorrilla (Alto), Camino de la Esperanza, La Rubia, Arturo León, Las Villas, Cañada de Puente Duero, Covaresa, Parque Alameda, Paula López y Distrito 12 Navabuena, La Overuela, Pinar de Antequera y Puente Duero-Esparragal

mapa_valladolid.jpg

Pese a ser terreno fértil de la meseta castellana, los primeros asentamientos de importancia no originaron un primigenio núcleo urbano importante, quedando concebido el terreno como lugar de paso del triángulo formado por las vías romanas. Estas conectaban las localidades de Tudela de Duero, Simancas y Cabezón. El “Fora” se amuralla para protegerse de las invasiones que, a lo largo del siglo III y IV asolan los territorios del Sur de Europa. Durante este período de inestabilidad, se producen notables modificaciones en el aspecto formal del núcleo; aumenta el carácter defensivo del mismo y se pierden parte de sus caracteres originales. 

Al igual que sucede en otras muchas ciudades del Norte de España, el núcleo de Valladolid queda despoblado, se abandona, aproximadamente desde el año 750 como consecuencia de la invasión de los árabes. El río Duero es durante la Reconquista frontera entre los cristianos y los árabes; ello ocasiona una desertización progresiva de toda su cuenca y convierte a Valladolid en “tierra de nadie” durante más de 200 años.

valladolid_c.jpgAunque existen indicios de asentamientos pertenecientes al Paleolítico inferior, y yacimientos vacceos y tardorromanos, Valladolid no tuvo una población estable hasta la repoblación de la cuenca del Duero, cuando Alfonso VI entregó a su valido Pedro Ansúrez su señorío, en 1072. Durante la Edad Media fue sede de la corte de Castilla siendo dotada de ferias y Fuero Real y de distintas instituciones como Iglesia Colegial (elevada a rango de Catedral en 1595), Universidad, Real Audiencia y Chancillería o Casa de la Moneda.

medieval.jpgEs a finales del siglo XIV cuando Valladolid comenzará a experimentar una gran transformación física al convertirse en sede de lo Corte itinerante entre 1517 y 1559. Uno primera dicotomía queda establecida entre ciudad rural y ciudad aristocrática.

El espacio de la ciudad histórica, objeto de varios amurallamientos en los siglos XI, XIV y XVII, será objeto de diversas reformas a finales de la Edad Media y que perdurarían como característica inherente a la lógica del crecimiento vallisoletano. No sólo el traslado de la Corte a Madrid (principal actividad institucionaI), sino el incendio acoecido en 1561 posterior reconversión del entorno de la Plaza Mayor (primera Plaza Mayor regulard e España), la cubrición de un ramal del río Esgueva, o las consecuencias de la desamortización, fueron factores decisivos en este proceso.

1738 Bentura Seco.png

1738 – Valladolid por Bentura Seco

fueron los elementos principales por los que Valladolid quedaba ínmerso en el proceso de industrialización: lugar de encuentro de las ferias castellanas, el Canal de Castilla y la llegada del ferrocarril en 1860.

Carlos I hizo de Valladolid capital política y fue posteriormente, entre 1601 y 1606, capital del Imperio español hasta que esta función pasó definitivamente a Madrid. A partir de entonces se inicia un periodo de decadencia hasta la pujanza de la industria harinera y la llegada del ferrocarril a mediados del siglo XIX a cuyo amparo aparecen los primeros establecimientos siderúrgicos y la circulación del capital dando lugar en 1857 a la creación del Banco de Valladolid. En 1854 se funda El Norte de Castilla, decano de la prensa diaria española. Tras la posguerra, la ciudad experimenta un importante cambio, debido a la instalación de industrias automovilísticas y de otros sectores.

En Valladolid San Fernando fue proclamado rey de Castilla y se casaron los Reyes Católicos, nacieron Enrique IV, Felipe II, Felipe IV y Ana de Austria, reina de Francia, Magallanes firmó las capitulaciones de la primera circunnavegación del mundo y murió Colón. En la ciudad castellana Cervantes terminó de escribir El Quijote y también escribió Quevedo. Además establecieron sus talleres los más grandes imagineros y orfebres del Renacimiento hispano.

1400px-Braun_Valladolid_UBHD.jpg

1574 – Grabado de Braun y Hogenberg. VALLADOLID

Conserva en su casco antiguo un conjunto histórico compuesto por palacios, casas nobles, iglesias, plazas, avenidas y parques, junto con un patrimonio museístico en el que destacan el Museo Nacional de Escultura, el Museo de Arte Contemporáneo Patio Herreriano o el Museo Oriental, así como las casas-museo de José Zorrilla y de Cervantes.

Su estratégica posición y comunicación a través de una amplia red de autovías, alta velocidad (AVE), ferrocarril convencional, aeropuerto, y su carácter de nodo logístico en el Corredor Atlántico europeo, seguirán permitiendo su especialización como polo industrial de Castilla y León.

La estructura original de Valladolid tiene su origen en el siglo XI en las orillas del rio esgueva ocupados por el Conde Ansurez. La ciudad medieval fue creciendo hasta los 41.000 habitantes en el siglo XVI. El crecimiento había sido incontrolable y fortuito hasta esa época. A partir de entonces la cuidad tendrá un período de decadencia y crisis que no recuperara la población del siglo XVI hasta 1860.

1788.jpg

1788 – Valladolid

A partir de 1860 con la llegada del ferrocarril a Valladolid y sus orígenes industriales empezó la migración de la población del campo a la ciudad. Durante la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX las reformas urbanísticas de la cuidad son debido a las necesidades de adecuarse al mundo industrial. Se realiza la desviación del rio Esgueva y el inicio del enterramiento de ramales urbanos del rio Esgueva. Se pavimentan las calles y se realizan obras públicas. No hay un plano general del Ensanche ni Reforma interior de Valladolid hasta 1939 en el que Cesar Cort crea ese plan. El 1º plan para Valladolid organiza las zonas por usos, equipamientos y espacios públicos.

Las urbanizaciones marginales fueron la evidencia física principal del proceso de industrialización en el marco del desarrollo urbano de Valladolid. De cómo reagrupar el nuevo entorno de la ciudad, una vez finalizada la Guerra Civil, César Cort será el encargado a través de la elaboración del proyecto de Ensanche y extensión de la capital con el Plan General de alineaciones para el interior, donde quedaría definida por primera vez la idea global de ciudad segín los principios de agrupación nuclear de las poblaciones satélites en torno a un núcleo vital

1865 Plano_de_la_ciudad_de_[...]Perez_de_btv1b53099910x.jpg

1865 – Valladolid

Valladolid, al igual que otras ciudades españolas presentaba en los comienzos del siglo XIX un estado higiénico lamentable; de él eran responsables varios factores, como la presencia sin garantías suficientes de innumerables pozos para la evacuación de las aguas residuales que, mediada la centuria y como señala Pascual Madoz “…se limpian a altas horas de la noche…”, la escasez y mal estado de sus alcantarillas “…construidas por los particulares sin plan ni concierto alguno, carecen de pendiente casi de ordinario y casi siempre de solera…”, y el estancamiento del agua de lluvia en las calles “…a causa de la escasez de sumideros y el escaso caudal del Esgueva, incapaz de arrastrar las basuras a él arrojadas, a tal punto que en verano sus aguas se estancan constituyendo un importante foco de infección…”
Tan sólo se había conseguido paliar estos inconvenientes a mediados del siglo XIX; gracias a que se había encauzado y parcialmente cubierto una parte del río Esgueva “en una estensián de 1.000 varas con fuertes murallas de piedra encubierto en sus dos terceras partes” ello permitió, por una parte, librar a los vecinos de ambas márgenes “de la fetidez y perjudiciales miasmas que continuamente exhalaban sus aguas durante la est~ción calurosa del verano” y, por otra, mejorar el aspecto de algunas calles y plazas del centro de la ciudad. El resto del cauce continuará sin acondicionar hasta, comienzos del siglo hecho que contribuye a acentuar las diferencias, ya de por si notables, entre los diferentes barrios de la misma.
1850-1900-proyecto-alineacione

Proyecto de Alineaciones y aperturas entre 1860-1900 – VALLADOLID

Lamentablemente habrá que esperar a 1907 para que se adjudiquen las obras de saneamiento y algunos años más para que todas las calles del centro de la ciudad modifiquen sus canalizaciones para insertarlas en la red de alcantarillado general. Una vez más el tratamiento que se da a los distintos barrios de Valladolid es muy desigual; una parte de los mismos quedarán al margen de esta operación, como lo demuestra el hecho de que, en 1921 los vecinos de los barrios de Tranque, Delicias, San Isidro, La Victoria, Vadillos, Plaza de Toros y la Rubia, solicitasen la aprobación de las obras de alcantarillado con el fin de atender a las necesidades de saneamiento, urbanización y mejora de la vivienda de su cada vez más numeroso caserío. 
El deterioro en estos sectores se acentuará conforme aumenta la población que acogen, constituyendo grandes focos de miseria en los que hacen profunda mella las periódicas epidemias y cólera, gripe, etc… – que sufre la ciudad al finalizar el siglo XIX.
1920 img_0001.jpg

1920 – Valladolid

1939 ensanche CORT.jpgEl Plan Cort en el Valladolid de la postguerra
La situación del urbanismo vallisoletano al producirse el estallido de la guerra civil se podría calificar, sin temor aa exagerar de caótico. A pesar de los esfuerzos renlizados a lo largo del primer tercio del siglo XX, los resultados obtenidos no fueron en ningún momento los deseables, las razones fundamenrales podemos resumirlas en 3 puntos:
Proyectos aislados. y parciales, sin visién de conjunto. 
Poca visión de futuro en las reformas que se planteen, por l0 que menudo resultan insuficientes.
Extensión arbitraria de los barrios,
Frente a ello surgen iniciativas como el Proyecto de delimitación de Ia zona consrtuctiva de la ciudad de E. García Frías, los estudios de Juan Agapito y Revilla con el fin de elaborar un Plan completo de urbanización y, finalmente, el proyecto de ensanche y extensión de la capital, con el Plan General de Alineaciones para el interior, realizado por el arquitecto César Cort.
Este es el único que se elaborará por completo, a instancias del Ayuntamiemo, tras el informe del arquitecto municipal auxiliar y el ingeniero de Caminos, los cuales apoyaron la formación de dich0 proyecto afirmando que “…es Valladolid actualmente una población sin esrructura viaria ni real ni proyectada y hay deficiencias que todos lamentamos no solamente es preciso corregirlas, sino que es necesario evitar que se incrementen. Esto no puede lograrse más que teniendo un Plan General de Urbanización”. Aun habiendo muchos puntos débiles dentro del plan Cort, no se logrará su puesta en práctica por los innumerables obstáculos que se presentan. El más esencial es el económico, pues el plan es de tal importancia y costes tan subidos que, a pesar de las justificaciones y medios económicos que plantea Cort, se ve en seguida como irrealizables”.
Como aspectos positivos enrontramos la profundidad del estudio previo que realiza sobre numerosos aspectos de la ciudad: demografía, metereología, etc, la sencillez de la estructura viaria, el establecimiento de calles especiales para circulecíón de peatones, lo introducción de la «manzana americana», término que conlleva una serie de edificaciones circundando un parque o zona ajardinada, apartamiento de las industrias que pudieran resultar nocivas, la extensión abundante de parques, jardines públicos finalmente la existencia de terrenos que permanentemente habían de destinarse a usos agrícolas.
A pesar de que en la opinión pública se notaba ya una cierta desconfianza y oposición, el proyecto se aprueba en mayo de 1939 por la Comisión Central de Sanidad Local sin observaciones u objeciones dignas de interés.
No habría de transcurrir mucho tiempo antes de que se viera a ineficacia de dicha aprobación, puesto que en mayo de 1940 se resuelve proponer la superioridad la anulación del plan por ser “inadaptable a las posibilidades económicas de esta ciudad”.
No tenernos la certeza de que dicha anulación se tramite, sino más bienpenosamos que se solicita une reforma del proyecto para acomodarlo a las condiciones de la ciudad. Llama  poderosamente la atención la inactividad urbanística de estos años, aparejada con una cierta inactividad arquitectónica, quizás por ello, lo Comisión Central de Sanidad tenga que recordar en diciembre de 1943 la autorización que en agosto de 1940 se había dado al Ayuntamiento para proceder a un estudio detenido del proyecto de urbanización aprobado “por encontrar dificultades insuperables para acomodarlo a las posibilidades de la ciudad y su municipio, con la condición de que todo ello hiciera con estricta sujección a la forma que tiene obligación de verificarlo, con arreglo a la legislación vigente”, además de ello se añade que se verificara a dicho Ayuntamiento que el retraso en el referido estudio, causa perjuicios a la urbanización de la ciudad”.
1943-valladolid.jpg

1943 – Valladolid

…La situación de caos debía lógicamente agudizarse con el paso de los meses y en mayo se ve conveniente que el entonces Director General de Arquitectura D. Pedro Muguruza Otaño, venga a Valladolid y estudie detenidamente el problema urbanístico. Como resultado de la visita recíbe de la Dirección General un interesante escrito en el que se concretan ya las directrices de la reforma que, sobre el plan Cort, veía conveniente hacerse:
1º Encomendar a los arquitectos municipales que formulen una propuesta de retifícación de alineaciones a lo largo de todas las vias arteriales de la ciudad, con objeto de someterla a la Comisión Central de Sanidad, desde la que se dictamine con carácter definitivo sobre su adopción, de tal manera que “se regularice el colapso “hoy evidentemente producido en la construcción de Valladolid”,
2º estudiar la población de las diferentes zonas introducidas entre dichas arterias respetando el criterio esencial establecido en el proyecto de urbanizacién de la ciudad.
3º Que se faculte a los técnicos expresados para interpretar los principios generales contenidos en el proyecto mencíonado para su aplicación a los casos que sucesivamente se vayan presentando
El crecimiento urbano de Valladolid1.jpgEn 1950 el ayuntamiento de Valladolid redacta una reforma al plan General Urbano de Cort con el objetivo de hacerlo viable. Se hace intentando combinar las nuevas trazas con las existentes. En paralelo con estos planes oficinales se está produciendo en Valladolid la ocupación de la periferia. Nacen unos asentamientos marginales para toda esa población que llegaba a la cuidad para trabajar de la zona  rural. Posteriormente se plantearon con viviendas en polígonos de protección oficial.
Recomposición interior. En 1954 surgió por iniciativa de un grupo de jóvenes la “Academia Nueva”, organización que abogando por la defensa jurídica del centro histórico comenzaría hacer ver la preocupación social por la pérdida de la herencia histórica que el proceso destructivo urbanístico estaba generando. 10 años más tarde este interés por la protección del legado histórico se tradujo en un primer intento de delimitación de las zonas de Valladolid que debían ser declaradas “Conjunto Histórico-Artístico”. Desde 3 criterios de protección se presentó la ciudad dividida en un primer perímetro donde se preservaba íntegramente el ambiente. Seguidamente, un segundo perímetro donde se debería aplicar un Plan Especial de Ordenación de fachadas. Por último, un perímetro donde únicamente el criterio de protección sería la altura máxima, para no entorpecer las visuales.
recomposicion interior1.jpgEn 1967, con objeto de estudiar el problema de la conservación se editó un catálogo de los monumentos que debían ser preservados, a pesar de no ser declarados monumentos histórico-artísticos. Los criterios para justificar su protección se reducían tanto a conservar y restaurar, para dar un uso aunque fuera nuevo, como a cesar la tendencia incontrolada de ensanchar las calles y, por último, la defensa de la ciudad antigua. Un año más tarde se comsiguió incorporar el catálogo a las Ordenanzas Municipales de Edificación, en 1968, por lo que ya fueron dotadas de valor legal. Varios proyectos de restauración se llevarían a cabo a partir de esa fecha, siendo las dependencias destinadas a albergar museos las más frecuentemente, como lo fueron la Catedral, la Casa Colón o el Palacio de Fabio Nelli, actual sede del museo arqueológico.
Los desarrollos marginales. En Valladolid las estrategias de desarrollo de vivienda surgirán como respuesta al gran impacto que la acción transformadora de la industria generó sobre la estructura de la ciudad y la consecuente inmigración. Sin embargo es necesario distinguir 2 fenómenos: los desarrollos marginales y las políticas oficiales. Los procesos de formación y desarrollo realizados fuera de todo planeamiento normativo, por desconocimiento legal o por contradicción con las normas, generaron las “molineras” vallisoletanas (autoconstrucción de una sola planta, con muros de carga de ladrillo y cubierta a dos aguas de teja). En la mayoría de los casos, la vivienda como único objetivo prioritario, se inicia, a partir de la obtención de unos mínimos de derechos (por invasión o por venta legal) sobre un terreno rústico sin servicio alguno, con superficie suficiente para autoconstruir un asentamiento elemental en el que por abaratamiento de costes como por rapidez de ejecución. Los servicios básicos a posteriori, gestionados en  colaboración con varios usuarios del asentamiento. Son Las Delicias, San Isidro, Pajarillo Altos, La Marquesa, barrio de San Vicente, La Farola, La Rubia, La Pilarica, Barrio de España, La Victoria, La Bombilla, Buenos Aires, Cañada de Puente Duero, Las Villas, San Adrián, Belén, Cuesta del Manicomio, Las Flores, Cuesta de las Flores, La Flecha, Parva de la Ría o Fuente del Sol.
desarrollos marginales.jpg

Desarrollos marginales y Barrios Obreros

Los barrios de promoción oficial o barrios obreros son actuaciones dirigidas por las políticas de vivienda convenientes desde las administraciones, como previsión y control del crecimiento de la ciudad. Alojamientos con servicios urbanos básicos y usos complementarios, en barrios como Francisco Franco, José Antonio, La Victoria, Onésimo Redondo, José Antonio Girón, 4 de Marzo, 18 de Julio, 1º de Octubre, 29 de Octubre, Jesús Aramburu, Girón-Torrecilla, Leones de Castilla, Solís Ruiz o XXV años de Paz.
En 1964 se crea el polígono de Argales y se reserva el suelo para el polígono de San Cristóbal. Nace huerta del Rey como zona residencial promovida por la administración pública.
Plan comarcal 1968.pngEn febrero de 1968 se acordó llevar a cabo la redacción del Plan Comarcal de los términos municipales de Arroyo, Boecillo, Cabezón de Pisuerga, Laguna de Duero, La Cistérniga, Fuensaldaña, Santovenia del Pisuerga, Simancas, Renedo, Zaratán, Tudela de Duero, Viana de Cega, Villanubla y Valladolid, por parte de la Comisión Princiapl de Urbanismo de Valladolid, tramitado conjuntamente. El Avance del Planeamiento fue aprobado en diciembre de 1968. 
Se consideraron 3 aspectos fundamentales en el desarrollo del Plan: residencial, servicios e industrial. Correspondiente al término de Valladolid se zonificó el área en casco actual, remodelación, edificación abierta, cívico y comercial, educacional, especial de baja densidad existente o aprobado, de baja densidad en proyecto, industrial general, industrial no molesta, de transporte, verde urbano y deportivo, de protección de viales y forestales existentes.
Huerta del Rey.jpg

Huerta del Rey -1981

En 1961 se aprueba el Avance del Plan Parcial Huerta del Rey, al sur del Canal de Castilla y al oeste del Pisuerga,redactado por José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún junto a Manuel COrtés y Manuel María Valdés, en una 1ª fase en 1981 Luis Matilla ordena la propuesta concentrando la edificación para dejar amplias zonas de espacio libre. En una 2ª fase, Diego González Lasala en 1991 ampliará hacia el oeste el área, resolviendo las conexiones circulatorias con la ciudad.
Huerta del Rey2.jpg

Huerta del Rey II Fase – 1991

Al sur serán los Planes Parciales de Covaresa de 1977 y su modificado de 1985 y al suroeste Parquesol

pp-covaresa-1977

PP COVARESA 1977

pp-covaresa-1985

PP COVARESA 1985

En 1974 por encargo de UIASA, el mismo del PGOU-1968, la sociedad Parquesol proyecta un gran desarrollo residencial en 300 ha correspondientes con parte del sector Oeste. Se trataba de 12.000 viviendas nuevas con densidades de 40 viv/ha y cuyo desarrollo y ejecución se prolongaría durante más de 30 años. La segunda fase fue dirigida por Juan Manuel Alonso Velasco, aprobada en 1988 sobre las antiguas terrazas aluviales del Pisuerga, el Cerro de la Gallinera, al SO de la ciudad, cruzando el río.
parquesol-i

PP Parquesol I -1974

parquesol-2

PP Parquesol II -1988

 

En 1984 se procede a la Revisión del Plan Comarcal por Bernardo Yncenga, José Gimeno García-Lomas y el Departamento de Planeamiento y Gestión Urbanística del Ayuntamiento de Valladolid, había que detener el proceso de destrucción de la ciudad heredada, sentar las bases de una redistribución de usos que permita una mejos calidad de vida de acuerdo con los módulos mínimos fijados en la Ley del Suelo de 1975, racionalizar el proceso de creación de la ciudad, intrumentar óptimamente las fórmulas de gestión legales y dotar a la ciudad de documentos de ordenación urbana precisos y actualizados. Se interviene en reformas de urbanizaciones marginales (PERI Barrio de España 1985, PERI La Farola 1982, PERI Pilarica-Belén 1991, PERI Pajarillos Altos-Las Flores 1982), se realizan pequeñas operaciones de recomposición urbana (PERI Paseo Farnesio 1984, PP Soto de Medinilla 1972, PP El Pato 1998, PP La Florida 1991 y 2003), y se estudian las nuevas periferias (PP Paula López 1988, PP La Flecha 1998).
Será con el Plan General de Ordenación Urbana de 1997 cuando se produzca la expansión urbana. Dicho plan se basaba en una red arterial y 2 rondas de circunvalación que siguen siendo la base de la red viaria de Valladolid. Valladolid cuenta con PGOU, cuya revisión fue aprobada definitivamente mediante ORDEN FOM/1084/2003, de 18 de agosto de la Consejería de Fomento de la Junta de Castilla y León (BOCyL de 18.7.2011) para su adaptación a la Ley de Urbanismo de Castilla y León.
Este PGOU surge como actualización del de 1984 y como tal su programa es continuista de aquel, programándose las, entonces, 3ª y 4ª etapas (cuatrienios) corrspondientes. Comprendía un total de 33 sectores con uso global residencial (13 asumidos, 12 programados en 3ª etapa, 4 en 4ª etapa y 4 no programados) y 3 sectores (Residencial Pinar de Jalón, Carretera de Burgos y Tres Hermanos), conun uso global mixto, en los que el uso residencial básico acapara el 80%, el 50% y el 30% respectivamente. Define además 27 APE’s (areas de planeamiento específico) de carácter residencial (12 asumidas, 8 programadas en 3ª etapa, 4 en 4ª etapa y 3 sin programar). 
Abrazando la ciudad, el sistema de rondas interiores N, E y S, es el elemento clave en la distribución del tráfico rodado vallisoletano. Se cierra por el O a través de la Avda de Salamanca, en su tramo comprendido entre los puentes del Cabildo y el de la Hispanidad, constituyendo un anillo cerrado interior. El Plan propone un modelo de movilidad asumiendo los consejos de la Carta Urbana Europea de 1992. Se ponen en primer plano los modos peatonales y ciclistas, con un planteamiento ordenado tanto en la relación con el territorio circundante como de la organización del viario interior. Se propone la construcción de horquillas para favorecer el acceso peatonal al campo circundante, separando una vía peatonal de la de gran tráfico en determinadas salidas de la Ciudad.
Edad edificacion.jpg

Edad de la edificación – VALLADOLID (ERUrCyL 2016)

El centro histórico se identifica con el centro urbano tradicional formado a partir de una intensa pero selectiva transformación socio-espacial de una parte de la ciudad  histórica. En 1986 se tramita el PECH de Valladolid, su perímetro contiene la ciudad considerada histórica y la parte más antigua del centro urbano tradicional, donde siempre se ha localizado el centro político administrativo, comercial, económico y cultural de la ciudad.

