GETXO.

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Getxo GE3.jpgGetxo es un municipio de 11,89 km2 de la costa del territorio histórico y provincia de Vizcaya, en el País Vasco, España. Está situadoa 14 km de Bilbao en la margen derecha de la ría de Bilbao, en la desembocadura del Ibaizábal-Nervión. Forma parte de la comarca del Gran Bilbao y del área metropolitana de Bilbao y destaca por la gran presencia de palacetes y viviendas construidas por la alta burguesía durante la industrialización.

Limita al N con Sopelana, al E con Berango y Lejona, al S con Portugalete y al O con la Bahía del Abra.

Uno de sus atractivos, tanto turístico como de ocio, son sus playas: (Las Arenas, Ereaga, Arrigunaga, Azkorri-Gorrondatxe y Barinatxe, junto con las menos conocidas La Bola, Tunelboca o la playa del Puerto Viejo). Otra zona interesante es la zona del puerto deportivo municipal, donde existen bastantes locales de hostelería. Guecho cuenta además con el puerto deportivo gestionado por el Club Marítimo, localizado en el barrio de Las Arenas. También está la zona del Puerto Viejo de Algorta, donde nos parece vivir en épocas pasadas.

Getxo 3D.jpgComo monumento destaca el Puente de Vizcaya (Puente Colgante), declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Es un puente transbordador de estructura de hierro que transporta una barca colgada por cables de acero entre Las Arenas y Portugalete. Transporta peatones y automóviles de hasta 3500 kg. En la parte superior del Puente Colgante hay una pasarela peatonal, desde donde se contemplan unas espectaculares vistas panorámicas, (pero resulta mucho más caro cruzar por la pasarela andando que en el propio puente).

Por la localidad discurren 2 lechos fluviales: son el río Gobelas y el río Kanderuerreka.

getxo-ge2Asimismo, existe el Humedal de Bolue, que está protegido por el ayuntamiento.

El municipio engloba, oficialmente, los barrios de Las Arenas, Algorta, Romo, Neguri, y Santa María de Guecho. A su vez, cada barrio engloba los siguientes:

  • Las Arenas: Las Mercedes, Santa Ana, Zugazarte y Antiguo Golf.
  • Neguri: Neguri, San Ignacio, Aiboa.
  • Algorta: Algorta centro, Alango, María Cristina, Sarrikobaso, Arrigunaga, Villamonte, La Humedad, Aldapas, Fadura, Ereaga, Usategui, Puerto Viejo y Bidezabal.
  • Santa María de Guecho: Aixerrota, Malakate, Punta Galea, Avenida del Ángel, La Venta y Azkorri.
  • Romo
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El barrio originario es el de Santa María de Guecho. Éste es el núcleo fundacional del pueblo, originariamente un grupo de caseríos o baserris alrededor de la iglesia de Andramari o Santa María de Guecho.

01-INFORMACION.jpgLas Arenas y Neguri surgieron a finales del siglo XIX como zona residencial de parte de la burguesía industrial vizcaína. El barrio de Neguri se caracteriza por los palacetes en los que vivía lo más selecto de la burguesía y en los que hoy en día vive la gente con más recursos de Guecho. El nombre de Neguri lo inventó Resurrección María de Azkue, ya que anteriormente a la zona se le llamaba Aretxetaurre (delante de Aretxete). Neguri proviene de la fusión de dos palabras vascas: Negu y uri (invierno y ciudad respectivamente): Neguko hiri, Neguri, la ciudad de invierno diseñada, como se ha señalado, para la burguesía vasca.

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1853 – Guetxo

El barrio de Algorta es el barrio de mayor población de Guecho. La mayor expansión se dio en los 70′ cuando las familias de clase media decidieron buscar un lugar más confortable para vivir que los barrios de la margen izquierda del Nervión.

El barrio de Romo fue levantado en sus inicios por la clase obrera, separado antiguamente de Las Arenas por las barreras del tren, hoy en día le separa el río Gobelas por un lado. Llega hasta la Rotonda de Romo. Originariamente el barrio tenía forma de herradura. Limita con el municipio de Lejona, tal es así que la carretera que va desde la rotonda de Romo hasta la ribera de la ría de Bilbao es la frontera con el municipio vecino. Una acera forma parte de Guecho, la otra pertenece a Lejona. 

En el barrio de Santa María de Guecho se pueden encontrar gran cantidad de chalés y viviendas unifamiliares construidas en los 90′.

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1731 –  Desembocadura de la Ría de Bilbao

Desde una visión general se pueden distinguir 3 zonas en el minucicpio: la más baja comprende los aluviones del río Gobelas y su afluente, el arroyo Bolue y todo el barrio de Las Arenas. La zona intermedia tiene una altitud media de unos 30 m y sobre ella se asientan los barrios de Neguri y Algorta. La tercera zona la constituye la parte N del municipio, con el barrio de Santa María, que viene a tener una altirud de 60 m.
La parte situada más al norte limita con los municipios de Sopelana y Berango. En la línea de costa, que corresponde a Santa María, se suceden las playas de Arrigunaga, Túnel-Beca, Gorrondatxe, popularmente llamada Azkorri y la de Bariñatxe, llamada Salvaje. Los acantilados formados por fuertes escarpes y paredes casi verticales, descienden rápidamente desde cotas de 60 y 40 metros hasta el nivel del mar, de manera que todas las playas de la zona de Santa Maria tienen difícil acceso. El norte del termino municipal se caracteriza por una línea de costa alta con abunda ntes acantilados con estratificaciones verticales.  Los acantilados anteriores pertenecen al sinclinorio de Vizcaya, una estructura orientada de noroeste a sureste que se extiende con anchura variable desde Punta Calen y es la unidad rnorfoestrucrural más importante de Getxo. Esta faja se observa bien en el mapa geológico y caracteriza los acantilados desde Punta Galea. Su estructura es muy compleja, alternando zonas de pliegues relativamente suaves y otras de fracturas longitudina les y transversales que caracterizan el paisaje de la zona costera de Santa María. 
La vegetación consta básicamente de praderas, con algunos cultivos tradicional es que actualmente se utilizan preferentemente para consumo familiar. Abunda además el pino marítimo (pinus pínaster), introducido en la vegetación a principios del siglo XX al haber quedado muy mermada la riqueza forestal de frondosas. La zona intermedia corresponde a la zona costera de los barrios de Neguri y Algorta, se caracteriza por el afloramiento de areniscas de atractivo color rojizo amarillento, muy utilizadas para la construcción. El inconveniente es que se trata de areniscas poco compactas por lo que se ven afectadas por intensos procesos de disgregación y destrucción. En cualquier caso, constituyen un elemento fundamental del paisaje, sobre todo de los acantilados de Algorta, con frecuencia objeto de representación pictórica.
gobela-00.jpgEn la zona más baja del municipio se encuentran los terrenos recorridos por el río ecteta, las vegas de Fadura, donde las marismas son muy corrientes. El Gobela tiene grandes dificultades para desembocar en la Ría del Nervíón. Apenas puede abrirse paso hacia su desembocadura en una zona en la que la inclinación es prácticamente nula, por lo que las inundaciones son frecuentes. Ese mismo hecho y el enorme volumen de arenas que aporta a la Ría, explican que su tramo final haya experimentado muchas alteraciones a lo largo de su historia.
Actualmente su cauce se encuentra canalizado en gran parte de su recorrido y desemboca en la Ría más allá del barrio de Lamiaín de Leioa junto al arroyo Udondo, convirtiéndose en uno de los pocos ríos que va contra-corriente. Se trata de una zona de suaves pendientes, que oscilan entre el 0% y el 5%.
El humedal de Bolue, en esta misma zona, puede entenderse como el origen el río Gobela, que ha ido caracterizando toda la zona de Las Arenas. En este valle nos encontramos con restos de la típica vegetación de ribera: fresnos, chopos y sauces. Recientemente, su ecosistema ha sido objeto de protección oficial con la finalidad de consolidar las actividades de restauración iniciadas hace tiempo.
El período de 1850 a 1900 al que se ha hecho antes referencia como marco cronológico para toda la aglomeración de Bilbao resulta especialmente relevante para comprender el desarrollo urbano de Getxo, una de sus localidades más emblemáticas por sus valores medioambíentales y su configuracíón omo paisaje cultural. Aquí , el proceso de urbanización comenzó a partir de 2 núcleo: Las Arenas y Algorta, que compartían un origen común y que se expandieron a partir de la desamortizacíón de bienes comunales de 1885 que permitió la formación de propiedades completamente nuevas y su incorporación a la promoción inmobiliaria. Estos núcleos se transformaron en una zona de ocio y balneario para una burguesía bilbaina beneficiada por el crecimiento económico y el desarrollo industrial de la Ría. En el período siguiente de 1900-1930, este modelo de usos del suelo y de la construcción de un paisaje se consolidó a través de unas formas de ordenación del territorio que llegan hasta nuestros días y, que justifican sus valores culturales.
Desde cualquier punto de vista, la conformación urbanística de Getxo hay que entenderla en el marco de la dinámica histórica del conjunto de la Ría de Bilbao,  sobre todo desde que empezó su proceso de industrialización en la segunda mitad del siglo XIX. Otro factor determinante en la construcción del paisaje de la Ría y para el desarrollo de su industria fueron las obras de adecuación y ampliación de las instalaciones portuarias realizadas a partir de 1877 por la Junta de Obras del Puerto. La mejora de las condiciones de navegación fue un objetivo inicial imprescindible para impulsar el desarrollo de la actividad industrial.
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1889 – Guetxo

