PAMPLONA-IRUÑA.

PAMPLONA PIRAMIDE.jpgPAMPLONA VIVIENDAS.jpgPamplona INE_Page_1.jpg

Son datos fríos, sin cocinar.

Información para la toma de decisiones.

Información para el conocimiento.


pamplona-ge5Pamplona es un municipio de 25,98 km2 y una ciudad capital de la Comunidad Foral de Navarra, ubicada en el N de la península ibérica, y en el centro de la cuenca de Pamplona denominación tradicional de la comarca en forma de vasto circo rodeado de elevaciones que se abre hacia el sur y el alto valle del río Ebro, hacia donde fluye también la red hídrica que la ha conformado.. Se extiende a ambas orillas del río Arga y por ella discurren otros dos ríos, el Elorz (afluente del Arga) y el Sadar (afluente del Elorz). El municipio limita al N con: Berrioplano, Berriozar, Ansoáin y Ezcabarte; al E con: Villava, Burlada, Valle de Egüés y Aranguren; al S con: la Cendea de Galar, la Cendea de Cizur y Zizur Mayor; y al O con Barañáin, la Cendea de Olza y Orcoyen.

pamplona 3d.jpgSe encuentra dividida en barrios que difieren tanto en su expansión geográfica como en su población. Estos actualmente (2009) son: Azpilagaña. Echavacóiz. Ermitagaña-Mendebaldea. Iturrama. Chantrea. Rochapea. San Jorge. San Juan. Ensanche I. Ensanche II. Mendillorri. Casco Antiguo. Milagrosa / Arrosadia. Buztintxuri-Euntzetxiki. Ezcaba. Lezcairu

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Es el centro financiero y comercial de Navarra, además de centro administrativo. Como capital de la Comunidad, la función pública es una importante fuente de empleo. También es un importante núcleo de actividad industrial, materiales de construcción, metalurgia, papel y artes gráficas y transformados cárnicos. La empresa automovilística Volkswagen, ubicada en el polígono industrial de Landaben, es la industria que más puestos de trabajo genera en la cuenca de Pamplona, con una plantilla aproximada de 5.000 trabajadores en 2009. Asimismo destaca la actividad comercial, tanto mayorista como minorista.

La ciudad cuenta con 2 universidades: la Universidad Pública de Navarra y la Universidad de Navarra. La primera, fundada en 1987 y la segunda, en 1952, de titularidad privada y su propiedad y gestión corresponden al Opus Dei. En el ámbito sanitario dispone del Complejo Hospitalario de Navarra, formado por los hospitales públicos Hospital de Navarra y Hospital Virgen del Camino , y de varios centros privados, destacando entre estos últimos la Clínica Universidad de Navarra,14 gestionada también por el Opus Dei.

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Tradicionalmente se ha creído que la ciudad fue fundada en el 74 a. C. por el general romano Pompeyo como Pompaelo o Pompelo sobre un poblado preexistente, de supuesto origen vascón, quizá denominado Iruña o Bengoda, aunque ninguna fuente histórica clásica recoge este dato; Estrabón sí alude, sin precisar detalles, que la fundación de Pamplona fue obra de Pompeyo. La ciudad se convertiría desde entonces en una de las poblaciones más importantes del territorio de los vascones. Tras las invasiones de los pueblos germanos del siglo VI, el reino visigodo de Toledo se estableció en Pamplona, pero manteniendo continuas campañas contra los vascones. La posterior conquista musulmana de la península ibérica del siglo VIII logró la sumisión del territorio pamplonés.

Durante la primera mitad del siglo IX, la nobleza local, con la alianza de la familia Banu Qasi, consiguió la consolidación de un núcleo de poder independiente liderado por Íñigo Arista, que convirtió a Pamplona en la capital del Reino de Pamplona y durante la Edad Media, en la del Reino de Navarra. En 1512 fue ocupada por las tropas enviadas por Fernando el Católico, con la rendición definitiva en 1521, y que junto con la parte peninsular del antiguo reino navarro quedó anexionada en la corona española.

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pamplona_mapa_pamplona_gran.jpgPamplona fue primero poblado vascón y luego ciudad romana.
A mediados del siglo XI, Pamplona estaba integrada exclusivamente por el núcleo de población original –Iruña– situado alrededor de la Catedral, cuyos moradores eran en su totalidad labradores autóctonos y dependientes o servidores de la Catedral de Santa María. Era aquello un ejemplo típico de civitas episcopalis o de cité y desde luego de extensión muy restringida y cuyo perímetro urbano venía determinado por la antigua muralla romana, que los obispos, señores de la ciudad, se encargaban de reparar y mantener.
Según la Crónica del Príncipe de Viana, Carlomagno, el año 778, “…fizo derrocar los muros [de Pamplona], porque los moros non se podiesen otra vez con eilla alzar…”
En el caso de Pamplona, nos encontramos que al lado del núcleo original, heredero de la antigua ciudad romana y sede del obispo, se van formando casi simultáneamente, en torno al año 1090, 2 poblaciones de francos que no se acogen al derecho local. El caso no es exclusivo de Pamplona. Señalar que los comerciantes se vieron obligados a instalarse, por falta de sitio, en el exterior del antiguo perímetro, constituyendo burgos extramurales, que por oposición al núcleo ya existente son llamados por los textos burgos nuevos. Así sucede en el caso de Pamplona, si bien aquí posiblemente más que en una falta de espacio en la Navarrería, haya que pensar en un problema de asimilación, de choque de razas y mentalidades, y desde luego en una cuestión de Status, ya que la Navarrería, como hemos visto, era esencialmente un dominio de titularidad episcopal.
Los francos se instalaron primeramente en un llano que había fuera del muro de la primitiva Iruña, hacia la parte de Barañain. El emplazamiento era bueno y adecuado, a cierta distancia de la ciudad episcopal, en terreno llano casi en su totalidad y, sin embargo, áspero y terraplenado hacia la parte lindante con la población preexistente. El barranco de Santo Domingo, todavía perceptible en la topografía de la ciudad, aunque muy rellenado con el tiempo, descendía aproximadamente desde el inicio de la actual calle Calderería, en un derrame progresivo, hasta el río, por donde más tarde se construyeron el Ayuntamiento, el Mercado, el convento de Dominicos (más tarde Hospital Militar) y el Seminario de San Juan. La pendiente de las calles Mañueta y Bajada de Santo Domingo nos puede todavía servir de referencia para formarnos una idea del descenso de nivel que tenía el  barranco respecto a la meseta donde está emplazada la ciudad. Este barranco ha ejercido una influencia notable en el desarrollo urbano de Pamplona. Al principio contribuyó a robustecer la posición defensiva de la Navarrería, emplazada en el solar de la antigua población romana, sobre una colina que dominaba el barranco.
Nace así el Burgo de San Cernin, 1º burgo franco de Pamplona, al que otorgaría fuero algún tiempo después el Rey Alfonso el Batallador, en 1129. Observando su planta, todavía perfectamente reconocible en el plano actual de la ciudad, parece deducirse que fue trazado de una vez, con arreglo a un plan urbano preconcebido. El esquema de su estructura afecta un hexágono, cuya arteria longitudinal –la Calle Mayor– se ve cortada perpendicularmente en su mitad por la antigua belena –actual Calle Eslava–, que en principio tenía esencialmente un fin defensivo. Al principio y al final de esta calle fundamental se abrían los dos portales principales de la fortificación del Burgo, defendidos por las torres de las dos iglesias parroquiales: San Cernin, hacia la Navarrería, y San Lorenzo, hacia la Taconera. Al principio y al final de la belena se abrían las dos puertas secundarias, los portillos o poternas. Se trata de una estructura simétrica, que si se doblara en un plano por el eje de la belena, vendrían a coincidir casi perfectamente los dos sectores o mitades y las dos iglesias, situadas una a cada extremo de la arteria principal, junto a los accesos al recinto, en emplazamientos casi idénticos y formando parte importante del recinto amurallado. El Burgo de San Cernin se rodeó desde su fundación de un fuerte muro, con fosos y doble muralla jalonada de torres, excepto a la parte de la Rochapea y el río, donde debido a lo escarpado del terreno, construyó un solo muro. 
Algún tiempo después, posiblemente a comienzos del siglo XIII, en el Burgo de los francos se originó un apéndice urbanístico hacia el NO, cuya población, de componente esencialmente labrador, no les interesaba a los burgueses asimilar ni asociar a su situación de privilegio. Nace así la llamada Pobla Nova del Mercat, posteriormente Barrio de las Burullerías, cuyo trazado urbano, circunstancial y sin plan alguno, se mantuvo hasta el siglo XVII, y hoy lo conocemos gracias a un detallado plano que se hizo cuando desapareció aquella zona de la ciudad hacia 1640, para construir en su solar el actual convento e iglesia de los Carmelitas Descalzos. Tal vez haya que relacionar con el establecimiento de esta Puebla del Mercado, que ocupaba también toda la actual zona de la Plaza de Recoletas y Plazuela de la O, –más  otras casas extramurales que desaparecieron por razones defensivas en el siglo XVI–, la creación en el Burgo de una segunda parroquia, la de San Lorenzo, acerca de cuya demarcación y territorio adscrito hubo algunas cuestiones, a lo largo de la edad media, con la parroquia de San Cernin.
Poco tiempo después del establecimiento del Burgo de San Cernin, en torno al año 1100, nace la Población de San Nicolás, llamada al principio Burgo Nuevo. Su emplazamiento, contiguo al del Burgo, aprovechando también lo llano de ese terreno, sería a lo largo de la edad media causa de varias discordias y litigios, como en 1213 y 1222, en que hubo muchas muertes y destrucciones, y todavía en 1346, en que afortunadamente, la cosa no pasó de un largo pleito. Por de pronto, como primera consecuencia del nacimiento de la Población, el antiguo foso sur del Burgo quedó privado de su función originaria de defensa exterior, para convertirse en separación interna de las dos poblaciones, fuente continua de cuestiones y litigios, y obstáculo evidente para las relaciones humanas y la fusión urbanística de los dos enclaves.
En las sucesivas concordias de 1213 y 1222, y posteriormente en 1266 y 1287, se regularon minuciosamente las condiciones que habían de reunir, sobre todo en cuanto a materiales a emplear y a alturas máximas permitidas, las casas de la Población que mirasen hacia el foso del Burgo de San Cernin, que en este punto estaba amparado por abusivos privilegios –más o menos interpolados– que invocaba y hacía valer continuamente.
La Población adoptó en su trazado urbano un esquema muy similar al de las bastidas francesas, tipo que se repite varias veces en Navarra, en las pueblas y burgos establecidos en tiempo de Alfonso el Batallador (1104–1134). Chueca Goitia señala Sangüesa y Puente la Reina como los ejemplos más antiguos y genuinos del reino. El Burgo de San Cernin, que no sigue exactamente ese esquema, es algunos años anterior, y la Población de San Nicolás, prototipo de bastida no mencionado por Chueca, es prácticamente contemporáneo de las dos localidades citadas, o tal vez algo anterior.
Los barrios formados con arreglo a esta política, que pudiéramos llamar de colonización interior, se planean a base de calles rectas y manzanas regulares, aún cuando en algún caso sea factor determinante la disposición y características del terreno, al que hay que acomodarse en última instancia.
Cuando una ciudad ha sido objeto de repoblaciones sucesivas, mediante distintos privilegios reales, pueden distinguirse perfectamente en su planta cada una de las diferentes ampliaciones, porque adoptan para sus calles un trazado especial y característico, que refleja la personalidad de cada barrio, que tiene sus autoridades propias y está separado de los otros por murallas y fosos, que sólo al cabo de muchos años desaparecen y se allanan. Es el caso de Pamplona, donde al Burgo de San Cernin, de planta hexagonal se agrega poco después la Población de San Nicolás, de trazado rectangular. Y al reconstruirse la Navarrería en 1324, se ordena expresamente que se tracen calles rectas, lo que se llevó a efecto cuidadosamente, según puede reconocerse todavía.
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La Ciudadela de PAMPLONA