Tres momentos son los que permiten entender los rasgos esenciales del centro histórico de Valladolid: 1560, 1860 y 1960. En 1560 cuando Felipe II traslada la Corte a Madrid, la ciudad lo que comprende el recinto que podemos denominar histórico- alcanzó la máxima extensión para dar cabida a los más de 42.000 habitantes. En la década de los 60′ del siglo XIX, tras la llegada del ferrocarril, se inicia un proceso de “reconquista” de la ciudad que se prolongará durante todo el siglo XIX, para conectar la ciudad existente con las nuevas infraestructuras e edificios emblemáticos y a su vez levantar nuevos edificios en la vieja ciudad. En poco menos de una centuria, en el siglo XX, la ciudad se pone nuevamente en fase de transformación, la factoría de Renault se instala en Valladolid y es necesario insertar nuevos contenedores residenciales. Cuando el suelo intersticial entre el casco urbano y las promociones oficiales periféricas de los años 50′ se habían agotado, los promotores encuentran en el centro las condiciones óptimas para transformar el tejido residencial por medio del derribo y sustitución de los vetustos edificios. En estos años confluyen una serie de circunstancias que dejan abonado el camino para una agresiva intervención inmobiliaria en el centro histórico. Herencia del pasado, actualmente, el centro histórico de Valladolid es un espacio castigado y muy transformado, no por ello, un espacio valioso que aun muestra muchísima actividad económica y comercial.

Áreas de intervención potencial. Una lectura selectiva de los conjuntos residenciales homogéneos.

Dentro de los conjuntos residenciales homogéneos de la ciudad de Valladolid destacan los polígonos de promoción oficial construidos tanto por el INV como por la OSH. Muchos de ellos emplean tipologías colectivas e incluyen varios centenares de viviendas, como los polígonos 1º de Octubre, Jesús Aramburu o José Solís Ruiz, entre otros, mientras que también se construyeron auténticos barrios de baja densidad, como es el caso de Girón o de San Pedro Regalado. Asimismo, a ellos se unen algunos grandes conjuntos de viviendas subvencionadas de promoción privada, como por ejemplo el llamado poblado industrial Arca Real, en el barrio de Delicias, o las promociones de la Constructora Imperial en los barrios de Rondilla y Vadillos. También es destacable la existencia de numerosos barrios homogéneos no proyectados, tanto de alta densidad (La Victoria, Delicias, Rondilla, etc.), que se densificaron en los años 60′, como de baja densidad, en forma de suburbios de casas molineras la mayoría surgidos también en ese mismo periodo (Belén, Pajarillos Altos, Las Villas, etc.).Finalmente, también cabe destacar la existencia de algunas barriadas industriales construidas por empresas como ENDASA, NICAS, TAFISA o Textil Castilla, distribuidas en distintos barrios de la ciudad.

Aproximación a los conjuntos residenciales homogéneos de Valladolid.

El fuerte crecimiento demográfico que la ciudad de Valladolid experimentó a lo largo del siglo XX, pero muy especialmente durante los años del desarrollismo, se tradujo  en una gran cantidad de conjuntos residenciales, de promoción tanto pública como privada, destinados a dar alojamiento a toda esa cantidad de población y que se ubicaron en sucesivas coronas periféricas alrededor del centro histórico de la ciudad. Construidos con mucha rapidez, con materiales muchas veces deficientes y en ausencia de normativas y controles como los que existen en la actualidad, buena parte de estos conjuntos sufren hoy deficiencias importantes que en el medio plazo podrían comprometer su propia existencia, por lo que sin duda ninguna deben convertirse en objeto principal de las políticas de rehabilitación, regeneración y renovación urbanas. 

ambitos necesidad regenracion.jpg

Ambitos con necesidad de regenración – VALLADOLID 2016

Áreas ya intervenidas o con proceso de regeneración en curso.

La primera área de rehabilitación en Valladolid se centraba en una parte del centro histórico (Platerías, Catedral y sus entornos), donde se rehabilitaron 479 viviendas. En los últimos años se han puesto en marcha en Valladolid varias actuaciones destinadas a algunos conjuntos residenciales. En primer lugar, en 2006 se puso en marcha el ARI Rondilla, destinado a los polígonos de promoción oficial 18 de Julio y XXV Años de Paz, construidos en los años 50′ y 60′. Esta operación,realizada en 2 fases y recientemente concluida, ha permitido reurbanizar varias calles y rehabilitar alrededor de 850 viviendas.

Áreas de intervención potencial. Una lectura selectiva de los conjuntos residenciales homogéneos.

Dentro de los conjuntos residenciales homogéneos de la ciudad de Valladolid destacan los polígonos de promoción oficial construidos tanto por el INV como por la OSH. Muchos de ellos emplean tipologías colectivas e incluyen varios centenares de viviendas, como los polígonos Primero de Octubre, Jesús Aramburu o José Solís Ruiz, entre otros, mientras que también se construyeron auténticos barrios de baja densidad, como es el caso de Girón o de San Pedro Regalado. Asimismo, a ellosse unen algunos grandes conjuntos de viviendas subvencionadas de promoción privada, como por ejemplo el llamado poblado industrial Arca Real, en el barrio de Delicias, o las promociones de la Constructora Imperial en los barrios de Rondilla y Vadillos. También es destacable la existencia de numerosos barrios homogéneos no proyectados, tanto de alta densidad (La Victoria, Delicias, Rondilla, etc.), que se densificaron en los años 60′, como de baja densidad, en forma de suburbios de casas molineras la mayoría surgidos también en ese mismo periodo (Belén, Pajarillos Altos, Las Villas, etc.). Finalmente, también cabe destacar la existencia de algunas barriadas industriales construidas por empresas como ENDASA, NICAS, TAFISA o Textil Castilla, distribuidas en distintos barrios de la ciudad.

Áreas vulnerables de Valladolid
El Valladolid el Ministerio de Fomento ha localizado 6 barrios vulnerables: Caño Argales-Circular, Delicias Norte, Delicias Sur, Pajarillos Bajos, Barrio España y Huerta del Rey. En el año 1991 se estudiaron 3 barrios: Barrio España y San Pedro Regalado, Pajarillos Altos y Barrio de las Flores y Arturo Eyries.
BARRIO ESPAÑA (Situado al norte de Valladolid se caracteriza por sus calles estrechas, compuesto mayoritariamente por casas bajas con patios interiores, Frente a la parcelación irregular de viviendas de autoconstrucción, se distingue un grupo de viviendas de protección realizadas por el Patronato Francisco Franco. Es un barrio que concentra un gran nivel de marginalidad. El barrio es vulnerable por dos indicadores, carencias en las viviendas con un alto porcentaje de ellas con falta de servicio o aseo y una alta tasa de paro. Desde el punto de vista sociodemográfico destaca el porcentaje de población sin estudios y ocupados no cualificados. Existen problemas de movilidad peatonal en algunas calles, los espacios públicos son de baja calidad y existen problemas de integración y delincuencia).
CAÑO ARGALES-CIRCULAR
Situado al sur del Centro Histórico de la ciudad pertenece al barrio de la circular. Se organiza a lo largo de tres calles paralelas a las vías de tren y cuatro perpendiculares a las mismas. Es un viario estrecho con parcelas de poco frente y mucho fondo, lo que genera viviendas interiores con poca ventilación. Es un barrio de los más tradicionales de Valladolid, donde se mezcla edificación antigua con obra nueva. El barrio es vulnerable por el porcentaje de personas residentes en viviendas sin servicio y aseo. Destaca el alto grado de envejecimiento de la población, el grado de cualificación es bajo y tiene un número elevado de paro juvenil. Desde el punto de vista residencial el barrio cuenta con un gran porcentaje de vivienda en mal estado, el espacio público es escaso con aceras estrechas y escaso arbolado, lo niveles de contaminación acústica son altos.
DELICIAS NORTE (El barrio se localiza al sur del centro histórico de la ciudad, las calles siguen un trazado regular prácticamente ortogonal, con calles interiores estrechas y con un tejido residencial de manzana cerrada prácticamente colmatado. El barrio es vulnerable por el porcentaje de persona residentes en viviendas sin servicio y aseo, destaca la tasa de paro juvenil. Al situarse en el borde de las vías de ferrocarril tiene problemas de accesibilidad con el centro, la calidad de patrimonio edificado es malo, el espacio público es escaso con poca vegetación, lo niveles de contaminación acústica son altos).
DELICIAS SUR (Se localiza al sur de la calle del General Shelly, un barrio de bloque abierto donde se entremezcla el viario con pequeñas plazas de carácter estancial. Es un barrio problemático, no solo por las condiciones de la vivienda y el espacio libre, sino también desde el punto de vista social. El barrio es vulnerable por el porcentaje de personas residentes en viviendas sin servicio y aseo, por la tendencia de su población al envejecimiento con un alto porcentaje de hogares unipersonales de más de 64 años. Cabe destacar el porcentaje de población sin estudios y ocupados no cualificados. La calidad de las viviendas es mala, cabe destacar el mal estado del espacio público sobre todo de los polígonos de las Viudas y José Aramburu. La calidad medioambiental es mala con alto nivel de contaminación acústica).
HUERTA DEL REY (Ubicado en la margen derecha del río Pisuerga, el barrio se organiza paralelo al rio y la Avenida Salamanca. Las calles son anchas y cuenta con gran numero de zonas verdes. Las manzanas están formadas por bloques abiertos y torres de gran altura liberando el interior de las mismas generando plazas de uso público. El barrio es vulnerable por la tasa de paro. El grado de cualificación es bajo. La mayor parte de la edificación es de buena calidad, solo destacan 3conjuntos de vivienda por su mal estado de conservación y peor calidad de los materiales).
PAJARILLOS BAJOS (Situado al este del casco urbano tradicional, se pueden diferenciar dos zonas por la tipología edificatoria que atiende a dos etapas distintas de su desarrollo. El Polígono 29 de octubre formado por bloque abierto liberando pequeñas plazas y zonas verdes interbloque y otra trama de manzanas cerradas con bloques en H adosados. El barrio es vulnerable por la tasa de paro y el alto porcentaje de población sin estudios. Se percibe cierta tendencia al envejecimiento de la población con un alto porcentaje de hogares unipersonales de mayores de 64 años. La edificación es de mala calidad constructiva, la calidad medioambiental es baja por la escasez de vegetación. El índice de equipamiento por habitante es bajo).
En el estudio del ministerio también se han enumerado otras zonas vulnerables como el área de San Benito-catedral, Parva de la Ría-La Overuela, la Rondilla, Pajarillos Altos, Las Flores, el barrio Belén y El barrio de San Pedro Regalado; barrios con altos valores de vulnerabilidad y por lo tanto potentes áreas de regeneración y rehabilitación.

Además Valladolid dispone de suelo preparado para una edificabilidad residencial previsto de 4.991.161 m2 para 38.394 viviendas, de las cuales 28.335 viviendas están pendientes. Son sectores en Grandes desarrollos residenciales como ARCAS REALES (272.551 m2 de suelo para 130.824 m2 de techo para 1.006 viviendas, urbanizado al 100% y pendientes 637 viviendas), o SECTOR CONDE DE REINOSO 2 (1.203.033 m2 de suelo para 421.062 m2 de techo para 3.239 viviendas, sin empezar), SECTOR CONDE REINOSO (377.794 m2 de suelo para 136.006 m2 de techo para 1.046 viviendas, sin iniciarse), SECTOR EL PERAL (682.421 m2 de suelo para 245.671 m2 de techo para 1.890 viviendas, urbanizado al 53% y pendientes 1.048 viviendas), SECTOR LA FLORIDA (462.904 m2 de suelo para 222.194 m2 de techo para 1.709 viviendas, iniciándose), SECTOR LOS SANTOS (PILARICA) (540.587 m2 de suelo para 270.293 m2 de techo para 2.079 viviendas, urbanizado al 100% y 1.152 viviendas pendientes), SECTOR LOS SANTOS 2 (361.776 m2 de suelo para 180.888 m2 de techo para 1.391 viviendas (sin iniciarse), SECTOR PARAMO de SAN ISIDRO (640.325 m2 de suelo para 473.840 m2 de techo residencial, para 3.645 viviendas, sin iniciar), SECTOR REORDENACION FERROVIARIA (743.851 m2 de suelo para 848.190 m2 de echo para 6.525 viviendas, urbanizado al 100% y pendientes 5.624 viviendas), SECTOR RESIDENCIAL LAS ARENAS (943.099 m2 de suelo para 471.549 m2 de techo para 3.627 viviendas, sin iniciarse), o el SECTOR SAN JUAN y VALDEZOÑO (661.051 m2 de suelo para 317.304 m2 de techo para 2.441 viviendas, sin iniciarse).

