BARAKALDO.

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BARACALDO GE2.jpgBarakaldo es una ciudad y municipio de 25,03 km2 situado en el territorio histórico y provincia de Vizcaya en el País Vasco, ubicado en la comarca no oficial del Gran Bilbao, en la margen izquierda de la ría del Nervión. Es el municipio vizcaíno más habitado después de Bilbao y el 4º vasco por detrás de las capitales de provincia. Su denominación histórica es anteiglesia de San Vicente de Baracaldo.

El municipio creció a través de la industrialización, con el desorden urbanístico que ello provocó, pasando de ser de un pueblo rural a una ciudad industrial y de servicios, surgiendo distintas zonas diferenciadas dependiendo de su actividad económica.

Limita al S con el municipio de Alonsotegui, al N con Sestao y Erandio, al O con Trapagaran, Galdames y Güenes y al E con Bilbao. El casco urbano se ubica en el tercio N. Se asienta sobre la zona de menor pendiente en terrenos ganados a antiguas zonas de marisma y vegas aluviales. El municipio de Barakaldo es montañoso, con un relieve bastante accidentado y recortado, caracterizado por la estrechez de los valles, las diferencias importantes de nivel y las elevadas pendientes. Por su fuerte carácter industrial, dispone de numerosas comunicaciones tanto por carretera como por vía férrea.

Baracaldo 3d.jpgA pesar de considerarse un municipio urbano de sector servicios y homogéneo, aún perduran esas zonas: una es el área ex-industrial de las riberas de los ríos y de las vegas de Ansio y Galindo, que hasta mediados de los 90′ fueron barrios degradados, que gracias a distintas actuaciones urbanísticas se han regenerado o están en proceso. Otra zona incluye el casco urbano, con una gran densidad de población y situada cerca de la antigua área industrial pero a mayor altura; su actividad económica desde la industrialización se ha basado en el sector servicios.

El centro se subdivide en la Zona Centro (San Vicente de Baracaldo) y la Zona de Cruces, esta última con una extensión mucho más pequeña, ya que está situada en una ladera o montículo. Con una altitud media más alta y menos poblada, aunque con mucha más extensión, se encuentra el área rural, ubicada en las afueras al O y S del municipio, en la que se ha llevado a cabo en los últimos años un importante desarrollo urbanístico; dicha zona incluye varios pequeños barrios (Gorostiza, Las Delicias, Zubileta...), montes (Apuco, Argalario…) y el valle de El Regato (Mendierreka, Mezpelerreka o Errekatxo); en tiempos esta área era incluso mayor al pertenecer a Baracaldo el municipio de Alonsótegui hasta principios de los 90′.

BARACALDO GE1.jpgAunque históricamente la economía baracaldesa se sostuvo en la industria siderúrgica cuyo estandarte, AHV (“Altos Hornos de Vizcaya”), era base de la economía de toda la Margen Izquierda, desde los años 2000 la economía de la ciudad se basa en el sector servicios, principalmente en el turismo (con la feria de muestras BEC), el comercio y el ocio (con los centros comerciales MegaPark Barakaldo y Max Center), lo que ha contribuido a la mejora de las comunicaciones con pueblos y ciudades de alrededor.

Mapa-Barakaldo.jpgLos primeros indicios de presencia en Barakaldo datan de hace 10.000 años. Los comienzos de la historia de Barakaldo habría que situarlos en las actividades bélicas de los cántabros y sus luchas con los romanos y las tribus vecinas. El primer núcleo de población importante se situó en la desembocadura del río Galindo.
En el siglo XIII era un pueblo agrícola y podía dar salida por tierra y por mar a los productos mineros que se obtenían en la zona. La salida del mineral de la zona pasaba por Barakaldo, lo que ocasionó la existencia de muchos molinos y ferrerías en El Regato y en la zona de Iráuregi.
Cuando se inicia el desarrollo industrial en Vizcaya, comienzan a tener gran importancia las ferrerías, y las de Barakaldo elaboraban el mineral de hierro extraído de la zona de Triano. Había gran competitividad con las de Bilbao y las Villas. Finalmente, Barakaldo se encargó únicamente de las labores de carga y descarga de los minerales.
Si en un principio la minería fue el reclamo de población de todas partes, muy pronto la paulatina industrialización hace que el centro de gravedad de la inmigración se traslade a la zona de Barakaldo. El proceso de urbanización es paralelo al de industrialización, y éste comienza a mediados del siglo XIX.
En 1902 se constituye la sociedad de Altos Hornos de Vizcaya que llega a ser uno de los máximos exponentes de la economía industrial española.
El reparto de los espacios urbanos se fue acomodando a las nuevas circunstancias industriales. Su importancia económica provocó el florecimiento del sector servicios.
En la década de los 60′ Barakaldo dejó de ser un punto de referencia industrial, ya que la industria comenzaba su declive con el cierre de Altos Hornos de Vizcaya y esa disminución de la actividad supuso la pérdida de muchos puestos de trabajo.
A principios de los 90′ el barrio de Alonsótegui y el barrio de Iráuregui formaron conjuntamente municipio propio y se separaron del término municipal de Barakaldo. En los últimos años, la ciudad ha pasado de ser un municipio industrial a convertirse en núcleo de servicios.
Su estructura urbana se corresponde con el modelo de implantación industrial y la aglomeración. Las grandes industrias se adueñaron de los terrenos llanos situados junto a la ría, mientras que la población tuvo que ocupar los suelos residuales, encaramándose y hacinándose en los montes. La ciudad crece en pocos años, sin que exista planeamiento, ni equipamientos o dotaciones, constreñida por la topografía y de espaldas a la ría. Los núcleos urbanos están inconexos entre sí, a la vez que coexisten con la industria, con un transporte colectivo insuficiente.
Barakaldo estaba compuesto por dos subcentros residenciales (N y S) con diferencias funcionales entre ellos, separados por áreas industriales (E y O) y por la autovía A‐8. Además de estas fronteras industriales destacaban las localizadas sobre los estuarios del Nervión, Castaños y Kadagua.
Las principales características del subcentro urbano norte son la alta densidad y los problemas de tráfico y aparcamiento, así como la escasez de zonas verdes.
El subcentro urbano sur está caracterizado por una densidad menos acusada y unas conexiones deficitarias con el norte, así como la división interna producida por el trazado de la autovía.
La intensa actividad industrial soportada durante décadas originó extensas zonas fuertemente contaminadas, algunas de ellas, muy próximas al casco urbano.
En la actualidad los antiguos terrenos industriales baldíos han sido recuperados. Donde anteriormente se situaba el tren de laminación de Altos Hornos de Vizcaya, hoy encontramos un recinto ferial. Además se han establecido nuevos equipamientos deportivos y zonas verdes en la zona.
Los terrenos de Ibarreta‐Zuloko se han descontaminado y actualmente los ocupa el centro comercial Mega‐Park.
Se han peatonalizado numerosas calles en el centro del municipio, en torno a la Herriko Plaza. Por otro lado el Metro de Bilbao, que llega hasta Barakaldo, y la recientemente terminada ronda de de circunvalación han mejorado la comunicación de la ciudad y de los barrios.
actuaciones.jpgSon reseñables ciertas actuaciones, ligadas al PGOU (Plan General de Ordenación Urbana) de 1999, llevadas a cabo que han cambiado el funcionamiento y la estructura de la ciudad en los últimos años:
‐Urban Galindo. 2005‐PRI (Plan de reforma Interior) 08 Retuerto. 2006
‐SSU (Sector de Suelo Urbanizable) 05 Ibarreta Zuloko. 2006
‐SSU 33 San Vicente. 2006
‐Plan Especial de Beurko. 2006
‐SSU 01 Ansio Ibarreta. 2006
‐Feria de muestras del Bilbao Metropolitano. 2006
‐SSU 02 La Siebe y SSU 04 Dinamita. 2006

En el Informe  “Análisis Urbanístico de Barrios Vulnerables 1996. Catálogo de Áreas Vulnerables Españolas”. Ministerio de Fomento‐Instituto Juan de Herrera. ETSAM-UPM, ‐ HERNÁNDEZ AJA, Agustín , se identificaron 1991 los barrios vulnerables de 1.‐ Beurko, 2.‐ Desierto y 3.‐ Rontegui, además de las zonas vulnerables de ZUAZO (al NO de Barakaldo, incluye los barrios de Zuazo y San Vicente, existiendo diferencias claras entre ambos barrios. San Vicente tiene una retícula viaria de ensanche en manzana cerrada, con un comercio de barrio importante, la urbanización es buena pero los tratamientos son duros. Carece de equipamientos y dotaciones. La zona de Zuazo tiene un trazado discontinuo, con falta de trama urbana y superposición de barriadas sin conexión, penetradas por instalaciones industriales. La tipología edificatoria es de bloque aislado de 5 alturas, dejando únicamente como zonas libres los espacios intersticiales entre los edificios. A este deterioro urbano hay que sumarle un alto grado de contaminación atmosférica, debido a la proximidad de las instalaciones industriales, AMEZAGASUR DE BARAKALDO. En el informe de 2001, se incluyeron 1.‐ Casco Antiguo y 2.‐ Landaburu además de las  zonas de GRUPO “ZUAZO” (Está situado en el barrio de Zuloko, al suroeste del casco antiguo de Barakaldo. Está conformado por bloques aislados de 5 alturas con deficiencias efecto de la edad de la edificación. Estas edificaciones estaban situadas en una zona con gran contaminación atmosférica, debido a la proximidad de instalaciones industriales  antes de ejecutarse las actuaciones correspondientes a Ibarreta‐Zuloko y San Vicente, provenientes del PGOU de 1999. Actualmente está rodeado de espacios libres y zonas verdes de entidad y ha mejorado su situación, aunque persisten ciertos problemas de conservación de la edificación. Las secciones censales detectadas tienen un indicador de vivienda superior al 2 %), SAN VICENTE (forma parte del llamado subcentro urbano N, situado al O del casco antiguo. Las edificaciones que lo conforman tienen de 6 a 9 alturas, con un gran zócalo para usos comerciales que, en la actualidad está predominantemente infrautilizado. Es una zona de alta densidad edificatoria), VIVIENDAS OBRERAS “LA FAMILIAR” (colonia de viviendas unifamiliares en hilera construida en 1927 para alojar a mineros, compuesta de varias hileras dispuestas perpendicularmente al río Castaños, con orientación E-O, de calles estrechas y salvan las diferencias de cota con pequeños escalones que originan problemas de accesibilidad para el tráfico rodado. Las viviendas están bien conservadas a pesar de la baja calidad constructiva. La sección censal detectada tiene un indicador de vivienda superior al 2 %), RONTEGUI (situado al SE del casco antiguo, tiene una urbanización desordenada y difíciles accesos al centro. Sus calles son poco uniformes. Las edificaciones son de manzana cerrada y la zona tiene una elevada densidad. Se han detectado dos secciones censales con el indicador de vivienda cercano al 2,5 %), CRUCES (situado al SE de la localidad, en el comienzo de la ladera NE de la Sierra Sasiburu. Este barrio se desarrolló en los 50′ y 60′ con edificación abierta de gran altura, ante la inmigración que atrajo a Barakaldo a miles de personas a trabajar en sus fábricas. El barrio tiene déficit de zonas verdes y una densidad elevada. En este barrio encontramos el Hospital de Cruces. Se ha detectado una sección censal con el indicador de vivienda cercano al 3 %), y LA PAZ (Este barrio es la prolongación del barrio de Cruces al otro lado de la autovía del cantábrico. El barrio está formado por altos bloques de viviendas con separaciones entre ellos que permiten la conformación de zonas verdes en el barrio).

El municipio de Barakaldo se ha incluido en este estudio por contar con barrios en los que se supera el índice de vulnerabilidad de vivienda. La tasa de paro del municipio (15,96 %) está 4 puntos por encima de la media de la comunidad (11,63 %) y 1 punto por encima de la media estatal (14,20 %). El porcentaje de viviendas sin servicio o aseo del municipio (1,77 %) es superior a las medias autonómica (0,98 %) y nacional (1,00 %). El porcentaje de población sin estudios en el municipio (9,60 %) es mayor que en la Comunidad Autónoma (7,61 %), y menor que la media nacional (15,30 %).

La población mayor supone un 8,25 % de la población del municipio y se localiza en un 10,24 % en hogares unipersonales. La ciudad tiene un porcentaje de hogares con un adulto y un menor (1,20 %) ligeramente inferior a la media autonómica (1,99 %) y estatal (1,99 %).

La tasa de paro del municipio está 4 puntos por encima de la media autonómica, así como la tasa de paro juvenil, que supera en más de 3 puntos el valor correspondiente a la Comunidad Autónoma. El porcentaje de ocupados eventuales en el municipio (28,46 %) es casi 6 puntos mayor que la media autonómica (22,95 %). El porcentaje de ocupados no cualificados del municipio (12,55 %) también se encuentra por encima de las medias autonómica (8,93%) y estatal (12,23 %).