A diferencia de otras localidades de la Ría, Getxo no tuvo Plan de Ensanche hasta 1924, fueron los grandes propietarios privados del suelo beneficiarios de las amortizaciones los que encomendaron su redacción. A mediados del siglo XIX el municipio aún tenía una fisonomía estrictamente rural, con amplias superficies de propiedad comunal, una ordenación difusa de las edificaciones y unas amplias playas abiertas al Abra. La legislación desamortizadora especialmente la Ley Madoz de 1855 y las leyes y reglamentos que la complementaron, permitieron al Estado apropiarse de los terrenos comunales y posteriormente traspasarlos a propietarios particulares mediante subastas. 
Durante siglos, Getxo fue un pequeño núcleo de población dedicado a la agricultura de subsistencia alrededor de la Iglesia de Santa María, y Algorta, un pequeño barrio marinero surgido en el contexto agrícola del resto de Getxo. De este modo, Getxo, ya desde sus inicios, se caracterizó por la bipolaridad, con dos núcleos separados y funciones económicas distintas.
En el s XVIII, la introducción del maíz supuso una primera etapa de prosperidad en torno a su cultivo, sin que se perdiera el modelo inicial dual. Este cultivo se realizaba preferentemente en los humedales del municicpio (Las Arenas y alrededores), que casi en su totalidad eran tierras comunales que el ayuntamiento arrendaba en forma de grandes lotes de extensión variable a compañías creadas para la plantación.
La actividad pesquera del puerto de Algorta siempre fue residual, ya que su emplazamiento geográfico impidió la existencia de un gran puerto. Se dedicaba exclusivamente a la pesca de bajura con embarcaciones pequeñas como medio de subsistencia.
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1910 – Las Arenas (Guecho)

A mediados del XIX, la Ley de Desamortización Civil de 1855 permitió al Estado la enajenación de los bienes concejiles. En un principio, las desamortizaciones se realizaron sobre propiedades del clero y posteriormente se expandieron a riberas inundables y playas de la costa que la Ley de Aguas (1866) calificó como bienes de dominio público (finca de las marismas de Lamiako). Las tierras desamortizadas se subastaron y concentraron en manos de pocos y grandes propietarios, como consecuencia de la organizaciñon de subastas en unidades de grandes superficies. Este hecho explica que el desarrollo urbanistico del municipio se produjera desde mediados del XIX hasta 1920 mediante un elevado número de esquemas urbanísticos que iban asociados a las distintas promociones inmobiliarias en las unidades subastadas. El resultado fue una morfología urbana muy variada pero en la que se distinguen precisamente esas unidades. Las construcciones responden preferentemente a distintas tipologías de ciudad-jardín o son propias de una ordenación en manzanas.
1911 plano neguri.jpgLas fincas desamortizadas fueron objeto de los denominados Planos de Solares para su reparcelación y la posterior venta de las parcelas resultantes. Esta circunstancia dió unidad al desarrollo urbano de mediados del XIX a principios del XX y sus huellas son fácilmente reconocibles en el paisaje urbano actual, sobre todo por el carácter unitario de las actuaciones de Alangueta, Santa Ana, Las Arenas, Ondategui y Neguri, que persiste en nuestros días. En todo caso el análisis de la evolución histórica de Getxo proporciona una base excelente para delimitar unidades morfológicas o conjuntos de paisajes urbano de características y tramas urbanas unitarias.
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1915 -NEGURI por E. Amann