Ya antes del privilegio real de 1324 para la reedificación de la Navarrería, el año 1313, el Rey Luis Hutín autorizó la reconstrucción de todas las casas propias del Cabildo, tal y como estaban antes de la ruina ocurrida a raíz del asalto de 1276. Si pensamos por un momento en el elevado número de casas que constituían la propiedad capitular antes de la cesión al rey del dominio de la ciudad, valoraremos en su justa proporción lo que esto pudo suponer a la hora de reconstruir la vieja ciudad. Desde luego, este hecho tuvo que condicionar notablemente el trazado de la nueva estructura urbana, que, a mi juicio, y salvo algunas rectificaciones convenientes e incluso necesarias, no habría resultado tan distinta de la primitiva como se ha creído hasta ahora.
Estos 3 núcleos urbanos, Navarrería, Burgo de San Cernin y Población de San Nicolás –los 2 últimos unidos en un municipio a partir de 1287– constituían otros tantos recintos fortificados aislados, con sus portales y murallas defendidas a trechos por torres cuadrangulares, en los que las iglesias desempeñaban un importante papel defensivo.
El recinto amurallado externo de la ciudad, común a las 3 antiguas poblaciones medievales, no pudo establecerse hasta muy tarde, en los finales del siglo XV, dada la rivalidad existente entre dichos barrios o poblaciones con anterioridad a ese momento histórico24. La realidad es que, apaciguadas definitivamente las discordias a raíz del privilegio de la Unión de 1423, poco después, en 1432, los reyes Juan II y Doña Blanca repartieron entre los tres barrios de Pamplona, un cupo contributivo llamado “sisa”, destinado a la reconstrucción y fortificación de las murallas de la ciudad, asignando un tercio a cada barrio, es decir a la Navarrería, San Cernin y San Nicolás.
Posiblemente fue por esos años, hacia 1440 ó 1450, cuando se trazó el lienzo de muralla que unía la torre de la Rocha del Burgo –actual Museo de Navarra– con los muros defensivos del Palacio Real de la Navarrería, lienzo reformado más adelante hacia 1540, y donde se abrió el nuevo portal de la Rochapea, en sustitución del primitivo de la Rocha, en 1555.
2016040712483479019.jpgPor la parte S del recinto, protegían la separación existente entre la Navarrería y la Población de San Nicolás, el castillo levantado en tiempos del rey Luis Hutín y el monasterio fortificado de Santiago o de los Predicadores; y a partir de la conquista del Reino por Fernando el Católico, el nuevo castillo mandado levantar por éste en el emplazamiento del antiguo monasterio dominicano. Con lo cual vemos que completado el recinto amurallado exterior de la ciudad, englobando en su interior la casa de la Jurería o  Ayuntamiento y más tarde el nuevo convento de Santo Domingo y lo que luego serían las plazas del Castillo y Consistorial, la ciudad fijaba así la estructura urbana que iba a presentar prácticamente íntegra hasta principios de este siglo, y que –a pesar de tantos atentados y mutilaciones– conserva todavía en buena parte el casco viejo.
El siglo XVI es decisivo en la evolución urbana de Pamplona, ya que en él se consolida de hecho la unión de la ciudad, existente sobre el papel desde 1423, y se fija la estructura urbana –y en buena parte también la morfología– que había de mantener la ciudad hasta la construcción del 1ª Ensanche a finales del siglo pasado. Esta Pamplona que pudiéramos llamar virreinal, que, salvo las importantes mejoras introducidas en el siglo XVIII, mantuvo su aspecto hosco y triste prácticamente hasta el derribo de las murallas en la segunda década del siglo actual.
Ya antes de la conquista del Reino por las tropas de Fernando el Católico en 1512, la ciudad emprende una importante tarea urbanística: la asimilación y adaptación –hoy diríamos, la reconversión– de lo que hasta el año 1498 había sido la Judería, una vez expulsados del Reino sus moradores por una orden de Juan de Labrit, calcada de la que dieron para Castilla los Reyes Católicos en 1492. Nace así lo que a partir de este momento pasaría a llamarse Barrio Nuevo, aunque el nombre no duró mucho tiempo. Comprendía la actual calle de la Merced, el último tramo de Dormitalería y la parte de la calle Tejería más próxima a la Merced. Lo que fue antiguamente sinagoga y bastantes casas de aquel barrio fueron derribadas en 1542, para construir el Convento de la Merced, demolido en 1945, y en parte de cuyo solar se abre hoy la bonita Plaza de Santa María la Real.
A partir de la Conquista de Navarra, la atención de los virreyes e ingenieros militares castellanos se centra esencialmente en las murallas. Las antiguas defensas medievales, flanqueadas por torres cuadradas, resultan ya débiles y desfasadas ante la moderna artillería, por lo que desde 1512 van a sufrir continuas modificaciones, mejoras y reparaciones. Por orden de Fernando el Católico, a partir de 1513 se inicia la construcción de un nuevo castillo, muy cerca del que existía desde 1310, en el solar del monasterio de Predicadores,  donde actualmente se levantan el Archivo de Navarra y la Diputación. Por los años 1538-40 se estaban construyendo en el recinto amurallado los baluartes a la moderna –cubos y bastiones se les llama– envolviendo las torres medievales de Caparroso, la Tesorería, San Llorente y las Torredondas28.
En 1571 se comienzan las obras de la actual Ciudadela, según el modelo de la de Amberes, y al finalizar el siglo se trazan dos nuevos lienzos de muralla de nueva planta, que, partiendo de la nueva fortaleza, van a empalmar con la muralla vieja en Santa Engracia, junto al actual Portal Nuevo, por una parte, y con la Puerta de Tejería, por la otra. Con esto quedó englobada la Taconera –que entonces comprendía también el actual Paseo de Sarasate y sus aledaños– en el recinto de la ciudad. Posiblemente en un primer momento se hizo esto con intención de mantener una reserva de suelo edificable para el futuro, ya que las murallas de la época eran costosísimas y se construían para siglos. De hecho, la realidad fueque nunca se edificaría ya en la Taconera, que quedó para paseo, y la ciudad, ahogada y oprimida por las murallas, prefirió crecer verticalmente. A finales del XVIII había ya casas de cinco y seis pisos o alturas.
Hacia 1580, o mejor entre este año y el final del siglo, se derriban las viejas murallas medievales en el largo sector comprendido entre el Portal Nuevo y el de Tejería, aunque el Portal de San Lorenzo y alguna torre próxima se mantuvieron en pie hasta el año 1800 aproximadamente.
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1708 – PAMPLONA