Apenas encontramos viviendas menores de 30 m2 en el municipio (0,08 %), valor ligeramente por debajo de la media autonómica (0,11 %) y nacional (0,39 %). La superficie media por habitante en las viviendas del municipio (25,40 m2/habitante) es inferior a la media autonómica (29,20 m2/ habitante). El porcentaje de viviendas en mal estado de conservación en el municipio (2,25 %) es similar al valor autonómico (2,63 %) y al estatal (2,13 %) y el parque residencial en el municipio es más nuevo que el de la comunidad.

Los principales problemas percibidos por la población del municipio según el censo son la escasez de zonas verdes, los ruidos exteriores y la contaminación.

Mapa-1.jpgORIGEN GEOLÓGICO DE LA RÍA
El río Nervión, que nace en Délica (en los montes de Orduña), como todos los cursos fluviales que desembocan en el Cantábrico, es muy corto. Apenas cuenta 72 kms. La proximidad de las montañas al mar, con cursos de escasos kilómetros, y el tener que salvar el desnivel en poca distancia, hace que los ríos de la vertiente cantábrica se caractericen por su poca extensión, corriente moderadamente viva y escaso caudal (si los comparamos, por ejemplo, con los ríos que atraviesan la Meseta) . Bajo estas características encontramos, al igual que el Nervión, el Butrón y el Oka (que conforma la ría de Gernika y su vasto estuario) en Vizcaya, y el Deba, Urola y Urumea en Guipúzcoa. Sin embargo, es el Nervión el mayor de todos ellos, nutrido por un amplio abanico de afluentes que desde Amboto, Mena, Oiz, Gorbea y Délica vierten sus aguas en él. En su tramo final hallamos el Cadagua, el Asúa y el Galindo.
Es en La Peña donde el Nervión deja de ser río para pasar a llamarse ría, la ría del Ibaizabal. Por último, a partir de Portugalete y Getxo (podríamos decir que desde el Puente Colgante), su desembocadura se ancha formando El Abra, donde hoy se está construyendo el superpuerto.
La forma actual de la Ría, tanto de su cauce como del relieve que lo rodea, es el fruto de una progresiva evolución, lenta e imperceptible, debida a la erosión, la sedimentación, la intervención del mar y la acción del hombre.
Durante la Era Cuaternaria tienen lugar una serie de períodos glaciares, esto es, de baja de temperaturas, enfriamiento generalizado de la Tierra y congelación de gran parte del hemisferio norte, que quedó cubierto de hielo. A estas glaciaciones les suceden períodos de calentamiento, de deshielo. En los primeros ocurrieron descensos del nivel de los mares, durante los cuales los ríos se encajonan en sus cauces, y en los segundos se dieron elevaciones del nivel marítimo, inundando los océanos los últimos kilómetros de los valles fluviales, tapando las costas y originando rías y estuarios.
Antes del último período glaciar el río Ibaizabal formaba un enorme meandro a la altura de Lutxana, rodeando Barakaldo por los actuales barrios de Retuerto y Ugarte, regresando por Simondrogas, en Sestao, al itinerario que hoy vemos, aproximadamente a la altura de la desembocadura del río Galindo, que en aquella época discurría entre Cruces y Retuerto. Rontegi y Monte Cabras estaban unidos, prolongándose hasta el actual cordal de Artxanda. Pero al descender el nivel del mar (alrededor de los 60 cm), la erosión hizo que el río cortara esta pequeña franja de terreno fangoso que unía Rontegi con Monte Cabras a la altura de la curva de Elorrieta. Una vez cortado el muro natural que propiciaba el largo meandro por Retuerto, el río buscó la línea recta (el actual trazado), quedando el meandro de Retuerto-Ugarte 20 cm. por encima del nuevo cauce.
En el período interglaciar (hace unos 10.000 años), el deshielo originó la subida del nivel del mar, llegando a alcanzar los 4 m. de incremento. Se origina entonces la ría, con la ocupación del tramo final del cauce. Se cubre de agua marina incluso el viejo meandro Retuerto-Ugarte. Con las subidas y bajadas de la marea y sus continuas corrientes ascendentes y descendentes, se van depositando materiales procedentes tanto del mar como del río y sus afluentes. De este modo, el cauce, que para entonces es muy amplio y prácticamente similar en anchura al actual, se llena de sedimentos. Estos sedimentos se acomodan en el fondo del cauce y crean una gruesa película de lodos y fangos que varían en profundidad entre los 10 m. de Retuerto y los 30 m. en Lamiaco.
En épocas más recientes el nivel desciende hasta el actual, dejando al descubierto parte de estos fangos y lodos, creándose de esta forma amplias explanadas totalmente llanas como Ansio, Erandio o Lutxana. Además, se origina una vegetación capaz de adaptarse a las características de estos suelos, surgiendo marismas, zonas encharcadas, balsas… como son las actuales orillas del río Galindo.
01-ME-27049.jpgLA RÍA PREINDUSTRIAL
En tiempos antiguos sus orillas eran campos, playas, marismas y pastos de gran belleza. Del paisaje de entonces se conservan dibujos y pinturas, planos y mapas, que muestran su encanto: las casitas de pescadores de Algorta (que en el s. XVII aún se llamaba Argota); la enorme playa de lo que hoy es Areeta. Pastizales y pequeñas viviendas desde Portugalete hasta Lutxana, donde hasta mediados del S.XIX existieron las importantes torres de origen feudal llamadas Torres de Lutxana, auténtico símbolo del poder estratégico de Lutxana en pugna con Bilbao. El Monasterio de los Carmelitas descalzos, en honor a San Francisco del Desierto, en lo que actualmente denominamos “Desierto-Barakaldo”. La torre ya desaparecida del Conde de Miranda, en Sestao, pueblo que se llamaba Cestas o Cestaos…
A la altura de Barakaldo, la ría servía para regar los campos, con parras, maíz y trigo, alubias y castañas, productos de huerta, árboles frutales, ricos bosques. Llegó a ser en el s. XVIII la vega más feraz, productiva y mejor cultivada de Vizcaya pues a la fertilidad de los suelos había que unir la excelente calidad de las aguas. Robles, cipreses, palmeras datileras y viñedos competían con tomates, pimientos, campos verdes para el ganado y mieses. A esto hay que añadir la abundancia de la pesca en su cauce, que iba desde las angulas y ostras (famosas éstas en Barakaldo) hasta la amplia variedad de pequeños peces útiles para la alimentación, así como grandes ballenas que incluso a veces venían a embarrancar en las costas de Lutxana.
Resultado de esta bonanza del paisaje, se generaron enseguida núcleos de población dependientes del río, pero será sin duda el comercio primero y la industria después lo que realmente dará a la vega del Nervión su merecedora fama. Sin embargo, la ría habrá de experimentar numerosas obras y modificaciones hasta lograr su mejor aprovechamiento como vía de comunicación fluvial.
Hasta el S.XVI, el mar entraba sin ningún freno de diques o escolleras y el Nervión era un río sin lecho ni orillas bien definidas. Su cauce era cambiante y estaba sembrado de peligrosas barreras de rocas y bancos de arena que dificultaban el paso de los barcos. El más temible banco de arena era el que se formaba en Portugalete, llamado “la barra”, que ocasionó numerosos accidentes navales. Los arenales de Lejona, las tierras del Desierto-Barakaldo y los fangales de Sestao se inundaban con frecuencia. Será en 1.502 cuando se inicien los estudios para mejorar el cauce, evitar las crecidas y eliminar la barra de Portugalete. Una vez que se funda el Consulado de Bilbao, órgano gestor del tráfico fluvial y del mantenimiento de la ría, en 1.511, será él el encargado de gestionar la construcción del muelle de Portugalete y el de las Arenas, a fin de contener la fuerza del mar. En 1.844 el Consulado perderá sus funciones y se encargará de la ría la Dirección de Obras.
Las guerras de España en el XVII y los ataques de piratas ingleses a Bilbao originaron la crisis del Nervión. Además, hasta 1654 no se harán más obras. Será en este año cuando se realice la isla de Uribitarte, frente al Campo de Volantín, para evitar las frecuentes inundaciones de la Villa de Bilbao. En 1753 se canaliza el tramo desde Desierto hasta Portugalete, con el muelle de la Benedicta en Sestao y el de Las Arenas-Axpe, encauzándose finalmente la zona de Olaveaga, con lo que la navegación, y por lo tanto el comercio, volvería a adquirir importancia, alcanzándose a partir de esta época el mayor auge que ha conocido el Ibaizábal. Sólo quedaba un problema, solucionar la barra de Portugalete, que no encontraría respuesta hasta 1877, año de la creación de la Junta de Obras del Puerto, que dirigió el ingeniero Evaristo de Churruca. Fue el muelle de hierro de Portugalete, de 800 m., lo que hizo desaparecer la nefasta muralla de arena.
Terminado este asunto, se acometió la construcción del puerto exterior, en El Abra, para aliviar a la ría del trasiego de barcos e impulsar la vocación comercial del Gran Bilbao. Con un impuesto extra de un real por tonelada producida, que hubieron de pagar los explotadores de las minas de hierro, se financió la ampliación del puerto exterior, con calado para navíos de 100.000 toneladas. No cabe duda de que las actuales obras del superpuerto son herederas de esta vocación marinera y mercantil ya patente en el Consulado. Recordemos que fue la exportación de lana castellana la que impulsó el comercio marítimo bilbaíno allá en el s.XV y que desde entonces el acondicionamiento de la ría ha ido persiguiendo la creación de mejores espacios de embarque y desembarque.
Las obras de Churruca modificaron enormemente la vida de los habitantes de las orillas de la ría. Como resultado de la gestión de la Junta de Obras se formó un cauce más profundo, que permitía la entrada de barcos de 25 pies de calado, frente a los 13 de máximo que admitía el anterior fondo. Además, se evitó la inundación anual a que estaban acostumbrados los habitantes ribereños. El tonelaje de importación y exportación que en 1878 fue de 1.398.000 toneladas pasa a ser en una década de 5.792.804. En 1902 se construye el rompeolas de Santurce y el muelle de Algorta.
Los habitantes de ambas orillas se ven inmersos en un violento y repentino proceso de cambio que modificará sus formas de vida, sus costumbres, su modo de relacionarse. Barcos más grandes supusieron más mercancías, más acuerdos y nuevos negocios. El Nervión, que siempre ha estado volcado en el comercio, que ha servido de canal de comunicación entre la Meseta y el Cantábrico, que ha compartido durante siglos las actividades agropecuarias con las transacciones, trueques y compraventas, se halla a finales del XIX listo para dar el gran paso. O mejor, los dos grandes pasos que le van a marcar durante todo el XX: por una parte, su paso hacia el comercio a gran escala; por otro, ya tiene la infraestructura fluvial necesaria para dar el paso a la industria. Nuevos gustos, nuevos intereses, nuevas obras y una nueva manera de entender la ría. La vivienda se modifica fruto del éxodo rural, la vida cotidiana experimenta una gran metamorfosis. El Nervión pasa a ser el eje vertebrador de la economía vasca.
mapa-4-coello1-520x245.jpgLA RÍA INDUSTRIAL
En 1876 se escribe una crónica en la cual ya se anuncia que “la playa de Luchana y el ameno valle que la precede, donde desembocan en la ría dos importantes ferrocarriles mineros, el de la Orconera y el del Regato, se van a convertir en breve en una población industrial llena de animación y vida” (Labayru, Historia General de Vizcaya). En efecto, a finales del XIX, como ocurrió en Luchana, las poblaciones ribereñas van a experimentar una profunda metamorfosis. De forma paralela al despegue del Nervión como escenario comercial, el Gran Bilbao culmina su larga trayectoria industrial.
Fueron las sociedades anónimas, ya conocidas en Bilbao en el XVIII, la pieza clave en el desarrollo fabril. En la medida en que las pequeñas cédulas de producción, de carácter familiar, se complican y amplían, con la ayuda de las posibilidades de compra-venta que ofrece la ría y siguiendo el camino iniciado en las ferrerías y talleres, las empresas ganan en productividad, volumen de contratación y capacidad financiera. La sociedad anónima cumplió su misión como la más eficaz herramienta de captación de capital. Los inversores, unos nobles de provincias ligados a los viejos infanzones, y otros procedentes de la nueva burguesía, se asocian mediante sus inversiones con los ferrones, armadores, navieros, comerciantes y banqueros que proliferan a ambas márgenes.
Santa Ana de Bolueta fue la primera Sociedad Anónima que se crea en Bizkaia, responsable de la transformación de las viejas ferrerías en hornos altos, como prólogo de la vertiginosa actividad metalúrgica que se intuía en la ría. Fundada en 1841, pronto regalará al paisaje del Nervión una de sus obras: el puente levadizo del Arenal, emulando los puentes parisinos sobre el Sena. Junto a Santa Ana, un largo rosario de empresas de todo tipo, frecuentemente con aporte de capital extranjero, encuentran en el Ibaizábal el mejor trampolín para sus actividades: posibilidades de transporte a gran distancia con enormes barcos que pueden fondear en la orilla, a los pies mismos de la fábrica; una población trabajadora y dispuesta, incrementada espectacularmente como resultado del auge industrial; amplias zonas para instalar a los obreros, creándose enormes barriadas con este fin. En 1854, se funda de la mano de los hermanos Ibarra y don Cosme Zubiría el horno de Nuestra Señora del Carmen, en el Desierto-Barakaldo, dejando de ser este espacio aquel romántico paraje de siglos anteriores. En 1882, al convertirse en sociedad anónima, pasa a denominarse “Altos Hornos y Fábrica de Hierro y Acero de Bilbao”, y comienza su colonización de la margen izquierda.
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1873 – Ria de Bilbao