Los terrenos comunales de Alangoeta fueron los primeros que se enajenaron con finalidad urbanizadora. Fue una actuación inmobiliaria descrita dentro del incipiente concepto de veraneo en torno a las prácticas termales que se consolidaron durante el s XIX. El Ayuntamiento encargó el Plano Topográfico de Solares de Alangoeta a mediados del XIX, cuya ordenación proponía una trama cuadrangular con parcela de promedio de 1.000 m2. La actual avenida Bsagoiti fue el eje rector de la actuación marcando a la vez el tránsito entre la antigua trama de Algorta y la nueva trama impuesta. La distancia topográfica entre la playa de Ereaga y la actuación de Alangoeta obligó a la ejecución de un camino de acceso que llegó a finalizarse en 1868 y que perdura en la actualidad. A principios del s XX se inició la construcción del Balneario de Igeretxe.
Ana Schmidt. Conformación y evolución de un paisaje cultural en el área metropolitana de Bilbao, el caso de Getxo. 2016. UNED PAisajes culturales a través de casos en España y América.
guetxo-1855El otro factor fundamental en la configuración urbana del área de Getxo es la propia realidad social y económica de la época. La Revolución Industrial impulsa la consolidación y triunfo de la burguesía, que construye un medio político y económico adecuado a sus intereses. Simultáneamente, se asiste a la proletarización de un número creciente de población. Ambos con trascendentales consecuencias en el campo urbanístico. La masificación y progresiva estratificación (vertical y horizontal) del espacio urbano abrió el horizonte a la concreción de un urbanismo acorde con la mentalidad e interés de la burguesía. La manifestación más directa es el fenómeno de los ensanches residenciales. Inmediatamente, y con directrices básicamente británicas, se va desarrollando el esquema de los suburbios residenciales. La “nueva ciudad” y su arquitectura cumplía el papel de reflejar el ascenso del nuevo grupo dominante, adaptándose a sus gustos y prejuicios. 
En el caso de la urbanización de Getxo el impulso social y económico no proviene, desde luego, de la propia Anteiglesia, sino de Bilbao. Ante la estrechez de la vieja urbe, la burguesía no tardó en impulsar su engrandecimiento -proyectos de Ensanche de 1864 y 1876- mientras eligían Getxo (concretamente Las Arenas, Santa Ana y la zona de Ereaga) para asentar sus segundas residencias estivales, bajo el impulso de los modos de vida que triunfan en el resto de Europa Occidental. La afirmación y expansión de estas tendencias se da en rigurosa correlación con el desarrollo de la sociedad industrial, y la contaminación estética e higiénica del paisaje urbano. El resultado es la proliferación de una serie de núcleos urbanos especializados en los servicios de tiempo libre, específicos para la nueva élite burguesa que disponía de ocio.
De entre todas las zonas de Getxo afectadas por el impulso urbanizador decimonómico, Las Arenas es donde las transformaciones resultaron más profundas. A mediados del ochocientos se trataba de una espacio prácticamente vacío de población, terrenos de marismas o arenales a lo largo del cordón litoral de la desaparecida playa de Las Arenas. Todos estos terrenos comunales fueron vendidos por el Estado como “arenales incultos” entre 1856 y 1868. La mayoría formando lotes de gran extensión. La primera venta de la desamortización, y la de mayor trascendencia, se materializó en el mismo 1856. Se trataba de la denominada “Vega de Lamiaco”, adquirida por el comerciante bilbaíno D. Máximo Aguirre, a la que siguió desde 1866 todo el área de Las Arenas.
Paralelamente al proceso de constitución de la zona de Las Arenas, se presenta otro movimiento urbanizador en el área de Algorta, y más concretamente, en la zona denominada Alangoetas. Las características de este segundo polo diferieron, sin embargo, del caso de Lamiaco y los arenales.
subastas-1863.pngPor una parte, el terreno, con fuertes desniveles y un brusco corte frente al mar, imponía una serie de servidumbres que dificultaban la estructuración ortogonal. Así mismo, la zona no contaba con una total libertad de planificación como en Santa Ana o Las Arenas, donde se partía de cero, sino que debían tener muy presente su enlace con Algorta -de la que se convertía en prolongación- y el paso del camino real. Igualmente, el barrio del puerto de Algorta había venido desarrollando un dinamismo económico y social propio, en parte gracias a los aportes del naciente turismo, que se manifiesta en la expansión “natural” del espacio urbano. Por último, frente a la iniciativa privada, dominante en el modelo desarrollado en los arenales, en Alangoetas la dirección del proceso fue eminentemente público. Este espacio se vende en forma de “solares destinados a la edificación“, de unos 1.000 m2 en torno a un modelo organizado de calles y avenidas. El proceso de enajenación se concentró aquí durante el año de 1863. Con una superficie edificable aproximada de 66.450 m2, su venta supuso unos ingresos finales de 547.865,75 ptas.
El elemento esencial del trazado ensayado en Alangoetas fue, sin lugar a dudas, el antiguo Camino Real o la Avenida Basagoiti. Gracias a la apertura de una nueva carretera de acceso paralela (la actual Avenida de Algorta), y a la conversión de éste en vía peatonal, pudo actuar como línea rectora consiguiendo, por un lado, el difícil tránsito entre la vieja zona urbana y el ensanche proyectado, y por otro, constituirse en origen de la cuadriculación del espacio.
getxo-ge4Durante la década de 1890 el espacio urbano de Getxo sufre una profunda transformación que modifica paulatinamente las principales características de su articulación. Se trata de la sustitución del turismo en sus distintas variantes como fundamento y clave de la vida  económica y social por actividades de nuevo cuño. Desde luego, los baños de mar y los distintos servicios turísticos que ofrecía no desaparecen. Únicamente pierden su condición hegemónica y van pasando a un segundo plano, englobados en la dinámica de un suburbio residencial, especializado en acoger la vivienda de los grupos burgueses dentro del naciente espacio metropolitano de Bilbao.
Durante esos años, en Vizcaya se consolida un modelo de desarrollo económico basado en la expansión -aparentemente incesante- de la gran industria, muy concentrada sectorial y espacialmente10. Consecuentemente se produce una cadena de hechos que ya habían tenido lugar en los paises de industrialización temprana : emigración masiva, hacinamiento de la población trabajadora en infraviviendas, recrudecimiento de la tensión social… Si a esto unimos un evidente estrangulamiento en la promoción inmobiliaria en el Ensanche, dominado por intereses especulativos, se explica que la burguesía bilbaína, muy abierta a las influencias de sus equivalentes europeas (principalmente a la británica), opte por impulsar un proceso similar al de otras ciudades industriales : el abandono parcial del centro y la creación de suburbios privilegiados.
El desarrollo de los medios de comunicación, públicos y particulares, permite mantener la residencia alejada del centro de trabajo de Bilbao, en un espacio nuevo, que se carga de valores estético-morales y se manifiesta como signo económico y social donde se pueda concretar un paisaje “ideal”. Esta tendencia se dirige inicialmente hacia zonas más centrales (Campo Volantín, Indauchu) para dirigirse definitivamente al área de Getxo a partir del periodo 1895-1905.
Mientras tanto, dentro de la Anteiglesia se han producido también transformaciones relevantes. En 1894, la construcción del puerto exterior supuso un cambio en las corrientes del Abra, que provocó la práctica desaparición de la playa de Las Arenas, amenazando también a las construcciones más cercanas a la línea de la marea. El hecho de tener en Getxo unas condiciones urbanas perfectas, una estructura definida gracias al impulso del turismo estacional anterior (infraestructuras de comunicaciones, servicios públicos, recreativos, deportivos..) y grandes espacios aún sin urbanizar, permitió una rápida y exitosa adaptación a la nueva coyuntura.
Todos esos factores tendrán una inmediata repercusión en el plano urbanístico. La transformación más radical se da en Las Arenas, ya que, prácticamente desaparecida su playa, el turismo de temporada y sus servicios quedan cada vez más costreñidos a la zona en torno a Ereaga. Van desapareciendo los balnearios (el de los Aguirre se convierte significativamente en Club Marítimo del Abra en 1903) y los servicios de temporada, y surgen nuevos espacios urbanos: Achecolandeta, Neguri y la zona de Zugazarte-El Pinar.
Achecolandeta es una caso único en el espacio urbano de Getxo, ya que su configuración proviene de la reunión de parcelas dispersas por parte de un pequeño grupo de propietarios que durante la década de 1900, terminaron formando grandes fincas separadas por diminutas calles privadas entre el borde de la antigua promoción pública de Alangoetas y la nueva urbanización de Neguri.
En Neguri se repite una formulación similar a la practicada por los Aguirre 40 años antes. Su base territorial es el comunal de Aiboa -440.700 m2- que unido a otras adquisiciones forman una gran propiedad. Fue también la iniciativa privada quien guió el impulso urbanizador. Sin embargo, los primitivos compradores traspasaron pronto la propiedad a  D. José I. Amann, D.Enrique Aresti y D.Valentín Gorbeña, que constituyeron en 1904 la “Sociedad de Terrenos de Neguri”, entidad gestora de la promoción y venta de los solares deslindados. Ese mismo año, la Sociedad poseía un total de 540.000 m2.
La “Sociedad de Terrenos” planteó desde el principio la urbanización según el modelo formal de la “Ciudad Jardín“, inspirada en los planteamientos formulados por E. Howard, pero adaptándolos y extrapolándolos del contexto del problema social de la vivienda, para servir de marco a la residencia elitista. Neguri se estructura como un barrio de construcciones unifamiliares con jardín, situadas sobre grandes manzanas a lo largo de calles arboladas.
Los lotes tipo que inicialmente se pretendían vender eran de unos 1.000 pies2 -aunque en la práctica se superó ese límite- ofreciéndose listos para la edificación, con los saneamientos, servicio eléctrico, agua y calles ya trazadas. El resultado es un bello suburbio residencial, pariente cercano de sus coetáneos británicos y norteamericanos.
A partir de ahora, urbanización y progresiva “residencialización” se convertirán en las indiscutibles protagonistas de la realidad de Getxo. La puesta en práctica de un número tan elevado de esquemas urbanísticos entre 1855 y 1930 dio lugar a un plano singular, con representación de gran parte de las corrientes del momento. Esta diversidad supuso un alto grado de heterogeneidad que, sin embargo, logra mantener su unidad gracias a la repetición del esquema de viviendas unifamiliares de baja altura rodeadas de espacios ajardinados en amplias zonas del municipio. También se ha logrado conservar un evidente aire común, derivado de la mentalidad genérica a la que responden la obras y la arquitectura de esa época.