En 1553, siendo virrey el duque de Alburquerque, se construyen los portales de Francia y de la Rochapea, el segundo de los cuales fue desmontado para ampliar el acceso por la Cuesta de Santo Domingo en 1914. 
Otro hecho importante en la transformación de la ciudad medieval, motivado también en su origen por razones militares, es el traslado de los conventos que desde el siglo XIII existían próximos a las murallas antiguas, aunque fuera de su recinto, al interior de la ciudad. El antiguo monasterio de Predicadores de Santiago, derribado como hemos visto para hacer el castillo, se reconstruye a partir de 1519 en su actual emplazamiento de las calles de Santo Domingo y del Mercado, donde hasta 1975 funcionó el Hospital Militar y desde 1995 radica la sede del Departamento de Educación del Gobierno de Navarra. El de San Francisco, situado en el campo de la Taconera, se traslada a un nuevo convento edificado a partir de 1524 en la Cuchillería, actual calle San Francisco, en el solar de las actuales Escuelas Municipales. El de la Merced, también llamado de Santa Eulalia, que primitivamente estaba junto al de los Franciscanos, cerca del Portal de San  Lorenzo, fue reedificado a partir de 1542 sobre la antigua sinagoga de los judíos, frente al actual Palacio Arzobispal.
Otros conventos que ya existían desde el siglo XIV dentro de las murallas se reconstruyen a lo largo del siglo XVI, como el de San Agustín, actual parroquia del mismo nombre, y el de los Carmelitas Calzados de la calle del Carmen, derribado a finales del XIX.
Un paso importante en la fusión de las distintas poblaciones de la ciudad, y en el relleno y aprovechamiento urbano de las antiguas tierras de nadie comprendidas entre los distintos recintos, lo constituyen la construcción del edificio del Consejo Real cegando una parte del viejo foso de San Cernin, y la habilitación de tres plazas diferentes sobre los terrenos del Chapitel y el Prado de Predicadores.
Más decisiva para la fusión urbana de las 3 antiguas poblaciones fue la transformación total operada durante la primera mitad del siglo XVI en los terrenos del antiguo Chapitel y prado de Predicadores. Esta transformación se inició a partir de 1514, con la construcción de una nueva fortaleza en el solar que hoy ocupa el arranque de la avenida de Carlos III, palacio de la Diputación, Archivo, e iglesia de San Ignacio, que originó el traslado a otro  lugar del convento de Santiago y la inutilización del castillo medieval del siglo XIV, dando con ello vía libre al nacimiento de la Plaza del Castillo, que parece ser existía ya como tal plaza en 1545.
Más adelante, siendo virrey don Francisco Hurtado de Mendoza, marqués de Almazán (1579-89), se acometió la ardua tarea de convertir en calle pública el antiguo foso que desde el siglo XII separaba el frente sur del recinto amurallado de San Cernin de las primeras casas de la Población de San Nicolás, causa de continuas discordias a lo largo de la Edad Media. Como hemos visto, se habían edificado ya en la mitad de su recorrido, hacia 1540, las casas del Real Consejo y Cárceles Reales, para lo cual se hizo necesario cegarlo en parte. El resto continuaba ocupado por huertas, desagües, corrales y casuchas, “que no sirven a otra cosa –dice un documento de la época– más que de descargadero de inmundicias de los vecinos y de inficcionar el aire y otros daños”. En vista de ello, Almazán ordenó cegar e inutilizar el foso que impedía la normal comunicación entre dos importantes barrios de la ciudad, destinándolo en lo sucesivo a calle pública. Así se originó la que todavía hoy se llama Calle Nueva.
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1719 – PAMPLONA

Durante el siglo XVIII la estructura urbana de Pamplona no sufre ninguna modificación sustancial. Podemos decir que se halla ya plenamente consolidada. En cambio, lo que va a experimentar una transformación radical es la fisonomía de la ciudad, la morfología. El siglo XVIII hizo de Pamplona una ciudad limpia, cuidada, desahogada; en una palabra, una ciudad moderna. Durante la primera mitad podemos decir que continúa la tónica del siglo anterior, y no se acometen obras de importancia en ningún sentido, pero a partir de la mitad del siglo la modernización de la ciudad, en todos los órdenes, toma un impulso verdaderamente asombroso.
En 1749 se aprueban por el Consejo Real las nuevas Ordenanzas para el gobierno de la ciudad y sus barrios, verdadero ejemplo de sabia administración y criterio “ilustrado” por parte del Ayuntamiento. Más tarde, al compás de las mejoras urbanas, vendrían las normas de Policía, en 1772, el alcantarillado, etc.
Entre 1767 y 1773 se acomete la obra del alcantarillado, con cañerías en cada casa para conducir las aguas residuales hasta las cloacas o minetas; obra decisiva para la ciudad y que además trajo consigo la del nuevo empedrado de las calles. Una memoria de 1800 nos describe así estas mejoras: “…El pavimento es de empedrado, construido con esmero, asegurado con faxas o hileras de piedra. Las aceras tienen losas para la mayor comodidad de la gente. Por medio de todas las calles corre la cloaca o mina maestra, de obra sólida y de suficiente capacidad para recibir las aguas sucias de los conductos de las casas. Tiene a cortos trechos sus rallos de piedra por donde se descargan las calles de la agua de lluvia…”
Otra obra colosal fue la traída de aguas de Subiza para el abastecimiento de la ciudad, construyéndose al efecto el importante acueducto de Noáin, que continúa la tradición de los mejores levantados en la época romana y que fue proyectado por Santos Angel de Ochandátegui, conforme al criterio de Ventura Rodríguez. 
Al finalizar el siglo se puso el broche de oro a esta sucesión de mejoras urbanas con el alumbrado público, establecido en 1799. Al principio se instaló a base de candiles de una sola mecha, metidos en faroles que colgaban de soportes fijados a las esquinas y fachadas de las casas. Más tarde serían sustituidos por faroles de los llamados de reverbero.
Durante la Guerra contra la Convención francesa, allá por 1794, y ante el temor de que el enemigo pusiese sitio a la plaza, se derribaron apresuradamente prácticamente todas las edificaciones situadas en los barrios extramurales de la ciudad. Desaparecieron para siempre, por entonces, la ermita y barrio de la Magdalena; la Rochapea con el convento de Clarisas de Santa Engracia, fundación del siglo XIII; el Convento de Trinitarios, situado desde 1664 al pie de la carretera de Guipúzcoa, con el vecino barrio de “las Casetas”; la basílica de San Jorge, que había sido reedificada hacía pocos años, y cuyo solar fue vendido después al “talaverero” o encargado de la fábrica de porcelana “para sacar cascajo”. También se derruyeron la basílica o ermita de San Roque, construida en 1600, próxima a la Cuesta de la Reina, y la de San Juan de la Cadena –cuyo nombre se perpetúa en el actual barrio de San Juan– donde existía también una corraliza y varias casas de labradores. En el Libro de Oro de la Ciudad, escrito hacia 1830 por el Secretario don Luis Serafín López y Pérez de Urrelo, de donde proceden los datos anteriores, dice al hablar de Extramuros, “…ya ni vestigios quedan de nada de lo arruinado…”
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1802 – PAMPLONA

El siglo XIX, que a efectos de la historia urbana de Pamplona podemos prolongar hasta 1915, fecha inicial del derribo de las murallas, es el de la transformación radical de la ciudad. Al principio, ocupando uno tras otro los pocos espacios libres de que aún se disponía dentro de las murallas, que ahogaban las posibilidades de expansión de la ciudad; más tarde, con el nacimiento del Primer Ensanche, autorizado en 1888, y por último con el derribo de las murallas, entrado ya el siglo XX.
El siglo XIX empieza siguiendo las mejoras urbanas iniciadas en el siglo anterior, que culminan con la construcción del Cementerio de Berichitos, llevada a efecto entre 1805 y 1808, que terminó con la práctica antigua de enterrar bajo el pavimento de las iglesias.
Hacia 1810 se derriban los últimos portales que aún permanecían en pie del primitivo recinto amurallado medieval: la Portalapea, junto a San Cernin, demolida en 1815, al terminar la Guerra de la Independencia, y la de San Lorenzo, al final de la calle Mayor, derribada en 1806, al reedificarse la iglesia del mismo nombre con su actual nave neoclásica.
La Ley de Desamortización de las propiedades eclesiásticas y de las órdenes religiosas (1836) vino a suponer en Pamplona, como en otras ciudades, una verdadera revolución urbanística, por las consecuencias que a corto y a largo plazo produjo en la fisonomía del casco urbano.
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1845 – PAMPLONA

La 1ª consecuencia fue la confiscación y posterior derribo o transformación de los antiguos conventos, y la 2ª, la enajenación de las casas que, desde mucho tiempo atrás, constituían su patrimonio, a través de donaciones, limosnas y mandas pías. El 1ª convento que cayó bajo la piqueta fue el que ocupaba el solar más apetecible: el de las Carmelitas Descalzas en la Plaza del Castillo. Para 1848 se había derribado ya la iglesia de San Francisco, formándose en su solar el embrión inicial de lo que más adelante sería la plaza del mismo nombre; en el convento anejo quedaron establecidas las Escuelas de párvulos, que sostenía el Ayuntamiento, y el Almudí. Los de Carmelitas Calzados y Mercedarios quedaron convertidos en cuarteles. El primero sería derribado al finalizar el siglo, y el 2º en los años 1940-1945. En el amplio y sólido caserón de los Dominicos se estableció el Hospital Militar, previas algunas obras de transformación y adaptación de la fachada, llevadas a cabo en 1876. El de Agustinos se vendió para fábrica –la llamada de Galbete- y en su iglesia se estableció en 1880 la parroquia de San Agustín, la más moderna de las cinco del casco antiguo.
1882

1882 – PAMPLONA

El convento de Trinitarios se había trasladado a finales del XVIII al que ocupaban anteriormente los Antonianos, en un extremo de la calle de San Antón, hacia la Taconera. A raíz de la Desamortización el convento fue enajenado y sobre su solar se edificó el palacio del marqués de Echandía, que hoy está subdividido en dos casas distintas, una de ellas la del Conde de Espoz y Mina.
En octubre de 1887, el concejal don Serafín Mata y Oneca presentó al Ayuntamiento un proyecto de ensanche por el Suroeste, en el cual, respetando el recinto amurallado exterior de la plaza –intocable por entonces–, se partía de la base de derribar únicamente dos baluartes de los cinco con que contaba la Ciudadela: los de la Victoria y San Antón, que eran los que miraban hacia la ciudad. Tras laboriosas gestiones, se consiguió de las autoridades militares la correspondiente autorización para lo referente a las fortificaciones, y por fin, el 22 de agosto del año siguiente, apareció el decreto-ley de aprobación.
En abril de 1889 daban comienzo las obras de derribo de los dos baluartes afectados y la explanación y acondicionamiento de los terrenos, base del futuro ensanche.
En pocos años se construyeron seis manzanas de viviendas, señaladas en el plano de la ciudad con las letras de la A a la F, que naturalmente respondían arquitectónicamente al estilo de la época –el “fin de siglo”– que ahora tiende a revalorizarse en las grandes ciudades y que en la historia de los estilos está perfectamente estudiado y delimitado cronológicamente. Según sus cánones, se edificó en Madrid el barrio de Salamanca y más cerca de nosotros el Ensanche de San Sebastián, que es hoy la zona céntrica de la ciudad, tan amenazada por la especulación hacia 1960-70. Eran aquellas casas de corte aristocrático, con elegantes fachadas de amplios balcones y miradores encristalados y portales decorados con profusión de molduras y adornos de yesería. En algunos edificios incluso se empleó piedra en las fachadas.
Aquel ensanche resultó pronto insuficiente. Se habían previsto 22.736,39 m2 edificable, descontando los nuevos cuarteles, que se construyeron entre 1900 y 1910, en la zona más próxima a la Ciudadela. De las cinco manzanas con destino civil, una se destinó a Audiencia Territorial, enorme edificio de 3.318 metros cuadrados.
La nueva Alhóndiga, edificada por estos años, se llevó otros 2.484 m2 de solar. Quedó disponible para edificios de viviendas un espacio de 16.934,39 m2 en el cual se establecieron además, andando el tiempo, 4 conventos: Ursulinas, Maristas, Concepcionistas y Reparadoras, los dos primeros derribados hacia 1970 y el último reedificado enteramente, sin ningún respeto a las características arquitectónicas del entorno.
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1920 – Proyecto II Ensanche de Pamplona por Serapio Esparza San Julián