Es en este momento de la historia de Barakaldo cuando más estrechamente se unen la Ría y la Mina. La siderurgia vizcaína no brotó de la nada sino que fue fruto de un largo proceso a través de los siglos. Nació en las artesanas ferrerías, en el paisaje minero, en la tradición ferrona. Y será el Ibaizábal su mejor aliado. A partir de entonces, sus gentes vivirán en un paisaje totalmente modelado por la actividad industrial, en un ritmo marcado por los turnos de producción y en un ambiente en el que se respirará el nombre de tal o cual empresa.
En Barakaldo, Orconera Iron Ore, Luchana Mining, Ercros, la Central Térmica de Burceña… AHV, Babcock & Wilcox, La Naval, en Sestao. La Margen Izquierda comienza a cobrar identidad. Frente a ella, un mosaico de pequeñas y medianas empresas que se instalan desde Deusto hasta Las Arenas, copando las orillas de Erandio. Dependientes de unas y otras, un anárquico entramado de compañías ferroviarias se encargan de transportar el mineral a la fábrica y el producto elaborado hasta la ría para su distribución. Portugalete, Abanto y Ciérvana, Muzkiz, Ortuella, Valle de Trápaga, Gallarta, Santurtzi… se convierten en el corazón fabril del Nervión. El éxodo rural, masivo con la expansión industrial, generará reordenaciones urbanísticas, nuevas instalaciones (mataderos, mercados, escuelas, parroquias, espacios de divertimento…) y la creación de barrios obreros muchas veces de condiciones pésimas. Pero, sobre todo, la conciencia de margen izquierda: la margen izquierda del Nervión.
1885 baracaldo.jpgEn 1889 se inicia una nueva etapa en la historia del urbanismo de Barakaldo. Es ahora cuando se concibe y se reglamenta el planeamiento urbano del municipio. Se aprueba en esta fecha el primer proyecto de Ordenanzas de construcción (viviendas en bloque de manzana cerrada, de planta baja y 4 pisos, y altura máxima de 18 m), y un año después, Casto de Zavala elabora el primer plano urbano de la antei­glesia. En él se recogía únicamente el barrio del Desierto y otro pequeño núcleo en Landaburu, en el cruce del camino de Luchana y Retuerto. Excluía los barrios de San Vicente, Retuerto, Luchana, El Regato, Burceña e Irauregui.
Sobre el plano de Zavala se superpone una trama urbana que intenta planificar la Anteiglesia desde el ferrocarril de Portugalete hasta lo que hoy es la Avenida de la Libertad y desde la calle Arrandi hasta la calle Zaballa y el barrio de Lasesarre, a base de una retícula imperfectamente ortogonal y ligeramente radial a partir del triangulo de la Herriko Plaza, cuyas calles aproximadamente señalaban las direcciones Norte-Sur y Este-Oeste. Las irregulares man­zanas quedaban achaflanadas en sus cuatro esquinas y se generaban plazas en la actual Herriko Plaza, frente a la estación del ferrocarril, ante la iglesia del Desierto y en la entonces recién abierta carretera de Landaburu a San Vicente. Muy poco se cumplió.
En las 2 primeras décadas del siglo XX se efectuaron sendas reformas del plano de Zabala. Conocemos la primera de ellas, acome­tida en 1907 por el arquitecto Santos de Zunzunegui y que no recibió buenas críticas tachándolo de intrincado y labe­ríntico, destacando la negatividad en las calles San Juan (por su pésimo trazado, mala orientación y amplitud insuficiente) e Ibarra (por la irregularidad en la anchura de su trayecto y por la serie de obstáculos, entre ellos una vivienda, que dificultaban el tránsito). Úni­camente la de los Fueros era elogiada por su amplitud y orientación, aunque se indicaba que era una lástima que no estuviese cruzada por transversales.
El 2º plano que mencionábamos (1917-1919) fue obra del arquitecto municipal Ismael de Gorostiza. Plasmaba el espectacular crecimiento experimentado por el municipio des­de finales del XIX. Abarcaba todo el término jurisdiccional de Barakal­do y en él se señalaban: los edificios municipales; la distribución de aguas; las 63 fuentes de agua potable puestas en servicio, y las del Pan­tano que no precisaban potabilidad por surtir a lavaderos y mataderos; los tres depósitos de agua: uno en la cumbre del Róntegui, otro en la ladera NO del mismo monte, y el 3º en San Vicente; la red de tuberías, en total 21.716 metros y el trazado de las cinco líneas férreas que cruzaban la jurisdicción.
Mitxel Olabuénaga
image0272Los patronos levantaron su Baracaldo: el sentido de un crecimiento urbano antes, durante y después de la Restauración.
A mediados del siglo pasado Baracaldo era un pueblo de 2.000 habitantes mayoritariamente rural, en la cima de cuya jerarquía social se encontraba un puñado de propietarios.
Dos barrios, Retuerto y San Vicente, reunían en la dispersión característica del hábitat de caserío a la mitad de la población. Su ubicación en la margen izquierda del Nervión, próxima a los riquísimos yacimientos férricos de los montes de Triano y entornos, suscitó que fuese elegido como punto de partida de la primera industrialización vizcaína.
A pesar de la existencia de 2 pequeños establecimientos siderúrgicos en permanente crisis financiera y tecnológica, los denominados Mwinckel, Arregui y Cía y Socios de Santa Agueda, y una escabechería, el referente del gran cambio socio-económico fue la fábrica Nuestra Señora del Carmen, establecida por el grupo familiar Ybarra en la zona conocida significativamente como Desierto. Desde su entrada en funcionamiento en 1856, la sociedad Ybarra y Compañía construyó viviendas para los trabajadores en las proximidades de la fábrica.
Al contrario que las sociedades antes mencionadas, la fábrica Nuestra Señora del Carmen sobrevivió a las estrecheces del mercado español y demostró gran vitalidad en la carrera tecnológica de la siderurgia. En 1882 el establecimiento fabril pasó a formar parte, dentro del proceso de concentración del sector siderúrgico vizcaíno, de la Sociedad de Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero de Bilbao (AHB), liderada también por el grupo Ybarra. Su estabilidad, sustentada en una producción competitiva en el marco de Europa Occidental desde la obtención de acero Bessemer en 1886, se tradujo en un reclamo permanente de mano de obra.
El contingente de trabajadores desplazados se alojó cerca de las instalaciones de la fábrica, De esa manera el crecimiento urbano de Baracaldo, trepidante desde el final de la II Guerra Carlista, tuvo su base en el barrio obrero del Desierto. Los padrones municipales hablan de 8.000 habitantes en 1896, 15.000 en 1903, 20.000 en 1912 y 30.000 en 1926. Esas cifras no incluyen la población no registrada, tan abundante entre el elemento obrero. Allí se ubicó la estación del ferrocarril Bilbao-Portugalete. Los asentamientos ocuparon los terrenos más próximos a la fábrica y se alejaron conforme se densificaron.
En esencia el crecimiento urbano del municipio parte de la fábrica y se extiende por la ladera de la colina y por la orilla de la ría. En esta dirección se creó del paisaje el barrio de Luchana, donde se instalaron los embarcaderos de los ferrocarriles mineros de las compañías Luchana Mining y Orconera Iron Ore Company Limited. Este es un buen ejemplo de la diversificación que supuso la plena industrialización en la margen izquierda del Nervión desde los años 80′ del siglo pasado. Baracaldo había dejado de ser la isla industrial, y la nueva sociedad reunía al conjunto de la margen izquierda y contaba con más industrias que la sidero-metalurgia (explosivos, papeleras, alimentación…), aunque aquélla continuaba siendo la hegemónica. Desde 1901 la oligarquía vizcaína erigió Altos Hornos de Vizcaya (AHV) en monopolio siderúrgico. Este cartel siderúrgico actuó como portavoz de los empresarios vizcaínos por poder, prestigio y presencia.
La extracción masiva del mineral de hierro vizcaíno tocó también a Baracaldo, donde transformó El Regato en barrio minero. De allí salía el ferrocarril de la Luchana Mining. Entre El Regato y el núcleo señero de La Arboleda, la cuna del socialismo vasco, las compañías mineras levantaron otro barrio en el monte Arnábal. La minería constituyó un motor menor en el crecimiento del municipio, dentro de la especificidad de las comunidades con esa ocupación.
Más reducido pero sintomático de una expansión determinada fue el aporte de la anteiglesia de Alonsótegui, anexionada a Baracaldo en 1888.
EL GRUPO YBARRA: PATRONOS, POLITICOS Y CATOLICOS
Distintos grupos financieros capitalizaron la actividad económica vizcaína desde que la plena industrialización marcó a la margen izquierda del Nervión. Los grupos Echevarría, Ybarra, Chávarri, Sota, Martínez Rivas, Gandarias, Martínez Rodas y Aznar fueron los más importantes. Sus nombres se repitieron en los Consejos de Administración de la banca, la sidero-metalurgia, la minería, las navieras, las aseguradoras, las papeleras, las eléctricas.
Por encima de sus adscripciones partidistas constituyeron una oligarquía endogámica cuyos movimientos e intereses rebasaron ampliamente la provincia y tocaron los puntos más sensibles del Estado. 
Esta oligarquía, y dentro de ella los Ybarra, promocionó, sustentó y lideró las asociaciones patronales vizcaínas, pioneras en España junto a las catalanas. El Círculo Minero y la Liga Vizcaína de Productores fueron baluartes de la acción socio-económica del gran capital vasco y español.
En torno a la carismática figura de Víctor Chávarri se creó en 1897 la Unión Liberal, más conocida como La Piña. En ese reagrupamiento político, soporte de la monarquía en el País Vasco, no participaron 2 grupos importantes de la oligarquía vizcaína, el de Sota y el de la familia Ybarra. La participación en candidaturas distintas ante elecciones concretas no fue óbice para coincidencias de más largo alcance, como la represión de estallidos huelguísticos o la oposición al impuesto del ministro Santiago Alba por los extraordinarios beneficios empresariales derivados de la I Guerra Mundial. De los Sota, líderes históricos del nacionalismo, no hay gran cosa que añadir aquí. De la familia Ybarra sí.
Los apellidos incluídos en esa denominación general son Murrieta, Ybarra, Z.ubiría, Bergé, Vilallonga y Urquijo. Formaron parte del grupo de oligarcas que, desde posiciones católicas concomitantes con el integrismo, se opuso a las formas de actuación política de los partidos dinásticos antes de la aparición de La Piña. La defensa de la Iglesia era su principal estandarte programático. Su acción política utilizó medios de influencia colectiva, en un anticipo de lo que sería posteriormente su apuesta por un funcionamiento moderno.
Adquiere relevancia su presencia en la fundación de la Universidad de Deusto (1883), baluarte cultural cedido a la Compañía de Jesús de inexcusable referencia en el País Vasco. Con las mismas premisas, y frente al desprecio con que la trató La Piña (desprecio que a la postre causó su declive), el grupo Ybarra comprendió la importancia de la opinión pública en la sociedad de masas que se gestó en las áreas urbanas entre los últimos años del siglo pasado y los primeros de éste. En ese sentido participó en la fundación del diario La Gaceta del Norte (1901), primera respuesta católica plural a la ola anticlerical liderada en Bilbao por El Liberal y muy pronto puesto al servicio del conservadurismo dinástico. En esta segunda vía le siguió desde 1910 El Pueblo Vasco, con presencia mayoritaria de capital de los Ybarra.
Dentro de la tendencia de la oligarquía vizcaína a aproximarse directamente a los núcleos de poder, y con las diferencias comentadas, en 1894 el grupo familiar obtuvo la creación del distrito electoral para Diputados a Cortes de Baracaldo. Lo mantuvieron ininterrumpidamente bajo su control hasta el pronunciamiento del general Primo de Rivera en 1923, con la única excepción del bienio nacionalista 1918-1919. Sus Diputados fueron Adolfo Urquijo, Ramón de Ybarra y Arregui, Tomás de Zubiría e Ybarra, Fernando María de Ybarra y de la Revilla y José Luis de Goyoaga y Escario (éste último en una dinastía de secretarios del Consejo de Administración de AHV). Además, miembros del grupo aprovecharon su prestigio para obtener actas de Diputado en distintas elecciones en los distritos de Bilbao y Villarcayo (Burgos).
Los Bergé, Ybarra y Zubiría, entre otros, fundaron en 1910 el partido Conservador de Bilbao tras un intento fracasado de unión de la derecha vizcaína en un partido católico, defensor del orden y con cierto contenido regionalista. En 1913, al producirse la escisión del Partido, Vizcaya quedó como bastión del maurismo. Con él tenían en común la voluntad de crear un partido moderno, con una base social y un mensaje claro. Estos mauristas advirtieron la pujanza del nacionalismo, cristalizada en las victorias electorales de 1917-1918, y endurecieron su discurso españolista. Ellos promovieron el llamado pacto monárquico de Archanda (1918) y dirigieron la Liga de Acción Monárquica, que unió a los mauristas y a los partidos conservador y liberal de Vizcaya y que dejó a los nacionalistas sin representación parlamentaria en las elecciones de 1920 y 19237.
A la llegada al poder del general Primo de Rivera, las referencias y puntos de apoyo socio-políticos de los Ybarra (la jerarquía eclesiástica, las asociaciones patronales y el maurismo) saludaron con esperanza al nuevo régimen. Este les correspondió dejando en sus manos el control directo del País.
34025301.jpgEL SENTIDO DE UN CRECIMIENTO URBANO
Junto a las observaciones sobre economía y alta política, el ámbito local asistió a una realidad concreta. Baracaldo fue el tablero donde el grupo empresarial ubicó sus instalaciones fabriles y su distrito electoral. Allí ejerció su poder de forma más directa. El grupo Chávarri hizo lo propio en Sestao. Hubo, evidentemente, más fábricas en Baracaldo, pero cualquier comparación con la instalación del Desierto es imposible. Los otros empresarios siguieron la conducta de los representantes de la oligarquía en el municipio. ¿Cuáles fueron los intereses de los Ybarra en Baracaldo y cómo los defendieron? Esencialmente les preocuparon aquellas cuestiones que condicionaron el éxito de la fábrica. Aunque hay muchas (materia prima, competencia, transporte, mercados), sin duda la más importante fue la de la mano de obra, como en toda industria nueva. Los empresarios atrajeron mano de obra, la fijaron en las proximidades de la fábrica y cuidaron su reproducción. He ahí el crecimiento de Baracaldo. No fue un proceso que acabó con el establecimiento progresivo de los trabajadores.
Al contrario, fue una permanente apuesta de futuro por el control de esa reproducción, una reproducción que no se restringió a lo físico, sino que se enmarcó en lo cultural, en sentido amplio. Los patronos planificaron una mano de obra productiva. Sus estrategias partieron de la necesidad de intrusión en la vida toda de los obreros. Les crearon un universo cuyo fin era el trabajo productivo y combatieron todo aquello que desvertebrase sus proyectos.
En esa tarea de moralización de las clases trabajadoras, puesto que de moralización se trata, se exaltaron valores como la disciplina, la fidelidad, el orden, el ahorro, la laboriosidad, la honradez y la virtud. Aplicados en la fábrica garantizaban mejores rendimientos en el trabajo, valor último. Pero los empresarios paternalistas extendieron esos valores a la vida privada de los trabajadores presentes y futuros. Consiguiendo que rechazaran el ocio improductivo (la taberna, las “bajas pasiones”, los vicios) los trabajadores mantendrían una actitud positiva ante el trabajo, dentro y fuera de la fábrica.
Algunos testimonios hablan de los buenos resultados que ofrecieron estas estrategias entre la población de Baracaldo, frente a las resistencias que encontraron entre los artesanos de los talleres de Bilbao, por ejemplo. 2 notas en la Estadística Fabril e Industrial de 1878 arrojan luz: destaca a 3 obreros “por su laboriosidad y honradez” y afirma que “la influencia que ejercen los jefes de las fábricas cerca de los jornaleros u operarios es la que naturalmente tiene un amo sobre su criado” .
Los Ybarra no partieron de cero en Baracaldo. El paternalismo industrial se extendió por Europa Occidental y Norteamérica como práctica empresarial. La decisión misma de levantar la fábrica en un lugar despoblado, y su organización autosuficiente de manera que los trabajadores no necesitaran abandonar el entorno fabril para nada, demuestran que los Ybarra conocían estas técnicas. La historiografía española ha atribuído los frecuentes viajes de los siderúrgicos vizcaínos a las fábricas europeas a la voluntad de actualización de la tecnología exclusivamente. Sin duda, junto a la tecnología, nunca neutral como ya manifestara E. P. Thompson, se adoptó la organización del trabajo y de los poblados obreros.
Precisamente socios de los Ybarra, como la Krupp alemana, aplicaron las estrategias paternalistas. No debe deducirse que el paternalismo, como no lo es ningún fenómeno social que desborde las fronteras, fuese un corpus rígido aplicado por igual en todos los lugares. Pero los empresarios paternalistas se sirvieron de medios de intervención que se repiten, las necesidades sociales inventadas en buena parte por ellos mismos. La vivienda, la enseñanza, la higiene y la previsión, entremezcladas, fueron las más importantes10. A este recetario los Ybarra añadieron en Baracaldo el culto católico, como no podía ser menos habida cuenta de su fervor religioso. Estos 5 factores de incidencia en lo que aspiró a ser, y en buena medida logró, la creación de un modo de vida, a la vez configuraron la ocupación del espacio urbano baracaldés.
Vivienda y hogar
Del mismo modo que en otras áreas industriales de nueva implantación, la vivienda fue un bien escaso en Baracaldo. Los patronos paternalistas la plantearon como algo más que un techo para cobijarse. Algunos, entre ellos los Ybarra, la utilizaron como forma de atracción, fijación y control de su mano de obra. En absoluto pretendieron ofertar vivienda al conjunto de la población trabajadora. Las casas alquiladas garantizaron la disciplina de los obreros beneficiados y dinamitaron la solidaridad, de manera que ya se ha hablado de comunidades secuestradas.
En Baracaldo las empresas propiamente dichas (sobre todo Ybarra y Compañía, AHB y AHV) adquirieron viviendas para sus obreros. En el Censo de riqueza territorial de 1867, 74 obreros vivían en habitaciones propiedad de Cristóbal Murrieta y de los señores Ybarra. En 1876 se las describía con un piso alto y habitaciones a piso bajo, construidas con muros exteriores de mampostería, armazón interior de roble y cubierta de teja. Desde la década de los 90′, conforme la fábrica se extendió física y mercantilmente e industrias nuevas se instalaron en la anteiglesia, se levantaron nuevos edificios. AHB y AHV promocionaron construcciones y atrajeron constructores e inversores en vivienda obrera, ya que el negocio inmobiliario era atractivo (retenían directamente los alquileres de los jornales, forma de control a la vez que garantía para propietarios e inquilinos). En 1914, a través de la Sociedad Casas Baratas de Baracaldo y Sestao, de la que AHV era accionista mayoritario y Alfonso Churruca y Calbetón presidente, el grupo Ybarra y la oligarquía entraron en el negocio de la construcción para obreros en la margen izquierda del Nervión.
La vivienda concebida para obreros, promovida por paternalistas o no, se instrumentalizó para anudar espacio y moral. De ahí que se plantearan viviendas unifamiliares compartimentadas según sexos y edades. El hogar se ofreció como el reducto natural de la familia, la institución reproductora de los saberes y del amor al trabajo. Por lo tanto, como refugio ante el vicio y el desorden exteriores. Esa diferenciación dentro/fuera se impuso en el municipio con las ordenanzas de 1887, que obligaron a cerrar las puertas por la noche bajo multa.
El empeño moralizador de los paternalistas tropezó con las dimensiones de la afluencia de inmigrantes. Los testimonios sobre la abundancia de transeúntes en Baracaldo son abundantes.
Muchísimos trabajadores solteros se alojaron en posadas, hasta el punto de que el listado elaborado por el ayuntamiento en 1876 se tuvo que renovar en 1884. La práctica del realquiler estuvo al orden del día. Capataces y contramaestres de las fábricas, tolerados por los industriales dentro de la práctica de la co-explotación, instauraron un mercado subterráneo del alojamiento obrero. Sin embargo, en 1920 un oficio del Ayuntamiento al Gobierno Civil mantenía que eran indispensables en el municipio unas 500 viviendas. El gran éxito de la estrategia paternalista fue la aspiración generalizada, entre los obreros, a la propiedad de su vivienda. El ahorro se convirtió en necesidad para ello. Los patronos transmitían a los obreros su ideología.
La enseñanza en/para el trabajo