La actuación de la familia Aguirre fue transcendental en la configuración urbana y el devenir histórico de la zona. No sólo se hicieron dueños de la mayor parte del suelo en Lamiaco, Santa Ana, Las Arenas y Zugazarte, sino que se dedicaron a su promoción, actuando como los agentes dinamizadores del territorio y promotores de actividades que terminaron por establecer el carácter particular de toda el área. Además, su opción por una determinada definición social del espacio tuvo significativos efectos de arrastre, influyendo poderosamente en los modelos de promoción inmobiliaria en áreas del municipio en las que no poseían propiedades.
La familia, comenzando por Máximo Aguirre Ugarte, sus hijos Aguirre Labroche, nietos Coste Aguirre, y biznietos Coste Acha y Jaúregui Coste, mantuvo durante más de 80 años una importantísima propiedad en Getxo, con una excepcional continuidad temporal. La fórmula de tenencia de la propiedad paso por dos etapas diferenciadas. Durante los primeros años tras la muerte de Máximo Aguirre (1863) predomina el recurso a la formación de sociedades mercantiles de carácter familiar (Sociedad Viuda e Hijos de Máximo Aguirre y Sociedad Hijos de Máximo Aguirre) que se mantiene hasta la disolución de ésta última en 1877. Desde este momento, salvo casos muy concretos 13, se recurre al proindiviso familiar, que va permitiendo la entrada “natural” de las sucesivas generaciones y que sólo se rompe parcialmente en 1880 (compra por Eduardo y Ezequiel Aguirre Labroche a su hermano Enrique de su 25% en los terreno por 160.000 ptas) y en 1929 y 1944 (divisiones parciales de las propiedades entre Carmen Coste Aguirre y los hermanos Coste Acha, hijos de su hermano Ramón). El que este modelo permitiera el mantenimiento de una homogeneidad en la gestión del patrimonio se debe al prematuro fallecimiento de distintos miembros del clan y la extinción de varias de sus ramas sin sucesión. 
getxo-ge3El origen de los capitales familiares está ligado al comercio de intermediación, típicamente bilbaíno, y a la industria harinera, con implicaciones cerealísticas en Castilla. A lo largo del siglo XIX se van concentrando en las actividades inmobiliarias, pero nunca con exclusividad ni una dedicación profesional completa. Así, varios de los miembros de la familia pudieron seguir sus propias carreras, con una trayectoria muy ligada a lo habitual entre las élites sociales de la Restauración”.
En este estudio sólo pretendo plantear los mecanismos de producción del espacio urbano, referidos al caso concreto de las distintas promociones directas de la Familia Aguirre entre 1856 y 1936. La idea consiste en presentar cómo los Aguirre fueron colocando sus solares en el mercado inmobiliario, sus fechas, superficies y compradores. Para ello, y con la intención de que se pueda apreciar la cantidad y calidad de los datos susceptibles de extraer desde el Registro de la Propiedad Territorial, presentaré cuadros de datos nominales estructurados cronológicamente. Quizás resulten excesivamente detallados, pero creo que permitirán calibrar las posibilidades que ofrece el Registro para la investigación histórica 16. El análisis de los datos, en cambio, deberá ser superficial, ya que únicamente intenta aclarar y justificar las grandes líneas de los datos presentados. De la misma forma, tampoco comentaré su relación con el resto del área del Bilbao metropolitano, ni con la realidad de otras ciudades y espacios. Formalmente, y salvo casos excepcionales que se comentan en su lugar, sólo considero los terrenos y solares, olvidando viviendas o cualquier tipo de edificación.
En cuanto a la concreta actuación territorial de la Familia Aguirre en Getxo, lo primero que llama la atención es lo puntual y excepcional de sus adquisiciones. En 1856 Máximo Aguirre compró la “Vega de Lamiaco“, que agrupaba tanto la playa y marisma de Lamiaco, en jurisdicción de Getxo (actual barrio de Santa Ana), como las vegas bajas de la anteiglesia de Leioa hasta su límite con el rio Udondo, ya en Erandio. Dividida en tres lotes, abarcaba un conjunto de 938.840 m2. A Getxo (lote 1) correspondían según la medición inicial 152.280 m2, tasados en 2.501,75 ptas, y adquiridos por 35.250 ptas (a 0,23 ptas/m2). En 1867-1868 sus hijos se hacen con la propiedad de 345.422 m2, desamortizados en los arenales que van de la Avanzada hasta Lamiaco, por el irrisorio precio de 4.288 ptas (a 0,012 ptas/m2). La paulatina salida al mercado de los terrenos conseguidos en estas condiciones excepcionales se ha ido prolongando sin interrupción desde este momento hasta prácticamente la actualidad, configurando una dilatadísima y compleja política sobre el espacio de Getxo y Leioa, que se fue adaptando a las distintas coyunturas históricas.
En Lamiaco, Máximo Aguirre comenzó emprendiendo rápidamente las tareas de consolidación y fijación de los terrenos, mediante un ambicioso proyecto inspirado en las experiencias de las Landas francesas. En un plano de 1859, levantado por el arquitecto Pedro de Belaunzaran, quedan establecidas las principales modificaciones19. La fundamental es la apertura de un nuevo cauce al Gobelas, abriendo un canal recto que lo comunicaba con el río Udondo. Se alineaba también el tramo final de este río, disponiendo una esclusa y muelles cercanos a la desembocadura. Ante todo, se pretende proteger la propiedad, saneando los terrenos y actuando el nuevo cauce como barrera y desagüe natural. Simultáneamente, se lleva a efecto una plantación masiva de pinos en los espacios más cercanos a la Ría y Las Arenas. En un primer momento, la zona fue explotada como espacio agropecuario, pero hacia 1860 ya están preparados los primeros planes de urbanización de “la nueva población de baños de Lamiaco”, correspondiente al actual barrio de Santa Ana.
Además, los propietarios delimitan perfectamente la futura segregación del espacio.
Mientras que el territorio correspondiente a jurisdicción de Getxo se concibe como lugar idóneo para la edificación, el de Leioa y Erandio quedaba adscrito a una función agrícola. Con posterioridad, los Aguirre habilitaron en esta zona un gran área deportiva y recreativa para las poblaciones estivales de Santa Ana y Las Arenas. Finalmente, desde los años finales del siglo XIX fue adquiriendo la dimensión eminentemente fabril que aún hoy conserva. El área residencial de Santa Ana fue concebida, ante todo, como una ciudad de veraneo. El plano diseñado, al que sigue fielmente el actual, presenta un trazado perfectamente ortogonal, centrado sobre una plaza circular, con calles de 10 y 20 metros de ancho cortándose en ángulo recto que crean amplias manzanas ocupadas por fincas ajardinadas. 
En la lotificación inicialmente planteada se conforman 105 parcelas. Las primeras ventas de parcelas se iniciaron en 1863, año del fallecimiento de D.Máximo Aguirre. Su viuda, Dña. Francisca de Labroche, y sus hijos Ezequiel y Eduardo fueron quienes llevaron a cabo la promoción, a través de la sociedad “Viuda de Máximo Aguirre e Hijos”. La casa del primero, la de su cuñado Eduardo Coste Vildósola y la ermita de Santa Ana fueron las primeras construcciones. levantadas durante el año de 1864.
Como puede apreciarse, la inversión resultó un éxito extraordinario. En 1863 y 1864 se venden 48 fincas completas en 35 operaciones, único periodo en las promoción del barrio de Santa Ana que la media de superficie vendida está por encima de las parcelas tipo planeadas de 1.800 m2, arrojando una media de 2.608 m2. Así, las 35.250 ptas invertidas en las compras de terrenos se habían multiplicado ya nominalmente por 8 en 2 años de promoción, y a 7 en el momento de adquisición.
Sin embargo, deben establecerse matizaciones. Además de los gastos suplementarios de urbanización, los contratos más comunes establecían el pago aplazado a 10 años, tiempo que tardaba en hacerse líquido el desembolso, y 8 de las parcelas las adquieren miembros de la propia familia. 
Incluso, la crisis de 1866 retrajo algunas de las inversiones, que se anulan dando por perdido el primer pago ya efectuado. Si se descuentan estas devoluciones se vendieron realmente 34 parcelas que ocupaban 63.964 m2 a cambio de 179.678 ptas. En cuanto al precio de venta, arroja una media de 3,25 ptas el metro cuadrado. Con las excepciones de las primerísimas operaciones y las ventas dentro de la familia, se aprecia dos claros niveles de precios : hasta septiembre de 1864 se registran escrituras que declaran sistemáticamente valores en torno a 3,20 ptas/m2, desde esta fecha el precio se eleva al nivel de 4,83 ptas/m2. El valor del metro cuadrado en Lamiaco se había multiplicando por más de 14, y la Sociedad Viuda e Hijos de Máximo Aguirre había colocado 91.297 metros cuadrados, el 45% de las parcelas (el 24% restando el porcentaje adquirido por la propia familia y las devueltas en 1866). La homogeneidad en el precio de venta está condicionada por la situación de los solares adquiridos. Todos ellos se sitúan en el área mejor situada respecto a la playa y la carretera a Bilbao, los dos elementos que justificaban la urbanización en este momento.
En cuanto a los compradores, destaca la presencia de numerosos foráneos -un 35% de los presentes que se hacen con el mismo porcentaje de superficie- sobre todo de Madrid.
Resulta curiosa la tendencia a adquirir terrenos colindantes entre los que no residen en Bizkaia. Sólo aparece un vecino del propio Getxo, lo que resulta lógico por la escasa entidad demográfica y económica en esta época, y ante todo por la inicial desconexión entre las iniciativas en esta área respecto a la realidad de la Anteiglesia. Por lo demás, dominan los capitales de Bilbao y localidades circundantes, con casi el 60% de los individuos y el 50% de los solares (que se convierte en el 62.5% si le sumamos los adquiridos por la bilbaína Sociedad Abaitua e Isasi). Encontramos únicamente tres grandes compradores individuales: la familia Aguirre-Coste (8 solares), la Sociedad Abaitua e Isasi (6) y Leopoldo de Pedro (5).
Las definición social de los compradores no presenta una clara definición. Desde luego, dominan las declaraciones en el ambiguo término de “comerciantes”, que con el de “propietarios” y “profesiones liberales” (abogado, médico) constituyen el grupo mayoritario. En su interior aparecen destacados miembros de las élites bilbaína (Carlos Jacquet, Pedro Mazas, Manuel Lezama Leguizamón, Manuel Barandica o Martín Zabala) y madrileña (Juan Uhagón,  Andrés Arango, Leopoldo de Pedro, José López de Longoria). Junto a ellos, diversos particulares de recursos más limitados, que se desprendieron pronto de los solares sin llegar a levantar edificaciones.