Valladolid GE3.jpg

Durante los años 70′ y 80′, Valladolid es objeto de diversos estudios críticos con respecto a las transformaciones morfológicas de la ciudad. Con especial énfasis en las lecturas que Leopoldo Uría y Manuel de Solà-Morales realizan en 1975 y 1985 respectivamente, la base de estudio propuesta por los autores tomaba el hecho concreto del esquema de crecimiento deficitario forjado durante finales del siglo XIX y primera mitad del XX. Precisamente ambas lecturas son críticas con el intento de crecimiento unidireccional del municipio propuesto en el Plan Mesones, aprobado definitivamente en 1970.
El presente texto pretende retomar tal lectura hacia la apertura de nuevos planteamientos, haciendo eco de la idiosincrasia y condicionantes urbanos actuales. Para ello, a través del estudio de las actuaciones urbanas correspondientes a estas últimas décadas, se plantea la posibilidad de reconsiderar el crecimiento de la ciudad y su contemplación razonada como piezas vinculadas a un sistema de vías interurbanas.
En 1975, el arquitecto y profesor de la Universidad de Valladolid Leopoldo Uría escribía en Arquitecturas BIS “Valladolid, de granero a garaje”,  o de cómo el crecimiento de la ciudad, su particular deterioro y deficitaria estructura urbana quedaba ligado al proceso de desarrollo industrial, entendido éste como uno de los principales elementos de destrucción de la realidad física de la ciudad: implantación de la gran industria en emplazamientos fuera de toda previsión (el caso de Michelín en el N), o de polígonos industriales -destinados a pequeñas y medias industrias que se alejan del casco histórico- en conflicto con el planeamiento municipal existente (Polígono industrial de Argales). En este contexto, el autor se refería a 2 actuaciones urbanas como operaciones morfológicas de verdadera entidad en la labor de planificación de la ciudad: De un lado, la creación del Paseo Zorrilla, iniciada a partir de 1944, que suponía un eje de crecimiento sur que daba continuidad hasta más allá del Campo Grande al centro histórico de la ciudad. De otro lado, la extensión oeste de la ciudad ocupando los terrenos correspondientes al otro margen del río Pisuerga, históricamente eje estructurante del desarrollo de la ciudad, a partir del polígono residencial de Huerta del Rey a comienzos de la década de los 60′. 
10 años más tarde, el recientemente fallecido Manuel de Solá-Morales abría en 1985 el 1º número de la revista UR con el artículo “Valladolid: la constante reforma de crecer sobre sí misma”, fundamentado en la indecisión de los siglos XVIII y XIX -momento en el que se inicia su condición de centro industrial especializado- y que se puede sintetizar, en primer lugar, en la ausencia de cualquier tipo de mecanismo de proyectación adecuado para planear la extensión de la ciudad (pese a ciertos intentos de extensión de la ciudad, siendo el más notable la propuesta de Ensanche definida por César Cort, así como en las debilidades de auto-remodelación interna de la ciudad existente (“conflicto entre viejo monumento, fragmento decimonónico y bloque especulativo”) que, junto con los condicionantes históricos de la ciudad (nueva superficie de suelo del núcleo urbano puesta en el mercado del suelo gracias al proceso desamortizador del Valladolid conventual de finales del siglo XIX, agrupaciones marginales de vivienda desde mitad de siglo XIX en terrenos rústicos en torno a vías de acceso a la ciudad), a la postre hacían que las categorías de centro y periferia, o de centro histórico y extensión fueran prácticamente desconocidas.
En ambos casos, su lectura proporcionaba una imagen ramplona de la capital cultural y administrativa castellana, provista de un esquema morfológico deficiente. A ello habría que sumar que las únicas experiencias que se materializaron con cierto interés sobre el territorio vallisoletano durante aquella época venían de la mano de la política de vivienda oficial –pertenecientes al I Plan de Vivienda (1944-1955) y II Plan Nacional de Vivienda (1955-1960)-, con unos rasgos morfológicos comunes a modo de pequeños corpúsculos puntualmente localizados en segmentos de territorio periférico, generalmente rústico y desconectado del centro histórico. Tejidos urbanos basados en la repetición del módulo de viviendas en altura, bien formando manzanas cerradas o semi-abiertas con un espacio libre interior como espacio relacional, bien bloques serializados de viviendas en hilera simple o doble, o bien definiendo un patrón de ordenación de marcado carácter rural; sea como fuere, se trataba de unidades asiladas con pretensión de autosuficiencia con respecto a los usos complementarios al residencial -en algunos casos planteada también para suplir la falta de equipo urbano de áreas aledañas- y que en gran medida justificaba la arbitraria localización de éstos con respecto al centro consolidado (en busca de parcelas rústicas de menor carga económica) y su marcada morfología independiente del contexto más próximo.
Por ello, a la nostalgia con que a los ojos de Solá-Morales puede mirarse la propuesta de Cort de plantear un trazado de ensanche relacionando el Valladolid histórico por un mecanismo de trazado de vías con el río como elemento estructural que relacionara las dos nuevas fachadas de la ciudad -histórica y contemporánea-, habría que sumar el escenario de descomposición corpuscular que planteaba un punto de inflexión en el hasta ahora pretendido crecimiento concéntrico de la ciudad. Este impás desconcertante acabó de manera tajante en la década de los setenta, cuando fue aprobado el primer Plan General de Ordenación de la ciudad, a cargo del arquitecto Javier de Mesones. Tal contexto de indeterminación se aprovecharía para plantear un crecimiento unidireccional de la ciudad, paradigmático a nivel internacional por su rotunda adscripción a los supuestos teóricos en los que se sustentaba, y que a la postre vendría a confirmar el salto de escala morfológico que ambos autores anteriores coincidieron en calificar como grotesco, descuidado y “en ningún caso el modelo de solución para el problema urbano de Valladolid”, sobre todo con respecto a la dimensión de la gestión.
La propuesta de crecimiento unidireccional y la respuesta del Plan en la década de los años 80′.
Frente a esta situación de indeterminación en el modelo de crecimiento de la ciudad vallisoletana a mediados del siglo XX (recordemos que hasta la fecha la ciudad se regía por el Plan de Alineaciones de 1950 del centro urbano consolidado como instrumento de planificación de conjunto), o gracias a ella, el equipo capitaneado por el urbanista Javier de Mesones fue capaz de proponer, aprobar y en gran medida materializar el crecimiento de la ciudad a partir de un modelo unidireccional; esto es, de cómo se planteaba la expansión del centro del núcleo histórico (coincidente con el centro geométrico del crecimiento radio-concéntrico que históricamente había caracterizado a la ciudad) de modo que éste no colapsara ante la imposibilidad de transformación dinámica (“la constante reforma de crecer sobre sí misma”), sino que continuara relaborándose y extendiéndose en base a un crecimiento rectilíneo y jerárquicamente organizado. El planteamiento se basaba en la propuesta doxiadiana de crecimiento dinámico de la ciudad en su expansión direccional, como parte integrante de la nueva ciencia ekística, de modo que “la dinápolis, la ciudad del futuro, [sea] concebida como una ciudad que puede extenderse y estar siempre a punto para crear un nuevo centro y nuevos barrios”.
La apuesta por el equipo de Mesones constituía un punto de inflexión en el entendimiento y continuidad del crecimiento urbano de la ciudad vallisoletana desde sus orígenes hasta entonces. Con unos rasgos de descomposición corpuscular de la corona periférica de la ciudad, Valladolid -la que históricamente fuera una de las ciudades arquitectónicamente más ricas de la península- vio fuertemente violentado el tradicional crecimiento concéntrico del centro histórico, no sólo por las numerosas violentas transformaciones que automáticamente le han valido el calificativo de “desastre urbanístico”, sino para convertirse en uno de los ejemplos más paradigmáticos de crecimiento direccional de un municipio dentro del ámbito urbanístico español.
Inicialmente focalizado hacia el sur de la ciudad, la estrategia de crecimiento se basó en la definición de una unidad mínima urbanística adscrita a la lógica de adición jerárquica, planteando un proceso iterable de unidades conclusas servidas por una potente red viaria como patrón ordenador, donde la relación de adición entre las diferentes piezas quedaba fijado normativamente según criterios de proximidad, ubicación y cuantificación de los diferentes usos, aludiendo a la Teoría de las Comunidades como estudio de referencia clave.
A través de esta lógica de adición jerárquica, y en su propósito de prolongar el centro de actividades del casco histórico en continuidad hacia el sur, el Plan definía en último término un eje central como usos cívico-comercial de mayor jerarquía, con capacidad de proporcionar servicios y equipo urbano a las más de 650 ha planeadas en super-manzanas autosuficientes y autónomas servidas por una potente red viaria, lo que significaba un incremento de población del 100 por ciento en una época en la que la transformación urbana se polarizaría en gran medida en la producción residencial por parte de la iniciativa privada.
Pese a que constituyó una propuesta global de crecimiento que desde finales de guerra quedaba pendiente, tanto Leopoldo Uría como -y especialmente este último- Solá-Morales dejaban una crítica feroz de lo que había supuesto el Plan Mesones para la ciudad. Si el primero hacía hincapié en cómo el tecnicismo elaborado se estrellaba con la organización administrativa, ni adaptada ni mentalizada para tal “plan-reglamento”, Solá-Morales arremetía contra la grosera geometría y su imposibilidad de solucionar la complejidad urbana vallisoletana, fomentando a su vez, por su sobredimensionamiento, expectativas de mercado que condicionarían actuaciones futuras. Al deficiente esquema morfológico referido, habría que añadir que el Plan Mesones mantenía la estructura urbana y organización social de las áreas de crecimiento de la ciudad desde mediados del siglo XX: la división social de los sectores oeste y sur por un lado (tradicionalmente zona residencial de las clases medias y acomodadas, y objeto del crecimiento unidireccional propuesto) y de los sectores norte y este (barrios históricamente más degradados donde había quedado conformada agrupaciones discontinuas de viviendas obreras y barrios marginales), variable apuntada por García Fernández.
Sería precisamente esta segregación en la estructura de crecimiento identificada por García Fernández, y que permanecía en el Plan Mesones, la que fue puesta en duda por el Plan Ynzenga a comienzos de los 80′. Tras una exhaustiva fase de análisis urbano en la que se sistematizan una serie de indicadores urbanos que daban razón fundamentalmente del máximo alcanzado con respecto al censo de viviendas por un lado, y por otro, del estructural desequilibrio residencial con respecto a los servicios y equipo urbano, el Plan Ynzenga definió el modelo de ocupación y crecimiento como isótropo y equilibrado.
Raíz y origen esencial que diversos estudios sectoriales tomaron como el inicio de un cuidado “desarrollo equilibrado”, los criterios que el Plan desarrolló para redefinir esta estructura de crecimiento isótropo pasaban por, 1º la reducción del aprovechamiento del patrimonio edificado; 2º, por la adecuación del déficit de servicios y equipo urbano principalmente en el cinturón noreste del núcleo de la ciudad; y 3º, por una mayor libertad de mezcla de usos. De este modo adquirían mucha importancia tanto los espacios intersticiales de la periferia de la ciudad como la posibilidad de fijar un patrimonio público de suelo valioso, aspectos ambos que favorecían el re-equilibrio de la estructura urbana, evitando la posible expulsión o marginación de las clases populares frente a un proceso inmobiliario ávido de suelo dotado de infraestructura.
Este planteamiento, por tanto, no haría referencia sino a un modelo de ocupación y estructura de crecimiento cuyos rasgos básicos venían definidos fundamentalmente por un sistema viario en rondas adaptado a los barrios consolidados, reduciendo los sectores a desarrollar a un tercio de la superficie previamente planeada al tiempo que iniciaba una importante distinción entre las actividades y usos permitidos por un lado, y el régimen de utilización de la edificabilidad por el otro.
Los 2 grandes crecimientos periféricos: Parquesol y Covaresa
En el marco que definían las disposiciones normativas elaboradas por los dos instrumentos de planificación anteriores, la ciudad vallisoletana fue objeto de las dos propuestas de crecimiento periférico de carácter residencial más extensas de su historia reciente: de un lado Covaresa, como crecimiento sur ; de otro lado Parquesol, extensión oeste al otro margen del río Pisuerga.
Con una propuesta de extensión de la ciudad por el lado O y S, zonas históricamente destinadas a la clase social burguesa, en ambos casos se trataba de actuaciones residenciales iniciadas desde los presupuestos de crecimiento unidireccional del Plan Mesones, dando inicio a un megalómano crecimiento de la periferia vallisoletana a comienzos de los setenta, hasta entonces nunca contemplado. Ambos desarrollos periféricos abrían paso a un nuevo modo de construcción de la ciudad a través del desarrollo de grandes sectores de suelo y de su posición clave en el crecimiento de la ciudad por extensión.
Parquesol, cuyo Plan Parcial fue presentado en 1974 por el mismo equipo encargado de elaborar el Plan General de la ciudad, con sus casi 300 ha se erigía como la ciudad ex-novo al otro lado del Pisuerga ávida de albergar a una población prevista próxima a 48.000 nuevos habitantes y, cuyo desarrollo, casi 40 años más tarde, aún no ha concluido. Como peculiaridad más significativa -obviando la difícil topografía sobre la que se situaba- habría que referirse al momento en que se redactó el Plan Parcial:
“…un momento en que existe una intensa demanda de viviendas, la cual, como consecuencia de las carencias infraestructurales de servicios, de equipamiento y de calidad ambiental de la oferta existente, es capaz de absorber indiscriminadamente cualquier tipo de oferta urbana de vivienda, a poco que mejore las calidades de la oferta existente. Este es el caso de Parquesol: el Plan Parcial oferta, en las circunstancias del momento, un tipo de edificación abierta, situada sobre una red viaria que cumple con holgura la demanda de tráfico (uno de los temas cruciales más sentidos en la actual ciudad supercongestionada, la facilidad para circular y aparcar), unos niveles de equipo urbano mínimos, pero que se sitúan bastante por encima de la oferta en otras áreas urbanas, y unos servicios nuevos que mejoran también la calidad de los que se ofrecen en las barriadas externas de la ciudad…”
A esta circunstancia habría que añadir la cercanía tanto al centro de la ciudad como al ya referido Paseo Zorrilla, lo que permitía contar al polígono con una relación de proximidad con las áreas de mayor actividad urbana y comercial al tiempo que ofrecía un patrón de descongestión circulatoria. Pero sobretodo, esta relación entre la ciudad existente y el nuevo patrón de desarrollo periférico quedó reforzada a propósito de las reservas cívico-comerciales y de equipo urbano del sector propuestas al servicio del conjunto de la ciudad, ya que, al comprobarse que “el equipo complementario tornaba ligeramente excesivo en relación al equipo estrictamente necesario ara el servicio del propio núcleo” (se alcanzaba una cifra de 152 m3/vivienda según lo previsto en el Plan Mesones, frente al máximo teórico admisible de 70 m3/vivienda), la consecuencia inmediata planteaba la posibilidad de “reservar un área para centro cívico-comercial mayor que la planteada, para equipo comercial o de reserva para equipo metropolitano que podría producirse por traslado hacia el exterior de la ciudad de ciertos elementos del equipo urbano necesitados de ampliación o de mayores facilidades de accesibilidad o de aparcamiento”.
De esta forma, se reservaron las zonas bajas para edificación en baja densidad sobre laderas de fuerte pendiente y, fundamentalmente, para elementos del equipo urbano a nivel de toda la ciudad, concentrando a la población en las cotas altas –ocupando fundamentalmente la planicie superior del territorio- según tipologías de edificación abierta, permitiendo una más fácil segregación y construcción por elementos, apoyados sobre una red viaria simple, lo que a la postre facilitaba la puesta en el mercado de viviendas a precios económicos, y cuyos servicios aparentemente mejoraban los servicios de la ciudad tradicional.
Con objeto de adecuarse a cualquier posible demanda residencial de la época, el Plan no sólo contó con una amplia oferta en la variedad tipológica residencial, sino que, además, la ejecución y promoción de viviendas siguió una secuencia temporal explicada más por razones de tipo comercial que en base a la necesidad de ir creando una estructura urbana definida, lo que Alonso Velasco explicaría como “un aislamiento de las edificaciones (bloques de 10 o más plantas) que se relacionan exclusivamente a través de la red viaria rodada y una carencia de espacio urbano más habitable tal como se había venido entendiendo tradicionalmente a través de los conceptos de la calle y plaza”.
Tal como ya lo hiciera el patrón de crecimiento oeste de Parquesol, la propuesta de crecimiento sur también aludía al Paseo Zorrilla como elemento urbano clave, traído a colación no sólo por su relación de proximidad como hiciera Parquesol, sino por plantearse su prolongación como extensión del centro de actividades comerciales del centro urbano, reducto último del crecimiento unidireccional propuesto en el Plan Mesones.
Con el precedente de Minaya en 1967, que no se materializaría, el sector de Covaresa contaba con una primera versión a cargo del ya nombrado José Manuel Alonso Velasco, que ordenaba un área superior a las 200 ha. Posteriormente, tras la aprobación del Plan Ynzenga, el sector fue objeto de una 2ª propuesta de ordenación presentada en 3 Planes Parciales consecutivos, a saber, Covaresa (1986), Parque Alameda (1991) y Paula López (1991).
El Plan Parcial Parque Alameda (50, 8 ha) sería el que planteara el mayor número de alternativas de continuidad al paseo Zorrilla, habida cuenta de las preexistencias a conservar (Cañada de Puente Duero, Las Villas). Precisamente, la ordenación del sector de Parque Alameda resultaba clave fundamentalmente por su posición entre las dos grandes infraestructuras viarias (Rondas interior y exterior) definidas por el Plan Ynzenga, actuando como pieza ordenadora de su entorno, “orden que ha de consistir en cuanto a sus aspectos formales y funcionales en la adopción de una super-malla y de actividad integradora de los barrios colindantes”. Fue esta idea de retícula viaria la que acabó fijando el patrón del nuevo desarrollo residencial S. La propuesta definitiva optó por desviar el eje de máxima actividad cívico-comercial como prolongación al Paseo Zorrilla, en su interés por incorporar las trazas prexistentes de carácter edificatorio y paisajístico como elementos de un tejido residencial complejo e integrador.
De modo consecuente, frente a la arbitraria variedad tipológica que ofrecía Parquesol, el tejido residencial que planteaba Parque Alameda respondía a unos criterios comunes de edificación en baja altura y mayor ocupación de suelo con prioridad a la formación de alineaciones y trazas geométricas, alternando tipos edificatorios en las diferentes áreas y manzanas del sector. A través de la mezcla de usos en plantas bajas se llegaba a definir un sistema de espacios libres y usos cívico-comerciales en continuidad y los diferentes requerimientos específicos de las áreas de solape permitirían definir la propuesta según determinadas “piezas morfológicas”, básicamente siguiendo el criterio de regulación a alineaciones a vial: trama reticular de edificación en manzana cerrada o semi-cerrada como fachada a eje comercial, trazado curvo de vivienda unifamiliar aprovechando las trazas arboladas existentes, semi-manzana configurando un patio exterior compartido con tipologías de vivienda prexistente, u ordenación en manzanas destinadas a usos singulares de carácter dotacional, por citar algunas.
Conclusión: la articulación interurbana o el crecimiento periférico de fin de siglo
Desde finales de los 80′ hasta la actualidad, el Plan Ynzenga fue actualizado (1997) y adaptado (2004) según la nueva legislación aprobada, manteniendo en esencia sus presupuestos básicos de crecimiento equilibrado y contenido en todas las direcciones: de un lado, a través de la ordenación de los sectores entre rondas, completando la corona periférica NE (Los Santos-Pilarica; Los Santos 2; Zambrana; Canterac; Campo de Tiro; Pinar de Jalón; Arcas Reales; La Florida); del otro, a través de la definición de centros y ejes de centralidad a escala municipal y regional (Ciudad de la Comunicación; talleres Renfe; Los Viveros).
Sin embargo, la actualización del Plan de 1997 mostraba claramente cómo el crecimiento vallisoletano, reflejo del proceso industrializador con que iniciábamos el texto, resultaba un modelo agotado: la crisis económica y consecuente reajuste laboral dejaban unos valores de estancamiento demográfico en el término municipal de Valladolid, frente a una dinámica casi generalizada de fuerte recuperación demográfica en los municipios del entorno en relación proporcional a la mayor proximidad y mejor comunicación con respecto a la ciudad vallisoletana. Todo ello venía a confirmar un primer esquema de periurbanización con respecto a la capital vallisoletana, en relación de proximidad con respecto a la ciudad central.
Valladolid GE4.jpgEn este sentido, el patrón ordenador clave sugerido por la propia actualización del Plan de 1997 para la planificación de los nuevos sectores vendría de la mano de la fácil accesibilidad y principio de ortogonalidad como mejor aprovechamiento de la superficie, planteando asimismo una sistematización del conjunto de vías, bien urbanas o interurbanas.
Los ejemplos son abrumadores por su cantidad, quedando justificada, según los términos anteriores, una excesiva “mono-diversidad tipológica” preferente. En otras palabras, los nuevos sectores venían definidos por una parcelación donde no sólo existía una falta de multiplicidad de usos, abocados a una mera repetición isótropa de los mismos, sino que además esta problemática se veía agravada por una paulatina homogeneidad de tipologías residenciales por manzanas, bien en su versión de vivienda unifamiliar aislada (Santa Ana, Fuente Berrocal, La Galera), o en su versión de tipología residencial en manzana con grandes patios mancomunados y bloques lineales de viviendas (La Florida, Villa del Prado, Arcas Reales). Sea como fuere, se trataba de adaptarse a los sectores urbanizables repitiendo una parcelación de geometrías ortogonales, donde se evidenciaba por su ausencia la completa falta de una mezcla de tipologías residenciales en una misma manzana.
De este modo, la retícula, en lugar de utilizarse como mero elemento ordenador primero de un posterior desarrollo urbanístico basado en la multiplicidad y la diferencia tipológica, se convertía en elemento excesivamente urbanizador de toda la actuación como un bloque, vinculado a un eje de penetración viaria interurbana, internalizando estas infraestructuras para el acceso y uso específico del sector. Además, este recurso fue extendido no sólo a los nuevos sectores residenciales, sino también a los micro-polígonos industriales o centros integrados dotacionales.
Valladolid GE5.jpgEs decir, la ordenación de los nuevos sectores residenciales según el uso de la retícula se podía entender como una clara “especulación conceptual” y nula pretensión de solucionar la fase final de diseño, en el sentido de que “reivindica la superioridad de la construcción mental sobre la realidad […] Su equivalencia invalida, de golpe, todos los sistemas de articulación y diferenciación que han guiado el diseño de las ciudades tradicionales”
Pero no sólo eso, sino que independientemente del tamaño y criterios morfológicos de los sectores residenciales, se incrementaba el ratio superficie de usos complementarios por viviendas en casi un 50% con respecto a las anteriores propuestas. Este ratio no sólo respondía únicamente a dar respuesta a las exigencias normativas con respecto a los mínimos de espacios libres, equipamientos, reservas dotacionales a escala de ciudad ya previstos en la Ley de 1975 y posteriores, así como a las especificaciones propias de las leyes autonómicas a partir de 1998, sino que el incremento de este ratio para los nuevos desarrollos respondía a la constante de fijar como tipología residencial preferente la vivienda unifamiliar aislada con jardín, o los bloques de viviendas con un patio interior mancomunado de grandes dimensiones; en cualquiera de los casos, se trataba de un espacio libre privado que se sumaba al espacio libre público exigido desde la propia Ley y no de nuevo espacio público para la ciudad en tanto que Bien Común de la Sociedad Civil.
Así pues, generalizado este esquema de crecimiento residencial periurbano en el que los usos complementarios al residencial y la red viaria se tornaban fundamentales en el consumo de suelo, es irrenunciable exigir nuevamente un esfuerzo más para ahondar en las posibilidades que plantea una ordenación de los sectores residenciales de modo que ofrezcan mayor variedad y diferenciación tipológica por manzana, posición que contrasta claramente con la actual solución de piezas insertas en una trama parcelaria vinculada a un sistema de vías interurbano. Sea como fuere, lo cierto es que la constante del crecer sobre sí misma se ha desvanecido ante la mirada hacia una periferia urbanizada a base de piezas completamente dislocadas entre sí, únicamente vinculadas a un sistema viario inter-urbano, sistema que, por sí solo, nunca ha hecho ciudad.
RUIZ, Ana. Valladolid. Del crecimiento sobre sí misma a la articulación interurbana de fin de siglo. Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales. [En línea]. Barcelona: Universidad de Barcelona, 5 de agosto de 2013, Vol. XVIII, nº 1036. <http://www.ub.es/geocrit/b3w-1036.htm>. [ISSN 1138-9796].