La enseñanza interesó a los patronos, al Estado, al movimiento obrero y a la Iglesia. Las distintas perspectivas no impidieron que se compartieran los recursos. Los patronos que desarrollaron estrategias paternalistas la utilizaron con profusión, puesto que era el vehículo por excelencia para la adecuación de los trabajadores presentes y futuros a las exigencias productivas que les marcaron. Ellos se anticiparon a la educación obligatoria, pero compartieron con las enseñanzas estatales la exaltación de los valores patrióticos, de la obediencia como fin en sí misma y del pensamiento religioso.
La escolarización de la mujer ocupó un lugar preferente en los programas paternalistas.
En España se cedió casi por completo a las órdenes religiosas, que la arrinconaron en oficios “propios de su sexo”. El objetivo último era su traslado al hogar, convirtiendo al ama de casa en paradigma de la feminidad. De hecho, la moralización del hogar se realizó a través de la mujer, a quien se ideologizó para que lo organizase igual que la fábrica, presidido por los valores del ahorro y el orden. Educar a la mujer era comenzar la educación de sus hijos.
En Baracaldo los 2 barrios rurales principales se dotaron de escuelas primarias municipales (en Retuerto de niñas, en San Vicente de niños) en 1861. Desde la II Guerra Carlista la población obrera del Desierto reivindicó, apropiándose de una necesidad social, una escuela, que a finales de los 70′ gestionaba la Sociedad de Socorros de la fábrica del Carmen. Esta Sociedad era una creación de los Ybarra, quienes la controlaban. Niños y niñas fueron separados como en otros lugares, y como en otros lugares las niñas compartieron edificio con los párvulos, de ambos sexos. Para la enseñanza de las niñas y los párvulos los patronos trajeron a las religiosas Hijas de la Cruz, que también atendían el hospital de la fábrica. Los niños tuvieron maestros laicos, en general, hasta 1925. Además, las distintas Sociedades siderúrgicas administraron y aportaron profesorado a la Escuela de Artes y Oficios de Baracaldo, creada en 1894, a cuyas clases nocturnas acudieron alumnos de ambos sexos entre los que la fábrica siempre destacó a los obreros y aspirantes a obreros.
En 1918 el número de trabajadores de AHV era tan grande que la empresa edificó otro colegio para sus hijos varones. En 1925 su docencia pasó de profesores laicos a los Hermanos de La Salle.
Los patronos tuvieron que complementar la educación obrera dirigida al trabajo con el tiempo de trabajo que esa educación restaba. En 1900 la ley sobre trabajo infantil les puso en guardia, intentando enmendarla para que no golpease a su abundante personal de aprendices. Ante la exigencia de que los obreros analfabetos menores de 18 años, y la fábrica del Carmen tenía 42, dispusieran de 1 hora de tiempo de trabajo para su educación, los Ybarra se reafirmaron en su voluntad de educar sin perder la hora de trabajo.
Por supuesto, la infancia fue más moldeable y supuso una inversión sin pérdida de trabajo, y sobre ella volcaron sus programas educativos los Ybarra. Estos patronos paternalistas habían hecho suyas en Baracaldo las palabras del higienista González Revilla mucho antes de que éste las formulase en 1907:
“Los niños culpables, los viciosos, los perezosos, los vagabundos, los ladrones, los malhechores y criminales, los abandonados también moralmente, después de haber descuidado sus primeros años, y que, como los otros, necesitan de la dirección y el apoyo de la sociedad para devolverlos al deber, a la obediencia, a la disciplina, al trabajo útil, a la sosegada existencia de la honradez exquisita”.
La higiene física y moral
La profesora Pilar Pérez-Fuentes ya ha escrito con brillantez que los higienistas vizcaínos, en la línea española y europea, introdujeron criterios médico-sanitarios en un discurso poblacionista y moralizador que persiguió la atenuación de la conflictividad. El paternalismo industrial utilizó los saberes higienistas y el ambientalismo como llaves de todo bienestar o toda miseria. La limpieza corporal y la ventilación doméstica se asociaron a comportamientos morales (no tener deudas, fidelidad conyugal…) y de orden.
Desde muy temprano el grupo Ybarra atendió sanitariamente, con o sin la colaboración del ayuntamiento de Baracaldo, a los obreros, buena parte de los cuales no estaban avecindados en el municipio. Los médicos que se habían formado en el higienismo tuvieron contacto permanente con los trabajadores. Se ganaron su confianza y sus opiniones y su autoridad pesaron mucho sobre los comportamientos obreros (piénsese en las epidemias coléricas de 1885 y 1893, en la de varicela de 1897). Los patronos facilitaron ese acercamiento.
En la década de los 90′ la fábrica disponía de cuarto de socorro y hospital con 6 camas atendidas por las Hijas de la Cruz. En 1909 AHV poseía, entre Sestao y Baracaldo, 2 hospitales con 6 médicos y sus correspondientes practicantes y enfermeros. En 1912 se construyó un Sanatorio Quirúrgico.
La previsión, el futuro. Pauperismo y cuestión social fueron de la mano durante toda la Restauración española.
Los reformadores liberales incidieron desde antes en la verguenza de la pobreza y ofrecieron soluciones que implicaban el trabajo obligatorio. Construían de esa manera la noción de previsión, contraria a la de caridad. La caridad no disciplinaba, no moralizaba, indiscriminaba.
El programa paternalista elevó al obrero a la condición de hombre como deber social de los patronos, lo cual les legitimó para intervenir en su vida. José Sierra Alvarez ha distinguido entre la asistencia directa de un patronazgo patriarcal y la previsión delegada, con cierta participación obrera, de un patronazgo liberal. Los Ybarra siguieron esa línea, y conforme el Estado se hizo cargo de algunas responsabilidades (Instituto de Reformas Sociales, Instituto Nacional de Previsión), la mantuvieron.
La fábrica del Carmen tenía una Sociedad de Socorros para sus obreros antes de 1882, que siguió funcionando con AHB. A cambio del 3%, y desde 1892 del 2%, de los jornales, proveyó de la instrucción que se ha visto a los obreros y a sus hijos y asistió económicamente a los enfermos. Su Reglamento estipuló que la presidencia honoraria correspondía primero a la Sociedad Ybarra y Compañía y luego al presidente del Consejo de Administración de AHB. Desde 1900 la aplicación de la Ley de Accidentes de Trabajo sustituyó, manteniendo la financiación patronal, buena parte de las funciones de la Sociedad de Socorros. Al menos en 1909, de los doce vocales de su Junta Directiva, ocho los designaba la Sociedad y cuatro los elegían los obreros. En 1884, con el beneplácito del Consejo de Administración, se constituyó una Sociedad Cooperativa de consumos entre obreros del establecimiento fabril.
En 1892, con el cambio de estatutos, la Sociedad se quedó con 200 de las 800 acciones de 25 pesetas en que se dividió “con objeto de ejercer su patronato más directamente”. Inserta en la noción de economato empresarial, muchas veces con precios políticos, constituyó un servicio que permitió a los trabajadores no alejarse de la fábrica. Hasta 1897, en que extendió el número de productos y pasó de 357 a 520 socios, sólo ofertó comestibles de primera necesidad. AHB puso a disposición de sus trabajadores una Caja de Ahorros, que mantuvo AHV. Ambas Sociedades tuvieron en mente una Caja de Retiros que en 1911 aún no se había organizado, pero concedieron pensiones a los obreros que consideraron oportuno.
Las pensiones eran revocables por definición, premios para personas modélicas dentro y fuera de la fábrica, con una moral intachable desde el punto de vista patronal. Se concedieron a viudas de trabajadores muertos en accidente hasta que pudieran ser mantenidas por sus hijos o contrajeran segundas nupcias. Con respecto a las jubilaciones, en 1884 se privilegió a los accidentados en la fábrica, a los inutilizados en actos heroicos y a quienes Ilevaran más de 15 años “de buenos y continuados servicios en la fábrica” y hubieran alcanzado los setenta de edad. Por el contrario no se computó a los despedidos por mala conducta aunque se les volviera a admitir, a los promotores o participantes en huelgas o a aquellos cuyos achaques “procedan de su mala conducta, aunque su comportamiento en la fábrica no haya sido digno de censura”.
Estas inversiones, como el conjunto de las obras sociales, no tuvieron rentabilidad inmediata. Fueron un salario indirecto discriminado por los empresarios para controlar los comportamientos del trabajador. Estos servicios desligados del salario ordinario se interpretaron como aportación graciosa a la mejora de la condición obrera, y formaron un estado de opinión favorable a los empresarios. En este estado de opinión se sustentó buena parte del éxito electoral de los Ybarra en Baracaldo. Con los servicios de previsión los patronos también garantizaron la disciplina de sus trabajadores, para los cuales el despido no significaba sólo la renuncia a sus ingresos presentes, sino también la de los futuros. Si se considera que la salida laboral natural de los hijos de los obreros era la misma fábrica, también suponía renunciar a los ingresos de sus hijos. Todo eso fue posible mientras se mantuvo la noción de concesión graciosa, enfrentada con la percepción de un derecho obrero. Cuando en 1891, acaso simple coincidencia con la aplicación del sufragio universal masculino, el Consejo de Administración planteó ceder el 15% de los dividendos que le correspondía estatutariamente “para un objeto benéfico en pro del personal obrero”, el consejero Faustino Rodríguez de San Pedro replicó que “en su entender podría resultar peligrosa la creación de esta especie de derecho en los obreros contra los beneficios del Consejo”. 2 meses después el Jefe Facultativo de la fábrica propuso la reducción del 3 al 2% del descuento de los jornales para la Sociedad de Socorros. Por fin, los patronos persiguieron la inculcación de hábitos favorables a sus intereses, hábitos saludables, entre la población trabajadora. Las instituciones patronales de previsión no eran fines sino medios de ideologización, y en ese sentido la memoria de AHB de 1896 se refirió a la Caja de Ahorros de la Sociedad en estos términos:
“Como quiera que lo que nos proponíamos al crearla era fomentar en nuestros obreros el estímulo al ahorro, no damos importancia a que la imposición se haga en donde lo estimen más conveniente a sus intereses”.
En esa aculturación los Ybarra consiguieron que los trabajadores comprendiesen, compartieran y respetasen el valor de la propiedad, a la que se llegaba a través del ahorro. No se preocuparon tanto de explicarles la lógica del capitalismo, ni el origen de los beneficios empresariales, pero de esa manera construyeron una porción de la identidad obrera y acolcharon el calado del mensaje que predicaba el antagonismo de intereses.
El interclasismo religioso
Desde la puesta en funcionamiento de la fábrica Nuestra Señora del Carmen, el establecimiento contó con una capilla. La iglesia parroquial se encontraba en el barrio de San Vicente, lejos del barrio obrero, de modo que la población rural circundante asistía a las celebraciones religiosas de la capilla. Con el crecimiento y la extensión residencial del Desierto, la capilla se quedó pequeña. A partir de 1890 la sociedad AHB, el ayuntamiento de Baracaldo y el obispado de Vitoria decidieron atender las necesidades espirituales del barrio en expansión y constituyeron Juntas de Obras para la edificación de una nueva iglesia parroquial. El titular de la nueva iglesia no podía ser otro que San José. Es obligado decir que en los 80′, cuando confluyeron en el catolicismo el carlismo derrotado pero mayoritario y la mayor dureza/vitalidad del régimen de la Restauración, se levantaron iglesias también en los barrios de Burceña y El Regato, igualmente barrios de novedosa habitación obrera.
Los Ybarra eran una familia arraigada en el país, por lo cual no sorprende su fervor religioso.
Tratándose de una cuestión cultural, antropológica si se quiere, no es éste el lugar para cuestionar la sinceridad, probable por lo demás, de sus creencias, pero sí para abordar mínimamente las implicaciones de sus comportamientos. De un lado su credo católico facilitó lazos con la población rural, reticente social y políticamente al auge del mundo industrial que los Ybarra representaban. En las Juntas de Obras de 1890 y 1894 participó el vicepresidente de la Sociedad Tradicionalista de Baracaldo. Hay que aclarar que el tradicionalismo de la margen izquierda no fue ajeno a los cambios sociales que acompañaron a la industrialización.
Por otra parte patronos que consiguieron que sus obreros interiorizaran la obediencia y la disciplina en aras de un progreso material y moral pretendidamente general, utilizaron el púlpito como la tarima del profesor, la caja de socorros o el maletín del médico. Como altavoz del discurso que dirigieron a los trabajadores, a sus trabajadores, ya que la sumisión y la humildad necesarias ante Dios corrieron parejas a la sumisión y humildad necesarias ante los patronos, los mismos patronos que hicieron del catolicismo reclamo electoral. En 1903, cuando la construcción de la iglesia del Desierto se eternizó porque Iglesia y ayuntamiento eludieron la financiación, AHV la acometió según sus intereses. Los señores del Consejo opinaron que “era más conveniente para la Sociedad de Altos Hornos de Vizcaya que ésta construyese una capilla en completa independencia de la Iglesia proyectada”.
RESISTENCIAS AL PATERNALISMO INDUSTRIAL
La actividad política y empresarial desarrollada por los Ybarra mediatizó el crecimiento urbano tanto como la opinión pública. O lo que es lo mismo, mediatizó a la población, aunque no sin resistencias. Estas procedieron de la población agraria y de las organizaciones obreras de clase.
La población agraria fue desplazada económica, social, política, ocupacional e incluso geográficamente. El pulso de la localidad se trasladó de los barrios tradicionales al barrio del Desierto. El edificio consistorial mismo, en una corporación donde los propietarios agrarios perdieron progresivamente poder y presencia, se trasladó al barrio fabril (1896). Las reticencias ante el mundo industrial y los hábitos caciquiles estuvieron a la orden del día. El mejor ejemplo fue la construcción de una presa y un pantano en El Regato que solucionas en los problemas estivales de abastecimiento de agua de la fábrica, que despertó la oposición baldía de los agricultores perjudicados. La repetición de ese tipo de conflictos suscitó lo que el corresponsal de El Noticiero Bilbaíno definió como “dualismo entre los diversos barrios que componen la anteiglesia, dualismo que puede traducirse más bien como antagonismo declarado”. Esa especie de rivalidad generalizada entre los 2 segmentos de la población fue recogida en el libreto de la zarzuela de ambiente baracaldés Percal y Mahón. Los discursos carlista y nacionalista proyectaron sobre esa oposición su visión idealizada del pasado:
“Aquel Baracaldo tranquilo, sosegado, de bonancible calma, se convirtió apresuradamente en un pueblo de odios, rencores y de política avasalladora”.
Las otras resistencias procedieron de sectores surgidos al calor de la misma sociedad de masas que estos patronos quisieron encauzar hacia sus intereses. Las organizaciones obreras de clase, mayoritariamente socialistas, frenaron desde finales del siglo pasado tales prácticas con su actividad sindical y política. Ya sabíamos que la sidero-metalurgia fue el único sector laboral en que los motivos preferentes de huelga fueron el personal y la organización del trabajo en lugar del salario, y que en esos terrenos los patronos apenas cedieron control ni autoridad. Pero a costa de conflictos que, aunque ganaran, erosionaron su imagen cordial y benefactora. En Baracaldo las huelgas de 1899 y 1911 tuvieron esas consecuencias.
Los socialistas obtuvieron representación en el ayuntamiento y realizaron una oposición dura. Pero no sólo el socialismo como cuerpo doctrinal antagónico se enfrentó a la acción social de los industriales paternalistas. Las sociedades de socorros mutuos, a priori sin color político, con el mero hecho de la autoorganización obrera actuaron al margen de los engranajes patronales de previsión (se habían apropiado de esa necesidad) y rompieron el universo social de los empresarios. En Baracaldo alcanzaron importancia las denominadas Unión Obrera en el Desierto y La Primitiva en Luchana. En el mismo marco de una identidad diferenciada, algunos trabajadores irrumpieron en el mercado de la vivienda, en la configuración del entramado urbano. En 1891 se creó en la fábrica Nuestra Señora del Carmen una asociación de obreros para construir viviendas propias, a quienes se negaron anticipos. Todavía en la calle Portu existe la Casa de los Seis Amigos, con su placa de 1909 en la fachada. A fines de 1919 se constituyó la Sociedad Cooperativa Obrera Constructora de Casas Baratas La Baracaldesa. Los trabajadores copiaban soluciones.
Con esas respuestas, al gran edificio social que los empresarios paternalistas habían levantado con la complicidad del Estado de la Restauración y de la Iglesia le salieron algunas grietas. Cierto que esas grietas no fueron óbice para la hegemonía, cuyo mejor reflejo está en el desarrollo urbanístico de la localidad.
LA IMPORTANCIA DE LOS SIGNIFICADOS: EL CALLEJERO
La dictadura del general Primo de Rivera aplicó una política tendente a la armonización social salvaguardando la riqueza. En el campo del urbanismo su apuesta en las zonas industriales fueron las Casas Baratas, con las que se quiso solucionar el grave problema de la vivienda obrera. En realidad, esas disposiciones de la Dictadura las habían anticipado aquellos patronos con medios y programa de acción social. En la margen izquierda del Nervión a finales de 1914 se había constituído la Sociedad Casas Baratas de Baracaldo y Sestao, que según el artículo 2º de sus estatutos tenía por objeto “la adquisición y urbanización de terrenos convenientes para la construcción de barrios o viviendas obreras”. Esta Sociedad, presidida por Alfonso Churruca y Calbetón, fue la baza de AHV en la localidad.
La urbanización de Baracaldo, con un plan, se acometió, con todo, durante la Dictadura, y las Casas Baratas fueron su pilar, de acuerdo con la población del municipio.
Para entonces otros barrios se habían sumado al Desierto como zonas de expansión y habitación (Burceña, Luchana), si bien en el espacio se observa que son la prolongación por la ría del barrio donde se erigió la fábrica Nuestra Señora del Carmen. Esas Casas Baratas respondieron por completo al programa paternalista, es decir, fueron unifamiliares para reforzar el hogar, pequeñas para evitar el realquiler y muy divididas para separar sexos y edades. En realidad la Dictadura se apropió de las estrategias paternalistas y realizó las obras de los patronos desde el Estado y sin oposición. Por otra parte en Vizcaya Dictadura y oligarquía, lo hemos visto, es referirse a lo mismo.
Pero hay algo más. Las construcciones, los edificios, reflejan funcionalmente la intencionalidad, pero carecen del significado que aportan las relaciones sociales. Y ese significado, que es culminación y constatación del éxito de las estrategias paternalistas entre la población trabajadora, surgió con el nuevo callejero de la Dictadura, el callejero aplicado a lasnuevas construcciones. Con anterioridad, la industrialización y sus promotores se habían habían perpetuado en el callejero del Desierto (Carmen, Ybarra, Murrieta, Vilallonga). Pero el nuevo callejero añadió valores que ya nos son familiares. Calles o barriadas bautizadas, valga bien la expresión, como El Ahorro, El Porvenir, La Voluntad, La Virtud, La Familiar, La Providencia, El Hogar Propio, La Constancia, El Hogar Futuro, El Orden, La Economía. Esa nomenclatura pervivió durante la II República, puesto que en realidad eran valores que habían pasado a engrosar el patrimonio cultural de las clases trabajadoras, haciendo buena la afirmación de que el forcejeo entre cultura popular y cultura impuesta se desarrolla en una lucha continua e irregular en la que criterio e impacto varían. El urbanismo no puede considerarse al margen de ese campo de juego, como si el crecimiento urbano se fraguase neutral ignorando el entramado social. “Lo que importa no son los objetos intrínsecos o fijados históricamente de la cultura, sino el estado de juego en las relaciones culturales”. Por supuesto, el franquismo mantuvo y potenció tanto la nomenclatura como los valores que la acompañaban, y han llegado a la actualidad.
Rafael Ruzafa Ortega. Cuadernos de Sección. Historia-Geografía 21, (1993) p. 287-300. ISBN: 84-87471-49-8. Donostia: Eusko Ikaskuntza
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1943 – BARAKALDO