En general, el proceso de edificación del barrio fue lento, debido a las dificultades económicas de la época. Tras la desaparición de su madre Ezequiel y Eduardo Aguirre dan un giro sustancial a sus actividades. Sin abandonar Santa Ana, desde 1865 centran su interés prioritario en el espacio contiguo de Las Arenas. 
Así, entre 1865 y 1868 asistimos a una nueva privatización de comunales en la que confluyen dos procesos bien distintos. Por una parte, sale a subasta un grupo de 40 parcelas, con unos 1.000 m2 de superficie media, acogidas a un plan de urbanización diseñado por el ingeniero catalán Amado de Lázaro, y fechado el 4 de julio de 1863. En lo fundamental, corresponde a la traza definitiva del núcleo principal de Las Arenas : el cuadrilátero que va  de la calle Mayor al muelle de Las Arenas, y del muelle de Evaristo Churruca a la calle Andrés Larrazabal. Lázaro diseña una población ortogonal, de manzanas con dos y cuatro solares (aproximadamente de 50 por 40 metros, y 100 por 40 metros), salvo en la zona más cercana a la playa. Las calles debían estar arboladas, destinando 15 metros de anchura a las calles. Casi en el centro de la nueva población, reserva ya un solar doble para iglesia y un espacio para plaza.
La actuación de los Aguirre en esta zona se limita a la personal de Eduardo Aguirre Labroche, y se caracteriza por un indisimulado interés especulativo, sin pretensión de estructurar una política territorial de mayor entidad. Así, directamente o a través de su testaferro (José María Gondra), adquiere 10 solares que configuran 3 manzanas completas – Mayor-Amistad-Mendibil-Barria; Mercedes-Barria-Urquijo-Muelle de Churruca; y Urquijo-Baria-Muelle de Las Arenas-Muelle de Churruca- pagando precios muy dispares en las subastas, pero que resultaron una media razonable (3,02 ptas/m2).
Durante los años inmediatos se desprendió de la mitad de los solares, con beneficio, a precio de compra  o incluso perdiendo ligeramente (el conjunto de las 33-34-35 la adquiere a una media de 3,88 ptas/m2 y lo vende a 3,70 ptas/m2). El resto las retuvo hasta su fallecimiento en 1893. Al año siguiente, sus herederos las venden tras dividir varias a un precio sustancialmente mayor al de adquisición -de 1,09 ptas/m2 de media en 1866 a 20,26 ptas/m2 en 1894- a Martín Zabala y Ricardo Arellano, ambos cuñados de Eduardo Aguirre. El resultado final, aunque con la distorsión que supone el lapso de 28 años entre las compras y las ventas finales, arroja unos “beneficios” de más de 100.000 ptas, producto de vender a un precio casi 5 veces superior al de compra. 
A estas enajenaciones de pequeños solares, perfectamente planificadas y estudiadas, se superponen acto seguido la desamortización de otros 18 lotes de muy diferente calidad y tamaño entre 1866 y 1869, sumando más de 600.000 m2. La mayor superficie se adjudicó en grandes lotes de reducido precio, adquiridas por Niceto Urquizu y los herederos de Máximo Aguirre. Las compras de los Aguirre están en directa relación con las adquisiciones y proyectos anteriores realizados por su padre. Sobre parte de este espacio se inicia un ambicioso proyecto de promoción. El elemento central fue la constitución de la “Sociedad de Baños de Mar Bilbaínos”, que en 1868 comienza los trabajos para la erección de un balneario sobre la playa.
Las compras reseñables de la familia Aguirre fuera del espacio de Lamiaco-Santa Ana son muy concretas y concentradas, ya que las 3 parcelas adquiridas en 1898 y 1930 sólo pretenden redondeos de propiedades mayores con vistas a una inmediata venta. Entre 1867 y 1868 se hicieron con 345.422 m2 -esta es la superficie que resultó ser la real en mediciones posteriores- pagando con 4.288 ptas, a una media de 0,012 ptas/m2.
De esta auténtica apropiación del espacio se deriva una enorme reserva de suelo. Los 2 lotes principales iban: uno desde La Avanzada a la calle Arieta y de el paseo Zugazarte a la línea de la marea (luego el Muelle de Las Arenas); y el otro de Zugazarte al río Gobelas y de La Avanzada a la actual urbanización de El Pinar. Las limitaciones impuestas por el Estado fueron muy escasas : una zona de servicio a lo largo del cordón litoral de 6 metros (actual Muelle), mantenimiento de la carretera de Algorta y ampliación dejando 3 metros hacia el Muelle y 30 metros hacia el río (actual paseo Zugazarte y su espacio ajardinado en la acera de los pares), zona de servicio a lo largo del río de 10 metros de ancho (parque de Errekagane), y 3 calles transversales de 8 metros. En realidad, beneficiaron claramente a los compradores, puesto la superficie necesaria para su trazado no se incluyó en la subasta, sino que permaneció en manos del Estado, y los nuevos propietarios sólo debieron acomodarse. 
El interés primordial en esta zona se centraba en la erección del Balneario, dejando el resto en reserva a largo plazo. Así se entiende la escasez de ventas anteriores a 1900  La excepción son los terrenos de la Sociedad Hijos de Máximo Aguirre adquiridos por José Niceto Urquizu, pero éstos más que una venta deberían considerarse un regalo.
En efecto, José Niceto Urquizu, vecino de Elorrio, fue Diputado General en 1852 y 1864, tomó partido por el bando carlista durante la Guerra Civil, y tras las paz se dedicó a las empresas textiles hasta su muerte en 1890. Entre 1866 y 1869 adquirió diversas participaciones en los terrenos de los arenales de Getxo.
Los terrenos de Urquizu se pueden clasificar en 3 grupos. El primero lo constituyen los 5 solares del plano de Las Arenas (manzana Las Mercedes-A.Larrazabal-Urquijo-Amistad y un solar en Urquijo-A.Larrazabal-Barria). Es una operación de concepción muy similar a la de Eduardo Aguirre en esta zona -aunque Urquizu los consiguió más baratos- y siguen el mismo destino.
El segundo, y más importante, son los arenales que compra al Estado. Subastados en 3 lotes, los 2 más pequeños terminaron uniéndose conformando la posterior finca “El Pinar” de Víctor Chávarri y los terrenos que van de Zugazarte a la calle Mayor y Negubide, y de A.Larrazabal a la calle Pinar. El mayor constituye una enorme finca que iba del río Gobelas al límite con Leioa, y del final de las posesiones de los Aguirre en Lamiaco (posterior calle Santa Eugenia) hasta la línea del actual campo de fútbol de Gobela y colegio P. Aristegui.
Bastantes de los terrenos desamortizados en Getxo se subastan con errores en la medición, muchas veces muy relevantes, pero ninguno se acerca siquiera al de este terreno, que se vendió declarando casi la mitad de su tamaño real. El precio del remate, idéntico o muy ligeramente superior a la tasación oficial, mantiene el mismo nivel -bajísimo- del resto de los arenales adquiridos por los Aguirre. 
Finalmente, quedan los arenales vendidos a Urquizu por los propios hermanos Aguirre, transacción a la que me refería como regalo, ya que de otra forma difícilmente se puede explicar que éstos se deshagan de terrenos recientemente adquiridos, prácticamente al precio de coste. Corresponde a compras efectuadas en las subastas de febrero de 1868 a una media de 0,010 ptas/m2, que venden en 1869 por 0,013 ptas/m2 de media. Además, uno de ellos (18.110 m2) es el espacio entre la carretera y la playa (Zugazarte y el Muelle de Las Arenas) colindante con el edificio del Balneario que construía la Sociedad de Baños de Marítimos Aguirre y Cia, desde luego, la zona que antes debía revalorizarse.
Por lo demás, José Niceto Urquizu, pese a trazar varios intentos fallidos de parcelación y lotificación, no llegó a desarrollar una política territorial coherente en Getxo. Se desprendió de la parte principal en 1880, y el resto fue dividido entre sus herederos en 1890. Son los dueños posteriores -Miguel A. Vitoria, Matías Romo y Eduardo K. Earle en la Vega de Santa Eugenia (Romo), Víctor Chávarri en El Pinar, y La Sociedad de Terrenos de Neguri en La Avanzada- quienes organizaron el territorio según su conveniencia. Mientras se producía esta serie de tomas de posiciones sobre los arenales, la familia Aguirre continuaba colocando en el mercados sus terrenos en Lamiaco. El periodo 1868-72, enmarcado con el parón de la crisis de 1866 y el inicio de la Guerra Carlista, se caracteriza por la escasez de ventas y la nula revalorización de los solares.
En el plano de Lamiaco sólo se desprenden de 4 parcelas completas y algunas porciones de parcela (8.674 m2 vendidos a 3.08 ptas/m2 de media, prácticamente el mismo precio que en 1863-64) y de una casa construida sobre dos parcelas.
El resto de las adjudicaciones corresponden a la operación de recompra de las participaciones de los pequeños accionistas en la Sociedad de Baños Marítimos Aguirre y Cia, remisos a acometer nuevas inversiones para ampliar el negocio. En 1871, llegaron a un acuerdo por el que se quedaban con la mitad de las acciones emitidas (el nominal total era 150.000 ptas, en 300 acciones de 500 ptas) capitalizado al 50%, compensándoles con terrenos en Lamiaco al cambio de 4 acciones (1.000 ptas) por 900 m2 (a 1.11 ptas/m2).
La proliferación de poseedores de menos de 8 acciones, límite que daba derecho a un solar completo de 1.800 m2, obligó a subdividir por primera vez las parcelas, dando lugar a solares de 900 m2, e inaugurando una situación no prevista inicialmente, que se fue generalizando durante los años siguientes. Por otro lado, esta operación tan singular ofrece una perfecta radiografía del accionariado de la sociedad del Balneario, de gran interés.
Con el estallido de la 2ª Guerra Carlista tanto las iniciativas urbanizadoras como las ventas de transmisiones de solares se detuvieron. La llegada de visitantes quedó paralizada durante los años del conflicto y el propio Establecimiento de Baños sufrió daños de importancia por las acciones bélicas.
Sin embargo, las condiciones son inmejorables a partir de 1876, año en el que el Balneario vuelve a abrir sus puertas reformado y ampliado. La comunicación con Bilbao se encuentra asegurada por el tranvía Bilbao-Las Arenas, que comienza a funcionar con gran éxito en 1877. En 1881 se prolonga hasta Algorta electrificándose en 1897. El ferrocarril de Bilbao a Las Arenas, vieja idea de los Aguirre, toma un nuevo impulso desde 1882, consiguiendo Ezequiel Aguirre la concesión el 14 de mayo de 1883. Al año siguiente se constituye la compañía, siendo la propia familia Aguirre-Coste los principales accionistas. Este último cuarto del siglo XIX es la época clásica de Las Arenas y Algorta como estación balnearia. El municipio de Getxo duplica su población de 1877 a 1900, pasando de 2.651 a 5.442 habitantes, mientras se van abriendo nuevas casas de baños, servicios de temporada, comercios e instalaciones hoteleras. 
Se consolida así el modelo de ocupación del espacio diseñado antes de la guerra. Lo más característico de este periodo es la extensión de las iniciativas y el enlace entre los 2 núcleos iniciales, concretado en el enlace entre las calles Andrés Larrazabal, y Santa Ana – que comunicaban directamente el balneario y la ermita- y la apertura de la calle Mayor, auténtica bisagra entre los barrios de Santa Ana y Las Arenas, que une el Puente Colgante (1893) y la estación del ferrocarril. La urbanización continuará inicialmente el sistema de villa ajardinada y el esquema reticular propuesto. Esto es válido para Santa Ana y los frentes que miran a la ría y la playa en Las Arenas. En cambio, por la zona central, cercana a la calle Mayor, comienzan ya a levantarse los primeros bloques de viviendas de vecindad. 