mapa_valladolid_accesos

Revisión del PGOU de Valladolid, 2004: una nueva ciudad imposible
Las Cortes de Castilla y León en 1998 promulgan la Ley 5/99 de Urbanismo de Castilla y León, actualmente vigente, y en la que se le otorgaba un plazo de 4 años máximo desde la fecha de la publicación de dicha ley y entrada en vigor, a los municipios con más de 20.000 habitantes para adaptar el Plan General existente a esta nueva ley
De este modo, se procede a hacer la revisión del PGOU de Valladolid en 2004, cuando entra en vigor, justo 4 años después de lo establecido en la Ley de Castilla y León, cumpliendo con las condiciones. Sin embargo, no se trata de una revisión propiamente dicho, sino que es una reedición del todo el instrumento de planeamiento, pues la Ley del Suelo, introduce importantes novedades relacionadas con la liberalización del suelo. Se es consciente de que la ciudad camina hacia un futuro de transformaciones, la situación económica creciente es cómplice directo de esta circunstancia. El PGOU1997 ya era ambicioso, y el de 2004 no sólo sigue esa misma línea sino que gracias al nuevo marco legislativo estatal encuentra un camino libre de obstáculos para empezar una década de transformaciones territoriales que darán como resultado la configuración territorial actual de la ciudad de Valladolid. Además de esta nueva perspectiva, el nuevo PGOU2004 introduce correcciones conceptuales, terminológicas y materiales, incorporando nuevos valores y principios, que gracias a la nueva ley adquieren plasmación legal, y que ya se encontraban de una manera implícita en el anterior plan de 1997.
la Ley del Suelo 6/1998 introduce la particularidad de establecer como suelo urbanizable todo lo que no sea rústico o no urbanizable, por tener algún tipo de protección detallada establecido en los instrumentos de planeamiento pertinentes. Esta situación pone a disposición tanto del municipio de Valladolid como de cualquier otro una cantidad enorme de suelo susceptible de ser intervenido y desarrollado para su posterior incorporación al suelo urbano de la ciudad. Se trata de enormes reservas de suelo en la periferia de la ciudad de Valladolid esperando la aprobación de su correspondiente Plan Parcial para su desarrollo.
Para realizar las apropiada gestión de toda esta gran cantidad de suelo, tal y como establece la ley, se diferencia el suelo urbanizable en dos categorías bien definidas, que son el suelo urbanizable delimitado y el suelo urbanizable no delimitado. Una vez delimitados el suelo urbano y rústico de la ciudad, el resto deberá ser urbanizable, dentro de ambas categorías.
TFG 2.jpgEl suelo urbanizable delimitado está dividido en unas áreas correctamente acotadas llamadas sectores, que a su vez quedan divididos en sectores sin desarrollar, y los asumidos, cuya urbanización aún no ha sido realizada o ésta no es conforme al planeamiento y no ha sido aceptada por el Ayuntamiento.
El criterio seguido para determinar esta categoría de suelo ha sido el mantenimiento del suelo ya clasificado como urbanizable en el plan de 1997, que se ha incorporado, de modo que la ciudad tenga la capacidad de absorción del crecimiento previsto para los años en los que esté vigente el plan. Por lo tanto y como se verá en apartados siguientes, se ha de tener clara la diferencia entre qué es un sector y qué es un área homogénea. Los sectores son terrenos ya previstos por el ayuntamiento y que en un crecimiento normal de la ciudad constituyen las reservas de suelo.
Como sectores plenamente urbanizables tienen que ser conformes a las normas que dictamina el Plan General respecto a su aprovechamiento medio máximo y a su densidad máxima de edificación establecida en la Ley de Urbanismo de Castilla y León.
Sectores asumidos y ejecutados. Una vez llevada a cabo su urbanización y ejecución, tras la entrada en vigencia del plan de 2004 estos sectores pasan a formar parte del suelo urbano consolidado, de acuerdo con el planeamiento establecido, estos son Industrial Cabildo Sur (Sector-IA 6); Ribera de Castilla (Sector-IA 11); Caño Morante 4ª fase (Sector-IA 17) (Sector-IA 17); San Adrián Sur–Valparaíso (Sector-IA 33) (Sector-IA 33); Covaresa (Sector-IA 43) (Sector-IA 43); Santa Ana (Sector-IA 39) (Sector-IA 39); Paula López (Sector-IA 40) (Sector-IA 40); Parque Alameda (Sector-IA 37) (Sector-IA 37) y Parquesol (Sector-IA 22) (Sector-IA 22)
Sectores asumidos sin ejecutar, han sido asumidos en el planeamiento pero a la entrada en vigencia del plan aún no han sido ejecutados, son 1. Fuente Berrocal; 2. La Galera; 3. La Victoria; 4. Soto de Medinilla; 5. Viveros; 6. Los santos (Pilarica); 7. Villa del Prado;8. El Pato; 9. Campo de Tiro; 10. Parquesol (zona delimitada); 11. El Palero; 12. Canterac; 13. Las Raposas; 14. Zambrana; 15. La Flecha; 16. Arcas reales; 17. Villas Norte; 18. Pinar de Jalón; 19. Villas Sur; 20. El Peral; 21. El Carrascal y 22. Doctrinos
Sectores de Suelo Urbanizable Delimitado sin desarrollar, aún no han sido desarrollados por carecer todavía de ordenación detallada, son 1. Tres Hermanos; 2. Cenicero;  3. Carretera de Burgos; 4. Industrial Las Cerámicas; 5. Conde Reinoso; 6. Industrial Cuesta del Tomillo; 7. Industrial Casasola; 8. San Isidro; 9. San Juan y Valdezoño; 10. Las Raposas 2; 11. La Florida; 12. Ribera de Santo Domingo, desclasificado; 13. Industrial Jalón; 14. Industrial La Ronda; 15. Industrial Las Arenas; 16. Parque Empresarial Tecnológico Vereda de Palomares; 17. Los Santos 2; 18. Residencial Las Arenas y 19. Conde Reinoso
El suelo urbanizable no delimitado. Se trata de la principal novedad del PGOU2004. El suelo urbanizable no delimitado se divide en 15 grandes áreas de terrenos, llamadas Áreas Homogéneas (AH), estas áreas componen la enorme cantidad de reserva de suelo que el PGOU2004 incorpora a la ya reserva municipal que conformaban todos los sectores. El tamaño de estas Áreas Homogéneas es muy superior al de todos los sectores juntos y todas ellas son susceptibles de ser urbanizadas previo aprobación de la ordenación detallada. La Ley del Suelo de 1998 es la causante directa de la creación de esta nueva figura de ordenación, teóricamente atendiendo a las necesidades de crecimiento de la ciudad, siempre teniendo en cuenta la situación económica actual en este momento. 
La razón de estas nuevas figuras territoriales, es la solución eficaz para llevar a cabo toda la gestión de los nuevos terrenos urbanizables incorporados al PGOU. Existen para cada una de las 15 AH planes de desarrollo sobre papel ya estudiados y pendientes de aprobación bajo pleno municipal y de las declaraciones de impacto ambiental pertinentes para cada caso. De este modo dentro de cada AH está claramente especificado los usos permitidos para el suelo, así como las características edificatorias del mismo, incluyendo las cesiones y las reservas para usos dotacionales y sistemas generales. Son AH 01 Prado Palacio (662,95 ha); AH 02 Las Cañadas(332,52 ha); AH 03 La Lámpara(69,03 ha); AH 04 Arroyo Velilla (143,16 ha); AH 05 Páramo de San Isidro (158,23 ha); AH 06 Fuente Amarga (331,01 ha); AH 07 Las Riberas (387,47 ha); AH 08 Los Argales (419,50 ha); AH 09 La Vega (98,90 ha); AH 10 Valdechivillas (417,50 ha); AH 11 Prado Palacio–Berrocal (152,44 ha); AH 12 La Varga–Berrocal (102,96 ha); AH 13 Navabuena (89,69 ha); AH 14 La Mangadilla (37,24 ha); AH 15 Zamadueñas (10,86 ha); Superficie TOTAL Áreas Homogéneas (3.431,46 ha)
TFG 1.jpgEl motivo de la creación de estas Áreas Homogéneas es administrativo, se ha encontrado en esta figura la mejor forma de gestionar todo el nuevo terreno en la categoría de urbanizable del que dispone el municipio de Valladolid, atendiendo a cuestiones de optimización de recursos y de viabilidad de las actuaciones que en ellas se prevé desarrollar, en 3 cuestiones: la dimensión mínima de los futuros sectores que se puedan delimitar en cada una de estas áreas siempre en conformidad con los requisitos necesarios para su creación, la búsqueda de soluciones que optimicen los servicios urbanos obligatorios, y la modificación de los usos globales.
Por lo tanto estas Áreas Homogéneas son susceptibles de sectorización con el objetivo de establecer en cada una de ellas los criterios y condiciones para su delimitación, ordenación y determinación de Sistemas Generales. Cada una de estas figuras con su respectiva sectorialización se podrá desarrollar una vez se haya aprobado su figura de ordenación correspondiente, en este caso el Plan Parcial. Teniendo en cuenta que el suelo urbano de Valladolid ocupa actualmente unas 3.895 ha, la incorporación de todas las AH a su suelo urbano tras su desarrollo, supondría un aumento del mismo del 87,63%, casi duplicando el tamaño que poseía Valladolid en ese momento.
Para aproximarnos a una idea más tangible y determinada de lo que supone en cifras esta nueva figura de ordenación, al igual que establece el Plan General, siempre dentro de los requerimientos y obligaciones para su desarrollo, se han determinado 2 escenarios hipotéticos por cada 100 ha desarrolladas, uno hace referencia a la mínima densidad posible y el otro a la máxima alcanzable. Escenarios únicamente referidos a las AH, los sectores ya incluidos en el planeamiento no están contemplados, por lo que el cómputo final de vivienda construía podría ser mucho mayor.
Mínima densidad. En este escenario se contempla el desarrollo de las AH como área residencial unifamiliar de ciudad jardín, con una densidad media baja y al menos un 30% de las viviendas sometidas a algún régimen de protección. El resultado es de una población aproximada de 4.400 personas por 100 ha, por lo tanto para el escenario completo, en las 3.413,46 ha a disposición y susceptibles de este escenario, habría lugar para una población de 150.192 personas nuevas.
Máxima densidad. En este escenario se contempla el desarrollo de las AH como área residencial multifamiliar en altura, con una densidad media y al menos un 50% de las viviendas sometidas a algún régimen de protección. El resultado es de una población aproximada de 6.000 personas por 100 ha, por lo tanto para el escenario completo, en las 3.413,46 ha a disposición y susceptibles de este escenario, habría lugar para una población de 204.807 personas nuevas
De la prosperidad a la crisis. Años 2004 – 2014
No era necesario hacer una análisis muy profundo para determinar que el PGOU del municipio de Valladolid estaba desmedido a la situación real, en cuanto a previsiones de crecimiento. No reflejaba una situación de demanda real y respondía a otros intereses que se explicarán más adelante. Sucedió lo que se creía improbable, y es que todas las tendencias se invirtieron dando como resultado una situación completamente nueva en la que los modelos actuales no encajaban, ocasionando con ello una profunda crisis.
Valladolid, al igual que todas las grandes ciudades españolas, y buena parte de los municipios menores, aprovechándose de las ventajosas condiciones que impuso el gobierno desde el año 1997, y haciéndolas totalmente eficaces tras la revisión del PGOU2004, cuando se adaptó a la nueva legislación de suelo, comenzó una política urbanística desmedida que tiene su fase de crecimiento, su máximo alcanzado y una decadencia posterior.
Desde la revisión del Plan general de 1984, la adaptación de 1997 y la modificación del mismo a la Ley 5/1999, se habían concedido licencias para la construcción de una media de 1.582 viviendas/año, que se incrementaron durante los 7 años de vigencia del PGOU del 97 a 2.753 viviendas/año. Sin embargo, desde la revisión del Plan en el año 2004, esta media se incremente hasta alcanzar ese mismo año las 4.539 viviendas. Por lo tanto, comparativamente el número de viviendas construidas en el marco del Plan del 2004 se incrementó un 187% con respecto al Plan de 1984.
Teniendo en cuenta el desarrollo de los sectores de suelo urbanizable hasta el año 2004, previos a la creación de las áreas homogéneas, existentes a partir de este año, el desglose de las licencias concedidas para la construcción de nuevas viviendas en el intervalo 1997 – 2004 queda de esta forma: 1997 (22 licencias para 1.191 vivs), 1998 (41 licencias para 2.542 vivs), 1999 (28 licencias para 706 viv), 2000 (51 licencias para 2.598 viv), 2001 (27 licencias para 1.141 viv), 2002 (24 licencias para 1.064 viv), 2003 (36 licenicas para 1.504 viv), 2004 (55 licencias para 3.412 viv). En total 284 licencias para 14.156 viviendas (5o viviendas/licencia de media).
El incremento del número de licencias concedidas por año se mantuvo estable, alcanzando en el año 2007 las 519 licencias concedidas para la edificación de 11.387 nuevas viviendas.
Y en 2012 llega la Revisión del PGOU 
El modelo urbanístico adoptado en los primeros años de la década de los 2000, en concreto tras la Ley del Suelo de 1998 y las posteriores aprobaciones de los instrumentos de planeamiento general suscritos a la misma, como es el PGOU2004 de Valladolid, han quedado completamente desacreditados y deslegitimados, no solamente por la opinión pública sino también por parte de las administraciones. Sin saber muy bien el camino a tomar pues los hechos son confusos y aún ha pasado poco tiempo para explicarlos en profundidad y juzgar cuál es lo más correcto, lo único que está claro es que hay que tomar otro camino diferente, que, por un lado, trate de paliar o minimizar los efectos producidos por la gran crisis desatada por la elección de un modelo erróneo o más bien por la toma equivocada de sus preceptos, y por otro lado que trate de evitar que estas mismas situaciones acaecidas entre los años 1997 y 2012 se puedan volver a repetir en el futuro, aunque este punto se torna mucho más inexacto y es difícil plasmarlo en un documento que fidelice unas actuaciones que no se sabe cómo afectarán al futuro del urbanismo.
El descrédito obtenido y el fracaso de los indicadores tanto económicos como sociales y políticos, enmarcados en un cambio de gobierno con consecuencias palpables en la sociedad y por lo tanto en las vías urbanísticas, determinan que el modelo establecido en la Ley del Suelo de 1998 se ha de erradicar por completo, cortando de raíz y dando un giro completo a la orientación de las políticas de hacer ciudad y en su influencia en las sociedades. Si la ley mencionada ponía a disposición grandes cantidades de suelo para paliar el alto precio de la vivienda en esa época ante la escasez de demanda, la situación ahora es completamente distinta: existe una gran cantidad de oferta, pues muchos de los planes parciales proyectados en 2004, como hemos visto, se han llevado a cabo, una demanda más bien escasa debido sobre todo al aún todavía alto precio de las viviendas, a la pauperización del español medio a consecuencia de la crisis económica, y a la desconfianza que toda esta situación ha creado en los posibles compradores de vivienda; y una situación económico–financiera poco favorable para la recuperación de los mercados inmobiliarios, que se encuentran aún sumidos en profundas crisis con grandes cantidades de deuda que difícilmente podrán pagar aún vendiendo todos sus activos inmobiliarios que poseen.
A calor de estos acontecimientos, se hace inevitable el llevar a cabo un giro de 180 grados en las políticas urbanísticas, y por ello, desde el gobierno central se promulga una nueva ley de suelo que trate de encauzar esta desmedida situación. De este modo el Senado aprueba el Real Decreto Legislativo 2/2008, de 20 de junio, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Suelo, publicado en el BOE núm. 154 de 26.6.2008. Esta nueva ley entra en vigencia el 27.6.2008, y está desde el 13.12.2013 en revisión. 
Esta ley sustituye a la Ley 6/1998 de Régimen de Suelo y Valoraciones. La principal característica es que vuelve a establecer un restricción en cuanto a la oferta de suelo, de este modo no clasifica urbanísticamente el suelo, sino que únicamente considera 2 situaciones básicas del mismo, que son suelo rural y suelo urbanizado (art. 12), siempre en función de las características de los mismos. Del mismo modo la ley no elimina la transformación de suelo rural a suelo urbanizado mediante la urbanización, por lo que se puede mantener la categoría de urbanizable y la ejecución del planeamiento que lo prevea.
Sin embargo, dentro del marco del suelo urbanizable, esta ley introduce el punto que marca la gran diferencia con su predecesora, y es que solamente puede clasificarse como urbanizable el suelo preciso y necesario para satisfacer la necesidades que lo justifiquen. Así, se pone fin a la excesiva oferta de suelo, reduciéndolo únicamente a lo necesario y recortando el espacio especulativo. No obstante no es una ley exenta de polémica, pues surge la duda de qué hacer con todo el suelo que anteriormente a la ley del 1998 era rústico y que pasó después a urbanizable, si debiera continuar siendo urbanizable (lo cual no estaría acorde a lo que dice la ley sobre necesidad justificada) o debe ser devuelto a suelo rústico con lo cual miles de promotoras y propietarios perdería muchísimo dinero por haber adquirido esos suelo en una categoría con unas plusvalías muchísimo mayores, además de los consiguientes problemas judiciales a los que se enfrentaría.
El PGOU2004 de Valladolid hizo una división, como ya se ha visto con anterioridad del Suelo Urbanizable no Delimitado en 15 ámbitos, a saber, “Las Areas Homogéneas”, para concretar los ámbitos en los que se podrían  desarrollar futuros sectores, dentro de esta enorme bolsa de suelo que se puso a disposición. El PGOU establecía para cada uno de estos ámbitos o áreas unas condiciones básicas de desarrollo y delimitación, entre las que encontramos superficies, edificabilidades y otras variables, así como la asignación de Sistemas Generales. Una vez se publicó dicho PGOU, sobre estos ámbitos se han ido tramitando diversos instrumentos urbanísticos destinados a la delimitación de estos sectores o al establecimiento de una ordenación detallada. Con la revisión del PGOU de 2012, dentro de la legislación urbanística, la categoría de Suelo urbanizable no Delimitado fue suprimida; de este modo, la necesidad de asimilación de éstos ámbitos a un nuevo régimen legal, pues quedaban excluidos del mismo tras esta reforma, rústico o urbanizable, se encuentra condicionada por el grado de delimitación de los sectores. Así, se distinguen 3 situaciones diferentes para estas Áreas Homogéneas.
Áreas Homogéneas con delimitación aprobada definitivamente
A esta categoría pertenecen aquellas Áreas Homogéneas con ordenación detallada aprobada definitivamente, y por tanto, pasan a formar parte de la categoría Suelo Urbano Delimitado. Son 3 áreas: AH1 Prado Palacio, AH5 Páramo de San Isidro (Sector 53), AH7 Las Riberas. Las 3 AH han sido aprobadas mediante un Plan Parcial, y permanecerán en el desarrollo previsto en el PGOU 2012.
Todos proyectos aprobados de urbanización para estas áreas se encuentran recogidos en planes parciales propios elaborados en su mayor parte por empresas privadas ajenas al Ayuntamiento, por encargo del mismo.
Atendiendo a las características de estos ámbitos, el desarrollo de los sectores aprobados suponen la transformación de 1.222 ha de suelo, con una edificabilidad de 3Mm2, lo que se traduce en la creación de 29.000 nuevas viviendas que pasarán posteriormente a ocupar el Suelo Urbano de la ciudad.
Áreas Homogéneas con procedimientos de delimitación del sector en curso
Dentro de esta categoría estarían recogidas todas las Áreas Homogéneas cuyos procedimientos de limitación de sectores para la aprobación posterior de Planes Parciales que conduzcan al desarrollo de los mismos, se encuentra en el momento de la revisión del plan en trámite, y por lo tanto conforme a la definición del art. 12 del RDL 2/2008 por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Suelo, estos ámbitos pertenecen a la categoría de suelo rural. 
Las AH que quedan dentro de esta categoría son: AH6 Fuente Amarga–Laderas de esgueva, AH8 Los Argales (este), AH10 Valdechivillas, AH11 Prado Palacio–Berrocal, y AH12 La Varga-Berrocal.
Áreas Homogéneas que no han iniciado la delimitación de sectores
En esta categoría se encuentran el resto de las Áreas homogéneas, las cuales han sido objeto de estudios previos y/o algún tipo de actuación urbanística, pero que no han hecho la delimitación de sectores o esta ha sido denegada, ni tampoco se encuentra en trámite al momento de la revisión. Dentro de las AH que han iniciado algún procedimiento pero ha sido denegado o escaso se encuentran: AH2 Las Cañadas y AH3 La Lámpara.
El resto de las AH no han iniciado ningún tipo de tramitación, por lo que al igual que con las dos anteriores y en base al art. 12 del RDL 2/2008 por el que se aprueba el texto refundido de la Ley del Suelo, cuyos preceptos es encuentran en el punto anterior, pasan a formar parte de la categoría de suelo rural. Estas Áreas Homogéneas son: AH4, AH9, AH13, AH14, y AH15.
Por lo tanto, el ambicioso proyecto de las grandes reservas de suelo urbanizable que se estableció en el PGOU de 2004, más de 3.000 ha en total con capacidad para 100.000 viviendas nuevas, se queda en el papel y es desechado definitivamente, al quedar demostrado que no corresponde a una demanda real y no hay justificación alguna para su desarrollo. De las 15 Áreas Homogéneas que ocupaban la totalidad del municipio de Valladolid, únicamente se mantienen 3 de ellas, mencionadas anteriormente, ya no con esa categoría sino dentro de Suelo Urbano Delimitado, el resto de AH dejan de existir y su consideración pasa a la anterior habida antes de su creación, el suelo rural.
Sin embargo esta acción no está exenta de polémica, puesto que al tratarse de Suelo urbano no Delimitado, se han llevado a cabo enormes inversiones sobre el mismo que superan los 350 millones de euros, pues al tratarse (previo a la revisión del PGOU 2012) de suelo urbanizable, el valor del terreno es mucho mayor que el de un suelo rural común, por lo tanto muchos propietarios de estos terrenos, el 70% son entidades financieras y el Sarev o el banco malo, han visto como por un terreno por el que pagaron cantidades astronómicas debido a su posibilidad de urbanización y sacar beneficio por ello, ahora solamente poseen un terreno rural cuyo valor es mucho menor y la urbanización no es posible, a pesar de que con la compra, se incluían los derechos de edificación. Actualmente lo derechos de urbanización adquiridos como tales en terrenos que según la nueva legislación vigente deberían ser rústicos, están siendo prorrogados anualmente, ya que darlos por vencidos provocaría un caos económico de consecuencias muy impredecibles, por lo tanto la solución es alejar el problema, pero sin encontrar una solución, ya que parece poco coherente que se prorroguen unos derechos en base a una legislación que ya no existe porque en el marco de la nueva esos derechos ya no existen.
Existen varios aspectos que delimitan las líneas de actuación en materia de urbanismo en un documento como un Plan General, dando como resultado varios enfoques a los que hacer ciudad y afrontar la ya existente, entre ellos encontramos enfoques expansivos, renovadores, innovadores etc. La línea seguida hasta el años 2012 fue sin ninguna duda una línea de carácter expansivo y de manera extrema además avivado por las buenas condiciones económicas y en cuanto a legislación. No obstante un plan expansivo requiere quizá de mucha más lógica, pues son muchas las variables a analizar a la hora de actuar, ya que es fácil equivocarse o no obtener el resultado esperado, pero precisamente eso es lo que no tuvo el de 2004, se podría decir que fue “rápido y mal” aunque muy concreto en donde más interesaba que eran esas grandes reservas de suelo que tanto dinero iban a aportar. El expansionismo salvaje de estos años ha acabado por desacreditar ese modelo hasta tal punto que parece que lo contrario, es decir la no expansión (con renovación o sin ella) sea el modelo más apropiado. En el PGOU de 2012 no esta muy claro todavía el enfoque que se le va a dar, pero probablemente sea una mezcla entre todos ellos, porque en realidad siempre es necesario un pequeño enfoque expansivo, pues la ciudad inevitablemente necesita crecer constantemente, si bien es cierto que el paradigma de la renovación urbana como contraposición al expansionismo extremo suena muy atractivo y populista, este no es el camino correcto, pues una ciudad enfocada en la renovación sería una ciudad muy inaccesible a gran parte de la población por sus altas plusvalías que estarían repercutidas en el precio final de la vivienda. Se trata entonces, de buscar el equilibrio entre estas políticas y de algún modo retornar a los modelos anteriores al PGOU 2004, cuando la ciudad de Valladolid crecía y de hecho creció mucho con los barrios de Parquesol, Covaresa etc, pero a la vez muchas zonas entonces degradadas como lo era el centro históricos vivieron un enorme proceso de renovación, pero en equilibrio con lo demás.
Es visible entonces, que el PGOU 2012 responde a la realidad, y trata de paliar los efectos de su predecesor así como de la crisis económica, ajustándose de una manera mucho más austera a los intereses de la ciudad, es un documento mucho menos ambicioso en el que el camino tomado ya no es solo el expansivo o en mucha menor medida, sino que fomenta otras actuaciones de una manera más palpable como la renovación de lo existente y la búsqueda de la sostenibilidad no solo ambiental sino económica, cosa que en el anterior plan se pasó por alto debido a la situación presente y que ya ha sido explicada.
areas-homogeneas

Areas Homogéneas en el PGOU 2012 – VALLADOLID

Centrándose más en la ciudad de Valladolid, que es un ejemplo más de tantos que se repiten por toda la geografía del país, y posiblemente no de los mejores ejemplos aunque sí uno muy claro, se aprecian con claridad todas estas transformaciones. De haber continuado con el PGOU de 2004 y la burbuja seguir hinchándose, en la actualidad Valladolid sería una gran ciudad de más de medio millón de habitantes, y si además se tiene en cuenta todo lo planeado por otros municipios en su área metropolitana, esta población podría ser mucho mayor. Suena ridículo que una ciudad de 311.000 habitantes (2013) que pierde población pudiera alcanzar eso en los próximos años. Es evidente que la demanda no era el motor de estas actuaciones, lo era el dinero, los ingresos limpios con los que pagar otros agujeros de la ciudad o macro proyectos como el soterramiento del ferrocarril, autovías, ampliaciones del aeropuerto, un nuevo estadio, nuevos centros comerciales etc. Esto no fue ningún secreto, y hasta se decía que toda esta nueva gente vendría de fuera, no del propio crecimiento de la ciudad, se decía que Valladolid se convertiría en una ciudad altamente atractiva al turismo, a los negocios y a gente que pudiera trabajar en otras ciudades y vivir en Valladolid. Este discurso hasta se llegó a creer, quién no iba a creer algo tan brillante si todo iba tan bien. El problema es que este discurso fue repetido en todos los sitios, y la realidad fue bien distinta. Afortunadamente, y aun siendo mucho lo construido durante estos años en la ciudad, gran parte de lo cual, como era de esperar, esta vacío sin compradores o embargado, no se ha llegado a construir ni la mitad de lo que se tenía en mente, la burbuja explotó a tiempo, al menos en la ciudad de Valladolid en comparación con otros municipios españoles. Aún así es fácil ver los restos de este modelo por cualquier parte de la ciudad, grandes barrios de bloques con las ventanas completamente cerradas en medio de ningún sitio, carteles donde venden propiedades a precios realmente bajos (en comparación con lo que hemos estado acostumbrados a ver estos últimos años),  enormes estructuras que pretendían ser nuevos bloques de viviendas pero que el estallido les pilló en plena construcción y así quedaron y permanecen etc.
Esta situación nos deja un inevitable sentimiento de vacío y de rabia, ¿cómo es posible? ¿si es tan evidente por qué no lo veíamos? Sin duda es una reflexión interesante. Quizá el modelo de hacer todo el suelo urbanizable no era erróneo por definición, pues como ya se explicó la lógica era sencilla, pero como en muchas otras ocasiones, de ideas buenas se hacen cosas estúpidas. Según mi punto de vista es evidente que había un exceso de suelo, pero que en cierto modo era necesario que lo hubiera. Lo que faltó fue una programación detallada de los desarrollos urbanísticos en Valladolid, deberían haberse fijado unas fechas para el desarrollo de las Áreas Homogéneas a largo plazo, pues fue el carácter precipitado y descabezado el que hizo caer el modelo por su propio peso.
Giraldo Capellán, Antonio.2014. La nueva ciudad de Valladolid prevista en el PGOU de 2004: Del optimismo inmobiliario a la crisis. Universidad de Valladolid. Facultad de Filosofía y Letras. Grado de Geografía y Ordenación del Territorio.
Estructura general.jpg

Estructura general – VALLADOLID 2016

El nuevo mapa de ordenación del territorio de Castilla y León incluye un total de 193 áreas funcionales de las que 177 están en el ámbito rural mientras que 16 pertenecen al ámbito urbano, tras la inclusión de Benavente en las áreas funcionales estables. El nuevo mapa de ordenación incluye 193 áreas funcionales y garantiza el mantenimiento de centros y servicios esenciales anteproyecto de Ley por el que se aprueba el mapa de unidades básicas de ordenación y servicios del territorio de Castilla y León que llegará a las Cortes, en principio, a mediados del mes de diciembre y modifica tanto la Ley de Ordenación, Servicios y Gobierno del Territorio como la que declaró las áreas funcionales estables, permite culminar el proceso de ordenación del territorio de Castilla y León y garantiza por ley tanto la prestación de los servicios públicos esenciales como el mantenimiento de los centros. Y ya han pasado 3 años para desde la Ley 7/2013. La Junta de Castilla y León quiere seguir impulsando activamente uno de los grandes proyectos del Gobierno de esta Comunidad Autónoma para la presente legislatura, el nuevo modelo de ordenación del territorio, siendo necesario para ello desarrollar las previsiones contiendas en la Ley 7/2013, de 27 de septiembre, de Ordenación, Servicios y Gobierno del Territorio de la Comunidad de Castilla y León.