1959 constituye una cesura clave en la periodización del régimen franquista. El Plan de Estabilización cerró la larga etapa de miseria y estancamiento autárquico y dio paso a una fase de crecimiento económico sin precedentes, una de cuyas manifestaciones más importantes fueron las corrientes migratorias desde las regiones rurales a las zonas industriales. Vizcaya, y Barakaldo en concreto, no desmienten esta imagen. A lo largo de la década de los 60′ la población vizcaína se incrementó en un 40%, al igual que la barakaldesa. Sin embargo, este crecimiento acelerado a consecuencia de la inmigración no era un fenómeno nuevo en Vizcaya. Durante la década de los 50′ el crecimiento de la población vizcaína había sido también considerable (32,54%). Barakaldo vivió en esos años una verdadera explosión demográfica: la población barakaldesa prácticamente se dobló durante los 50′.
Los procesos que se señalan a partir de 1959 para el conjunto de las zonas industrializadas de España se anticiparon una década en Vizcaya. Este desfase encuentra su explicación en los efectos de la política autárquica sobre la industria vizcaína. La reserva del mercado interior que garantizaba la autarquía y la relajación de la intervención gubernamental en los cincuenta permitieron un crecimiento económico importante en esta década. Esta reactivación económica, por limitada que fuera, tuvo efectos multiplicadores sobre las industrias barakaldesas, y de la margen izquierda en general, que se convirtieron en polo de atracción de inmigrantes para el conjunto de un país que a duras penas recuperaba los niveles de actividad y renta anteriores a la guerra.
Los problemas asociados a la inmigración masiva se planteaban, pues, en Barakaldo ya en los 50′, incluso con mayor intensidad que en la década posterior. Sin embargo, no tuvieron la trascendencia política que tendrían en los 60′. Y es que la primera oleada migratoria se produjo en un momento en que las autoridades locales mantenían todavía firmemente el control sobre la población y contaban con el apoyo represivo del poder central. No existían por tanto resquicios para la crítica que actuara como contrapunto a la versión oficial de la realidad.
Llaneza y la inmigración
El control de la población y la inexistencia de crítica no implicaba que esta avalancha humana no desbordara a las autoridades locales y, todavía más, a la mentalidad del sempiterno alcalde barakaldés José M.ª de Llaneza. Llaneza se había hecho con el poder local en junio de 1937 y, rodeado de un grupo de fieles carlistas, monopolizó el poder local durante 26 años. Más integrista que propiamente carlista, Llaneza había sometido a la población barakaldesa a un intenso programa de coactiva recristianización nacional-católica que paulatinamente fue cediendo paso a un discurso obrerista de tono paternalista. Este paternalismo obrerista de Llaneza entroncaba con una identidad local ligada a la industrialización y orgullosa de la cualificación y el bienestar de los obreros barakaldeses frente a una España de campesinos pobres y escasamente cualificados. Esta concepción había llevado ya en 1940 a que Llaneza se quejara ante las autoridades provinciales de las dificultades que encontraban los obreros barakaldeses desmovilizados y retornados de campos y prisiones ante la substitución de mano de obra que se había producido en las empresas locales desde la entrada de los nacionales4.
Daba cuenta Llaneza de la existencia de muchos trabajadores locales que habían perdido sus puestos de trabajo «por efectos lógicos de la contienda pasada bien sea por haber pasado por campos de concentración o batallones de trabajadores o por otras causas», mientras «van cubriéndose estos puestos por combatientes o personas que sin reunir esta condición proceden de otras provincia o pueblos de España». El escrito resulta ilustrativo del barakaldesismo paternalista de Llaneza que priorizaba a los trabajadores locales represaliados frente a los recién llegados, incluidos los excombatientes, pero también de su visión del fenómeno migratorio. Trabajar en uno de los principales focos industriales de España era poco menos que un privilegio que era necesario regular, máxime cuando los que intentaban acceder a él anteponían intereses materialistas a su misión patriótica y «halagados por dejar su pueblo y faenas del campo abandonan estas tareas agrícolas tan necesarias para la prosperidad de España».
Las prioridades de las autoridades locales
Ya en los primeros cuarenta la gestión de Llaneza se había dirigido a la construcción de infraestructuras, como el edificio de Correos y la Escuela de Maestría, que se presentaban como la prueba del progreso y bienestar que ofrecía el régimen de Franco. En 1954 el Ayuntamiento había realizado inversiones por valor de 35 millones de pesetas y en 1962 esta cantidad se había disparado hasta los 233,7. El 60% de esta inversión municipal se dirigió a la construcción de viviendas que constituía el problema más acuciante. En 1962 el Ayuntamiento había participado en la construcción de 2.358 nuevas viviendas. Pero la inversión municipal no era suficiente, pues sólo suponía una vivienda por cada 17 nuevos habitantes. A partir de 1955, las regulaciones estatales ratificaron el tradicional paternalismo social de las grandes empresas barakaldesas obligando a la construcción de viviendas en función de su plantilla. En 1962 Euskalduna había construido en Barakaldo 700 viviendas, Altos Hornos 507 y la Sefanitro 120. Pero ni siquiera estas intervenciones empresariales satisfacían las necesidades. Estas eran de tal magnitud que incluso de las asociaciones locales partieron iniciativas de construcción. Así, el Centro Gallego construyó 320 viviendas, el Círculo Burgalés 110 y la Asociación de Antiguos Alumnos Salesiano 194.
Un sólo dato ilustra el crecimiento desmesurado de Barakaldo en estos años: entre 1937 y 1962 se construyó el doble de las viviendas que existían al acabar la guerra, es decir, dos terceras partes del Barakaldo de principios de los 60′ se habían construido después de la guerra.
El Ayuntamiento podía presumir, así, de que el número de personas por vivienda en la localidad había descendido de los 5,42 de 1937 a los 3,93 de 1962, “a pesar de cuantas miserias se escriben sobre las condiciones lamentables en que viven muchos vecinos de Baracaldo”
Mas la vivienda no era la única necesidad que la inmigración planteaba. A cuestiones como alumbrado, alcantarillado o asfaltado y al grave problema del abastecimiento de agua, se añadía la necesidad de ofrecer servicios educativos a la nueva población.
Las nuevas reglas de los 60′
En los 60′ el flujo migratorio hacia Barakaldo se moderó. Frente al 84% de incremento en los 50′, en esa década la población creció en torno al 40%, en parte debido a unas tasas de crecimiento natural muy elevadas. La situación, por tanto, parecía en principio menos dramática que en el decenio anterior. Sin embargo, a mediados de la década se afirmaba una realidad que establecía nuevas reglas para la actuación de las autoridades locales. La sociedad de los 60′ no era ya la sociedad atemorizada y férreamente controlada del período anterior.
El régimen, sin abandonar nunca los mecanismos represivos, buscaba el consenso a partir de la mejora en las condiciones de vida. Esta voluntad de ganarse a la opinión pública implicaba una cierta apertura a la crítica y un cierto margen de actuación para la prensa que se sintetizó en la Ley de Prensa de 1966.
El ámbito local se perfilaba como una pieza clave en esta apertura a la crítica. Era, de hecho, la esfera del régimen cuya desprotección permitía obtener los mayores beneficios con los menores costos. Por un lado, la gestión municipal ofrecía un amplio espacio para la crítica que no tenía por qué cuestionar los principios básicos del régimen y, llegado el caso, el poder central podía sacrificar a las autoridades locales congraciándose con la ciudadanía. Por otro lado, los ámbitos que se desprotegían relativamente no eran ni mucho menos secundarios o de escaso interés: constituían la desastrosa realidad cotidiana de la mayoría de los españoles. Estos cambios colocaban a las autoridades locales en una situación muy difícil. De hecho, no hacía falta criticar, bastaba con poder nombrar la realidad urbana de la España de los sesenta para ponerlas en serios aprietos. Si a eso se añadía, como en el caso de Barakaldo, la mala gestión y la torpeza en el trato con la prensa, el descrédito alcanzaba cotas alarmantes para el propio régimen.
El laisser-faire de Ingunza
En 1963 Llaneza era nombrado gobernador civil de Álava y abandonaba la alcaldía después de 26 años de mandato. Tras su cese hacia arriba se encontraba el desafío que planteó a Altos Hornos con su negativa a modificar el Plan de Ordenación Urbana para acceder a las pretensiones de la empresa sobre la Vega de Ansio, única zona en la que la ciudad podía crecer ordenadamente. Su sucesor fue el abogado de los sindicatos verticales Luís Ingunza, primer teniente de alcalde desde 1958 y en el equipo de gobierno desde 1949. Promocionado por  Llaneza, el nuevo alcalde era un hombre sin actuación política de preguerra, formado en las instituciones del régimen y ligado ya no tanto a tradiciones políticas como a intereses de hecho. En este sentido, a lo largo del conflicto que le costó el cargo a Llaneza, se mostró favorable a las pretensiones de la empresa.
Inguza no cambió las tendencias hacendísticas del período de Llaneza. A lo largo de los sesenta Barakaldo siguió ocupando los últimos lugares en inversión por habitante del Gran Bilbao. Incluso perdió posiciones relativas; en 1967 sólo Santurce y Arrigorriaga se situaban por detrás. Esta escasa inversión iba unida a una de las presiones fiscales por habitante más bajas de este grupo de municipios. No entraba, pues, en los planes de Ingunza aumentar la intervención municipal. Por el contrario, consideraba que la inversión anterior respondía a una situación excepcional que había quedado resuelta con los proyectos de Llaneza.
Barakaldo se iba haciendo a sí mismo al margen de los planes y ordenanzas urbanísticas. Aludiendo a la tolerancia municipal ante este crecimiento anárquico, se volvía a criticar en mayo de 1966 al Ayuntamiento y concluía con la frase “algo va mal en Baracaldo”. El instinto autoritario de la clase política local se disparó automáticamente. Se redactaron varias versiones de una carta de protesta centradas en la descalificación del periodista por sensacionalista e insidioso y se recurría al populismo para reprocharle que su condición de hijo de familia de clase media le hacía desconocer las vicisitudes del común de los barakaldeses y, por tanto, insensible a las mejoras que la corporación había realizado en su beneficio. Finalmente, se envió una versión más moderada firmada por los 17 concejales en la que, dolidos y ofendidos, apoyaban al alcalde y exigían explicaciones.
Los años de descontrol
Tras el cese de Ingunza, el primer teniente de alcalde, Nicolás Larburu, director de la Escuela de Maestría, se hizo cargo accidentalmente de la alcaldía hasta enero de 1968 en que tomó posesión Luis Díez Marín.
El nuevo alcalde era jefe de distribución de la margen izquierda de Iberduero y formaba parte de ese grupo de directivos de grandes empresas que iban tomando protagonismo en los consistorios en los años finales del régimen. Había sido concejal de 1955 a 1962, pero no acababa ahí su vinculación con el poder local: era hijo de un maestro carlista y dirigente de los sindicatos libres, concejal en 1937 y teniente de alcalde desde 1938 hasta 1955. En este sentido, no cabía dudar de su linaje y de su fidelidad al régimen. Sin embargo, a estas alturas el poder local estaba fuertemente erosionado. Díez Marín no había participado en la selección de los regidores, la prensa no cesaba de hacerse eco de los problemas de la localidad y en 1967 existían ya en Barakaldo 4 asociaciones de cabezas de familias que planteaban legalmente las demandas vecinales
En enero de 1969 el propio alcalde reconocía en un informe las graves carencias en los equipamientos y servicios colectivos. Se acumulaban en el Ayuntamiento más de tres mil peticiones para una media de 10 viviendas municipales libres al año, y se cifraba el déficit de viviendas entre 3.000 y 4.000. Gran número de calles estaba sin urbanizar y más del 50% de la superficie urbanizada necesitaba de nuevas instalaciones de alumbrado. Los pantanos del término eran insuficientes para abastecer a la población, especialmente en verano, y la falta de 6.000 contadores más el mal funcionamiento de otros tantos hacía imposible conocer, y por tanto cobrar, cuánto consumía cada abonado.
Las carencias señaladas y la creciente presión ciudadana que generaban no dibujaban precisamente la mejor coyuntura para que Altos Hornos renovase sus pretensiones sobre la Vega de Ansio. En 1969 una comisión técnica convocada por el alcalde dictaminó en contra de nuevas modificaciones del Plan de Ordenación Urbana. Díez Marín no supo o no quiso imponer la férrea disciplina de unanimidades que había caracterizado la corporación con anterioridad. De hecho, el mismo primer teniente de alcalde y alcalde accidental Larburu había presentado una impugnación al Plan favorable a las pretensiones de Altos Hornos.
El Pleno en el que se había de dirimir la cuestión ilustra la nueva realidad de la política barakaldesa a finales de los sesenta. La expectación  era tal que parte del público tuvo que seguir los debates desde el vestíbulo ante la insuficiencia del local. Se decidió que la votación sería secreta y el alcalde abrió un turno de intervenciones en la que partidarios y detractores defendieron sus posturas “llegándose en algunos casos a posturas estridentes”, según la crónica de Portell. La propuesta de Altos Hornos fue desestimada por 12 votos contra 6. También se negó la corporación presidida por Díez Marín a autorizar el plan de Altos Hornos de sustituir el tradicional colegio de su propiedad por viviendas y un supermercado.
La rectificación autoritaria
En septiembre de 1970, apenas 20 meses después de su nombramiento, Díez Marín era cesado. La larga mano de Altos Hornos parece vislumbrarse tras su rápida destitución, como tras la de Llaneza. Sin embargo, el enfrentamiento con el gran poder fáctico local no era la única razón. Novedades como los debates en el Pleno, las votaciones secretas, el público implicado, la presión de las asociaciones de cabezas de familia y el creciente protagonismo de la prensa asustaban al régimen que temía que la situación en la segunda ciudad vizcaína escapase a su control. Hacía falta un hombre enérgico capaz de reinstaurar la unanimidad y mantener la apariencia ante la opinión pública. Este hombre fue José Luís Alfonso Caño, un joven ingeniero de la SICE de 33 años que no tenía experiencia política anterior, pero que contaba con la confianza del gobernador civil Fulgencio Coll.
Diferentes indicios parecen confirmar que el nombramiento de Caño respondía a una intervención decidida de las autoridades franquistas para cambiar el rumbo de la política barakaldesa. Su nombramiento se produjo significativamente justo antes de que comenzara el proceso electoral que había de renovar el consistorio. Las directrices de su programa de gobierno, anunciado a principios de 1971, no dejaban lugar a dudas sobre la rectificación que pretendía introducir. Se instauraba el “ante-pleno”, es decir, una reunión previa de los concejales con el alcalde en su despacho para tratar los temas a llevar al Pleno. Se pretendía, así, acabar con esos plenos “vivos, discutidos y difíciles” 
Se centralizaba, además,  la relación con la prensa a través del delegado de prensa del Ayuntamiento, instaurando el monolitismo oficialista.
El éxito de la rectificación política de Caño era evidente cuando en mayo se decidía conceder a Altos Hornos el permiso para sustituir su colegio por viviendas. 10 concejales habían cambiado el sentido de su voto tras la llegada del nuevo alcalde
A pesar de no haber conseguido disciplinar absolutamente a los concejales, Caño fue el hombre del régimen en un momento en que éste se cerraba sobre sí mismo. Las notas confidenciales de la policía revelan que el desinterés y la apatía eran generalizados ante las elecciones municipales de 1973. En un momento en que la movilización ciudadana y la incerteza política crecían, el régimen no estaba dispuesto a apertura alguna.
Por el contrario, “tan sólo se habla hasta el momento de incluir entre los candidatos a personas de demostrada afección al Régimen, ya que se desea que no entren a formar parte de la corporación elementos disidentes que tan sólo traten de perturbar el normal funcionamiento de aquélla o de hacer una crítica destructiva”. Se consumaba así el divorcio entre las autoridades locales y una ciudadanía crecientemente movilizada que había de presidir la tormentosa transición municipal barakaldesa.
Antonio Fco. Canales Serrano. Desarrollismo, inmigración y poder político local: el problema escolar en Barakaldo. Historia Contemporánea 26, 2003, 57-76