Pese a toda la actividad desplegada, las ventas de los Aguirre en Lamiaco siguen un ritmo pausado. Prácticamente se ha roto ya el esquema de las parcelas originales, aunque siguen manteniéndose un cierto número de ventas que encajan en el módulo de 1.800 m2 (1.800, 1.350, 900, 450) y la media superficial de las ventas es aún de 1.393 m2. Es evidente la complejización interna del barrio, desapareciendo la uniformidad en el precio de los solares, que pasan a valorarse en función de su situación particular y expectativas de uso y revalorización. De esta forma, encontramos valores absolutamente contrapuestos (se paga a 6,14 y a 19,32 ptas/m2 en el mismo año 1892) y tampoco se aprecia una clara tendencia a la revalorización con el paso del tiempo. No hay que olvidar que sólo consideramos las ventas directas de los Aguirre, y no las posteriores transacciones de esas fincas, y que éstos poco a poco fueron desprendiéndose de los espacios mejor situados. 
Entre los compradores, la mitad sigue proveniendo de Bilbao, pero aparece ya un significativo número de vecinos de Getxo y Leioa. Socialmente, se aprecia que las parcelas mayores son adquiridas por individuos pertenecientes a la burguesía acomodada, en la línea de los periodos anteriores. Sin embargo, aparecen compradores de recursos más limitados para los pequeños solares. Este hecho está condicionado por la rebaja de los estándares de calidad urbanística que comienza a manifestarse en algunas zonas del barrio.
Concretamente, en torno a las estaciones y vías del ferrocarril, y en los límites hacia Leioa (calles Amaya e Ibaibide). En este último caso, la degradación está directamente condicionada por la implantación industrial en la vega de Leioa. Curiosamente, este fenómeno fue tutelado por la propia familia Aguirre, al abandonar durante la década de 1890 la actividades agropecuarias y complementarias del veraneo (hipódromo, campos deportivos) que inicialmente asentaron sobre este espacio, vendiendo distintas parcelas a empresas industriales.
Durante esta etapa se da un caso que rompe la tradicional política de venta de solares libres de edificación. Asociados con el capitalista Víctor Chávarri forman una sociedad inmobiliaria que edifica, gestiona y finalmente vende dos filas de casas adosadas unifamiliares de calidad, situadas en terrenos de Lamiaco. Son 6 casas en la manzana completa entre Mayor, Artecalle, Gobela y Santa Ana; y otras 5 en Novia de Salcedo entre las calles Santa Ana y J.Arellano. Los edificios se levantan en 1888, la mayoría los adquiere Leonardo  Chávarri (hermano de Víctor) en 1892, quien los vende 2 años después al mismo precio a antiguos miembros de la sociedad edificadora o conocidos hombres de negocios de Bilbao.
A partir del periodo 1895-1905, el proceso de transformación desde una estación balnearia a un suburbio residencial con población progresivamente estabilizada, propició el relanzamiento y rápida aceleración de la edificación en Las Arenas y Santa Ana. Santa Ana es la zona con menos modificaciones respecto al plan inicial. El sistema de pequeñas villas ajardinadas se mantuvo en su mayor parte. La construcción avanza a un ritmo sosegado, aunque las viviendas van dejando de ser estivales. En torno a la iglesia de Las Mercedes y la calle Mayor, la domina ya con claridad la construcción de casas de vecindad de varios pisos y, generalmente, de calidad. Es aquí donde acabarán localizándose los servicios (comercios, talleres, oficinas…) que exige una población creciente (11.399 habitantes en 1920).
Contemporáneamente, se desarrollan distintos grupos de viviendas de menor calidad, dirigidas a familias de reducida capacidad adquisitiva. Las podemos encontrar, principalmente, pasadas las vías de tren, en la “Vega de Santa Eugenia” (Romo), cuyo origen no son terrenos de los Aguirre, sino de José Niceto Urquizu, y en los ya comentados rebordes de Santa Ana hacia las estaciones del ferrocarril y Leioa. En este sentido, las ventas que los Aguirre realizan en Lamiaco desde 1901, corresponden sólo en un escaso porcentaje a terrenos para la edificación de viviendas de calidad y ajardinadas destinadas a los miembros de la burguesía que se trasladan desde Bilbao (Ferrer, Aguirre-Sarasua, Arenaza, Larrinaga, De las Herrerías, Andéchaga…). La mayoría son pequeños terrenos en estas áreas (calles Ibaigane, Ibaibide, Amaya y Errebitarte).
Dominan los solares muy reducidos. Si eliminamos el efecto distorsionador de las grandes parcelas en torno a las estaciones del ferrocarril, vendidas a la compañia propietaria de las líneas de Bilbao a Las Arenas y Plencia (20.214 m2 a un precio medio muy bajo de 3,16 ptas/m2), se descubre que la media superficial por venta es sólo de 399 m2, y el precio medio de las ventas asciende a un valor más lógico: 16,53 ptas/m2. Los compradores son mayoritariamente del propio Getxo, desplazando rotundamente a los provenientes de Bilbao, y sus profesiones se vinculan con oficios manuales más o menos cualificados.
Sin embargo, las ventas en la zona de Lamiaco quedaban ya para esta fecha marginadas a un segundo plano dentro de los negocios inmobiliarios de los Aguirre, consecuencia de que el suelo mejor situado ya había cambiado de manos, y de la importancia que adquiere la gran promoción que con el inicio del siglo XX acometen en la zona de los arenales. Por citar un ejemplo significativo, sólo de la venta en 1908 del edificio central del antiguo Balneario al Club Marítimo del Abra, obtuvieron 340.000 ptas, frente a las 295.000 ptas conseguidas con las parcelas de Lamiaco de 1901 a 1919.
La zona de los arenales, adquiridas como se recordará en las subasta de 1868 y mantenidos en retenidos hasta ahora, se revaloriza extraordinariamente. La desaparición de la playa, la construcción del rompeolas de Punta Begoña y de los muelles de Arriluze y Las Arenas, durante la década de 1890, posibilita la fijación de los terrenos circundantes y su urbanización. Es la última participación relevante de los Aguirre (ahora ya Coste Aguirre) en la configuración territorial de Getxo. Pero en este caso su papel es más bien pasivo. Su reserva de espacio posibilita la formación de grandes lotes, que permiten tanto la edificación de suntuosas mansiones ajardinadas para la nueva élite del capitalismo vizcaíno que traslada a este lugar su residencia, como la lotificación y planificación de espacios urbanos renovados por los compradores. El único elemento ordenador es la propia avenida Zugazarte, que adquiere rápidamente las formas de un auténtico boulevard burgués.
Así, de 1901 a 1919 los Aguirre realizan una auténtica liquidación de sus propiedades en esta zona, trasfiriendo 162.485 m2 por los que obtienen la respetable cantidad de 2.401.797 ptas en el plazo de menos de 20 años, lo que arroja un precio medio de 14,78 ptas/m2, similar al de Lamiaco en ese momento. La media superficial de las parcelas vendidas es de 7.385 m2. Sin embargo, si corregimos este datos descontando las 3 fincas de la franja, entre el río Gobelas y el ferrocarril, que responden a otra realidad, y consideramos los compradores en lugar de las fincas, las 10 personas que invierten en este momento adquieren cada uno más de 16.000 m2 de media, con desembolsos también medios de unas 238.000 ptas. Los más destacados son Ramón de la Sota (76.419 m2 en su mansión “Lertegi”, el terreno para la urbanización Ondategui, y un solar en el muelle, pagando 956.941 ptas entre 1907 y 1916), Cristobal Valdés (35.430 m2 adquiridos en 1907 por 456.000 ptas), y José Luis Oriol (23.308 m2 por 265.031 ptas para la finca “San Joseren” en 1914-16). Muy cerca de estas fincas, pero sobre antiguos terrenos de Urquizu, se formó otra gran propiedad, “El Pinar”, agrupado por Victor Chávarri y su viuda Soledad Anduiza, que contenía 65.769 m2 alrededor de una mansión de 914 m2 de planta.
A partir de esta trasferencia masiva de propiedad junto a las mansiones, también asistimos a promociones urbanas secundarias. La más representativa es el Pinar de Ondategui.
Nos encontramos ante otra operación enteramente privada, en este caso del naviero e industrial Ramón de la Sota. Sobre el terreno de 49.241 m2 por el que había pagado 665.941 ptas. en 1916 (a 13,52 ptas/m2), se planifican 45 parcelas de unos 1.000 m2, aprovechando al máximo el espacio mediante el trazado de 2 calles unidas por un tramo curvo.
Urbanísticamente responde a un modelo de “ciudad jardín” similar al de Neguri. La promoción sufrió una prolongada paralización, desde 1916 hasta final de los años 20, tomando su definitivo impulso de la mano del arquitecto Ricardo Bastida, autor de la mayoría de las residencias.
Entre 1927 y 1931 se levanta el grueso del barrio. El conjunto resulta de un gran equilibrio urbanístico y estilístico, posible en tanto que el promotor no se limita a vender parcelas una vez convertidas en solares, sino que se encarga también de la construcción, señalando unas claras directrices arquitectónicas (neovasco). Además, la iniciativa de Sota en Ondategui tuvo efectos de arrastre sobre los propietarios de las porcelas colindantes. El más relevante fue Cristobal Valdés, quién edifica varios chalés similares detrás de su residencia (finca de 35.430 m2) entre las calles C. Valdés y Lertegi.
Tras el final de la Gran Guerra se puede decir que la promoción encabezada por los ya nietos y biznietos de Máximo Aguirre ha tocado fondo. Es una actividad poco relevante, limitada a pequeños terrenos de situación marginal, sin capacidad para estructurar una actuación propia tras tantos años de ventas y promociones.
Perdieron de esta forma la favorable coyuntura de la segunda mitad de los 20′, que se aprecia en la elevación de la media del periodo en Lamiaco hasta las 26,29 ptas/m2. La excepción, aunque limitada, es la reagrupación y venta inmediata de la franja entre las vías del tren y el río Gobelas, frente a Negubide, para dedicarla a usos industriales.
La misma situación declinante continuó a lo largo de los 40′. Se van vendiendo pequeñas parcelas supervivientes y se reserva la propiedad de distintas casas, en la zona de la calle Mayor y Artecalle, y las redificadas sobre los pabellones laterales del antiguo Balneario durante los primeros años del siglo XX. Son éstas la únicas propiedades en Getxo en el momento de la división patrimonial de 1940-1944 entre Carmen Coste Aguirre y sus sobrinos Coste Acha.
José María Beascoechea Gangoiti. Sociedad y Política territorial en Getxo (1855-1935). La familia Aguirre-Coste. 1993. Cuadernos de Sección. Historia-Geografía 21. págs 301-328.