11Valladolid_y_Laguna_de_Duero.jpg

Area funcional Estable – VALLADOLID (2014)

De 2014 es el último Informe de la Actividad Urbanística en el término de Valladolid, desde la Concejalía de Urbanismo, Infrestructuras y Vivienda. 

“…La información contenida en este informe anual 2014 pretende no sólo dar cumplimiento al reglamento, sino también, y sobre todo, proporcionar un instrumento de conocimiento de la actividad urbanística en nuestro municipio, una herramienta básica de transparencia y formación del criterio de los ciudadanos en este ámbito que contribuya a una correcta y fundamentada participación social en las decisiones urbanísticas…”
Un pequeño análisis nos muestra como la actuación urbanística ha disminuido y no tienen lugar desarrollos urbanísticos en Suelo Urbanizable. Se trata de pequeñas operaciones en Suelo Urbano. Cabe destacar la aprobación definitiva del Plan Especial del Campus de la Justicia, promovido por el Ministerio de Justicia.
Se han tramitado un total de 7 Estudios de Detalle, cuyo ámbito de actuación se limita a una o dos parcelas. Así mismo prácticamente todas las modificaciones de PGOU, 12 en total, son en esta categoría de suelo. Son modelos de Ordenación General. Y es que en 2014 se habían concedido 20 licencias de uso residencial para 130 viviendas…

Y es que desde 2009 la ciudad parece haber caído en un letargo muy pronunciado.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

En 1998 se publicó el libro “Avance de Directrices de Ordenación Territorial de Valladolid y Entorno”, en el que se recogían sintéticamente los trabajos realizados para la realización del que ha sido el primer documento de planificación espacial y alcance regional aprobado en Castilla y León. Ya explicaba qué tipo de realidad territorial y urbana era Valladolid, y de su lectura podemos deducir que lo fundamental del diagnóstico permanece válido. Lo que entonces se detectaba como dinámica incipiente ha sido confirmado con el tiempo: el papel central de Valladolid, fortalecida desde entonces en sus funciones de capitalidad, en su rol logístico y territorial, mejor equipada como ciudad y con infraestructuras de transporte muy mejoradas -las rondas, cuya construcción ha sido sin duda lenta-; y la consolidación de Valladolid y su Entorno como una cuenca de vida y empleo, un proceso en marcha de definición de interacciones urbanas y territoriales que da forma a lo que podemos seguir denominando “Area Metropolitana” en formación.

SISTEMA URBANO CYL.jpg

Sistema de ciudades de Castilla y León.

area metropolitana.jpg

“… Confirmando una doctrina jurisprudencial en la que las ilegalidades urbanísticas del Ayuntamiento de Valladolid y la Junta de Castilla y León han sido las grandes protagonistas, por sentencia de 13.1.2016, el Tribunal Supremo ha confirmado la previa de 14.10.2014 de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Castilla y León, que anuló el Plan Parcial del Área Homogénea 1 “Prado Palacio”, donde estaba prevista la construcción de hasta 15.687 nuevas viviendas sobre una enorme superficie de 664 ha sin servicios y completamente desconectadas de la ciudad.
Queda así definitivamente anulado el acuerdo de la Comisión Territorial de Urbanismo de Valladolid de 18.9.2009, adoptado “in extremis” por este órgano colegiado de la Junta de Castilla y León el último día con vigencia de la antigua Ley de Urbanismo, para intentar evitar que dicho Plan Parcial tuviera que justificar su necesidad e idoneidad con arreglo a la nueva normativa urbanística estatal y autonómica.
Ese mismo día, en una jornada frenética de actividad inmobiliaria, se aprobaron las también anuladas judicialmente Normas Urbanísticas Municipales de Mucientes, con capacidad para 6.800 nuevas viviendas, y las casi 9.000 viviendas previstas en el Plan Parcial del Área Homogénea 7 de Valladolid, con sentencia del Tribunal Supremo. Un mes más tarde, la misma Comisión autorizaba también ilegalmente las 14.000 nuevas viviendas del Plan General de Ordenación Urbana de Tudela de Duero, también anulado judicialmente.
Al igual que en las sentencias anteriores sobre las Área Homogénea 5 (Páramo de San Isidro), el Área Homogénea 7 (Las Riberas) y el Área Homogénea 11 (Prado Palacio-Berrocal) del PGOU de Valladolid, los Tribunales entienden que “no se ha justificado en absoluto la conveniencia de desarrollar el sector o la conveniencia de la transformación urbanística de los terrenos y más en particular que no se ha justificado que exista en Valladolid la necesidad de ampliar el suelo con destino residencial y especialmente que sea necesaria la construcción de casi 9.000 viviendas más”.

En opinión de los ecologistas, un argumento de sentido común…”

“…Por ello, los ecologistas reclaman al Consejero de Fomento de la Junta de Castilla y León que pase página de la etapa del urbanismo salvaje y “a la carta” derivado de la antigua Ley de Urbanismo. Y al Ayuntamiento de Valladolid le piden que agilice la Revisión del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), procediendo a reclasificar como suelo rústico todas las Áreas Homogéneas, concentrando en la ciudad existente las actuaciones que se prevean, siempre con prioridad a la cada día más necesaria rehabilitación de los barrios.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El Excmo. Ayuntamiento Pleno, en sesión celebrada el día 25.2.2015, acordó aprobar inicialmente el expediente número 67/2012, relativo a la Revisión del Plan General de Ordenación Urbana de Valladolid, promovido de oficio por este Ayuntamiento.

“…En un contexto de crisis económica y, en particular, de profunda crisis del sector inmobiliario, contexto cargado de incertidumbre, es imprescindible facilitar la actividad urbanística responsable y creativa, más allá de su dependencia del complejo contexto jurídico que condiciona dicha actividad en nuestro país. Con la perspectiva de un nuevo modelo urbano, que aspira a sustituir un ‘urbanismo expansivo’ por un ‘urbanismo de la transformación’, de acuerdo con las reformas de la legislación urbanística realizadas, los trabajos de redacción de la Revisión han respetado los resultados del planeamiento hasta ahora vigente, teniendo en cuenta las situaciones heredadas y las culturas urbanísticas locales, guiándose por la defensa del interés colectivo y buscando que el urbanismo sirva con equidad al conjunto de los ciudadanos de Valladolid y a la mejora de su calidad de vida…” 
“…La búsqueda de un urbanismo más responsable con el medio ambiente y con los entornos social y económico, orientan una Revisión que trata de ser fiel a la realidad de la ciudad construida, a sus espacios consolidados o en proceso de consolidación y a los valores del territorio municipal, moderando expectativas y acentuando las oportunidades de transformación urbana mejor fundadas…”
La Revisión se orienta hacia la ciudad existente, con un proyecto de futuro ligado a su mejora sistémica. El primer paso va a estar en un proyecto ambicioso de regeneración urbana que, inserto en lo urbano cotidiano, permita la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos de Valladolid.
Tras evaluar diferentes alternativas que orientaran la Revisión, el impulso de la regeneración urbana se comprueba como estrategia global más solvente, tanto por la coyuntura hoy dominante como por la necesidad de cerrar un modelo urbano que, iniciado con el PGOU de 1984, puesto en evidencia con el reciente cierre de la Ronda Exterior (VA-30), necesita reconsiderar sus límites y reconducir el esfuerzo urbanizador con garantías de calidad y eficiencia hacia espacios inacabados y proyectos estratégicos.

plano-1-valladalid-areas-peatonales

Un alcalde imputado frente a un pueblo que se organiza. El polémico León de la Riva (PP) ha dirigido un Consistorio condenado por la Justicia en una ciudad donde crecen cada vez con más fuerza iniciativas sociales y vecinales.
Declaraciones políticas extemporáneas. Actuaciones caciquiles que rayan la ilegalidad y que acaban en el juzgado, cómo en el caso del alcalde, Francisco Javier León de la Riva (PP). Decisiones judiciales que no son acatadas Y una administración de espaldas a una ciudadanía que busca formas alternativas de organizarse.
Valladolid lucha por encontrar su sitio en medio de una crisis institucional de primernivel, la capital de Castilla y León – aunque no figure como tal en el Estatuto de esta Comunidad Autónoma es una localidad viva, con alma, en la que se nota la actividad económica y empresarial, a pesar de la crisis.
Las “andanzas” de León de la Riva han dado una relevancia indeseada a la ciudad. Él fue quien afirmó “tener reparo” al entrar en un ascensor con una mujer a solas por si se “arranca el sujetador o la falda y sale gritando”. Por suerte, los vecinos logran abstraerse de los exabruptos y siguen con su vida, buscando soluciones para un área urbana que ha sufrido una importante pérdida de población en su territorio, debido, sobre todo, al retorno de inmigrantes a sus países de origen.
Huertos comunitarios. La Huerta sin Puerta, en el barrio de La Victoria, es uno de esos ejemplos de organización desde abajo, como explican desde el portal de noticias Último cero. Es un huerto comunitario que nació el 1 de julio de 2012. Los impulsores recuerdan que les movió la preocupación por los problemas de una alimentación agresiva con las personas y con el medio ambiente. Ahora gestionan una parcela de 150 m2 y han creado un grupo de consumo. Su ejemplo empieza a propagarse por otras zonas de la ciudad Pajarillos, Villa del Prado, Belén y Rondilla son barrios que ya tienen sus propias huertas comunitarias. Otro ejemplo de organización es el de la biblioteca libre {entre} líneas, gestionada por los vecinos del barrio España . Ante la falta de una biblioteca municipal, 15 voluntarios unieron sus fuerzas para abrir un centro de lectura en el antiguo colegio Conde Ansúrez. Nacieron en 2013 con 1.630 libros y tienen ya un fondo que supera los 12.000 ejemplares.
Valladolid está a la expectativa de ver cómo el próximo gobierno local culminará algunas obras que cambiarán su fisonomía, como el traslado de los talleres de Renfe al páramo de San Isidro. La oposición exige más transparencia en esta operación urbanística de gran envergadura. También ha llegado el momento de ver cómo acabará la rehabilitación del polígono 29 de Octubre, en el barriode los Pajarillos, pendiente desde hace 5 años.
Cercanías: una radiografía diferente de nuestras ciudades. Diagonal-La Marea 2016

Con el escenario actual, y sembrada la incertidumbre con las área homogéneas (a la espera de sentencias judiciales que acabarán tumbando las inversiones en suelo “en expectativa”), la sensatez apuesta por las 3R (rehabilitar, regeneración y renovación urbana). Pero, con todas las grandes inversiones en infaestructuras hechas y el crecimiento del alfoz de Valladolid, acabará despoblándose el mundo rural en muchos kilómetros a la redonda, o sencillamente dejando que el envejecimiento de su población acabe recluyendo en residencias de ancianos cualquier espacio (rural o urbano). La intensidad de atracción del gran Valladolid abarca ya territorios fuera de su provincia (Palencia) y la amenaza de las bajísimas densidades territoriales atemoriza , aterroriza cualquier planeamiento territorial más allá de las grandes areas urbanas. El territorio en sus más exagerados extremos es una tendencia realista cuando no se hace nada para cambiar la situación. El diagnóstico es aterrador, y no faltan precisamente estudios ni informes ni especialistas en el territorio de Castilla y León. Pero la tozudez del mercado y las estructuras territoriales provocan discordancias nunca bien resueltas. La coordinación territorial más allá del gran Valladolid es una competencia municipal casi “de rapiña”, sino no se entenderían crecimiento poblacionales, planamientos urbanísticos sin escala en municipios de la corona de Valladolid que apenas hace 20 años no tenían expectativas de superviviencia.

Nuevos tiempos, nuevas propuestas. Pese a no haber sido seleccionado su proyecto INNOLID 202 en la última convocatoria de los fondos FEDER, los objetivos estratégicos son importantes, 

  • Objetivo 1: ordenación urbana y mejora de la calidad urbana y paisajística.
  • Objetivo 2: búsqueda de un modelo de ciudad socialmente equilibrada.
  • Objetivo 3: regeneración de las infraestructuras de la ciudad bajo premisas de eficiencia y racionalización energética.
  • Objetivo 4: disminución de las emisiones de CO2 y racionalización de la movilidad en el área urbana.
  • Objetivo 5: construcción de un ecosistema de innovación, como polo tractor de “talento”.
  • Objetivo 6: oferta integrada de servicios a los ciudadanos

Hoy Valladolid tiene una población de 303.905 habitantes y un parque residencial edificado de 154.998 viviendas de las cuales 3.030 son unifamiliares (el 1,95%). Viviendas anteriores a los 60′ aún existe un 7,5% del total, datando de los 60′ 40.411 viviendas (el 26,1%), de los 70′ son 37.911 vviendas (el 24,5%), de los 80′ son 19.292 viviendas (el 12,4%), de los 90′ son 18.910 viviendas (el 12,2%) y de la década prodigiosa 2000-2009 son 24.778 viviendas (el 16,1% del total).


Cada mercado es local.

Cada municipio tiene su singularidad.

Cada municipio se retrata en su parque residencial.


…seguiremos analizando en próximas entregas los 250 municipios mayores de España

CARTAGENA, según Catastro, a 1.1.2015 por tamaño y fecha.

 

tabla-total-artagenatabla-total-cartagenaEstos gráficos representan el Parque Residencial de CARTAGENA, Murcia.

Son los Bienes Inmuebles, de uso VIVIENDA, matriculados a 1.1.2015, clasificados por tamaño y fecha de inscripción.

Cada barra horizontal representa una década, la inferior es la más reciente (2010-2014), y la superior la más antigua (<1900).

Cada color es un tamaño, del más cálido (<60 m2) al más frío (>180 m2).

La barra inferior (DELVI) representa el cálculo hecho desde Otropunto de la Demanda Latente de Vivienda (la demanda latente se configura por las personas que no tienen vivienda y que por su perfil sociológico (edad) y socioeconómico (no están en desempleo) son potenciales compradores). Es una estimación del número máximo de vivienda que constituye la demanda encubierta de una zona y se basa en las personas con el perfil de los actuales compradores de vivienda pero que todavía no han constituido un hogar.

cartagena-delvi-total
cartagena-piramide

tabla total CARTAGENA edad+tamaño edificacion.xls.jpg
cartagena-catastro-2014-2016cartagena-ine
cartagena-alquiler

Son datos fríos, sin cocinar.

Información para la toma de decisiones.

Información para el conocimiento.


cartagena-ge7Cartagena es una ciudad y un municipio de 558.08 km2  junto al mar Mediterráneo en la comunidad autónoma de la Región de Murcia. La ciudad es la sede de la Asamblea Regional, órgano legislativo de la Comunidad Autónoma, y capital municipal. Se encuentra al sur de la llanura denominada Campo de Cartagena, comarca natural que forma su área metropolitana y que cuenta con una población total de 409.586 habitantes.

El término municipal de Cartagena constituye un gran plano inclinado con dirección NO-SE limitado al norte por la rambla de El Albujón, al sur y al este por el mar Mediterráneo y al oeste por los Cabezos del Pericón y Sierra de los Victorias. Linda al N con Murcia (pedanía de Lobosillo), y Torre-Pacheco, al E con La Unión, al O con Mazarrón, al NO con Fuente Alamo de Murcia y al NE con Los Alcázares y San Javier.

cartagena.jpgSu término municipal se estructuran en diversas localidades y caseríos dispersos que se administran bajo la figura de las Diputaciones. Dentro de ellas hay numerosos barrios, barriadas y caseríos. Además el casco urbano cuenta con numerosos barrios. Los barrios de Cartagena se agrupan en las siguientes diputaciones: Casco Antiguo, San Antonio Abad, El Plan, La Magdalena, Canteras, Santa Lucía, San Félix y El Hondón. Otros núcleos de población del término municipal se agrupan en las siguientes diputaciones: Rincón de San Ginés, El Algar, La Palma, Pozo Estrecho, El Albujón, La Aljorra, Perín, Beal, Santa Ana, Miranda, Lentiscar, Los Puertos de Santa Bárbara, Campo Nubla, Alumbres, Escombrera, Los Médicos, El Plan, La Magdalena y San Félix.

mapa_diputacionesCT.jpgPor lo que se refiere a la ciudad en sí, el casco histórico de ésta se encuentra flanqueado por 5 pequeñas colinas (Molinete, Monte Sacro, Monte de San José, Despeñaperros y Monte de la Concepción) que en origen formaban parte de una península que a su vez cerraba un estero conocido entonces como Mar de Mandarache, y la actual bahía en la que la ciudad se abre al Mar Mediterráneo, un espacio resguardado entre las estribaciones montañosas de San Julián y Galeras, montes entre los que se sitúa la entrada al puerto de la ciudad. El antiguo mar interior se desecó y sobre el mismo se construyó, ya a comienzos del siglo XX, el ensanche de la ciudad.

Cartagena 3D.jpg

El espacio urbano está delimitado o atravesado por varias ramblas, alguna de las cuales, como la Rambla de Benipila se introducen, durante buena parte de su trazado, en la trama urbana, aunque en menor medida desde que fue encauzada en el siglo XVIII.

Cartagena es una de esas ciudades donde puede leerse de manera clara su historia (incluso algunos episodios de escala mayor, claves para el país o el área mediterránea) a través de su forma urbana. El lugar elegido por los fenicios para la fundación de Qart-Hadasht (ciudad nueva), sobre el asentamiento íbero de Mastia Tartesis, lo fue por razones geográficas obvias: un puerto natural muy seguro y paso natural de las rutas entre el levante y el sur peninsular. Tras la conquista de la ciudad, como en muchas otras partes del mediterráneo, los romanos, en su afán de reproducir la ciudad eterna -una y otra vez a lo largo de su imperio-, situaron entre las cinco colinas el cruce de los ejes fundacionales, tras recorrer la llanura litoral, medio pantanosa, medio desértica, donde sobresalían la mole marmórea y aislada del Cabezo Gordo (312m) y el volcán del Carmolí (111m).

Cartagena GE3.jpgCartagena, asentada en el fondo de la bahía que le da nombre para cumplir a la perfección con la primera función que le asigna la historia, ocupa una posición estratégico-militar y comercial de gran valor. Esta razón, junto a la riqueza minero-metalúrgica de su sierra, la convierten en vía de penetración del conjunto de pueblos que dominan las mejores páginas de la protohistoria, para más tarde convertirse en cabeza de puente en Europa del Imperio de Carthago. La conquista por los romanos y la posterior romanización la transforman en una activa zona comercial. También será plataforma militar en sucesivas circunstancias en torno al poder musulmán del norte de Africa. En momentos más próximos se acomodan las miras políticas sobre el Mediterráneo, para pasar a convertirse en gran boca de salida de las exportaciones de materias primas. Por último, cuando el tráfico del petróleo por el Mediterráneo alcanza proporciones importantes, esta posición estratégica respecto de las principales rutas le confieren un nuevo valor, que sufrirá las vicisitudes propias de las políticas energéticas mundiales.

1Cartagena digital.jpg

CARTAGENA – Modelo digital

La ciudad de Cartagena fue fundada como Qart Hadasht por el cartaginés Asdrúbal el Bello en el año 227 aC, sobre un anterior asentamiento ibérico o tartésico, tradicionalmente identificado como Mastia. La ciudad conoció su apogeo durante época romana, con el nombre de Carthago Nova, época en la que fue capital de provincia tras la división administrativa de Diocleciano. Tras la desaparición del imperio romano, Cartagena, con el nombre de Carthago Spartaria, formó parte de los dominios bizantinos en la península ibérica, de la que fue uno de sus más importantes ciudades y acaso su capital, resultando destruida tras su toma por los visigodos. Tras ello, Cartagena entró en un periodo de decadencia que no fue revertido hasta bien entrada la edad moderna. A partir del siglo XVI se potenció el papel militar de Cartagena debido a la importancia estratégica de su puerto, y en el siglo XVIII se convirtió en capital del Departamento Marítimo del Mediterráneo. En el siglo XIX, incluida en la provincia de Murcia desde 1833, vivió las vicisitudes del sistema liberal español con episodios como la insurrección de 1844 o la rebelión cantonal de 1873.

Desde finales del siglo XIX y durante el siglo XX, la economía de Cartagena se basó en la explotación del cinc, plata y plomo de la sierra minera, cuya prosperidad se manifestó con la construcción de edificios modernistas, y también en la explotación del sector químico (sulfuro, abonos fosfatados y explosivos). En la actualidad, agotados los filones mineros, Cartagena vive principalmente de la construcción y reparación naval, el refinado de petróleo y la exportación de aceite de oliva, frutas, cítricos, hortalizas, esparto, vino y productos metálicos. Así mismo, es una de las principales bases navales del país, junto con Rota y Ferrol, y un emergente destino turístico gracias a su patrimonio histórico-artístico, que abarca de vestigios de época cartaginesa, romana, bizantina, edificaciones de carácter militar de época moderna y contemporánea, así como con edificios neoclásicos y modernistas.

El poblamiento del municipio de Cartagena se estructura en 3 categorías: un poblamiento concentrado con fuerte progresión expansiva constituido por la ciudad histórica, su posterior ensanche y una serie de barrios pericentrales que hoy se prolongan como continuadores de la ciudad, pues han sido absorbidos por ella; un poblamiento disperso/concentrado, asentado sobre los ejes aludidos y compuesto por 2 categorías: hacia el norte son las entidades puramente rurales porque su suelo presenta una vocación puramente agrícola; hacia el sur aparecen los turísticos, en otros tiempos algunos de ellos dedicados a la pesca; no faltan los que por su localización participan de una y otra actividad en claro antagonismo; por último, aparece el propiamente disperso cuya actividad está relacionada con el entorno inmediato, tanto del litoral como de la agricultura.

La ciudad, que ha tenido entre sus nombres los de Mastia, Kart-Hadast, Karchedon-Nea, Kaine-Polis, Carthago-Nova, Kartad-Tema, además del actual, guarda en sí misma una historia milenaria que la singulariza dentro del enclave mediterráneo español.

portada.jpgEl puerto de la ciudad, magnifico, siguió usándose durante la época musulmana, poblándose nuevamente Cartagena poco a poco. A raíz de la conquista por la Corona de Castilla, en tiempos de Fernando III El Santo, a la que siguieron tiempos muy difíciles, la ciudad vuelve a decaer, hasta la llegada del s. XVI, durante la cual la expansión económica y política de España y Europa hace posible el despegue de Cartagena, a pesar de la constante y peligrosa amenaza de los corsarios. 