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“En estas 2 décadas el ayuntamiento intentó regularizar la expansión urbana mediante planes municipales de ordenación. El que tiene mayor interés es el 1º de ellos -“Ordenanzas de la Construcción de 1956”- por elaborarse en los momentos iniciales del crecimiento. Transcurridos 30 años desde el 1º Plan de Urbanización (1925), que abarcaba en una estructura de “ensanche” el área comprendida entre el río Galindo y la ría del Nervión, se había cumplido ya la casi totalidad del proyecto en lo que al casco viejo se refiere. Entre una y otra fecha había visto la luz el Plan Comarcal de Bilbao (1943), que afectaría muy directamente al futuro urbanís­tico de nuestro municipio al designar las vegas del Galindo, por las posibilidades del tipo portuario que ofertaban, como centro preferencial para la ubicación de la industria vizcaína. El plan calculaba que Barakaldo, partiendo entonces con una población de 37.000 habitantes, alcanzaría un total de 58.000 en 1960. Pero ya en 1956 se había superado con creces esta cifra (61.104). Una vez más la realidad sobrepasaba la previsión. Ante la magnitud de este crecimiento demográfico, los fuertes ritmos de la actividad constructiva, que se preveían aun mayores en décadas sucesivas (no en vano se pasó de 6.899 viviendas en 1937 a un total de 20.671 en 1962), y la obsolescencia de los planes mencionados, el ayuntamiento baracaldés encargó a los arquitectos Pedro Bidagor, Luis Lorenzo Blanc y José Sans Gironella, la confección de un nuevo Plan de Ordenación Urbana.