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Tramitado el oportuno expediente para la Revisión de la Normativa Subsidiaria Municipal, por Acuerdo del Consejo de Gobierno de la Diputación Foral de Bizkaia de 18.1.2000, se dispone la aprobación definitiva del Plan General de Ordenación Urbana para el municipio de Getxo, como instrumento de ordenación integral del territorio municipal, cuyo articulado fue publicado, tras la incorporación de las necesarias correcciones, en el Boletín Oficial de Bizkaia nº 141, de 23.7.2001.

1970 – Adra de Bilbao

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Plan Comarcal de Bilbao – 1946

En el desarrollo urbanístico de las 2 décadas posteriores a la guerra civil pueden distinguirse 2momentos. La primera la década de los 40′, todavía muy presente la  posguerra, y que se puede considerar como continuista, y un segundo momento de mayor maduración que conducirá a la formalización de urbanismo español con la Ley del Régimen del Suelo y Ordenación Urbana de 1956. En la década de los 40′, y a pesar del intento de integrar las diferentes actuaciones dentro de un Plan Nacional de Reconstrucción, la realidad es que la reconstrucción  no se hizo desde una perspectiva unitaria, si no sectorialmente, desde organismos independientes. 

El que desde el principio estuviesen presentes diferentes territorios del País Vasco  puede explicarse en parte porque al frente de la organización de la arquitectura estatal estuvieron 2 guipuzcoanos. Primero Pedro Muguruza y poco después, cómo surge la figura emergente de Pedro Bidagor, que marcará la historia del urbanismo español durante décadas, pues tras trabajar con Muguraza desde el final de la guerra civil, será nombrado Jefe Nacional de Urbanismo en 1949 y Director General de Urbanismo en 1957.

En un principio, permanece el marco legal previo a la guerra civil, el Estatuto Municipal proveniente de la época de  la Dictadura de Primo de Rivera. Este panorama fue completado por la Ley de Ordenación de Solares del 15.3.1945 y la Ley de Bases de Régimen Local de junio de 1947. Esta última fue objeto de fuerte discusión y discrepancia, y a pesar de que en su primera formulación reconocía una visión territorial del planeamiento, al final, concibió el urbanismo como una tarea fundamentalmente municipal. Una excepción de esta visión serán las Leyes de Grandes Ciudades que acompañarán el planeamiento de las cuatro grandes ciudades de ese momento: Madrid, Bilbao, Valencia, y algo más tarde, Barcelona. Dos aspectos deben subrayarse. En general permitieron realizar un planeamiento más allá del gran municipio, de escala supramunicipal, y en segundo lugar permitieron introducir y poner en práctica aspectos metodológicos, procedimentales y de figuras jurídicas que posteriormente se incorporaron en la Ley del Suelo de 1956 (jerarquía del plan con el establecimiento del Plan General y su desarrollo en planes parciales, clasificación urbanística de solares, utilización de la zonificación, parcelación y reparcelación de terrenos, etc.).