Con este ensanche, primero de los realizados en Pamplona, culminaba una dilatada etapa de la historia de la ciudad, la que Leoncio Urabayen llamó el relleno. En efecto, con la construcción de estas cinco manzanas de casas, experimentó una alteración considerable y renovadora la fisonomía urbana de la ciudad, cuya estructura no había variado en lo esencial desde los tiempos de Felipe II. Podemos decir que la vieja estampa de la Pamplona virreinal se mantuvo inalterable, en muchos aspectos, hasta la construcción del Primer Ensanche.
Durante la década de los 60, este primer ensanche, una de las zonas de la ciudad más apetecibles para las empresas constructoras, sufrió una radical transformación, que estuvo a punto de acabar con él por completo. Ya que no puede hacerse otra cosa a estas alturas, convendría garantizar la conservación de las casas más representativas de la zona, como afortunadamente se ha hecho con la Audiencia futura sede del Parlamento88.
Con el derribo de las murallas, autorizado por ley de 7.1.1915, siendo Alcalde don Alfonso de Gaztelu, podemos considerar que termina la historia de la ciudad antigua, para entrar en el campo de la Pamplona actual.
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1920 – PAMPLONA

Derribados los muros y baluartes entre los años 1915 y 1921, en el frente comprendido entre Labrit y la Ciudadela –los portales habían sido ampliados ya en 1905-1907– se acometió la decisiva obra del 2º Ensanche, según proyecto del arquitecto municipal D. Serapio Esparza, que no se terminaría hasta la década de los 50′.
El mantenimiento hasta comienzos del siglo XX de la condición de ciudad fortificada impidió la expansión de la ciudad, cuyo Primer Ensanche debió llevarse a cabo en el interior del recinto amurallado. El derribo de las murallas permitió la construcción del 2º Ensanche de la ciudad sobre la meseta después del año 1920 y dio lugar al proceso posterior de crecimiento y ocupación del territorio que han llevado hasta la ciudad actual.
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1943 – PAMPLONA

La reactivación económica comenzó, además, con una lenta industrialización, vinculada a la actividad agraria, que aumentó en los 50′ . La transformación motivó ese éxodo rural y el auge de la población en Pamplona, reflejo de la situación nacional, cuando a partir de 1953, España fue reconocida a nivel internacional, y la creación de los planes de estabilidad económica concretados en 1959, tuvieron su repercusión.
La saturación industrial en Guipúzcoa favoreció la implantación de nuevas industrias. Los sectores que ofertaron mayor empleo fueron el alimentario y la construcción. El gran dinamismo de este último es una clara consecuencia del proceso no sólo de industrialización sino también de urbanización que se estaba dando. Cabe destacar en estos años, el nacimiento del grupo Huarte.
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1944 – Propuesta de III Ensanche Pamplona por L.F. de Gaztelu.

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1945 – Plano de propuesta de ordenación general de Pamplona, de Pedro Bidagor.

Esta perspectiva industrial, se complementó con una serie de circunstacias siempre favorables a la concentración urbana y a la creación de nuevos elementos de riqueza, como el auge del comercio, la intensificación de las comunicaciones y de las infraestructuras, las necesidades militares y educativas y la atracción de instituciones religiosas.
La demanda de vivienda tuvo 2 consecuencias: por un lado, la aceleración de la construcción del II Ensanche; y por otro lado, la expansión de la periferia. Siendo el coste de las viviendas del Ensanche elevado, la población inmigrante tuvo que alejarse en los barrios de la periferia, caracterizados, en su mayor parte, por su desorden urbanístico, y su falta de conexión entre sí, a lo que se unió la ubicación aleatoria de las industrias, siempre próximas al ferrocarril. “El desarrollo urbanístico alcanzado por Pamplona y su rápido crecimiento exigen, de una parte la preparación de un PGOU, y de otra la redacción de un Proyecto de Urbanización del llamado III Ensanche, sobre los terrenos de San Juan/Iturrama/Abejeras”.
Por tanto, era ineludible plantear un PGOU ante las expectativas de crecimiento y ante el desorden que se estaba produciendo en los nuevos asentamientos. Por ello, incluso antes de la elaboración del Plan, se solicitó la redacción por parte de expertos de una serie de informes que analizaron las necesidades de expansión de la ciudad, de ubicación de industrias, de métodos de gestión adecuadas y de conexión de la ciudad existente con los nuevos barrios.
El PGOU se redactó dentro de unas convicciones organicistas y eclécticas, pero sudesarrollo estuvo marcado por los nuevos aires que el Movimiento Moderno había comenzado.
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1957 – PGOU PAMPLONA. Urbanización

EL PGOU-1957, obra de Pedro Bidagor Lasarte, obedecía a la idea de “organizar el desarrollo de la ciudad en el plazo inmediato de los 50 años próximos. Se centraba en 3 grandes apartados. Por un lado, el planteamiento general con la delimitación de la zona, la estructura general de la ciudad definida por el sistema de comunicaciones y la zonificación u organización de la edificación y de los espacios libres. Por último, una referencia a la comarca así como a las Ordenanzas que afectaban a cada barrio en concreto. En lo referente a las comunicaciones, se pretendía resolver para el futuro todos los problemas existentes, en los accesos a la ciudad, evitando la tendencia existente a crear a lo largo de los mismos edificaciones modestas, para conseguir valorar las vistas panorámicas tan destacadas que ofrece Pamplona desde todas las penetraciones. Se proponían nuevos accesos, tres nuevas rondas y una ruta panorámica y de Arte.
La zonificación del plan mezclaba los conceptos de uso (casco antigua, intensiva baja, intensiva media, intensiva alta, bloques abiertos, ciudad jardín, zona industrial, tolerancia industrial, verde, ferroviario y reserva urbana) y lugar geográfico (las distintas zonas susceptibles de ser desarrolladas, como San Juan o Iturrama). Como consecuencia “en correspondencia a la zonificaciónestablecida y con el carácter y funcionamiento de los respectivos barrios, se ha ordenado cada uno de ellos de forma autónoma”. Algunos de estos servicios se agrupaban en forma de plazas para constituir los centros cívicos. El desarrollo previsto para cada uno de los barrios pone de manifiesto el eclecticismo en las tipologías adoptadas.
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1957 – PGOU PAMPLONA – zonificación.

La estructura del PGOU se planteó basándose tremendamente en la topografía y otros elementos preexistentes, evitando al máximo las posibles expropiaciones. Se obtiene una mezcla híbrida de usos con forma exageradamente orgánicas. Esta sensación no es sólo la consecuencia del respeto que los redactores pretendían respecto de las preexistencias, sino que se podría afirmar que los aprovechan decididamente para mostrar sus convicciones urbanas. Se buscab la oposición al Ensanche, “una mezcla homogénea de usos sin núcleos especializados”.
A gran escala, no era posible realizar grandes modificaciones en el esquema de la ciudad, por lo que las teorías organicistas se manifiestan más en la mediana-pequeña escala: el recurso a la diversidad, al trazado discontínuo, a la singularización de cada lugar. Se crean barrios como entes autonómicos.
Es un Plan en el que se consiguió la variedad, a todos los niveles. Pero cabría preguntarse por la unidad del conjunto, tal vez dad por esa flexibilidad que permitió, más adelante, que el Plan fuera objeto de numerosas modifiaciones, por muchas causas y motivos. Pero no fue menor el deseo de experimentar un urbanismo más acorde con la modernidad. El bloque abierto en oposición a la manzana cerrada, los espacios libres generales en contra de la calle tradicional., la centralidad en las tipologías de los bloques de viviendas para que fueran económicas y dignas son algunas de las consecuencias de ese afán. Sin embargo, en Pamplona, en la década de los 60′ y 70′ se produce, junto a una experimentación ortodoxa con las tesis de los CIAM, otros fenómenos emparentados con la búsqueda de caminos superadores del seco racionalismo moderno. 
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1957 – PGOU PAMPLONA

Hay propuestas donde dominaba el bloque residencial racionalista, fuera prismático, fuera torre aislada o enlazada. Es la ciudad en función del edificio de viviendas, que se presentaba como protagonista y como definidor de esa ciudad, quedando el espacio público, como un resto que se supone adecuado siempre que sea espacio libre público o, inevitablemente, viario. Este fenómeno domina tanto la expansión de Pamplona que resulta adecuado dividirlo en dos (San Juan o Rochapea o La Milagrosa, y otros de escala más pequeña o acotados).
El informe de Pedro Bidagor de 1945 había puesto de manifiesto que el planeamiento debe concretar el emplazamiento y reservar los lugares que reúnen mejores condiciones para cada una de las formas de crecimiento urbano que dan respuesta al conjunto de las necesidades urbanas, muy diversificadas, en la sociedad moderna. El plan de ensanche resultaba insuficiente, y lo que la ciudad necesitaba era “la ordenación urbana de todo el término municipal”. 
La evolución que condujo a sustituir los planes de ensanche por los planes generales ó, si se quiere, el plan como trazado por el plan como previsión integral, fue consagrada por la Ley del Suelo de 1956. Fue decisivo el impulso a los sistemas de actuación distintos de la expropiación y, sobre todo, a nuevas modalidades de urbanización, de construcción de la ciudad. Pedro Bidagor lo explicó diciendo que “un objetivo que, en principio, no figuraba como esencial en el planteamiento de la Ley, es el de poder superar la modalidad de urbanizar mediante la apertura de calles y la consiguiente edificación en sus  alineaciones, abriendo nuevas posibilidades a la edificación en bloques o construcciones singulares de condiciones higiénicas y sanitarias superiores a la manzana cerrada tradicional (…)”
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1961 – Polígono Municipal PAMPLONA