Transcurrido el periodo de mediados de s. XVII, en el que la crisis económica y las epidemias arruinan la ciudad, se reanuda la importancia de Cartagena en el s. XVIII, construyéndose el Arsenal, fortificación de puerto y la ciudad y otra serie de edificaciones militares, testimonios aún visibles; que demuestran la importancia militar y portuaria de la ciudad. Ya en el s. XIX, la minería saca a la ciudad del estancamiento en que se encontraba tras la Guerra de la Independencia. La riqueza que genera este sector, de rápido auge, da lugar al florecimiento del estilo modernista de Cartagena, protagonista de las calles más céntricas de la ciudad. Las particulares situaciones políticas de la centuria culminan en la revolución Cantonal de 1.873, en la que Cartagena se queda sola frente al Gobierno Central sufriendo un devastador bombardeo.

En el s. XX, tras un nuevo estancamiento a raíz de la crisis de la minería y las más importantes secuelas de la Guerra Civil y la Post-Guerra, la ciudad no resurgirá, plenamente, hasta 1949 con la creación del complejo industrial del Valle de Escombreras.

Tradicionalmente se sitúan las primeras noticias de Cartagena como núcleo de población en el siglo VI aC, aunque se considera que la comarca estuvo habitada desde la prehistoria. Los primeros poblamientos se remontan al Paleolítico medio, aunque parece que se puede hablar de una primera estructura urbana en el Neolítico. Sigue luego un establecimiento fenicio y un poblado mastieno, dotado de importancia política y comercial.
Su puerto contaba ya con fama indiscutible en el siglo IV aC, y tanto fenicios como griegos lo tenían incluido en sus rutas comerciales. Los cartagineses convirtieron Cartagena en su base de operaciones dentro de la península Ibérica, hablándose a partir de aquí, siglo III aC, de una segunda fundación de la ciudad por Asdrúbal
La ciudad tomó el nombre de Cartago, realmente Qart-Hadast (ciudad nueva o nueva capital). Los griegos interpretaron este vocablo como Karchedon o Karchadonion, pronunciado popularmente como Qarthado o Carthago, que fue la forma que prevaleció en los latinos. Escipión, en el 209 aC, en plena ofensiva contra los Cartagineses, toma la ciudad, que a partir de entonces se convierte en un bastión para el dominio romano de la Península.
Cartago surge ya en el horizonte de la ciudad tras la terminación de la I Guerra Púnica (241 aC) y la expulsión de Sicilia, que obliga a fijar la atención en Iberia. Buscando las riquezas de la minería y la fortaleza y seguridad del enclave de Cartagena, a fin de hacer frente a Roma, desde 230-229 aC comienza la historia urbana de Cartagena, a saber, de la primera ciudad de la región. Levantada en 230 aC por Asdrúbal, se constituye en centro militar y administrativo del estado Bárquida. Adaptándose al territorio, se construye una acrópolis, y surgen núcleos de población en la falda de la Concepción, calles Duque y Cuatro Santos, falda de Monte Sacro y valles intermedios. Sus trazas serían absorbidas por las romanas.
Con el nombre de Cartago-Nova, la población aumenta extraordinariamente su importancia, construyéndose edificios característicos de las grandes ciudades romanas. De todo esto sólo ha quedado algún vestigio, sobre todo debido a la turbulenta historia que siguió a la caída del Imperio Romano, hasta llegar a la total destrucción provocada por la reconquista de Cartagena, llevada a cabo por el Rey visigodo Sisebuto, ocurrida hacia el 615.

asentamiento romano.jpg

Cartagena romana. Las colinas que rodean a un valle interior constituyen una aureola defensiva de primerísima entidad en el Mediterráneo, y no resulta extraño que Roma conquistase la púnica Quart-Hadast (209 aC), incorporándose al imperio como “civitas estipendiaria”, un rango de ciudad de esa época. Existen muros de defensa en la ciudad para reconvertirla en una ciudad de mucha mayor relevancia y amplitud, Cartago-Nova.
Estrabón subraya que la ciudad se define por ser uno de los grandes centros portuarios hispanos. Y así aparece en las primeras divisiones administrativas a inicios del siglo II I aC, en este último Cartago Nova y Tarraco como ciudades que dominan el Mediterráneo hispano-romano. Pasa a ser “convento jurídico”, una figura dentro de cada provincia.
A partir de la función administrativa y de dominio, la ciudad cuenta con una economía basada en las explotaciones mineras que alcanzan gran esplendor en la época tardorrepublicana, aunque desciende su importancia en la época imperial. Otras actividades se hallan relacionadas con la explotación, el esparto y el salazón. Con Augusto se amplía la ciudad y se monumentalizan el Molinete y la Concepción, entre las cuales la ciudad arma su tejido que se escalona con aterrazamientos en los flancos de las colinas. El Teatro al pie de la Concepción (dedicado a Gaius) y el Anfiteatro en el Monte de Despeñaperros son muestras de la magnificencia urbana. Difícil resulta reconstruir el viario oriental o interior, salvo en las laderas occidental y mediodía del Monte Sacro. El Foro estaba en la actual Plaza de San Francisco.
Hay dos grandes zonas de “domus”: Falda oeste y sur de Monte Sacro, y la ladera del Monte de la Concepción hacia c/ Cuatro Santos y c/ Duque. En el Molinete se coloca el templo Capitolino. En la c/ San Antonio el Pobre y c/ Caballero, la “Curia” (senado local). Al oeste de esta zona y hacia la calle Mayor se encuentra el sector monumental, con las termas y el mercado (c/ Morería Baja y c/ Tres Reyes). La muralla podría haberse reconstruido. Existía una necrópolis en Sta. Lucía.
En el s. II dC se origina una decadencia del Imperio. El espacio urbano de Cartago-Nova se recorta. La ciudad se reduce a la zona Molinete, Concepción y puerto. En el s. V-VI dC se va recuperando la ciudad. (entra Diocleciano al poder y desaparecen los “conventus”). Hispania se divide en siete provincias: Cartago-Nova será capital de “Carthaginensis”. Se desarrolla el cristianismo. Quedan testimonios arqueológicos (necrópolis).
Cartagena bizantina y medieval. En el 552 entran los bizantinos. Negocian la costa de Cádiz a Valencia, que pasará a llamarse Hispania. Cartagena será su capital, centro militar y administrativo. La ciudad se fortifica aprovechando la muralla del III-IV dC.
En el año 623 los Godos toman la ciudad. La decadencia se inicia con la expulsión de los bizantinos en el siglo VII, tras la implantación visigoda del siglo V. En el siglo XIII el poblamiento sigue siendo muy escaso. Al parecer en la década de 1380 la ciudad cuenta con solo 800 habitantes, cuando en la época romana llegó a alcanzar hasta los 60.000 habitantes.
En la etapa medieval inicia un ciclo bajo, en tanto que Murcia comienza a desarrollar su rango urbano y funcional. La ciudad queda notablemente reducida, la seguridad ha aumentado y la fortaleza se sitúa en la zona del castillo de los Moros. Cartagena tiene su morería pero la ciudad musulmana en Murcia es mucho más importante.
fortalezas_murallasxb_1200x891_50.jpgEn la nueva época tardo medieval la configuración del entorno ha cambiado singularmente. Las aguas del Almarjal salen al mar a occidente de las colinas por medio de la rambla de Santa Florentina, la desembocadura cercana de la Rambla de Benipila continúan dando al territorio cierta similitud a la vieja península. Por entonces la zona habitada se asentaba en las laderas Norte y Oeste de la Concepción, el que se hallaba más próximo al mar y donde recalan fortaleza e Iglesia. A partir de este nuevo núcleo difusor la población se extenderá hacia el puerto y hacia el intersticio en ambos cerros, Concepción y Molinete.
Respecto a la ciudad cristiana, lo que queda de ella son “fragmentos, piezas sueltas de un rompecabezas de imposible recomposición”
base de galeras.jpg

CARTAGENA – Base de Galeras

De la Cartagena posterior a la conquista de Granada (que hace innecesaria su función defensiva) sabemos que en 1505 se hallaba forma por 3 zonas: Cuesta y Gomera al pie del Monte del castillo; la plaza junto al muelle; y el Raval o Calle Mayor localizado entre la Plaza y la Puerta de Murcia. Con Carlos I ya tenemos la ciudad organizada en torno al puerto, como rebelan las Atarazanas Reales (fabricación de bastumentos), construyéndose una muralla que engloba a los cerros del Molinete y de la Concepción o Castillo de la ciudad. La muralla rodea al Molinete hasta el baluarte de la “Puerta de Murcia y después continúa por la calle de la Real, enlaza con la puerta del Arsenal, la de San Francisco, la de San Leandro y de nuevo con la Fortaleza”.
2 son los referentes locales que explican la formación de la ciudad moderna. Uno de ellos es, cómo no, el puerto que sigue desempeñando una función clave. El otro, la minería, actualmente casi convertida en historia residual, -cercano todavía el último boom- y que adquiere en esta centuria una importancia excepcional. Unidos ambos, dan lugar al nacimiento de una burguesía, detrás de la cual hay una tradición, que al igual que ocurre en el resto de la ciudad española dinamizada por la Revolución industrial, deja en la ciudad su prestigio.

1670

Los siglos XV a XVII. Los antecedentes del puerto como vitalizador de la ciudad. En el siglo XVI el puerto va aumentando su dimensión marítima. La pesca dinamiza a su vez la construcción de embarcaciones y aparejos, el transporte, las salinas. A partir de la mitad del XVI aumenta la actividad comercial y la militar, lo que a su vez repercute en el aumento de la población, coincidiendo también con la explotación del alumbre, de la pólvora y los hornos de bizcocho. Ya cerca de finales de siglo comienza la fabricación de jaboneras, que resulta sorprendentemente dinámica. Es importante señalar que en 1538 Cartagena tiene ya una Proveduría de Armadas y Fronteras, con sede en la Casa del Rey o Casa de Municiones, con lo que comienza su papel de base militar de primera magnitud. Desde 1570, por añadidura el puerto se integra en los circuitos comerciales más importantes.
En esencia, el puerto se convierte en una escala que une los puertos más importantes de Francia e Italia con Sevilla, Cádiz y los puertos de la Europa atlántica de América. La ciudad exporta lana, seda, esparto, grana. barrilla, etc. Así como sal, plomo, pescado y a veces trigo y vino, para abastecer la industria textil italiana y al Oeste europeo. De todas formas la economía era sumamente dependiente ya que la compra de alimentos que no producía -trashumancia y pobreza agrícola- y de manufacturas requería la venta de sus materias primas a Castilla y el exterior. Así que en la segunda mitad del XVII comienza una crisis del modelo anterior, que desemboca en una recuperación del campo, abandonado prácticamente durante tres siglos, con sus secuelas de sequías y vulnerabilidad de las cosechas, hambres etc.

basire-1741.png

El siglo XVIII: urbanismo conventual y militar. Las guerras de las primeras décadas culminan en una nueva política marítima que estructura a España en tres grandes departamentos marítimos (Cádiz, Ferrol y Cartagena), que Felipe V establece a partir de 1726. Es el siglo de los astilleros y del arsenal que tanto contribuyeron a la construcción naval en España, estimulada por Ensenada. La política militar ilustrada da lugar por tanto a una recuperación del puerto y por tanto de la ciudad.
En esta centuria destaca la arquitectura militar, que “responde a criterios de funcionalidad y solidez, es severa y elegante”: Castillos, cuarteles, Arsenal, Hospital, Comandancia y Escuela de Guardias Marinas son manifestaciones monumentales, que hoy se conservan o han sido restaurados como el Hospital. Pero junto a esto, se forja un basamento conventual.
Aunque desde los s. XVI y XVII ya habían comenzado las fundaciones religiosas, va a ser en esta centuria cuando fragüen. Así la actual plaza de San Francisco, San Agustín, San Diego, San Sebastián, San Isidoro, así como la Plaza de Santa Catalina, la Subida a las Monjas provienen de anteriores centurias. Pero el barrio del Carmen, la Plaza de la Merced, el poblamiento del Barrio de San Diego, San Antón, Santa Lucía, nacen en el siglo XVIII. A este poblamiento de origen conventual se sobreañaden entramados residenciales, de forma que el Convento es foco de difusión urbana, al que se aplica un ordenamiento de manzanas de cuarteles, es decir, el convento actúa como factor de difusión de la constitución del barrio y de la retícula ciudadana.
Cartagena-M-B-Medium.jpgRespecto al urbanismo militar, los grandes cuarteles del Ejército llegan a perfilar plazas como ocurre con el de Artillería o de Antiguones. Añádiendose otras fortificaciones de la periferia y del puerto que contribuyen a la inexpugnabilidad de la ciudad y que en gran parte permanecen hoy en día: Atalaya, el Castillo de los Moros, el Fuerte de Navidad, las baterías de Trincabotijas, aparte de la muralla que da al mar hasta Algameca; el Cuartel de Guardiamarina y el Hospital Militar. Por otra parte dentro del espacio urbano se suceden también las construcciones militares de las que señalamos las actualmente existentes: Casa del Rey de 1740, Cuartel de Presidiarios de 1789-1795; Parque de Artillería de 1777-1786; Cuartel de Antiguones de 1789-1795; Castillo de Galeras de 1773-1777; Castillo de los Moros de 1774-1778; Castillo de La Atalaya de 1773-1777; Colegio de Guardiamarinas de 1789-1810; Hospital del Rey, inaugurado en 1762. Así que la bocana, más estrecha que actualmente, queda bien protegida por la artillería, siendo el Fuerte de Navidad el más monumental a la entrada de la dársena.
A finales del siglo XVIII fragua la construcción de la muralla, que tarda 2 décadas para ser acabada en 1786. Hoy por desgracia quedan solo 3 grandes lienzos, el portuario, el que guarda al Arsenal por el Noroeste en dirección a Algameca y la Cuesta del Batel. En fin, es también esta segunda mitad de siglo de construcción de la Calle Real, que afortunadamente puede urbanizarse al construirse, como ya se ha dicho, la rambla de Benipila, que además libra de aluvionamientos al puerto. Cerrada la calle por el Norte y el Sur por la muralla, ello libera solares para el poblamiento del arrabal de San Roque.
3d Libro_Cartagena_Page_108.jpgLa limpia del Mar de Mandarache sirve para ubicar El Arsenal; se construyen las gradas para el Astillero, los almacenes para maderas y Atarazanas, los almacenes de desarme, tinglados, herrería. El Hospital Real, constituye una “de las obras más emblemáticas de toda España”. Un Arsenal es de siempre un astillero que a su vez necesita ser defendido. La vida urbana vista desde nuestros días es muy simple, pilotada por el puerto siempre manteniendo su función militar por encima de la coyuntura económica, y alumbrada por algunas actividades artesanales, pesqueras y por el comercio. El Arsenal da lugar al Astillero cuya construcción se inicia en la primera mitad del siglo XVIII y fragua en la de escasos navíos, algunas fragatas, siguiendo la reparación como actividad por excelencia. La situación cambia en la segunda mitad de siglo. Hay que crear, según la Corona, una empresa naval competitiva con la inglesa. Para ello hacia falta aprender la tecnología y traer técnicos a distribuir entre los 3 Departamentos. Pues bien, con esta base técnica e ingenieril, comienza un medio siglo de febril actividad constructora. Se alzan los primeros diques del Mediterráneo -el grande y el chico- y comienza la construcción de jabeques de 298 toneladas, fragatas y galeotas.

1751.jpg

Hacia el siglo XIX. En 1757 se autoriza la libre circulación de productos. y en 1765 la supresión de la tasa y el decreto de libre comercio. Tanto el comercio exterior como el interior se dinamizan fructuosamete. Fabricantes y comerciantes nutren una burguesía, así como un sin fin de artesanos y obreros, además de profesionales liberales y dependientes de la administración, y por supuesto, una importante presencia de la mujer en el ramo textil. En fin, esta prolífica actividad define a la medida de su tiempo a Cartagena como una gran ciudad.
La dinámica afecta a la población que cuenta en 1694 con 9.788 habitantes. A mediados de siglo en 1755 la población se ha elevado a 28.467 personas. En fin el Censo de Floridablanca (1786) apunta un total de 28.679 en la ciudad y 16.538 en el campo, para a finales de siglo (Censo de Godoy de 1797-98) ascender entre ambas poblaciones a cerca de 50.000 habitantes.
En cambio, la Iglesia es pobre, lo que probablemente explica la escasa monumentalidad religiosa de la ciudad. El espacio social es cubierto por algunas ordenes religiosas, el Convento de La Merced se dedicaba a la redención de cautivos. Asimismo la infraestructura conventual fomenta las cofradías y hermandades, así como el arte, la fiesta, el teatro popular religioso. “La trayectoria hospitalaria” alcanza altas cotas en la centuria en el contexto de la “posada de la muerte” (epidemias, pestes, infecciones). En resumidas cuentas, Cartagena “es posada de la caridad”.
A partir de entonces, llega la crisis, muy profunda, hacinamiento y morbilidad asociados a acontecimientos exteriores. La tasa de mortalidad se acentúa, porque el Almarjal recoge aguas de ramblas que se concretan en un área pantanosa y es base de enfermedades, hasta que sus efectos catastróficos empiezan a disminuir al construir la rambla de Benipila que recoge la entrada de aluviones de lluvia en la laguna. 

1799.jpg

La decadencia española de la primera mitad del siglo XIX trasciende en Cartagena, de forma que ya en los años 20′ se convierte “en un pueblo secundario e insignificante”. El terremoto sufrido en 1829 afecta a parte del tejido urbano. En 1837 el número de casas destruidas “se cifraba en 7.000, aunque se conservan calles principales, “anchas y rectas, con casas de una arquitectura sencilla, pero elegantes y simétricas, adornadas todas con muchos balcones y vistosos miradores revestidos de cristales”, según señala Madoz. Los Conventos desamortizados se hallan en estado de semirruina, aunque algunos albergaron nuevas instituciones como cuarteles (el de San Francisco), la Casa Inclusa, las Escuelas de instrucción, la Cátedra de Latinidad y la dependencia de la Sociedad Económica de Amigos del País (Carmen) o unos baños termales (San Ginés de la Jara). Ciertamente, la trama urbana se ve favorecida por la apertura de las Plazas de San Francisco, la Merced y San Agustín.

1860 Plano-de-la-Ciudad-de-Cartagena-y-arsenal.jpg

La explotación minerometalúrgica. A mediados del siglo XIX comienza la vitalización minera, con pequeños ciclos de alza y baja, estos últimos consumados por la sublevación cantonal de 1874. El plomo es, después del hierro, el mineral más demandado en la I Revolución Industrial, por la gran cantidad de aplicaciones que tiene en la nueva sociedad surgida de la Revolución técnica. Así que el punto de desarrollo de la economía urbana se encuentra en la minería del plomo y su explotación metalúrgica.
Su apogeo comienza concretamente en 1840, y es posible por la cercanía del mineral a la costa y por tanto al puerto de Cartagena, y a otros entre ellos Aguilas. En el año 1851 registra ya 290 minas que alimentan a 70 pequeñas fábricas siendo solo importantes 3 situadas en Cartagena y otra en Aguilas Esta primera etapa se caracteriza por el exceso de dispersión y escasa producción por instalación, así como de carestía debida a la necesidad de importar carbón.
Una segunda etapa comienza en 1880 y culmina entre 1897 y 1914. Entonces el control de la minería y metalurgia es del capital extranjero, en tanto que se inicia el declive de los yacimientos de la Sierra de Cartagena, a costa del interés proporcionado por la galena de Mazarrón.
El potencial minero obliga a la construcción de infraestructuras. Así en 1874 el puerto queda conectado con la cuenca minera, prolongándose aún más la conexión ferroviaria en 1897. El ferrocarril llega a Cartagena y Murcia en 1862. El puerto a su vez es acondicionado entre 1884 y 1887 por medio de la construcción de 2 diques y de 1 muelle.
1887 Exea y Pozuelo.jpg

1887 – Cartagena

Paralelamente, la actividad económica de producción fragua en una estructura financiera. En 1884 se crea la Caja de Ahorros y Monte de Piedad, en 1887 una Caja-Banco y en año 1900 el Banco de Cartagena. Esta entidad moviliza el ahorro urbano y el regional al establecer sucursales en Murcia, Lorca, Orihuela, Aguilas, La Unión, Mazarrón, Cieza, Caravaca, Totana, Alicante, Elche, Yecla, Hellín, Sevilla, Cádiz, Puerto de Santa María, San Fernando, Huelva, Ayamonte, Isla Cristina y Melilla. Es el banco de origen local e irradiación regional, que tanta importancia adquiere, al igual que otros muchos en zonas industriales, en la España de estos inicios del siglo XX.
Este “boom” tiene consecuencias en el poblamiento regional. Da lugar a un nuevo núcleo antes citado, La Unión, y fortalece a los puertos cercanos al de Cartagena cuya población acrece considerablemente. La ciudad se beneficia de este período de gran vitalidad exportadora, en el que se conforma la Cartagena más conocida y característica al amparo de la recuperación minera.
Resuelta la cuestión cantonal, comienza la reutilización de las que van a convertirse en infraestructuras de origen conventual. Como en tantísimas ciudades contribuyen sobremanera a la configuración del paisaje urbano de nuestros días. Como resultado de la desaparición del convento-Hospital de Santa Ana, del convento de Santo Domingo, del Colegio de San Sebastián y del convento del Carmen surge un primer sector en el que la burguesía construye viviendas de gran porte modernista y locales comerciales: Casino, Spottorno, Pascual de Riquelme. Valarino, Conesa, Aznar y Pedreño. Otro sector se halla limitado por las tangentes de Cuatro Santos, Aire, San Fernando y Serreta, donde abundan también las áreas desamortizadas, que se dedican a la construcción de viviendas de alquiler, esto es, de destino de las clases medias. Por último en las colinas y entorno de las de la Concepción y del Montesacro, donde había gran cantidad de propiedades enajenadas, es donde se llevaron a cabo las mínimas reparaciones de viviendas a las que afluyeron obreros y marginados.
Se llevan a cabo abundantes sustituciones en las arterias principales y en algunas secundarias del viejo viario, a la vez que el aumento de la población obliga a la agregación de pisos. Sobre estas arterias principales y plazas recala el modernismo en primerísimo lugar, y el eclecticismo después. La nueva burguesía surgida de la reconversión del espacio yermo o agrario en espacio minero y su oportuna explotación con ayuda extranjera, desea aquí, como en el resto de España, mostrar su poder mediante edificaciones cualificadas. Añádase la acción pública de construcción o remodelación de edificios tales como la estación ferroviaria, el Ayuntamiento, la Milagrosa, la casa del Niño, o el edificio de la Junta de Obras del Puerto.
ciudad historica.jpg

1896 – ENSANCHE

El proyecto de Ensanche, Reforma y Saneamiento de Cartagena de 1896 recoge la traza proyectada por el Arquitecto Municipal Carlos Mancha (1864) e iniciada trasla revolución cantonal (1878), y sitúa hacia el Este: la estación de ferrocarril, el cruce  de la Gran Vía de Alfonso XIII con la del Batel, el Parque de Recreo y los edificios gubernamentales, a modo de acto fundacional y nueva puerta de la ciudad. 
El proyecto de la calle de Gisbert supone un cambio geométrico y morfológico. La recta, las rasantes, la organización parcelaría, el fondo de la edificación, etc. aparecen como nuevas herramientas de construcción de la ciudad frente a la aleatoriedad anterior. Es a la vez, proyecto ilustrado de los políticos liberales del siglo XIX y proyección física de la nueva clase social vinculada al desarrollo económico de la minería, la industria y el comercio de los recursos de la Sierra de Cartagena y el Puerto. La apertura en 1878 de la Calle Gisbert es concebida como una Gran Vía, que prolonga la Calle de la Caridad que sigue el cerro de la Concepción. Tras el derribo de las murallas -que la calle atravesaba pues esa era su principal misión, una calle más de apertura al puerto-, ésta pierde importancia. También el levantamiento de la muralla sobre el mar -con edificios para militares y extranjeros, era un obstáculo de conexión entre ciudad y puerto lo que explica la apertura de la Calle Príncipe de Vergara, que se inaugura recién estrenado el siglo XX. En fin la calle Muralla del Mar tiene un doble destino, de paseo elevado sobre la muralla y de dique frente al mar.