Destacó el Plan de Ordenación Urbanística y Comarcal de Bilbao y su zona de influencia, más conocido por el Plan Comarcal de Bilbao de 1946, por el rigor y valor formal del plan, su aportación cartográfica y estadística. En sus propuestas pueden identificarse ideas como las ya señaladas en las experiencias europeas: utilización del planeamiento urbanístico como instrumento para limitar el crecimiento desmesurado de las grandes ciudades e intento de reconducirlo a otros núcleos; creación de un anillo verde intentando aprovechar diferentes “cuñas” basadas en la topografía (montes de Archanda y Sto. Domingo, sector de Roquete entre Bilbao y Basauri, monte Sasiburu entre Cadagua y Retuerto, etc.); comienzan a identificarse zonas estratégicas para el futuro urbanístico del Gran Bilbao como es la zona de Asúa, etc. Hay una clara utilización de la técnica de zonificación con el objetivo de asegurar la calidad de vida de los ciudadanos, intentando separar las industrias de las zonas residenciales y minimizar sus consecuencias perjudiciales en la salud de la población. Todavía tiene gran peso la concepción orgánica del territorio, que en este caso se asimila a un gallo.

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La Oficina del Gran Bilbao, también denominada Corporación Administrativa del Gran Bilbao, fue un organismo creado en 1946 para acometer la realización y la coordinación del Plan Comarcal. Tuvo su cometido por la necesidad administrativa de una entidad de carácter metropolitano, más amplia que lo estrictamente municipal, para resolver las nuevas necesidades urbanísticas y demográficas originadas por la industrialización.

El nombre tomó referencia del Gran Londres y el modelo de una entidad similar de Madrid, coincidiendo con el III Plan de Desarrollo Económico y Social, y la intervención estatal proponiendo unidades de planeamiento y ejecución. Se puso en marcha en1946 disponiendo de un Reglamento  en 1947 y tuvo continuidad hasta su disolución por el Parlamento vasco en 1980. La Presidencia correspondía al Gobernador Civil, la Vicepresidencia al Alcalde de Bilbao, y contaba además con la participación de los alcaldes de los municipios y técnicos de diversa índole.

Su ámbito de actuación abarcaba 350 km2, llegando a aglutinar 22 municipios del área de expansión metropolitana de Bilbao a través de la Ría del Nervión, el Txorierri y los entornos de Asúa y Galindo.

Tuvo a su cargo la redacción y ejecución del Plan de Ordenación Urbanística y Comarcal de Bilbao y su área de influencia, asumiendo el cumplimiento de sus prescripciones y modificaciones, interviniendo incluso en el desarrollo del planeamiento local a pequeña escala.

Con la llegada de la democracia y las transferencias a las comunidades autónomas en materia de urbanismo y planeamiento, cedió el testigo a la Oficina Municipal del Plan General que a finales de los años ochenta del siglo XX acometió la redacción del Plan General de Ordenación Urbana de Bilbao aprobado en 1995.

Ley de 17.7.1945 sobre Bases para la Ordenación urbanística y comarcal de Bilbao su zona de influencia.
“…De conformidad con la propuesta elaborada por las Cortes Españolas,
DISPONGO:
Artículo Único.-$e autoriza al Gobierno para publicar la Ley de Ordenación Urbana de Bilbao y su Zona de influencla, con sujeción a las siguientes bases: 
Base l.-Plan ceneral de Ordenación
La Ley partirá del Plan de Ordenación Urbanística y Comarcal de Bilbao y su Zona de influencia, trazado por la Dirección General de Arquitectura a iniciativa del Ayootamiento de dicha vllla, cuyo Plan se someterá por la entidad “Gran Bilbao” a la aprobación del Gobierno por conducto del Ministerio de La Gobernación. La propia entidad pedirá inforne previo al Gobierno Militar de Vizcaya y a las Jefaturas de Obras Públicas y de Industria de la misma provincia, quienes deberán emitirlo en el plazo improrrogable de cincuenta días, entendiéndose de plena conformidad si no fuere evacuado en dicho término. El Plan será preceptivo y sólo por acuerdo del Gobierno, a propuesta de la entidad Gran Bilbao, podrán alterarse en l0s proyectos parciales aquello que sea indispensable para mejor realización de sus fines.
Las disposiciones de la Ley serán de obligatoria observancia, quedando sujetos a las normas del Plan todos los Municipios afectados por el mismo…”

Con la ley del Suelo de 1956 se institucionaliza de manera definitiva el proceso de ordenación urbana de manera jerarquizada, con los sucesivos plan nacional, planes provinciales, y planes generales –que podían ser municipales o comarcales- y planes parciales. Sus características, alcance y configuración se definen en relación con el régimen del suelo, que el propio planeamiento debe clasificar en una de las tres nuevas categorías: urbano, reserva urbana y rústico. Así mismo se establecen las normas para regular el proceso de transformación del suelo de reserva en suelo urbano, el único edificable. Se proveen los sistemas para la ejecución del planeamiento en relación con el papel a desempeñar por los propietarios del suelo y por la Administración, así como todo un sistema de valoraciones de terrenos y una jerarquía de órganos directivos y gestores tanto centrales como locales, que son los que deben tanto dirigir como fiscalizar el proceso urbanístico. Por último también institucionaliza la posibilidad de intervención del sector público en el mercado del suelo a través de la adquisición y urbanización del suelo, es decir la creación de patrimonios públicos de suelo.

De esta ley se han destacado dos aspectos. Por un lado destaca el trabajo de síntesis de la experiencia histórica anterior y en lo referente a la sistematización del planeamiento y su institucionalización administrativa. Por otro el carácter profundamente innovador de la ley, en lo referente a la configuración del derecho de propiedad por el planeamiento.

1961-zonificacion-pgEn el territorio de Bizkaia, en esta etapa pueden destacarse la revisión del Plan Comarcal de 1945, el Plan General de Ordenación Urbana de Bilbao y su Comarca, 1964, y toda una serie de Planes Comarcales aprobados entre 1967 y 1975. Respecto al primero hay que señalar que no realizó ninguna aportación conceptual o teórica relevante respecto al anterior Plan de 1946. Prácticamente supone la reproducción de su modelo territorial –o mejor dicho su reforzamiento-, pues su propuesta supone ampliar la anterior zonificación con un aumento del suelo calificado urbanísticamente: usos industriales en los dos márgenes de la ría y desarrollo residencial entorno a los núcleos existentes. También mantiene, y vuelve a subrayar la importancia, de los espacios libres, manteniendo la propuesta de protección para los mismos. Sí introduce un cambio, al permitir en la zona denominada Libre Permanente –donde se incluían los espacios a proteger-, la construcción de vivienda aislada. También lo hace en la zona denominada como zona rural aunque con distintos estándares. Siguiendo las consideraciones del plan anterior subraya, quizás con más énfasis, la importancia  del valle de Asúa como zona de expansión de Bilbao especialmente en el ámbito de los servicios y residencial.

El único cambio significativo dentro del modelo territorial es la propuesta de llevar el puerto al exterior de la ría, hacia el Abra. De todas maneras su formulación se hace sin más, sin ninguna reflexión sobre lo que ello puede suponer, ni lo que puede significar la liberación de los usos y servidumbres del puerto en la ría interior.

image003.jpgEn el análisis de la red viaria se señala la creciente importancia del tráfico pesado, con tramos en los que la densidad es la mayor del Estado. Identifica nuevas necesidades como la circunvalación sur; la variante de Zorroza-Nocedal; el puente de Olaveaga; y el acceso de Begoña desde la fábrica de Echeverría al Ayuntamiento. Mantiene la urgencia de realizar el puente de Rontegui para unir Baracaldo con el proyectado poblado de Asúa. La mayoría de estos proyectos no serán definitivamente abordados hasta dos décadas después, una vez transferidas las competencias al Gobierno Vasco. Además muestra gran preocupación con las infraestructuras de abastecimiento y saneamiento de aguas. Respecto a la primera ya señala la necesidad de servirse del sistema del Zadorra. En cuanto al saneamiento constata la gravedad de la situación de los vertidos proyectando toda una serie de colectores para ser tratados en una depuradora localizada en Asúa.

1970Hoy Guetxo tiene una población de 78.846 habitantes y un parque edificado de 33.062 viviendas, de las cuales 1.782 estaban declaradas como vacías (el 5,4% del total)


Cada mercado es local.

Cada municipio tiene su singularidad.

Cada municipio se retrata en su parque residencial.


…seguiremos analizando en próximas entregas los 250 municipios mayores de España