En la fase final de elaboración del proyecto una parte de su suelo se adecuó a las condiciones requeridas por el Plan Nacional de la Vivienda de 1956. Para ello el Ayuntamiento delimitó un ámbito, “emplazado en zona del III Ensanche”, decidió adquirir “la totalidad de la superficie señalada en el plano adjunto”, lo declaró “zona de inmediata urbanización”, y acordó “señalar como procedimiento de urbanización entre los previstos en la Ley del Suelo, el sistema de expropiación con todos los efectos legales”. Se le dio la denominación de “Polígono Municipal”.
El “Polígono Municipal”, aprobado en 1961, mantuvo los criterios del proyecto de 1959 en relación con los tipos edificatorios, y se alejó poco de su formalización concreta. Fue construido con bloques lineales de doble crujía y bloques de 5 crujías ordenados en manzanas abiertas. Su característica más destacada fue que se destinó a vivienda protegida construida por cooperativas, patronatos y otros organismos similares, en la que el sistema de actuación fue la expropiación. El Ayuntamiento adquirió los terrenos para venderlos después a los promotores de vivienda protegida.
El “Plan de la 1ª Zona del III Ensanche”, del que se había separado el Polígono Municipal, incrementó su ámbito hacia el E y el S, y fue aprobado en 1963. Supuso el cambio cualitativo final en la evolución del entendimiento de la ciudad y del modo de construirla que se fue produciendo en Pamplona con el proyecto del III ensanche. Aunque los pasos anteriores ya apuntaban en la dirección que finalmente se adoptó, el último fue un verdadero salto efectuado con una rapidez notable.
Las directrices de proyecto adoptadas en enero de 1962 sancionaron la magnitud del cambio y explicaron con claridad la adscripción de los principios que lo sustentaron. Desde el primero hasta el último no dejaban lugar a dudas sobre su orientación. Empezaban diciendo que se trataba de “obtener combinadamente: la máxima densidad técnicamente admisible; la máxima adaptación a la doctrina moderna de urbanismo; el máximo realismo y facilidades a la iniciativa privada, que actuará en el sistema legal de cooperación con el Excmo. Ayuntamiento”. Fue casi un manifiesto de los criterios urbanísticos dominantes, por la amplia difusión que había alcanzado la carta de Atenas en aquellos años, que podría calificarse de ortodoxo y riguroso. No hay rastro de la “ciudad orgánica”, inspiradora de las propuestas de los años 40′ y 50′. El proyecto desarrolló las directrices aprobadas. El núcleo central de la propuesta mantuvo el trazado de proyecto incorporado al Plan General, con algunas pequeñas correcciones. Era el que había sancionado la ruptura de la trama de ensanche, con la desaparición de todo atisbo de regularidad, de ortogonalidad y de geometría del trazado proyectado. La ampliación del ámbito cambió la escala del trazado, por la fuerza de la geometría lineal de las dos avenidas a las que se amplió la primera zona.
El proyecto desarrolló el trazado con criterios fundamentalmente circulatorios. Estableció una jerarquía viaria, superpuesta al trazado, estructurada en tres niveles constituídos por los “tres ejes principales”, las calles “menos importantes de carácter interno” y las calles “interiores de cada polígono”. En el tercer nivel estaban también las “zonas de aparcamiento que se estudiarán en cada plan parcial, procurando no resulten de enlace, sino de fondo de saco”.
La calidad del proyecto le fue confiada a la ordenación compositiva de la edificación. El plan parcial determinó gráficamente “las masas de edificación a construir, tanto en superficie como en alturas”; lo hizo estudiando “la composición de edificios (…) para que las principales calles tengan una armonía, una unidad de criterio y composición, así como una alternativa de volúmenes altos y zonas horizontales mezcladas con espacios libres y de arbolado”.
La práctica totalidad de la edificación estaba configurada por bloques lineales de 5 crujías agrupados de diferentes maneras. Los bloques se proyectaron aislados la mayor parte de las veces. En otros muchos casos los bloques se agruparon de dos en dos. Además de los bloques de cinco crujías hubo algunos, pocos, de doble crujía. Se proyectaron, además, 5 torres de PB + 18, cuya localización se debió a los criterios compositivos del proyecto. El conjunto de bloques lineales aislados o agrupados, junto con las torres, fueron localizados en las supermanzanas resultantes del trazado viario.
En general, los espacios interiores constituyeron espacios libres que trataban de buscar continuidades espaciales, intencionadamente alejadas de las formaciones que pudieran recordar a los espacios libres formalizados de la ciudad tradicional. En demasiadas ocasiones albergaron bolsas de aparcamiento en fondo de saco.
La idea de ciudad, vinculada a los principios del movimiento moderno, se construyó de acuerdo con las nuevas modalidades de urbanización y la utilización de los sistemas de actuación propuestos por la reciente Ley del Suelo. La manera de construir la ciudad siguiendo “las modernas orientaciones de la técnica urbanística” constituyó la auténtica preocupación del proyecto. La posibilidad de superar “la modalidad de urbanizar mediante la apertura de calles y la consiguiente edificación en sus alineaciones” que aportó la Ley del Suelo, trajo dos nuevos referentes a la actividad urbanística, el coeficiente de edificabilidad y el polígono.
La ejecución del tercer ensanche se inició con rapidez tras la aprobación de los documentos de planeamiento. Cuando se aprobó el plan de la 1ª zona, correspondiente al que se había llamado “polígono sin dominar”, estaba construyéndose el “polígono municipal”. El desarrollo del plan de la 1ª zona se produjo por polígonos, de uno en uno en los primeros años y agrupados después. El sistema más habitual, casi único, de actuación fue el de cooperación.
En la ejecución del plan de la primera zona hubo que introducir modificaciones sobre lo aprobado, referidas a la programación y a la poligonación. Los cambios en la programación estuvieron relacionados con la coordinación entre el desarrollo de los polígonos y la ejecución de la urbanización. Se realizaron entre los años 1970 y 1971.
Los cambios en la poligonación, por su parte, se debieron al pequeño tamaño de los polígonos delimitados, que dificultó la consecución de espacios públicos para áreas libres y equipamientos. La alternativa consistió en elaborar un documento de “Delimitación de sectores de planeamiento” que unificó polígonos y limitó la división del ámbito del Plan a 20 sectores. Al mismo tiempo definió y cuantificó para cada uno de ellos las cesiones a realizar. El sector se convirtió en el ámbito de ordenación pormenorizada y se mantuvo el polígono como unidad de ejecución. La Modificación se tramitó en 1973.
El desarrollo del plan de la 2ª zona del III ensanche no se abordó hasta el año 1967, cuando ya estaba ejecutándose la primera zona. El plan mejoró la articulación de los nuevos instrumentos urbanísticos porque su utilización en la ejecución de la 1ª zona hizo que se conocieran con más precisión. El proyecto, que fue aprobado definitivamente en 1969, introdujo también más aportaciones provenientes de la idea moderna de ciudad: dividió su ámbito “en grupos residenciales” que tenían como referencia las “neighborhood units”, las unidades vecinales procedentes de Radburn e impulsadas después por algunos de los arquitectos del movimiento moderno, como Josep Lluis Sert. Los “grupos residenciales” de la 2ª zona del ensanche dieron pie a la agrupación en sectores de los polígonos de la 1ª zona.
Vicente Taberna Irazoki. Del Ensanche a la ciudad actual. Transformaciones en la idea de ciudad y en la forma de construirla. Pamplona desde 1915.

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El III Ensanche y los barrios extramurales son cosa de nuestros días.