1896 ensanche.jpg

Al pie de la muralla del mar se construye el Paseo de Alfonso XII que se convierte a fines de siglo XIX en otro lugar de socialización urbana, detrás de los tinglados de todo tipo de los muelles portuarios, incluidas las vías férreas de transporte de la producción minera y de la metalurgia de transformación. Conecta, por añadidura con la construcción del paseo marítimo que es propio de la época (Colón de Barcelona, Malecón de Almería, Alameda de Málaga, que surgen como consecuencia del derribo de las murallas o la construcción o ensanchamiento de puertos). El Paseo tenía en su conexión con la Alameda del Muro, la Plaza de los Héroes de Cavite, contribuye a hermosear la zona portuaria construida al lado del Ayuntamiento a la salida de la calle Mayor, y que necesitaba junto a sí un espacio amplio, “la inmediata dársena, la prolongación del muelle y los edificios del puerto”.
Entre las plazas novecentistas destaca con mucho la de San Francisco (desamortización conventual), cuyos edificios colaterales son de gran porte estético destacando uno de corte gaudiano. La Plaza de la Merced es también resultado de la Desamortización.
Sobre el antiguo Castillo de la Concepción, se construye durante la Dictadura de Primo de Ribera, uno de los grandes símbolos urbanos de la Cartagena de aquel entonces y la actual, el Parque Torres, impregnado del clasicismo de los años 20′.
Sin embargo, la discriminación de aquella época puede afirmarse que se halla conformada por la pendiente. En las zonas llanas, esto es en el eje central situado entre las cuatro colinas y los ejes transversales, está el asiento de la burguesía y de las clases medias. En contraposición el Molinete, el pie de Montesacro, las cercanías del castillo de Despeñaperros, del de la Concepción y plaza de Toros, conforman barriadas donde el hacinamiento y la pobreza del tejido son la nota dominante. Se trata de “edificios estrechos y húmedos donde no penetra la luz y a donde llega el aire con gran dificultad para viciarse en seguida”.
Las tres Cartagenas. Así que en el entorno de las Puertas de Murcia queda definido el centro urbano, de dirección norte sur, con la Calle Mayor como eje fundamental de prestigio. La zona interior, por otra parte también se revitaliza desde el punto de vista comercial, formándose un eje formado por la Calle Serreta cruzada por la Calle de Duque que prolonga a la de Cuatro Santos y termina en la Plaza de la Merced. La construcción de la Iglesia de la Caridad, cuya cúpula es uno de los grandes referentes simbólicos del casco, y el más emblemático entre los religiosos, convierte a la calle donde ésta se ubica en otro eje de prestigio de esta zona intermedia donde viven sobre todo las clases medias.
Esta zona intermedia conecta a su vez con la vieja ciudad interior, donde viven los sectores sociales modestos y el proletariado en áreas donde continúa la baja habitabilidad, que se adentra hacia el mar en forma de cuña del Molinete, barrio de baja calidad, muy vinculado al puerto y la marinería. Como señala el Proyecto de Ensanche de 1896 en los barrios altos, es decir en el interior del actual CA 4 y Monte Sacro, y en el Molinete, la pendiente extrema, la escasa anchura del viario y la paupérrima salubridad de las viviendas explica que sean asiento del “lumpen”, esto es del proletariado, que con el tiempo es sustituido o prolongado con la estructura social del gueto anterior a la situación actual.
Extramuros la burguesía en una primera etapa de principios de siglo va construyendo edificaciones aisladas a veces de gran porte y valor arquitectónico en nuevos barrios como El Peral, la Alameda de San Antón, Los Dolores y el Huerto de las Bolas, sin descontar los que construyen fincas de recreo más alejadas de la primera expansión periférica.
También elige algunas manzanas para crear hoteles o casas de recreo de tipo estival, imitando a la ciudad jardín. Así, el barrio del Peral es sede de villas y casas de recreo suficientemente alejadas del recinto. Asimismo la legislación de Casas Baratas (años 20′ y 30′, en especial) da lugar a la creación de pequeños nodos, embellecidos por el regionalismo eclecticista y posibilitados por el régimen cooperativista, de destino por lo común de clases medias. Este es el caso del barrio de los Dolores, cuyas vías y hoteles se localizan más lejos de la vía de acceso.
Santa Lucia.jpg

Barrio Santa Lucía

El mundo obrero, hacinado hasta entonces en el casco comienza a localizarse en torno a las nuevas áreas industriales extramuros: Santa Lucía, San Antonio Abad y La Concepción, este último cercano al Arsenal, el barrio más cercano extramuros y en el último tercio del XIX el más poblado de los barrios periféricos construidos fuera del espacio del Ensanche. Son barriadas normalmente formadas por casas muy sencillas de una sola planta (también construidas a tenor de la legislación 1920-1930).
El barrio marinero de Santa Lucía, habitado por pescadores, era a su vez el foco principal de concentración de la industria urbana. Atravesado por el ferrocarril, muy degradado, pleno de fábricas y fundiciones y por tanto área agresiva por la emisión de humos contaminantes y ruidos. Aquí estaba la fábrica de Cristal, de desplatación, de cobre, una fundición y muelles mineraleros en abundancia. Otro barrio esta vez más regular que el anterior es San Antonio Abad, cuyo eje es la carretera de Murcia. Se explica, en consecuencia, la constitución de la sociedad Tranvías de Cartagena, cedida en explotación el año 1905 a la S. A. Belga de Tranvías de Cartagena, que contribuye a facilitar las comunicaciones entre el casco y la nueva periferia.

 

El Ensanche teórico y el modelo nuevo de ciudad. El ciclo minero no solo da lugar a una reestructuración de la Cartagena originaria, sino que implica la construcción deseada de un Ensanche. Sin embargo la equiparación entre el cambio económico y el social no basta para sacar adelante la idea, puesto que este tipo de industrialización apenas dinamiza la formación de clases medias, y la pirámide social se atiene en gran medida a la dicotomía burguesía-proletariado, siendo escasos los niveles medios relacionados con el influyente estrato militar, el comercio y las industrias.

En estas condiciones no es extraño que el Plan de Ensanche de 1897, que reitera la idea convencional de manzanas rectangulares y grandes patios, incluidos los chaflanes, en realidad no se lleve a cabo hasta el inicio de la siguiente etapa urbana tras la guerra civil. La idea de Ensanche queda en el simple trazado, y la instalación de edificios de ciudad jardín con abundancia de espacios verdes ajardinados comienza a ser lo habitual. Destaca la utilización del Ensanche para la construcción de una barriada de Casas Baratas (CISA) (1828-33), que enlazan con el barrio de San Antonio Abad, del que sigue un barrio obrero, el de la Concepción (Casas Baratas de la Igualdad). Todas estas edificaciones, sin embargo, le dan cierto encanto al Ensanche, diversidad social e incluso actividad fabril (hay alguna fábrica, entre otras, de la Electricidad).

El Ensanche no tiene capacidad para una burguesía que se halla bien instalada en la zona portuaria y entorno próximo del casco. Se explica que tras la Guerra Civil solo se halle ocupado una parte. La dispersión selectiva, estética y socialmente diversa no durará muchas décadas. A partir de los años 60′ y 70′ tienen lugar operaciones demoledoras. El Ensanche recupera y supera su densidad inicial para reconvertirse en lo que ahora es, una más o menos apretada asociación de urbanizaciones, y de tejidos que elevan la altura en la Avenida de acceso que a través de la Plaza de España lo pone en contacto con el recinto, y de la Avenida de Alfonso XIII con el sector que mira hacia el N, y contacta de forma bastante obturada. La desaparición de la muralla en este sector de contacto lo empobrece y problematiza, teniendo en cuenta las paredes de las colinas que vierten al contacto de forma casi vertical.

1943-cartagena.jpg

1943 – Cartagena

LA EXPANSIÓN DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX. Tras un periodo de estancamiento y recesión intensas, provocado por la guerra civil y sus secuelas posteriores (hubo unos 500 expedientes para reconstruir las casas afectadas), comienza una tercera etapa de expansión que va a traducirse en la ciudad de forma importante.

La nueva industrialización. Coincide con la fase dura de la política franquista. Desde la Autarquía al crecimiento extravertido (1940-1970), tiene lugar al principio una recesión o período muy negativo para Cartagena. Pero en seguida llega la recuperación teniendo lugar tasas de crecimiento muy importantes para la economía murciana en general y la cartagenera en particular. De nuevo el factor estatal va a desempeñar un papel crucial en el desarrollo urbano.

En efecto, a mediados de los 50′, comienza otra vez un nuevo ciclo que incluye el establecimiento de la petroquímica, la recuperación de los astilleros y con la ventaja añadida y posibilitadora de que desde 1945 se podían utilizar las aguas canalizadas del río Taibilla para el abastecimiento hídrico. La Empresa Nacional Bazán y la Refinería de Petróleos de Escombreras se inicia a partir de 1950, así como la central térmica y la fábrica de abonos que se apoya en esta última. En ese año se inaugura la planta de refino, que en 1960 llega a cubrir el 75 % del consumo nacional de aquel entonces. Fue a su vez germen de otras industrias: desde 1955 lubricantes, un año después Butano S. A., una térmica desde 1957 y en 1963 una sección de fertilizantes. Comienza un modelo estatal de industrialización, que se asienta en los años 60′ y 70′. En 1969 ocurre a su vez la dinamización de la minería en el Hondón (fosfatados y potásicos) y la de Alumbres (explosivos). Escombreras alcanza en 1976 una capacidad de refinado de 10,5 millones de Toneladas y un importante volumen de abonos.

El puerto sigue siendo el pivote esencial de la ciudad, y el que se nutre en más de un 90 % del movimiento petrolero. Es modernizado una vez más en una historia tan rica en alzas y bajas, tras largos años de abandono. A ello contribuye también la retoma de la construcción naval en los años 50′ para consolidarse plenamente en los años 70′. Desde 1956, con la ayuda americana, empieza la llegada a los muelles de Bazán de armas, equipos, repuestos y materiales procedentes de los arsenales de Estados Unidos. La empresa induce directamente un empleo de 3.422 personas e indirecto de 15.000. Tras una etapa de fabricación de navíos de gran tonelaje para las marinas de guerra y mercantes, incluidos además pequeños navíos auxiliares, motores, envases industriales y minas, el astillero sigue luego con los submarinos, a lo que sucede la creación de un buen centro de reparación de buques.

Por otra parte las inversiones de la multinacional “Sociedad Minero-Metalúrgica Peñarroya”, tras abandonar los filones de Sierra Morena se traslada a la sierra cartagenera, contribuyendo a un nuevo ciclo de alza minerometalúrgica. En 1956, con participación del Banco Central se constituye “Española de Zinc”. La fundición de “Santa Lucia” que era de Peñarroya, se sumó con las anteriores a la puesta a punto de las innovaciones consiguientes. En efecto, la reestructuración comprende la ampliación de las explotaciones a cielo abierto, mecanizadas, y asociadas a la transformación industrial del producto, apertura de nuevas canteras y aumento de la producción hasta mediados de los años 80′, así como la aparición del cinc junto con el plomo como nuevo elemento productor. El traslado en el primer lustro de los años 50′ de la “Sociedad Minero-Metalúrgica de Peñarroya” será decisivo en la etapa. La crisis de los años 70′ influirá lógicamente en atemperar el dinamismo, reduciéndose hasta nuestros días al estancamiento.

Los efectos urbanos. Desde los años 50′ la ciudad comienza un proceso de reurbanización que se manifiesta en dos tipos de actuación obligadas. Por un lado, mejora la pavimentación de calles, la distribución de agua potable, la canalización del alcantarillado y la mejora del alumbrado público.

Simultáneamente la industrialización comporta la necesidad de vivienda. Es el momento de una 2ªa etapa de expansión periférica que alcanza hasta el primer Plan General, ya bastante avanzados los años 60′. En esta etapa tienen lugar los adosamientos sectoriales propiciados por la Obra Sindical del Hogar: barriada Cuatro Santos, Grupos San Fulgencio, San Leandro y Llano del Real; el Instituto Nacional de la Marina: barrio de pescadores en Santa Lucía; la Empresa Nacional Bazán: barriada de Los Juncos; Repesa e Hidroeléctrica: Poblado de Escombreras; Patronato de Casas de la Armada; Plaza de España, además de la participación del Instituto Nacional de la Vivienda, del Ministerio de Educación y Ciencia y de la Caja de Ahorros del Sureste de España.

A la vez el Ayuntamiento adquiere terrenos en el perímetro del Ensanche, mientras este se va colmatando no tanto con clases altas y medias, tal como fue concebido, sino con sectores modestos.

Cartagena GE7.jpgEsta expansión urbana y de la vivienda no es suficiente para albergar la inmigración que requiere la industrialización y la subsistencia de hacinamiento e inhabitabilidad en el casco. El Consistorio busca un medio para resolver el grave problema de 1.000 familias que habitan en cuevas y en las llamadas casas rotas de la Ciudad Jardín -semiderruidas por la falta de uso-. Y además necesita habilitar viviendas para alojar a otras 1.000 familias que viven en muy malas condiciones de habitabibilidad en El Molinete, (cuya demolición, tanto tiempo deseada por su destino y deterioro morfológico, habitacional y moral fue acometida en 1974), en Puerta de la Villa y Muralla de Tierra. Para ello se crea aquí también el Patronato de Viviendas Francisco Franco, mediante la financiación de donativos privados y las aportaciones de la Caja de Ahorros del Sureste de España. De esta inspiración proceden los poblados de San Isidro, de Lo Campano y Villaba.

Más allá de la configuración natural heredada que, evidentemente, ha sido transformada por la desecación del Armarjal y del Mar de Mandarache, parece que destaca como configuración típica de Cartagena tres grandes períodos históricos.

En 1ª lugar, la herencia púnico-romana, que como se verá, caracteriza fundamentalmente el sustrato arqueológico. A esto se puede añadir algunos elementos aislados de corte bizantino o musulmán.

En 2ª lugar, la valoración como plaza militar, en la Edad Moderna, donde tiene lugar la construcción de murallas y de todos los recintos militares mencionados que se mantienen todavía hoy. También a este proceso hay que añadir, de manera aislada, las piezas conventuales y algún que otro palacio.

En 3ª lugar, y coincidiendo con la irrupción de la época contemporánea, 2 ciclos económicos muy importantes que configuran el parcelario y las tipologías edificatorias actuales. Por un lado, el ciclo del siglo XVIII, donde, por la afluencia de trabajadores (por el Arsenal y el Astillero), se produce un hacinamiento que determina la compacidad parcelaria de las zonas obreras. Por otro lado, el ciclo minero industrial de finales del siglo XIX y principios del XX, que ha configurado la arquitectura modernista y ecléctica tan significativa de la ciudad burguesa.

A pesar de la aparente perennidad que le confieren los elementos diseñadores de la actual imagen de la ciudad, en el plano histórico se descubre una evolución rica en discontinuidades y transformaciones internas, que se manifiestan en la yuxtaposición de tramas, de tejidos urbanos, de edificios singulares, de monumentos que se convierten en nodos y puntos de referencia de la ciudad. En este sentido, el dilatado proceso de ocupación de la superficie de tierra y de agua, desde que el proceso industrializador produce sus primeros impactos imperecederos a mediados del siglo XVIII, se puede estructurar en 4 etapas, definidas por otros tantos hitos del duro diálogo sostenido entre territorio y función. Etapas que conducen a la ciudad al estado en que se encuentra en la actualidad. En base a los diferentes hitos históricos que dinamizan el espacio urbano actual, estas etapas pueden concretarse del modo siguiente:

  • SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVIII. La R. O. de 5.12.1726 por la que se promueven los Departamentos Marítimos del Norte, Mediodía y Levante, con capitalidad en El Ferrol, Cádiz y Cartagena respectivamente, tiene un singular significado para cada una de las ciudades. En el caso concreto de Cartagena significa que debe instalarse un Arsenal. Pero en cada Arsenal hay un astillero, complejo que constituye la unidad funcional de producción. Una instalación de esta naturaleza exige la presencia de un cúmulo de actividades afines que deben proveerla de materias primas, de útiles, herramientas, pertrechos de todo tipo, agua, alimentos, etc. De esta forma en su entorno se genera un activo comercio, un intenso tráfico de materiales y de hombres, junto a todo ello hacen su aparición abundantes lugares de esparcimiento. En definitiva, la designación de Cartagena como capital departamental supone la creación de un espacio que muy bien cabría calificarlo como de “complejo industrial”. El impacto territorial de este “complejo industrial”, con toda la dinámica urbana que lleva consigo y que se monta en torno a la bahía de Cartagena, se caracteriza por el consumo de una amplia superficie, tanto de agua como de tierra, por la compleja organización, por la delicada articulación entre ambas y porque de este modo queda configurado el Casco Antiguo.
  • SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX. Superada la fase preindustrial y paralizada la unidad de producción que se articula en torno al Arsenal, el modelo territorial configurado en torno a la bahía de Cartagena se verá afectado por el impacto de una nueva política económica que dibuja en el territorio una doble organización funcional que se superponen e interactúan: la organización territorial-extractiva, que ocupa un espacio extenso y continuo externo a la ciudad; y una organización territorial-industrial que se localiza en torno del puerto. Entre ambas van a plantear nuevas exigencias a la organización territorial: el acondicionamiento del espacio portuario para la exportación, tanto de minerales como de transformados metálicos, y una nueva ordenación urbana acorde con la condición de ciudad industrial. En las inmediaciones de la bahía esta ordenación tiene su plasmación a través del Proyecto de Ensanche, Reforma y Saneamiento, en cambio en la Sierra se manifiesta por la aparición de pequeños poblados e incluso de una nueva ciudad, La Unión. El desarrollo de la minería cartagenera se apoya en la exportación, ello supone su incorporación a la revolución industrial europea, aunque de un modo subcolonial. Sin embargo, esta incorporación exige unas estructuras portuarias de las que carece la ciudad. Asimismo es fundamental, y este es un fenómeno de singular relieve, articular el ámbito comarcal con Cartagena, por dos razones bastante simples, de una parte, el aporte del mineral y, de otra, la mano de obra necesaria, pero también el abastecimiento de artículos diversos, mercancías compuestas básicamente por aceite, sal, cereales, paja, vino, pescado, leña, melones y demás productos agrícolas que se daban en la comarca. En este punto, Cartagena se va a dotar de unas infraestructuras portuarias que serán referencia de toda organización territorial posterior. El volumen del tráfico portuario y sus expectativas, derivadas de la actividad minero metalúrgica, fuerza el planteamiento de dotar a la ciudad de un puerto comercial que agilice las operaciones de carga y descarga. La intensa inmigración, junto a la disponibilidad de dinero, potencia la colmatación del suelo intramuros, donde destaca la construcción de una serie de edificios que confieren un sello de distinción a la ciudad, derivado del tinte propio de la burguesía mercantil. Esta colmatación exige la expansión urbana por el espacio circundante, donde las condiciones para la habitabilidad eran bastante hostiles. Las condiciones higiénicas de intramuros y del espacio por el que deberá extenderse la ciudad aconsejan, cuando ya finaliza la centuria, la redacción del Proyecto de Ensanche, Reforma y Saneamiento, que constituye la realización más trascendental de la historia urbanística de Cartagena, por lo que se refiere a la actual configuración de la ciudad. Los últimos lustros del siglo XIX junto a los primeros del XX en materia urbanística aparecen impregnados por una preocupación fundamental: el desarrollo de los espacios urbanos mediante unas ideas caladas de la perspectiva sanitaria. Esta ausencia de la preocupación por la ordenación de conjunto y su esquematismo va a tener consecuencias lamentables para las ciudades, pues aunque los proyectos aludan a la integración del ensanche con la ciudad tradicional, esto nunca se consiguió quedando para la realidad la yuxtaposición de 2 planos, el damero del ensanche en clara ruptura con el irregular tradicional. En razón a esa pretendida integración, estas operaciones, en su conjunto, están ligadas al derribo de murallas y remodelaciones de las tramas singulares, testigos de una pasada historia.
  • PROYECTO DE ENSANCHE, REFORMA Y SANEAMIENTO DE CARTAGENA. Se intentan acometer 2 obras fundamentales para la ciudad: sanear Cartagena y tratar de resolver las necesidades de espacio para construir viviendas en calles más amplias para salir de la angostura en la que se ve sumida. El Ensanche se proyecta para que sea operativo a las necesidades de la ciudad durante el plazo de 100 años. El entramado de sus calles responde al trazado geométrico, con el predominio de unos ejes fundamentales que comunican la ciudad antigua con las barriadas extramuros. El punto de partida se sitúa en el puerto y el de destino en las arterias de entrada a la ciudad. Este entramado se justifica por el hecho de ser Cartagena una ciudad militar en la que debe primar la facilidad para el traslado de la tropa hacia el exterior. En este caso se trata de detener movimientos de obreros de la minería, o de entrada en la misma si hay que repeler algún ataque al puerto. Se dibujan las manzanas en chaflán, como una norma tendente a facilitar el tráfico. Destaca en este trazado la calle Gisbert, concebida como una Gran Vía, que prolonga la Calle de la Caridad que sigue el cerro de la Concepción y enlazará Cartagena, el puerto, con el Parque y distintas zonas del Ensanche. Servirá de eje colector de comunicaciones en el interior del mismo. Junto a éste aparecen otros ejes secundarios para ejercer funciones similares con otras partes de la ciudad: Santa Lucía con el Barrio de la Concepción, Paseo de la Alameda que pondrá en comunicación Cartagena con los Barrios de San Antón y Peral, etc.
  • PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX. El retraso en la puesta en marcha de El Ensanche deja momentáneamente sin solución la acuciante necesidad de dar alojamiento digno a la clase obrera. El municipio se ve impulsado a buscar soluciones alternativas que encuentra en la legislación que regula la construcción de casas higiénicas y baratas en el ámbito del Instituto de Reformas Sociales, que desde su creación en 1903 inicia una serie de estudios para analizar la legislación sobre esta temática en Europa y ver en que medida puede ser aplicada en nuestro país. El Ayuntamiento de Cartagena, decide acogerse al Reglamento de Casas Baratas, y elige los barrios de Santa Lucía y Peral, porque poseen la mayor densidad de gentes pertenecientes al grupo social al que deben destinarse este tipo de viviendas. El Barrio de Santa Lucía, por su proximidad al puerto, es preferido por los operarios que trabajan en dichas instalaciones o en las industrias ubicadas en su entorno. El Barrio de Peral, por estar más distante del casco se especializa en otro tipo de obreros que pertenecen por sus ingresos a un grupo social más modesto que el portuario. Aquí residen la mayoría de los trabajadores del sector terciario, como dependientes de comercio, oficinistas, etc., porque posee mejor comunicación con el centro de la ciudad.
  • SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX. El siglo XX, en la historia urbanística de las ciudades españolas hay que dividirlo en dos etapas separadas por la guerra civil. En el caso particular de Cartagena la primera está íntimamente conectada con las últimas décadas del siglo XIX. La situación económica derivada de la minería y el Plan de Ensanche y Saneamiento impiden hacer un corte cronológico entre ambos siglos. Dos actuaciones merecen destacarse en la primera etapa, por lo que tienen de modificaciones del paisaje: las Ordenanzas Municipales de 1.925 y la construcción de la Ciudad Jardín. Esta última, debido a la especulación y las luchas políticas, se terminó en los años 50′. La 2ª etapa posee las características propias del período, y en ella sobresalen 2 hechos: la solución del problema de abastecimiento de agua potable a la ciudad y la elaboración de los Planes Generales de Ordenación Urbana, según mandato de la Ley. La construcción mediante polígonos dispersos ocupa el suelo del Ensanche. El crecimiento demográfico y económico relacionado con la instalación de nuevas industrias en el área de influencia portuaria, crea una demanda de viviendas muy fuerte, tanto cualitativa como cuantitativamente. Para comprender la actual estructura del complejo portuario de Cartagena, un nodo de doble especialización industrial, sería preciso analizar la complicada historia de la política energética que lleva a cabo España desde el primer cuarto de siglo de esta centuria. Interesa resaltar que, a mediados de siglo, tras un acuerdo de las más importantes compañías del momento se decide construir en la rada de Escombreras una refinería de petróleo. Refinería que va a actuar como locomotora de un polo industrial de primera magnitud aprovechando las economías de escala. En el ámbito de esta dársena se van a establecer media docena de plantas industriales que unidas a otras tantas de la dársena de Cartagena, generan un complejo industrial, conforme a los modelos planificadores que se difunden en estos momentos en los ámbitos europeos. El crecimiento demográfico y económico derivado de esta situación genera una demanda de viviendas e infraestructuras que impulsan el crecimiento urbano más allá de los límites administrativos de la ciudad. La ciudad se acoge a cuantas disposiciones oficiales surgen del gobierno central para favorecer la edificación de viviendas, así se empieza a colmatar el suelo inmediato a base de bloques discordantes y monocordes que despersonalizan un tanto a la ciudad, pero que son el signo de nuevos tiempos. Esta dinámica constructora se pretende regular mediante las figuras e instrumentos que recoge y desarrolla la Ley del Suelo de 1956 y las reformas sucesivas de 1976 y 1992, sin grandes resultados aparentes. Sin embargo, de modo casi inesperado aparece la muerte prematura de este auge industrial, que unido a una reestructuración del organigrama de la función militar, sumerge a la ciudad de Cartagena en un declive de nefastas consecuencias. En este sentido Cartagena recurre a su tradicional capacidad innovadora para frenar el declive. Consciente de que el desarrollo local endógeno es una buena solución a su crítica situación, decide apostar por una funcionalidad, la universitaria. Se caracteriza por el brusco proceso industrializador/desindustrializador. Arranca con la instalación, en los primeros años sesenta, de la petroquímica en la dársena de Escombreras. Cartagena se convierte en una ciudad plurifuncional dependiente de factores exógenos con una dinámica económica y urbanística desbordante. Se inicia la expansión de la ciudad por el ensanche planificado la centuria anterior, aunque incumpliendo sus normas, y por nuevas áreas residenciales, fenómeno que le supone una importante pérdida de la función residencial al Casco Antiguo, donde se asientan todas las funciones económicas y administrativas. A las nuevas necesidades la ciudad responde con dos planes Generales, uno a principios de los años sesenta, y otro aprobado en 1983, ambos expansivos y preocupados por el cambio de uso del suelo, una preocupación que lleva al abandono del Casco Antiguo. Sin embargo, a finales de los años ochenta comienza un declive de sus funciones económicas que desemboca en un duro proceso desindustrializador con efecto dominó al resto de las funciones, incluida la administración militar. La recesión y el paro se adueñan de la ciudad.
  • FINALES DEL SIGLO XX. Reconquista y/o recuperación del Casco Antiguo con la inserción de una nueva función: la universitaria. Se elabora un Plan Especial de Reforma Interior que pretende la recuperación de buena parte del Casco Antiguo pero subordinado a las necesidades de la nueva función. El gusto por la recuperación y regeneración del centro de la ciudad está propiciando un diálogo de insubordinación a la funcionalidad tradicional, ahora se apuesta por la terciarización. La ciudad se dispone a reconquistar áreas vacías, obsoletas y malformadas para disponer de espacio donde acomodar una diversidad funcional definida por tres factores: universitario, cultural y turístico.
puerto-cartagena

El Puerto de Cartagena

LA INTEGRACIÓN PUERTO/CIUDAD. Cartagena ha sido cuanto le ha proporcionado su puerto. En esta dilatada historia se han podido marcar 4 etapas, las 3 primeras como de subordinación de la ciudad a la función portuaria, pero en la actual se invierten los términos y el puerto, en su dársena de Cartagena, se subordina a la funcionalidad turística y universitaria con que se dota a la ciudad.

Una subordinación que se lleva a cabo en 2 facetas complementarias; la 1ª, al devolver a la ciudad la superficie de tierra y agua que hace siglo y medio le arrebató para la función comercial exportadora, y, la 2º, convirtiendo a este puerto en destino de cruceros turísticos, pero también en espacio de prácticas para determinadas titulaciones universitarias y sin duda de ocio para los universitarios. Una labor que queda inconclusa por la presencia de la dársena militar.

Esta amplia superficie de tierra y agua devuelta a la ciudad se planifica para 6 distintos usos complementarios, en su mayoría, a la vida universitaria en su triple faceta, académica, investigadora, deportiva y de ocio se desea vender, pero también mejora las condiciones ambientales y la accesibilidad en el objetivo de recuperar la función residencial del Casco Antiguo. Los 6 usos complementarios, para una y otra funcionalidad, se distribuyen del modo siguiente: la Marina, nueva infraestructura portuaria prevista para 500 embarcaciones náutico-deportivas; Paseo Marítimo, configurado por una franja peatonal de 600 m. de longitud y 20 de ancho, ubicado entre la Muralla del Mar, que circunda a la ciudad de la época de Carlos III, y el Bulevar en que se convierte todo el espacio de carga del antiguo muelle comercial; un Centro comercial de 20.000 m2; el citado Bulevar, que facilita la accesibilidad a la ciudad y a los espacios muralla de Carlos III, como hito turístico de la ciudad, un parque con amplias zonas ajardinadas, espacios peatonales y láminas de agua, aparcamientos subterráneos, con un millar de plazas que facilita la problemática del tráfico en una ciudad acrópolis donde es muy difícil acceder en automóvil.

La segunda gran aportación de la Autoridad Portuaria al desarrollo turístico de la ciudad consiste en su estrategia de transformar la vocación de la dársena de Cartagena, como puerto de graneles sólidos, para convertirla en un Puerto de Cruceros Turísticos. La estrategia consiste en situar el Puerto de Cartagena como lugar de escala de este tipo de buques.

En este sentido, se desarrolla la justificación urbanística de la propuesta de integración del viejo puerto en la ciudad en la “Memoria Propositiva” que se incorporaba al documento, como una de las más importantes actuaciones del documento de Revisión del Plan General de Cartagena.

estructura cartagena.jpg

CARTAGENA – estructura urbana

La situación de Cartagena obedece a factores de orden estratégico-militar, pero su emplazamiento, sin duda, debió ser elegido en razón a que en buena medida se trata de un espacio físico particularmente dotado para la función que se le quiere asignar: facilidad para fortificarla; especial disposición para dar abrigo a la flota –aspecto que tiene mucho que ver con su tradición comercial-; difícil accesibilidad. Sin embargo, estas ventajas, que desde el punto de vista militar, industrial y comercial, aconsejan su elección como sede de un Departamento Marítimo, de un complejo petroquímico y de un buen muelle comercial, generan serias dificultades respecto del asentamiento de la ciudad en las circunstancias actuales, en las que es necesaria una intensa vida de relación, vida en la que la instalación de la Universidad Politécnica va a jugar un papel regulador de extraordinario valor.

cartagena-ge3El primer elemento natural que llama nuestra atención es la línea de contacto que marca la diferencia entre los dos espacios físicos –tierra y agua- que integran la Bahía. La influencia ejercida por la línea de costa en la morfología urbana es doble, por una parte la ordena y por otra la limita. Es decir, actúa como línea de crecimiento, pero también como barrera, como obstáculo a la expansión. La incidencia del mar sobre el plano es clara, la amplia bahía sobre la que se asienta la ciudad dibuja una costa cóncava y a ella convergen una serie de calles más o serie de calles dispuestas en semi- coronas circulares, un tanto distorsionadas por la presencia de barreras artificiales.

Alguno de los barrios pericentrales son tan antiguos como la propia ciudad, el Barrio de Santa Lucía. Otros hacen su aparición más tardíamente, San Antonio Abad, La Concepción, Los Dolores y Peral. Pero todos ellos se consolidan como tales barrios pericentrales con la puesta en práctica del urbanismo operativo e influenciados por temor de que el Almarjal, donde se va a asentar El Ensanche, no fuera capaz de soportar las nuevas edificaciones que se proyectaban. Aunque algunos de ellos, como Los Dolores y Santa Lucía, pasaron a jugar un papel muy importante con la aparición de la política de casas baratas a principios de siglo. En la actualidad la práctica totalidad de estos espacios urbanizados se han incorporado a la vida cotidiana de la ciudad, aunque en algunos casos las barreras artificiales constituidas por infraestructuras viarias dificulten la integración. En cambio todos presentan serias deficiencias en sus equipamientos y se advierte una mala estructuración espacial. Todos ellos plantean serias dificultades al tráfico y tienen un aliciente de atracción: los precios del suelo presenta sensibles diferencias con El Ensanche o el centro de la ciudad.

El área periurbana, surgida en torno a la ciudad, constituye un espacio ocupado por una población que reside en un medio con tradicional vocación agrícola, que entra bruscamente en contacto funcional con la ciudad y experimenta una profunda transformación en sus estructuras sociales, económicas, culturales y espaciales. Los residentes en este medio acuden a la ciudad, convertida en lugar central de un interesante mercado de trabajo, particularmente en los servicios. Estos emigrantes cotidianos a cambio de sus prestaciones reciben un salario, pero también nuevas pautas de comportamiento, abandonan viejos modos de transporte e incorporan la motorización como elemento fundamental en su vida. Además, este fenómeno engloba 2 espacios de singular importancia, que no participan de la economía agrícola: el término municipal de La Unión y buena parte del complejo turístico de La Manga.

Recinto historico.jpg

Casco Histórico CARTAGENA y Plan Especial Protección Casco Histórico.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Este cambio no sólo se produce en las personas sino en el paisaje. El lugar central se ve precisado de espacio físico donde ubicar nuevas actividades económicas, pero también a las personas que vienen a ocuparse de ellas. Y así surge una desmesurada ocupación del suelo edificado, de tal forma que, paralelamente al crecimiento en mancha de aceite del núcleo capitalino apoyado en sus barrios pericentrales, se produce la ocupación de los pequeños núcleos de población que circundan el espacio central, al mismo tiempo que surge un espacio disperso en los espacios intersticiales. El suelo agrícola se convierte en soporte de bloques de viviendas pero también proliferan las viviendas unifamiliares de amplia superficie, tanto para rururbanos como de exurbanos.

“…La burbuja inmobiliaria, amparada desde el estado central con la ley del suelo de 1997, apoyada por los grandes empresarios y subvencionada por la banca, la grande y la pequeña, logró una especie de milagro o espejismo de riqueza que desembocó como todos sabemos en la actual crisis. El territorio comprendido entre las sierras litorales de Carrasco y la Muela y la costa del campo de Cartagena, la comarca del Mar Menor, aparecen surcados por autovías, desdobladas en autopistas que nadie paga ni usa, el aeropuerto civil-militar de San Javier se duplica por el de Corvera cerrado y nunca utilizado. Las instalaciones residenciales y turísticas construidas han padecido un rapidísimo deterioro y las iniciadas o en proyecto han quedado detenidas. Urbanizaciones realizadas y equipadas pero sin viviendas,pueblan de “ruinas modernas” el territorio. (Schulz Dornburg, 2012)…”
cartagena arco barrios.jpg

El Arco de los Barrios -CARTAGENA

El Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Cartagena se encuentra paralizado. El Tribunal Supremo ha desestimado los recursos de casación interpuestos por la Comunidad Autónoma y el ayuntamiento de Cartagena contra el fallo del TSJ que declaró nula la orden de la consejería de Obras Públicas relativa a la revisión del PGOU de Cartagena, el 29.12.2011. La sentencia del Supremo supone un nuevo varapalo para la Comunidad y el Ayuntamiento, ya que da la razón al empresario Tomás Olivo, quien a través de Emasa Empresa Constructora SA presentó un recurso frente a la revisión del Plan General Municipal de Ordenación (PGMO), debido a que no se le permitía desarrollar el plan rambla.

El fallo del Alto Tribunal declara que la nulidad alcanza a la posterior orden de la Consejería, de 17.7.2012, relativa a la toma de conocimiento del texto refundido de la revisión del PGOU al considerar que la misma no puede subsistir si se anula la norma que le servía de fundamento y a la que se encuentra unida. El plan anulado por el TSJ “…rebajó la protección del suelo en la ribera Sur del Mar Menor consolidando el desarrollo urbanístico de Novo Carthago, incluyó suelos urbanos en Cala Reona y bosque de Atamaría, no aportó información cartográfica fundamental sobre hábitats naturales, riesgos ambientales e infraestructuras diversas, y no incluyó suelos protegidos fuera de los que estaba obligada por la normativa europea y autonómica …”

Y se armó. Dónde estamos AHORA? El Ayuntamiento tiene en exposición pública y período de alegaciones una versión corregida express corrector del PGOU. Pero es que no se han enterado que así no vale. La ciudad no se hace con sentencias y trampas. Lo que mal empieza, mal acaba.

El primer Plan General de Cartagena se aprobó en el año 1.961 y por tanto en los años inmediatos a la aplicación de la Ley del Suelo y Ordenación urbana de 1.956. Era un Plan cuyo desarrollo se centraba más en la ciudad que en el territorio. El Planeamiento Marco del Término municipal de Cartagena es la Revisión del Plan General Municipal de Ordenación aprobado definitivamente por Acuerdo del Consejo de Gobierno de la Comunidad Autónoma el 9.4.1987, publicado y publicado en el BORM el día 14.4.1987. En el acuerdo de aprobación se dejaron en suspenso las determinaciones respecto a varias zonas, hasta tanto fuesen subsanadas las cuestiones planteadas en dicho acuerdo.

pgou1996.jpg

vigente PGOU 1996 – CARTAGENA

Con fecha 23.6.1988 se realiza la toma de conocimiento por parte Director General de Urbanismo y Planificación del Territorio, del Texto Refundido del Plan General, en el que se incluyen modificaciones consecuencia de las distintas resoluciones respecto a las zonas y cuestiones que habían quedado en suspenso en el acuerdo de aprobación definitiva, así como las modificaciones aprobadas hasta ese momento. Las Normas Urbanísticas fueron publicadas en el B.O.R.M. el 10.7.1996

La situación urbanística en Cartagena entonces, se decía en la Memoria del PGOU 1988, era realmente caótica. Aunque el primer Plan General de Cartagena, redactado de oficio por el Ministerio de La Vivienda aprobado en 1961, la ciudad se desarrolló totalmente de espaldas al mismo, tanto en esta década como en la siguiente. Si bien en la zona del Ensanche se respetó el trazado básico de las calles, se abrieron nuevos viales que rompieron la tipología clásica de ensanche y se construyeron edificios con un altura desmesurada en relación con la anchura de las calles. El crecimiento de los barrios se realizó mediante Parcelaciones, que ordenaban parcialmente un ámbito concreto, el cual solía coincidir con el límite de la propiedad del promotor, sin considerar las conexiones con la estructura general y en ocasiones, entre parcelaciones colindantes. No se realizaron ninguna de las vías generales previstas en el Plan, e incluso algunas de las parcelaciones invadieron la reserva prevista para la misma, por lo que la estructura de la ciudad continuaba siendo la misma, apoyada solamente en las antiguas vías radiales de acceso, a través de los barrios.

En 1976, el Ministerio de la vivienda aprueba una modificación del Plan General, la cual regula las alturas y los usos en el casco antiguo y en la zona del ensanche y clasifica como suelos urbanos los poblados del interior y de las playas, para su desarrollo mediante PERI. Por si esto fuese poco, en el año 1977 se aprueba por silencio positivo el “Plan General de Playas-1977”, que ordenaba el suelo del litoral, con lo que Cartagena se convierte en un municipio con 2 planes generales, contradictorios entre si.

En el Informe “Análisis Urbanístico de Barrios Vulnerables 1996. Catálogo de Áreas Vulnerables Españolas”. Ministerio de Fomento‐Instituto Juan de Herrera. Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Universidad Politécnica de Madrid, HERNÁNDEZ AJA, Agustín (director) se identifican en 1991 los barrios vulnerables de 1.‐ Sureste de Cartagena (Los Mateos, Castillo de los moros, Santa Lucía, Santiago, Lo Campano), 2.‐ Casco Antiguo y 3.‐ Cartagena Este (Barriada Virgen de la Caridad), además de SANTÍSIMA TRINIDAD (Barriada de casas bajas en hilera, perteneciente a la diputación de San Antonio Abad, situada al norte del casco antiguo, tras los primeros crecimientos del ensanche. Actualmente, la población envejecida se va alternando con un cada vez más creciente número de inmigrantes, que residen aquí atraídos por los bajos alquileres) y LO CAMPANO (Modesta barriada de bloque abierto de los años 1950, localizada en el límite Sureste de la ciudad, desvinculada prácticamente del nucleo urbano. Surge como asentamiento de realojados, sobre unos terrenos rodeados de industria y pésimas condiciones medioambientales, y actualmente consta de unos 2000 habitantes mayoritariamente gitanos. Es el foco de drogas más importante de la región, con una fuerte presencia en las zonas de convivencia del ámbito; en 2001 son, 1.‐ Casco, 2.‐ Barriada Virgen de la Caridad, 3.‐ Santa Lucía/Los Mateos, 4.‐ Barrio Peral, 5.‐ Urbanización Mediterráneo y 6.‐ Los Dolores, y en 2006, 1.‐ Casco y 2.‐ San Antón junto a BARRIADA VIRGEN DE LA CARIDAD (El área se sitúa al noreste del Ensanche, fuera de la ronda Ciudad de la Unión, que configura el primer anillo de circunvalación de Cartagena. Perteneciente a la Diputación de Casco, la barriada Virgen de la Caridad, conocida popularmente como “las Seiscientas” surge en los años 60′ para realojar a población de los barrios tradicionales de Cartagena. En torno a esta promoción y en años sucesivos, la inversión privada interviene en áreas colindantes y es, a finales de los 80′, cuando se produce otro crecimiento importante al hacerse cargo la promoción pública de levantar nuevas viviendas para albergar a población marginal y dotar al barrio de equipamientos. Actualmente, el barrio ha ido renovando su población con extranjeros, que conviven con los vecinos primigenios).

En Cartagena las Grandes Areas Residenciales acumulan 5.729.420 m2 previstos de edificabilidad para 47.831 viviendas estando pendientes 44.751 viviendas. SIn urbanizar tenemos los sectores BARRIO PERAL I (369.771 m2 de suelo para 136.000 m2 de techo para 1.046 viviendas), o CARTAGENA CENTRO 1.1 (1.017.488 m2 de suelo para 412.500 m2 de techo para 3.173 viviendas); urbanizado en proceso de edificación están BUENOS AIRES (232.988 m2 de suelo para 177.000 m2 de techo para 1.362 viviendas, edificado al 8%), o SECTOR RAMBLA (255.541 m2 de suelo para 235.001 m2 de techo para 1.958 viviendas, edificado el 11%), o CARTAGENA CENTRO 1.2 (982.500 m2 de suelo para 380.000 m2 de techo para 2.923 viviendas, sin edificar), SECTOR CARTAGENA OESTE 5.2 (713.928 m2 de suelo para 345.000 m2 de techo para 2.494 viviendas, sin edificar), SECTOR EL HONDON (891.892 m2 de suelo para 545.000 m2 de techo para 6.025 viviendas, sin edificar), o el SECTOR LOS DOLORES NORTE (338.972 m2 de suelo para 147.300 m2 de techo para 1.306 viviendas, sin edificar).

Analisis estructura.jpg

Cartagena. El precio de la apuesta por el turismo.
La ciudad vive del turismo y de la llegada de cruceros al que es uno de los puertos más antiguos del Mediterráneo. El grueso de las inversiones del Consistorio dirigido por la popular Pilar Barreiro desde 1996 se ha centrado en adecentar la cara del centro de la ciudad y el puerto para que los visitantes se l