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1943 – Plan Comarcal Bilbao

Las Ordenanzas se extendían en extenso detallando las características de viviendas, edificios y calles. Se organizaba el terreno útil en varias zonas de bloques aisladas y ciudades-jardín y se reiteraba el carácter de edificación intensiva -en manzana cerrada- para el casco urbano. 3 líneas de actuación eran especialmente reseñables :

  1. La separación de la vivienda y la industria. Una clasificación según el grado de molestia o peligrosidad potenciales abarcaba desde los talleres artesanales hasta las industrias más nocivas. Se exceptuaban las zonas en las que coexistiesen previamente las áreas residenciales y fabriles. Este era el caso de Luchana, Burceña y el valle del Cadagua. Se disponían otras en exclusiva para la industria. en Retuerto y en las orillas del Galindo.
  2. La formación de núcleos autónomos separados del casco urbano, tales como Cruces y San Vicente. Se admitiría en estos centros secundarios todo de establecimientos comerciales, religiosos, cul­turales, recreativos, etc., etc.

3. Un cierto carácter provisional. La Vega de Ansio, destinada a zona de edificación abierta, quedaba en reserva para otros posibles usos. Beteluri quedó como polígono edificable, a disposición de la comarca del Gran Bilbao. Una disposición final complementaria determinaba la revisión de las Ordenanzas cada 5 años.

Si bien es cierto que las ordenanzas infirieron un cierto grado de organización al desorbitado crecimiento, también lo es que no evitaron la especulación.

El siguiente Plan de Ordenación de 1968, aportó muy pocas novedades. Con todo, interesa por las oposiciones que provocó, encabezadas especialmente por los industriales, contratistas y propietarios particulares de viviendas.

Las Normas Subsidiarias de Barakaldo se aprobaron definitivamente el 1.8.1992 y respondían a las necesidades de Revisión del Planeamiento para adaptarlo a la nueva legislación de 1.976. Los planeamientos urbanísticos anteriores (Plan General de 1.957 y Plan Comarcal de 1964) no solucionaron los problemas derivados del excepcional desarrollo urbano industrial y residencial de Barakaldo. Tan solo contemplaron crecientes “permisividades” en los sucesivos planes de ordenación en orden a incrementar constantemente la edificabilidad de los suelos calificados como residenciales, sin contrapartidas suficientes en cuanto a dotaciones para áreas verdes, equipamientos o servicios, agravando la precaria situación de congestión urbana y precariedad de equipamientos actuales. Barakaldo constituye un subcentro urbano capital de la Margen Izquierda y los Valles Mineros dentro del Bilbao Metropolitano donde sólo Bilbao le supera como gran capital en servicios especializados. Su población de aproximadamente 100.000 habitantes le convierte en el 4º municipio de la Comunidad Autónoma Vasca sólo por detrás de las 3 capitales de provincia

Desde el punto de vista urbanístico destaca la falta de una forma urbana coherente en Barakaldo: Superposición de barrios y tipologías urbanas en algunos casos en total disonancia y descoordinación.

La coexistencia de industria de tipo pesado y vivienda origina graves problemas de congestión y contaminación atmosférica y fluvial, yuxtaposición de tráficos pesado (camiones) y ligero (turismos, transporte público, furgonetas de reparto, etc.) sobre una red de carreteras insuficiente y necesitada de un profundo rediseño y racionalización. La ejecución de grandes viales a través de barrios como Cruces unido a la ocupación de los mejores suelos para actividad industrial pesada han ocasionado graves problemas de accesibilidad entre zonas residenciales contiguas y devaluado la calidad de vida del conjunto del municipio.

A principios del siglo XX el municipio contaba con tan sólo 14.000 habitantes. Para el año 1.979, fruto del desarrollo industrial, la población aumentó hasta 123.760 habitantes y supuso el tope poblacional histórico de Barakaldo. A partir de este año, con la crisis del sector industrial siderúrgico, comienza un continuo declive poblacional arrojando datos de 105.000 habitantes en 1.991 y 100.000 a día de hoy, sin indicadores que rompan esta tendencia.

Si bien estos datos reflejan el paralelismo con respecto a otros municipios del entorno, Barakaldo se resiente en mayor medida (11.4%) en los años 80′ frente al conjunto de la Margen Izquierda (7.6%), el Gran Bilbao (3.3%) y el Territorio Histórico de Bizkaia (2.3%).

Causa de esto fue también de la desanexión de Alonsótegui (8.8%) de Barakaldo. Los factores de progreso durante estos años quedaron diluidos dando paso a un proceso de crisis económica que propicia la búsqueda de trabajo fuera del municipio y del ámbito vasco. Las jubilaciones anticipadas también provocan el retorno de personas hacia sus lugares de origen. Sólo en estos últimos 2 años comienza a adivinarse el punto de inflexión donde retomar una estabilización o un carácter positivo en las constantes demográficas básicas.

Convocado por acuerdo plenario de 10.2.1995 concurso público para la contratación de los trabajos de redacción del PGOU de BARAKALDO, el mismo fue resuelto en virtud de nuevo acuerdo plenario de 30.10.1995 adjudicación de los mismos. La 1ª y 2ª fase del trabajo (“Información Urbanística”) fueron presentadas en Julio de 1996 mereciendo acuerdo plenario de aprobación de la misma

Una vez notificado el acuerdo al director del Equipo Redactor dio comienzo la 4ª Fase de Trabajo cuyo fin es la redacción del Documento de Plan General para la Aprobación Inicial

Presentado el Documento de Criterios, Objetivos y Soluciones Generales de Planeamiento, Avance, 3ª fase, en fecha de 15.10.1996, por Decreto de 29.1.1997 fue sometido a exposición pública mediante anuncio publicado en el Boletín Oficial del Señorío de Bizkaia de 6.2.1997 seguido de la inserción del mismo en los diarios de mayor circulación del Territorio Histórico (9 y 20.2.1997) y exposiciones itinerantes culminando el día en Retuerto (4.3.1997), Zuazo (5.3.1997), Burtzeña (11.3.1997 y 23.4.1997), Kareaga (12.3.1997), Cruces (7.4.1997) y Zubilleta-Las Delicias (8.4.1997).