En el Informe  “Análisis Urbanístico de Barrios Vulnerables 1996. Catálogo de Áreas Vulnerables Españolas”. Ministerio de Fomento‐Instituto Juan de Herrera. ETSAM-UPM, HERNÁNDEZ AJA, Agustín se identificaban en 1991 los barrios vulnerables de 1. CASCO y 2. ROCHAPEA/SAN JORGE, y las zonas de ETXABAKOITZ (al SO de la ciudad, en la salida hacia Logroño. Aislamiento total de la ciudad por la distancia a ésta y por estar rodeado en su mayor parte por suelo no edificado. Promoción pública 40-60. Bloques de viviendas de 5 plantas y urbanización deficiente. Comercio de primera necesidad en algunas plantas bajas. Dependencia total de la ciudad para equipamientos y servicios. Nivel de rentas bajo).
En 2001, son los barrios de 1.‐ Buztintxuri/Euntzetxiki/San Jorge y 2.‐ Casco Antiguo, y las zonas de GRUPO URDÁNOZ/AVDA. DE ARÓSTEGUI (situada en el SO de Pamplona en el llamado barrio de Etxavacoitz, en la salida hacia Logroño. La avenida de Aróstegui discurre en paralelo al río Elorz. El valle contiene un cúmulo de instalaciones inconexas y variadas: usos industriales, residenciales sin relación entre sí, infraestructuras, etc. Las preexistencias, especialmente la gran implantación industrial de Inquinasa, coexisten con el grupo de viviendas de Urdánoz. Éste es un grupo de 460 viviendas encajonado bajo la meseta de Pamplona, levantado en los 60′, de gran densidad y con escasa calidad residencial, que sigue aislado del resto de la ciudad aunque ha llegado a adquirir un cierto nivel de equipamiento pero depende de los barrios anexos para equipamientos y servicios. En este barrio se ha detectado una sección censal cuyo indicador de vivienda supera el 4 %), LA MILAGROSA SUR (situada en el S de la ciudad de Pamplona junto a la Universidad Pública de Navarra. Es un barrio con gran densidad de ocupación de suelo, cuya consecuencia más inmediata es la escasez de espacio público. Su estructura urbana, desordenada, se deriva en buena medida de su construcción en los 60′ sobre el parcelario agrícola preexistente y también en buena parte por la atracción ejercida por una vía radial histórica, la avenida. de Zaragoza. El tejido edificatorio del barrio se encuentra por lo general en buen estado constructivo, aunque existe un notable número de viviendas interiores. La zona detectada tiene un indicador de vivienda superior al 2,5 %), PLAZA DE LA CRUZ (Área situada en el denominado II Ensanche, junto a la Ciudadela. A finales de los 70′ y comienzo de los 80′, el Ensanche estuvo sometido a un fuerte proceso de transformación cuya manifestación más inmediata fue la sustitución de algunos edificios por otros de mayor altura y volumen. Por su condición de centro de la ciudad vivió al mismo tiempo procesos de terciarización), PLAZA VÍNCULO (está situada en el II Ensanche, entre la Ciudadela y el Casco Antiguo. Cuenta con un indicador de vivienda cercano al 3 %. De la misma manera que sucede en el resto del segundo ensanche, la población se caracteriza por estar envejecida. El área delimitada por esta sección censal cuenta con 2 calles peatonalizadas y, en general, comercios en planta baja), ROCHAPEA (No se han incluido en el catálogo por no ser contiguas. El barrio de Rochapea está situado al otro lado del río Arga, al N del Casco Histórico. Antes de la construcción del ascensor urbano que salva la diferencia de altura entre el Casco y este barrio, la comunicación con el resto de la ciudad era deficitaria. El barrio se desarrolló apoyándose en las vías radiales existentes, y en algunos casos en las tramas agrícolas originales. El espacio público se caracteriza por estar mayoritariamente ocupado por el automóvil), CHANTREA (situado al N de la ciudad, como los demás núcleos edificados de la vega del Arga, presenta algunas limitaciones estructurales. La organización interna del barrio depende de la calle San Cristóbal‐Magdalena, que continúa hacia la meseta por la Cuesta de Labrit y conecta también con Arantzadi. La relación con los demás núcleos del norte de Pamplona se realiza a través de la Avenida de Villava. Las diferentes fases en las que se construyó la Chantrea se apoyaron en la calle San Cristóbal‐Magdalena, espina dorsal del barrio. Esta forma de crecimiento, por fases, ha hecho que los límites exteriores sean espacios de servicio o traseros y que el conjunto adolezca de falta de espacios cívicos y representativos). 
En 2006 sería el barrio vulnerable de 1.‐ La Milagrosa y las zonas de GRUPO URDÁNOZ/AVDA. DE ARÓSTEGUI (situada en el SO de Pamplona en el llamado barrio de Etxavacoitz, en la salida hacia Logroño. La avenida de Aróstegui discurre en paralelo al río Elorz. El valle contiene un cúmulo de instalaciones inconexas y variadas: usos industriales, residenciales sin relación entre sí, infraestructuras, etc. Las preexistencias, especialmente la gran implantación industrial de Inquinasa, coexisten con el grupo de viviendas de Urdánoz. Éste es un grupo de 460 viviendas encajonado bajo la meseta de Pamplona, levantado en los 60′, de gran densidad y con escasa calidad residencial, que sigue aislado del resto de la ciudad aunque ha llegado a adquirir un cierto nivel de equipamiento pero depende de los barrios anexos para equipamientos y servicios), BUZTINTXURI/EUNTZETXIKI (es, en sus orígenes, un área mixta, con viviendas de los 70′ e industria. En el año 2002 se renueva la zona, con previsión de que quede unido con el barrio de San Jorge por el cambio de trazado del ferrocarril. El barrio es considerado un barrio dormitorio de nueva construcción, aunque se conservan algunas viviendas de los años setenta, que en algunos casos se han integrado con el nuevo trazado. Predomina la edificación en altura de bloque abierto. Los edificios de viviendas cuentan con baja más 5 plantas y se detecta escasa actividad comercial en los soportales de dichos edificios, salvo en las zonas donde se conservan edificaciones antiguas. El viario es de grandes dimensiones, salvo en las zonas de edificaciones de los 70′, cuyas características son completamente diferentes, con calles más estrechas y actividad comercial tradicional. La población del barrio es de origen humilde y predominan familias jóvenes y población de etnia gitana, salvo en las zonas más antiguas, donde la población está más envejecida).

Pamplona tiene en marcha Grandes Desarrollos urbanísticos Residenciales pendientes, acumulan 2.456.058 m2 de edificabilidad residencial prevista para 19.826 viviendas, quedando pendientes 7.226 viviendas. Son sectores como AVDA ZARAGOZA-C/ RIO QUELLES (253.171 m2 de suelo para 142.200 m2 de techo para 1.073 viviendas, pendientes 782), o sector LEZKAIRU (864.265 m2 de suelo para 695.480 m2 de techo para 4.071 viviendas) o sector PARTE DEL PSIS RIPAGAINA (162.191 m2 de suelo para 119.896 m2 de techo para 1.090 viviendas).

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Areas residenciales en desarrollo en PAMPLONA

El PGOU de Pamplona de 1984 fue aprobado definitivamente por resoluciones ministeriales de 7 y 16.11.1984, publicadas en el BOE de 23.11.1984. Sustituyó al 1º planeamiento general que tuvo Pamplona, el Plan General de Alineaciones de 1957, vigente durante 27 años. La redacción de la revisión del Plan General de Alineaciones fue un largo proceso que el Ayuntamiento quiso iniciar, anticipadamente respecto a las obligaciones legales, en 1966, pero no pudo comenzar hasta mayo de 1973 con la aprobación de las Bases que rigieron el concurso público de adjudicación de la redacción. El trabajo quedó interrumpido en mayo de 1979 con la extinción del contrato con el equipo profesional que había resultado adjudicatario, y la convocatoria de un nuevo concurso en el mismo mes dio paso al proceso de redacción de la revisión del Plan General que culminó con la aprobación definitiva de noviembre de 1984.

La visión de Pamplona como conjunto, de acuerdo con el análisis efectuado por el PGOU-1984, mostraba “una estructura muy clara de dos ciudades: la ciudad de “arriba”, la de la meseta, la ciudad representativa, y la ciudad de “abajo”, apoyada sobre los meandros del río y separada de la otra por taludes y ripas sobre el Arga”. Un recorrido secuencial por la historia urbana de Pamplona, sobre todo en sus épocas más recientes, llevaba al PGOU-84 a la conclusión de que la ciudad unitaria había visto “roto de manera brusca su desarrollo armónico, apareciendo actualmente configurada como 2 ciudades yuxtapuestas, con 2 estructuras diferentes, en un mismo territorio”.

La ciudad localizada en la meseta había rodeado en forma de herradura a un núcleo de zona verde, formado por los Jardines de Taconera-Ciudadela-Vuelta del Castillo, e integraba tres maneras diferentes de entender la ciudad: el Casco Viejo, los Ensanches decimonónicos y los nuevos ensanches. La meseta “…se configuró muy pronto como lugar preferente para actuaciones residenciales…”

La ciudad situada en la llanura del Arga, con una estructura urbana lineal, constaba de 3 núcleos residenciales separados entre sí por el trazado del río y por barreras topográficas del resto de la ciudad. “…Los antiguos asentamientos industriales, el ferrocarril y el polígono industrial de Landaben, han marcado claramente el carácter de esta zona, configurándose como un centro residencialindustrial…”

El crecimiento de la ciudad se había ido articulando sobre la red de antiguos caminos. La trama viaria resultante, claramente radial, había servido de soporte, al mismo tiempo, a la implantación de usos terciarios y servicios al oeste de la ciudad.

“…La conjunción del patrón de usos, junto con la estructura viaria radial, y las barreras topográficas, han motivado que la ciudad funcione de manera rota, donde las distintas partes que la componen presentan una escasa relación entre sí…” Así resumió el PGOU-1984 la situación de la ciudad proveniente del proceso anterior, sobre la que elaboró sus propuestas.

El proyecto de PGOU pretendió alcanzar una estructura general del territorio que, “…aprovechando las oportunidades que la ciudad presenta y sobre la base de su actual modelo territorial, permita resolver o al menos mitigar sus problemas…” El 1º de los 2 grandes objetivos que se propuso a sí mismo, en coherencia con el enunciado anterior y con el análisis efectuado, quedó definido de la siguiente manera: “…Homogeneidad de las diferentes zonas de Pamplona, corrigiendo las tendencias urbanas que conducen al agravamiento de las desigualdades. Para ello se articula la ciudad, de modo descentralizado, conectando los barrios entre sí, y dotándolos de buenos accesos y de una estructura interna de la cual, en general, carecen…” El 2º gran objetivo matizó y limitó el alcance del 1º, al enmarcar el Plan en el contexto de la crisis económica y establecer, como línea de actuación la siguiente: “…Austeridad en las propuestas, lo cual conduce a conservar el patrimonio edificado, como bien económico utilizado de nuevo para las nuevas necesidades de la ciudad. Contención de las propuestas que supongan grandes obras de implantación…”

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PGOU-1984 PAMPLONA

El 6.2.1988, antes de que se cumplieran 4 años desde la entrada en vigor del Plan General, el Consejo de la Gerencia Municipal de Urbanismo conoció una propuesta metodológica para la revisión del PGOU elaborada por los servicios técnicos de la Gerencia de Urbanismo y acordó dar “conformidad a la línea de trabajo propuesta” así como “manifestar el criterio de que sean los propios servicios técnicos de la Gerencia Municipal de Urbanismo los que realicen la organización y coordinación del trabajo, sin perjuicio de que posteriormente puedan contar con los apoyos exteriores que en su momento se decidan”. Poco tiempo después, el 19.4.1988, el Consejo de la Gerencia Municipal de Urbanismo acordó “iniciar la revisión del PGOU”.

El proceso de revisión del Plan General iniciado en los primeros meses de 1988 quedó afectado primero e interrumpido después por la aprobación de la Ley 8/90, de 25 de julio, de Reforma del Régimen Urbanístico y Valoraciones del Suelo. El detalle de las actuaciones realizadas hasta julio de 1990, así como de la reforma de la legislación del suelo y de las actuaciones realizadas a partir de julio de 1990, se recogió en un informe presentado al Consejo de la Gerencia Municipal de Urbanismo de 14.11.1994. 

En la misma sesión de 14.11.1994, el Consejo de la Gerencia de Urbanismo retomó el trabajo de revisión del Plan General y adoptó el siguiente acuerdo:

“1.- Buscar un local para instalar la oficina de revisión del Plan General que se alquilará por un periodo de 1 a 2 años.

2.- Dotar a la oficina con personal propio y contratar, además, los elementos necesarios para formarla.

3.- Encargar estudios de diversas zonas que se concretarán en el próximo Consejo.”

El Pleno del Ayuntamiento de Pamplona se dio por enterado de la iniciación de la revisión del PGOU de Pamplona por parte de la Gerencia de Urbanismo en sesión celebrada el 9.12.1994.

La convocatoria de elecciones municipales en mayo de 1995 hizo que sólo se desarrollara el punto tercero del acuerdo del Consejo de la Gerencia en ese período. El Consejo de la Gerencia constituido tras el proceso electoral, en sesiones celebradas el 5 y 11.10.1995, conoció y aprobó en todo su contenido el “Informe-Propuesta 1” sobre revisión del PGOU que definió el enfoque del trabajo y la configuración de la Oficina del Plan General así como los medios técnicos y materiales con los que fue dotada. El inicio real del trabajo de Revisión del PGOU de Pamplona se produjo a partir de este acuerdo.

La Oficina del Plan Municipal, constituida a partir del documento “Informe-Propuesta 1”sobre revisión del PGOU al que se ha hecho referencia en el apartado “1.1.- Antecedentes”, elaboró un documento de Avance de Planeamiento del Plan. El documento se componía de una Memoria, 8 Anexos a la Memoria identificados con números romanos del I al VIII y planos: 34 planos de información y análisis y 11 planos de propuesta.

El Pleno del Ayuntamiento de Pamplona, en sesión de 25.4.1997, a la vista del documento elaborado y considerando que su contenido era preparatorio de la redacción del Plan definitivo y permitía debatir los criterios, objetivos y soluciones generales del planeamiento, acordó aprobar el documento de Avance del Plan Municipal de Pamplona y someterlo a exposición pública hasta el 30.6.1997. El acuerdo se publicó en el Boletín Oficial de Navarra nº 58 de 14.5.1997.

En el período de exposición pública del Avance del Plan Municipal se presentaron 1624 escritos de sugerencias y quince más fuera de plazo. Por la repetición de alguno de los escritos, no obstante, se pueden considerar en torno a 300 los escritos de sugerencias realmente presentados. Todos los escritos de sugerencias presentados fueron analizados e informados en el documento denominado “Informe de Sugerencias” elaborado por la Oficina del Plan Municipal.

El Informe de Sugerencias fue debatido pormenorizadamente a lo largo de 5 Consejos extraordinarios de la Gerencia Municipal de Urbanismo, según queda reflejado en las correspondientes actas.

El 24.4.1998 el Ayuntamiento de Pamplona, en sesión plenaria, acordó aprobar el documento de Avance de Planeamiento del Plan Municipal a  efectos administrativos internos, preparatorios de la redacción del Proyecto de Plan Municipal y, con los mismos efectos, aprobar también el Informe de Sugerencias. El acuerdo encomendó a la Oficina del Plan Municipal la elaboración del Plan Municipal de Pamplona, desarrollando en principio los criterios, objetivos y soluciones generales contenidos en los documentos aprobados, con las observaciones contenidas en las actas de los Consejos extraordinarios de la Gerencia Municipal de Urbanismo en los que se debatió el Informe de Sugerencias. El acuerdo se publicó en el Boletín Oficial de Navarra nº 62 de 25.5.1998. 

El Plan Municipal fue aprobado inicialmente por el Pleno del Ayuntamiento de Pamplona en sesión de 8.2.1999, y publicado en el Boletín Oficial de Navarra nº 30 de 10.3.1999. El documento fue sometido a información pública por un espacio de 3 meses, y fue remitido al Gobierno de Navarra para que sus departamentos emitieran informe sobre el mismo.

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El vigente Plan Municipal de Pamplona fue aprobado definitivamente el 18.12.2002 por acuerdo de la Comisión de Ordenación de Territorio. Tanto ese acuerdo como la Normativa del propio plan fueron publicados en el BON del 2.5.2003. Además, en el Boletín Oficial de Navarra del 16.6.2003 se publicó una corrección de errores de dicho Plan Municipal.

Tras la entrada en vigor de la Ley Foral 35/2.002, de Ordenación del Territorio y Urbanismo, el Plan Municipal de Pamplona adaptó sus contenidos a la nueva ley, siguiendo el procedimiento señalado por ella.

El Gobierno de Navarra aprobó definitivamente el texto del Plan Municipal adaptado y homologado mediante la Orden Foral 0181 de 12.4.2007.

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Ciudad central, Ciudad funcional, Area Metropolitana y Región Urbana.

La Cuenca de Pamplona, funciona como una Área Metropolitana de la Región-Urbana de Navarra. El proceso de urbanización de la Región Urbana Navarra, tiene unos aspectos característicos. Estos son, entre otros: la urbanización del medio físico, la urbanización de los núcleos de población, y la jerarquía funcional del sistema de núcleos y ciudades.

La urbanización del medio físico. Se está dando con gran pujanza un enorme bagaje normativo, legislativo y cultural, respecto a la ordenación, preservación y explotación de los recursos paisajísticos, masas frondosas, turismo rural, al que se añade además un enorme desarrollo de las actividades de ocio, lúdicas y aprendizaje, en el medio ambiental. Este fenómeno se ha dado tanto por los valores permanentes del espacio natural legado como por la atención y control de la población rural junto al sistema administrativo navarro.

La urbanización de pueblos y ciudades. Navarra tiene un alto grado de desarrollo económico. Su desarrollo industrial también es patente. Ocupa el lugar número 26 entre las 181 Regiones Europeas. Este desarrollo económico ha hecho emerger un gran conjunto de clases medias, fuertemente culturizadas, con valores netamente urbanos, respecto a la movilidad, consumo de suelo, espacio, calidad de vida, etc. Este fenómeno ha permitido, fomentado y hecho realidad que los servicios, los estándares de habitabilidad pública y privada, los equipamientos y las infraestructuras de agua, luz, saneamiento, pavimentación, mobiliario, etc, etc, tengan un nivel urbano. Este hecho permite situar a un 81,5 de la población en calidad de vida urbanas para la mayoría de los aspectos citados.

La jerarquía funcional del sistema de núcleos. El sistema, formado por 272 municipios que incluyen a 776 núcleos, tiene una población de 523.000 habitantes. De ella, el 51,1% se asienta en Pamplona y su Comarca, es decir, en la Área Metropolitana. El sistema sitúa al centro de Pamplona, en el vértice de la pirámide con 181.300 habitantes, y a 90.200 habitantes distribuidos en el resto de Ayuntamientos del A.M.

El Centro de la Ciudad congrega a 3 de cada 4 empleos del Sector Comercial. Tiene más de 3.700 establecimientos minoristas, (el 85% de este Sector). Existe una elevada densidad y una notable ampliación de la capacidad hotelera. El Sector Financiero y los Servicios Inmobiliarios representan el 75% del empleo en toda Navarra. El Sector de los Servicios Públicos (Educación, Sanidad y Administración) emplea a unas 33.000 personas en toda la Comunidad Foral; 21.600 están en la Comarca de Pamplona, y en el Centro de la Ciudad 16.700. La Enseñanza Universitaria y la Atención Hospitalaria, componen dentro de los Servicios los 2 puntales más notorios de la ciudad.

Esta Área Metropolitana, brevemente descrita desde parámetros socioeconómicos en los párrafos anteriores, tiene como finalidad posibilitar la  ejecución de las oportunidades que se derivan del Marco Europeo y Regional.

En la documentación gráfica del Estudio Territorial Comarcal, aparecen grafiados los conjuntos de suelos ocupados por la edificación, los distintos usos que componen la Ciudad Funcional y los usos naturales o de protección del viario. Esta Ciudad Funcional tiene una característica propia. Es una ciudad única pero con rangos y especializaciones concretas, con diferentes entidades administrativas que las gobiernan. Está compuesta por distintos Ayuntamientos y Concejos; unos más próximos: Pamplona, Burlada, Villava, Ansoáin, Berriozar, Barañáin, y otros algo más alejados de lo que es propiamente ciudad, pero en continuidad con ella: Huarte, Mutilva Alta, Mutilva Baja, Cizur Mayor y Cizur Menor. Esta diversidad administrativa es la realidad urbana que corresponde a la ciudad del Área Metropolitana de Pamplona y es la referencia urbana de Navarra entendida como una Región Urbana

La estructura administrativa de la Comarca, desbordada por el desarrollo de la ciudad real sobre el territorio, presenta una excesiva fragmentación. La constatación de ese hecho, sin embargo, difícilmente puede conducir a que se defina, ni aun matizando mucho la apreciación, como una ciudad polinuclear; puede afirmarse, por el contrario, que en lo físico y desde luego en lo funcional existe un gran núcleo principal, que podríamos denominar la ciudad central, compuesta por Pamplona y los municipios contiguos principales, y una orla de núcleos secundarios, bastantes de ellos de pequeña entidad. Los diferentes planeamientos municipales y comarcales deben definir las características de esa ciudad variada y compleja, identificar los ámbitos en los que se localizan los problemas urbanos, se correspondan o no con límites administrativos precisos, y elaborar el proyecto que convierta a la ciudad de la Comarca en una realidad urbana articulada, relacionada y estructurada. Los planeamientos que intervengan en el espacio comarcal deben proponer lo preciso para que la percepción de la ciudad suministre imagen urbana a Navarra y proyecte Rango Urbano a la REGIÓN objeto de estudio en el marco europeo.