Ante el mismo se presentaron 20 escritos de sugerencias que, una vez informadas por el Equipo Redactor, y dictaminado el documento en su conjunto en la Comisión Municipal de Urbanismo de 30.4.1997 fue objeto de aprobación con la introducción de determinadas rectificaciones y la confirmación de las restantes en los términos ya descritos en la Memoria del presente documento para la aprobación inicial.

El Documento de Plan General fue aprobado inicialmente en Pleno, en sesión extraordinaria nº 23/97 el 22.12.1997, adoptando una serie de acuerdos que han sido recogidos en el nuevo documento que ahora se presenta para su Aprobación Provisional.

El nuevo Documento de Aprobación Provisional repite documentalmente el ya presentado para la Aprobación Inicial por lo que no se procede a su relación. El Plan fue aprobado provisionalmente por el Pleno del Ayuntamiento de 2.6.1998.

El documento de Aprobación Provisional fue remitido a la Diputación Foral de Bizkaia para su consideración a efectos de la Aprobación Definitiva. Con fecha 19.1.1998, y con fecha de publicación en el BOTHB de fecha 17.2.1999 por el que se suspendía la aprobación del PGOU de Barakaldo, como instrumento de ordenación integral del territorio municipal, en base a una serie de aspectos a subsanar.

En cumplimiento de lo dispuesto en la Orden Foral de 19.1.1999 se procedió a la refundición del Documento de Plan para incorporar las determinaciones de dicha Orden y algunas modificaciones de oficio del Propio Ayuntamiento, el Pleno aprobó inicialmente este nuevo Texto con fecha 11.3.1999.

El anuncio sometiendo el Documento a exposición pública se publicó en EL CORREO el 28.3.1999 y en el B.O.B. el 30.3.1999, finalizando el trámite de alegaciones el 30.4.1999.

Fueron enviados sendos ejemplares a la Demarcación de Costas (Ministerio de Fomento) el 29.3.1999 y a la Autoridad Portuaria el 29.3.1999 sin que ninguna de las dos entidades emitiera informe alguno en dicho periodo.

Durante el periodo de información pública se presentaron un total de 41 alegaciones de las cuales 6 fueron estimadas en su totalidad, 3 fueron estimadas parcialmente y el resto desestimadas.

Con fecha 19.5.1999 el Ayuntamiento Pleno decide la Aprobación Provisional del Documento Refundido incorporando las determinaciones de las alegaciones además de un total de 11 rectificaciones de oficio.

Con fecha 31.5.1999 el Ayuntamiento de Barakaldo remite al Departamento de Urbanismo el texto corregido del PGOU, cuya ejecutoriedad había quedado en suspenso para su Aprobación Definitiva.  Con fecha 15.7.1999 se remitió variada documentación al Departamento de Ordenación del Territorio, Vivienda y Medio Ambiente del Gobierno Vasco para su valoración por parte de la COTPV obteniendo su acuerdo favorable.

Con fecha 16.11.1999, el Departamento de Urbanismo de la Diputación Foral de Bizkaia acuerda la Aprobación Definitiva del PGOU de Barakaldo dejando en suspenso la ejecutoriedad de dicho Plan en los ámbitos de SSU-06 El Regato y la UE.18 Zubileta e instando al Ayuntamiento de Barakaldo a la nueva exposición pública de las correcciones que se efectúen en estas áreas por las implicaciones que pudieran tener.

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La estructura urbana de Barakaldo está compuesta por 2 subcentros urbanos residenciales (N y S) con diferencias funcionales entre ellos, separados por áreas industriales (E y O) y la solución Ugaldebieta, perteneciente a la red viaria preferente del esquema de carreteras del Gobierno Vasco. Además de estas áreas industriales “frontera” entre subcentros urbanos, destacan las localizadas sobre los estuarios del Nervión, Castaños y Kadagua.

Existen también enclaves de suelo urbano residencial en el entorno del suelo no urbanizable denominados Núcleos de Baja Densidad entre los que destaca el Regato y, para finalizar, Núcleos Rurales (con clasificación de suelo no urbanizable) de usos netamente rurales.

El paisaje natural presenta parajes de alto valor ecológico y otros atacados por la actividad industrial.

Los Sistemas Generales de comunicaciones, trazados según intereses exclusivamente industriales, presentan problemas de accesibilidad.

Los Equipamientos de rango supramunicipal son aún deficientes en Deportes, Educación y Recreativos. Los municipales son aceptables, excepto en determinadas instalaciones deportivas.

Las Zonas Verdes y Espacios Libres, por su falta de desarrollo, constituyen aún la asignatura pendiente a pesar de la muy aceptable superficie reservada en Normas para este fin.

Las Infraestructuras Supramunicipales se encuentran en un nivel aceptable de gestión y desarrollo, no así con los sistemas municipales.

Las zonas residenciales:

El subcentro urbano N:

Está constituido por el principal casco urbano residencial de Barakaldo, incluyendo las áreas de Beurko, Centro, Róntegui, San Vicente, Arteagabeitia, San Luis Etxatxu, etc.

Contiene los principales equipamientos y servicios municipales, como el Ayuntamiento, el teatro, la ciudad deportiva, la biblioteca municipal, etc.

En su ordenación edificatoria, la manzana cerrada es la que domina aunque con excepciones de algunos grupos residenciales y el conjunto del barrio de Arteagabeitia con tipología de manzana abierta.

Las principales características de este subcentro urbano son la excesiva densidad urbana, con niveles excesivamente altos, la situación aún no resuelta de tráfico rodado y aparcamiento, la deficitaria conexión con redes viarias preferente y básica, la carencia de zonas verdes en estándar y ambiente urbano.

El subcentro urbano S:

Está constituido por las zonas dormitorio de Barakaldo, incluyendo las áreas de Cruces, La Paz, Lutxana Llano, Retuerto y Burtzeña.

Contiene un buen nivel de equipamientos y dotaciones, como el Parque de Tellaetxe, el Polideportivo de Gorostiza y el Hospital de Cruces. En su ordenación edificatoria destaca la manzana abierta y los bloques aislados.

Las principales características de este subcentro urbano son la densidad urbana más razonable, un aceptable nivel de zonas verdes y espacios libres, unas conexiones deficitarias con el subcentro urbano norte (del que depende) y un problema de división interna producido por el trazado de la solución ugaldebieta, perteneciente a la red preferente de carreteras.

Las zonas industriales:

El área industrial E:

Está constituido por las áreas industriales y de oportunidad localizados entre los subcentros urbanos N y S y el Río Kadagua, éstas son la factoría de Sefanitro, las instalaciones industriales al N y S de la Alameda Serralta y la extensa zona de Zorroza Burtzeña.

El fundamental problema lo constituye la situación de abandono de muchas de estas empresas (fruto de la coyuntura económica) con terrenos y márgenes de ríos altamente contaminados de manera incontrolada y el efecto barrera provocado por la línea ferroviaria a la accesibilidad rodada y peatonal.

Las condiciones de partida son su excelente planeidad orográfica, su estratégica centralidad a entornos residenciales y vías importantes de comunicación y la presencia de un elemento paisajístico hasta hoy no considerado en el planeamiento municipal, el elemento agua de la Ría del Nervión, espina dorsal del Bilbao Metropolitano.

El área industrial O:

Está constituido por las áreas industriales y de oportunidad localizadas entre los subcentros urbanos N y S, la falda norte del monte Argalario y el límite del término municipal al O de Barakaldo: Vegas de Beurko, Zuloko, Ibarreta, Ansio y Kareaga.

El fundamental problema lo constituye la situación de terrenos altamente contaminados de manera incontrolada y el efecto paisajístico provocado por los trazados de líneas eléctricas fruto de la reserva como suelo no urbanizable.

Las condiciones de partida son su excelente planeidad orográfica, su estratégica centralidad a entornos industriales de similares características de Trapagaran y Kareaga ya desarrollados en claro auge económico y la proximidad a vías importantes de comunicación.

El área industrial de Zubileta:

Está constituido por las áreas industriales localizadas en los estuarios del margen izquierdo del Kadagua al sur de la solución ugaldebieta.

El fundamental problema lo constituye la carencia de conexión rodada adecuada con la red preferente y la contaminación del Kadagua a falta de construcción del interceptor previsto. Las condiciones de partida, en cambio, son su lejanía a centros urbanos, y el desarrollado esquema viario al otro lado del río en Bilbao.

Los Núcleos de Baja Densidad y los Núcleos Rurales:

Está constituido por los diferentes grupos residenciales de baja densidad localizados en entornos de suelo no urbanizable. Concretamente son El Regato, Basatxu, Bengolea, La Constancia, Gorostiza, Santa María, Ureta y Zubileta como núcleos de baja densidad; Tellitu, Sobrecampa, Sesúmaga, La Hera, Ozkari, Alday y Zubileta Etxebarria como núcleos rurales de tipo A y Mespeluza, Santa Lucía, Treskilotxa y Santa Agueda como núcleos rurales tipo B.

El fundamental problema lo constituye la carencia de conexión rodada adecuada con la red básica (debida en muchos casos a las altas cotas donde se sitúan), la falta de equipamientos y la protección del entorno natural. Las condiciones de partida son su grata relación con entornos naturales circundantes para oferta residencial de otro tipo y el aislamiento de ruidos y contaminación del área urbana.

BARACALDO GE8.jpgLa Ley de Ordenación del Territorio del País Vasco (Ley 4/90) perfila 3 instrumentos de ordenación para la Comunidad Autónoma Vasca: Las Directrices de Ordenación Territorial (DOT), los Planes Territoriales Parciales (PTP) y los Planes Territoriales Sectoriales (PTS). Además de estos tipos de planes en este apartado incluiremos los planes especiales del Puerto Autónomo y de prevención de inundaciones, estudios sobre áreas afectadas por actividad minera y los planeamientos urbanísticos de los municipios colindantes. 

El documento de las DOT propone un conjunto de actuaciones de corrección del modelo territorial que en la actualidad concentra a la población y la actividad económica en determinados puntos del territorio y requiere evolucionar hacia una situación de mayor equilibrio. 

Para el Área Funcional del Bilbao Metropolitano, propone la mejora de la calidad urbana y ambiental asociada a la reconversión económica; la integración de los tejidos urbanos y relocalización industrial de instalaciones industriales agresivas con el medio urbano; la recuperación progresiva de la Ría como elemento paisajístico de calidad estructurante de nuevos tejidos urbanos; el diseño del “Eje Metropolitano”, red viaria futura de unión de las márgenes de la Ría con carácter prioritariamente “urbano” de conexión de tejidos de borde y el diseño de las infraestructuras necesarias para la mejora de la accesibilidad e interrelación de los diferentes elementos constitutivos de esta estructura urbanística de modo que se eviten los efectos barrera entre tejidos urbanos actuales y futuros y la Ría. 

Por sus elevadas dimensiones, Barakaldo alcanza un notable grado de autonomía urbana en una serie de bienes y servicios que sólo cede ante los servicios más especializados de Bilbao estableciéndose como municipio de referencia de los del resto del entorno inmediato. Las propuestas para Barakaldo son la constitución de Barakaldo en municipio de referencia para la Margen Izquierda y los Valles Mineros dando cobertura de servicios y bienes de rango supramunicipal; la renovación de la actividad industrial y su diversificación. Desarrollo del sector terciario y expansión potencial de la vivienda. Potenciación de la integración económica y laboral del municipio con el nuevo entorno propuesto; el desarrollo de infraestructuras de comunicaciones y transporte colectivo como el “Eje Metropolitano y el Metro que logre una mayor accesibilidad y cohesión entre sí del municipio de Barakaldo con los municipios colindantes y Bilbao; y el desarrollo y mejora de las infraestructuras de Abastecimiento y Saneamiento de Aguas para la recuperación medioambiental del Bajo y Medio Nervión, así como la potenciación del Gas Natural frente a fuentes de energía como el petróleo para la recuperación del aire.

En estos días se presenta un Avance de la Revisión de las DOT de Euskadi, como cada noviembre desde hace 15 años, en el Congreso Euskal Hiria Kongresua, una estrategia que marcará los usos del territorio hasta 2040. 

“El modelo territorial propuesto en la revisión iniciada esta legislatura queda definido por el paisaje y patrimonio cultural, el medio físico e infraestructuras verdes, los hábitat rural y urbano, la movilidad y logística sostenibles, la gestión sostenible de los recursos, las cuestiones transversales y la gobernanza”

Estaremos muy atentos.


Cada mercado es local.

Cada municipio tiene su singularidad.

Cada municipio se retrata en su parque residencial.


…seguiremos analizando en próximas entregas los 250 municipios mayores de España.