La Ciudad Funcional, tiene una especialización fundamentalmente residencial. Ello es debido al proceso de crecimiento histórico. El desarrollo de los años 60′ a 80′, de gran impacto en el ámbito industrial y de servicios, tiene su expansión en áreas próximas a los núcleos residenciales por falta de ejecución de infraestructuras viarias que los soportaran. Una vez ejecutadas éstas, comienza la dispersión de los diferentes usos industriales y de servicios a lo largo y ancho del 2º perímetro comarcal.

La Revisión del PGOU de Pamplona, ha sido el motor del estudio-marco de Potencial del suelo. Paradójicamente, este estudio no dice casi nada sobre la ciudad ya que su objetivo son los territorios y suelos de la Comarca. Pamplona tiene poco suelo en la Comarca. Su escasa dimensión administrativa de 25 km2 impide que la visión Comarcal tenga numerosas referencias espaciales sobre la ciudad. Por tanto, este estudio no puede plantear mas que lo obvio: Pamplona, y fundamentalmente la Meseta en donde se asienta el Casco Histórico y los Ensanches de la Ciudad, es el centro de la Ciudad Funcional y el centro de decisión y de poder de la Región Urbana de Navarra. Las demás zonas de la ciudad se equiparan a cualquier otro núcleo administrativo citado en la Ciudad Funcional. A estos efectos, la Rochapea, San Jorge o Etxabakoitz, tienen el mismo tipo de componentes territoriales que Berriozar o Mutilva. El Plan Municipal de Pamplona, definirá su nivel de urbanización, sus estándares de equipamiento, su propio diseño y calidad urbana así como su peculiar especialización, en el contexto de la ciudad única funcional de la Comarca.

Ahora bien, dicho esto, hay que exponer algunas cifras y algunas conclusiones derivadas del estudio que refrendan, pero a la vez ajustan y matizan lo dicho:

– Pamplona tiene una dimensión de 2.509 has. de las 59.981 has. Comarcales, lo que supone el 4,18% del total.

– Con una densidad de 7.240 hab/Km2 alberga a 181.300 habitantes de los 271.500 habitantes de la comarca. Supone el 66,7% del AM y el 34,6% de la región Navarra.

– La Ciudad Central tiene 138.189 habitantes: 3 de cada 4 empleos del sector comercial del AM, el 75% del empleo navarro del sector financiero, el 50,6% de los servicios inmobiliarios y el 77,3% del AM en empleos de los sectores educativo, sanitario y administrativo.

– Según datos del S.O.C.A.S., Pamplona dispone de 1.696 Has. de Suelo Urbano. La comparación con la dimensión municipal, 2.509 has., implica que 682 has. son suelos agrícolas, cauces de ríos, suelos improductivos, accidentes topográficos, etc. De éstas 682 has, el estudio propio comarcal asigna potencial de crecimiento a 361,6 has. Está superficie está ubicada en el N de la Chantrea, Donapea, Berichitos, Lezkairu, Magdalena, La Playa de la Magdalena, Garitón y Beloso Bajo.

– El concepto de “Ciudad Central” es móvil. Si en la vieja Iruña, una pequeña parte del Casco Histórico hacía la función de Centro, en la nueva Pamplona de los 70′, este mismo Casco Histórico más el Primer y la primera mitad del II Ensanche formaban el centro de la ciudad. Con posterioridad, la desbordante actividad urbana navarra genera un Área Metropolitana, con una “Ciudad Central” notablemente ampliada al conjunto de la meseta de Pamplona, y que incluye también zonas como las incluidas en las actuaciones de implantación de la UPNA, en las de la Universidad de Navarra, y el conjunto de las áreas hospitalarias, que se han incorporado al ámbito central de la ciudad. 

La actividad urbana que genera la formación del Área Metropolitana y la explosión en tamaños de la Ciudad Central deben conducir a concluir que este fenómeno no es estático. Redundando en este concepto, la necesidad de Navarra de funcionar como una Región Urbana, con un Área Metropolitana y un Centro de Ciudad, necesita perentoriamente atraer nuevas actividades y oportunidades para que el territorio y la población puedan emerger lo más primacialmente posible respecto a las Areas Metropolitanas que compiten por un rango urbano similar.

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Pamplona. Entre el laberinto identitario y el poder de la iglesia. 
A pesar de ser una de las capitales con una de las rentas más altas de España, la pobreza se está incrementando en Pamplona. El Opus Dei mantiene una gran influencia sobre la esfera política. Pamplona es peculiar. Durante décadas su crecimiento urbano fue visto como un ejemplo, a pesar de absorber al 30% de los habitantes de Navarra. Sus ratios socioeconómicos, ahora en declive,  indican que no debería haber muchos motivos para la queja.
Sin embargo, también destaca por su política, la más conservadora de España. Tanto que, hasta 2011, no existía una sola clínica acreditada para interrumpir el embarazo en toda la comunidad. Sin embargo, hoy es fácil oír hablar de la llegada de un “cambio de régimen”, el concepto usado en la calle para referirse al desmantelamiento del pacto no escrito entre el PSN, el PP y UPN, en vigor desde 1996, para impedir el acceso de los nacionalistas a los distintos órganos de poder.
Uno de los episodios más sonados en este sentido tuvo lugar en 2007, en lo que se llamó el «agosrazo». Aquellas maniobras, que evitaron que el socialista Fernando Puras fuera presidente navarro gracias al apoyo de IU y Nafarroa Bai, acabaron con las esperanzas de cambio que muchos albergaban en una ciudad dividida.
Los viejos estereotipos de los pamploneses siguen muy vivos. Es un florido binomio religión-política que fluye con rostro propio, muy sanferrninero. Una universalidad a la sombra de la leyenda de Hemingway y los encierros que UPN explota como una mina de oro. Desde el fin de la dictadura, se ha granjeado el respaldo del Opus Dei, cuya gran obra, la Universidad de Navarra, exhala por los poros de buena parte de su clase política. y se nota.
Otra herida sigue sin cerrarse. La que se produjo en las fiestas de San Fermín de 2013. Aquel día, militantes abertzales colgaron una gigantesca ikurriña frente al Ayuntamiento de Pamplona. El txupinazo se demoró hasta que los autores fueron detenidos y la bandera arriada en medio de un sonoro abucheo. Toda la oposición municipal considera que la reacción del alcalde de UPN, Enrique Maya, fue, cuando menos, desproporcionada. 
También le reprochan haber “dejado Pamplona en una situación penosa” y que “ha laminado la participación ciudadana”. La pobreza se ha incrementado en una capital con una de las rentas más altas de España y la política de vivienda social ha sido foco de controversias. 
Para colmo, está el fraude financiero del equipo de fútbol de la ciudad, Osasuna, que recibió millonarias ayudas oficiales que dilapidó en compras injustificadas El descubrimiento de la trama ha sido un duro golpe para Pamplona. Sin embargo, como denuncian desde la plataforma ciudadana Ekimena, la verdadera lucha debería darse contra el apetito inmobiliario de una iglesia que en toda la comunidad cuenta con 1.100 propiedades que en 1998 pertenecían al pueblo.
Cercanías: una radiografía diferente de nuestras ciudades. La Marea-Diagonal. 2016

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Hoy Pamplona tiene una población de 195.853 habitantes y un parque residencial de 90.177 viviendas. La Unidad de Sociología del Consistorio realizó en 2015 un Informe sobre la Vivienda en Pamplona en el que estudia como es la composición de los hogares de la ciudad, sus características físicas y sus necesidades de rehabilitación a corto y media plazo. Entre las cifras llamativas, 5.426 viviendas vacías y 4.838 viviendas secundarias con ocupación temporal parcial, podría haber hasta 10.264 viviendas (un 11,4% del total). Hay casi 21.000 hogares habitados por 1 sólo persona y un 43,9% de ellos lo están por personas mayores de 65 años. En Pamplona hay 4.000 personas mayores de 80 años que viven solas. Por contra en 2.000 hogares de la ciudad viven 2 o más núcleos familiares. Las familias ‘monomaternales’ con hijos solteros suponen el 5,2% del total de viviendas.

peatonales-de-Pamplona.jpgEs una radiografía. El pleno del parlamento de Navarra recientemente ha aprobado una proposición de ley Foral en materia de vivienda, “…sí que aborda una serie de actuaciones importantes…”, como son el impulso de alquiler protegido, el incremento de ayudas a la rehabilitación y la bajada de la renta de alquiler, pero aún queda mucho por resolver, y mucha vivienda vacía, y mucha fuga de hogares al territorio periférico, más alla de Pamplona, al Gran Area de Pamplona (Egües, Burlada,…).

“…Pamplona está rodeada por un conjunto de asentamientos periféricos cuyo encuentro con la trama urbana forma en algunos bordes un continuo edificado y en otros se separa y se disgrega. La pequeña superficie del término municipal de Pamplona, de sólo 25 km2 y la extensión y amplitud de la ciudad construida determinan la intensidad de su relación con los ámbitos municipales circundantes. Las rondas viarias de Pamplona, ejecutadas al comienzo de la década de los noventa y que transcurren en gran parte fuera del término municipal, encierran una superficie aproximada de 46 kilómetros cuadrados en la que coexisten junto con Pamplona suelos de otros 23 ámbitos municipales o concejiles…”

Sostenibilidad, movilidad y participación ciudadana puestas en entredicho.


Cada mercado es local.

Cada municipio tiene su singularidad.

Cada municipio se retrata en su parque residencial.


…seguiremos analizando en próximas entregas los 250 municipios mayores de España