Madrid vota. Austeridad. Turistificación. Gentrificación. Doctor, qué tomo?

“el derecho a la ciudad es por tanto mucho más que un derecho de acceso individual o colectivo a los recursos que esta almacena o protege; es un derecho a cambiar y reinventar la ciudad de acuerdo con nuestros deseos”.
Harvey, David (2013). Ciudades rebeldes. Del derecho de la ciudad a la revolución urbana. Ediciones Akal.

Sobrevuela desde hace unos años en Madrid, una pregunta a modo de espada de Damocles. ¿Necesita Madrid un nuevo Plan General? Y es ésta una pregunta con trampa. Administrativamente Madrid tiene una Revisión del PGOU aprobada, con todas los adjetivos jurídicos que se les quiera poner, pero en vigor.

Su contenido es ya un auténtico galimatías, pues, las sentencias judiciales han hecho del PGOU un compendio de documentación gráfica y escrita prolijo y profuso en modificaciones, correcciones, e interpretaciones, embrollado, difícil de entender, confuso de ideas y casi cifrado o críptico (no en balde cada año se publica el Compendio de las Normas Urbanística relativo al año, y comentado¡).

Y de los procedimientos ante la administración pertinente habría tantísimo que hablar que más allá de un comentario rápido, se merece una reforma entera de la administración. Dura es la lucha de cualquier profesional intentando obtener una “simple licencia” en este nuestro municipio, declarando cumplir la amplísima Legislación Urbanística General y Sectorial (habitualmente se acaban las obras antes de proceder a regular administrativamente la licencia…). Es la eterna lucha entre competencias de policía y competencia de información.

Si le aplicamos el filtro de edad, está un poquito obsoleto. Como casi siempre, el diagnóstico con el cual fue elaborado hace ya unos cuantos años, casi 20, se ha visto superado por el “tsunami” que nos ha tocado vivir. Y las previsiones sobre el cual operaba le han cercenado bajo una imparable dinámica financiera, inmobiliaria, y unas cuantas crisis más.

Desde la aprobación final (con salvedades) de 1997, hasta 2013, se han hecho toda una serie de modificaciones. Sería entonces cuando desde la Comunidad de Madrid se intentó rectificar parte del documento y cayó en una espiral de sentencias hasta que se avalaron por el Tribunal Superior de Madrid; y el último intento desde la alcaldía no llegó a tiempo, y no porque no estuviera redactado, sino por falta de decisión, falta de coraje e inoportunidad política.

La revisión del Plan General de 1997 significó que el Ayuntamiento de Madrid creara en junio de 2011, nada más estrenarse esa legislatura, una Dirección General dirigida única y exclusivamente a la revisión del Plan General, dependiente de la Oficina de Planificación Urbana del consistorio madrileño. En total fueron 14 millones de euros destinados a un proyecto.

Desde entonces, se lucha contra una inercia tejida en forma legislativa, de atribuciones y competencia, de “quereres” y “poderes”, un pulso entre legisladores, entre corporaciones, entre competencias de gobernanza, entre modelos sociales, la corporación municipal y la regional y nacional.

Un PGOU cuesta mucho tiempo y dinero, pero sobre todo necesita de un criterio, de una ideología, de un objetivo, de un ¿para qué?, y mucha paciencia.

Hacer política con la ciudad, es hacer política desde el urbanismo. Y el urbanismo es una forma más de hacer política. Todo el urbanismo es político, no hay ninguna duda. Pero las políticas en la ciudad tiene muchas caras. Unas veces son políticas liberales, y otras son conservacionistas, o sociales. 

Hemos asistido en la última semana a dos episodios más en “hacer política con la ciudad”. Se trata de la aprobación de los presupuestos municipales del Ayuntamiento de Madrid para 2017 y de la primera votación ciudadana (municipal) de Madrid para decidir algo que cambiar entre todos.

Por un lado, las necesarias alianzas impuestas por los últimos resultados electorales hacen imprescindibles al grupo socialista, y estos han puesto “negro sobre blanco” las condiciones, de manera limpia y transparente. Es el documento “Acuerdo para el impulso de Madrid“.

En el documento de 24 páginas suscrito entre el PSOE y Ahora Madrid resultan llamativos algunos pasajes como “la necesidad de un cambio en la política urbanística”, con un nuevo Plan General, o la necesidad también de establecer una “nueva política cultural” que atienda las reclamaciones y carencias de trabajadores y empresarios.

Estructurado en 9 apartados (1. Gobernanza y Participación ciudadana, 2. Servicios sociales y educación, 3. Cultura, deportes y turismo, 4. Empleo y desarrollo económico, 5. Desarrollo urbano sostenible, 6. Vivienda, 7. Medio ambiente y movilidad,  8. Igualdad y diversidad y 9. Distritos) y un anexo de inversiones concretas, contiene mucha carga ideológica y concreciones (a veces innecesarias y otras generalistas).

…El desplazamiento del centro de gravedad de la gestión municipal a los distritos y de éstos a los barrios persigue situar el peso de las políticas públicas en la cohesión social y territorial. De este modo, los objetivos de una mayor cohesión han de pasar por el reequilibrio de las dotaciones, la regeneración de las zonas más vulnerables, el impulso de la participación vecinal, el desarrollo de nuevas centralidades y el máximo protagonismo ciudadano en el espacio público…”
“…queremos la revisión del Plan General de Ordenación Urbana y, en paralelo, trabajar en un plan de mejora de equipamientos para todos los distritos, un plan de regeneración urbana para barrios degradados y un urbanismo no especulativo, por lo que apostamos por operaciones como Puerta Norte…”

Quizá el apartado más extenso y de mayor ideología se concentre en el “DESARROLLO URBANO SOSTENIBLE”.

“La necesidad de un cambio de cultura urbanística que piense en la ciudad real, en la que viven y habitan los madrileños y las madrileñas, es prioritaria. Si bien es cierto que en estos 18 meses se han dado pasos en determinados casos puntuales como Mahou Calderón o la antigua Operación Chamartín, es preciso que en Madrid se desarrolle un urbanismo de cercanía que se perciba en la vida diaria, en la mejora de la calidad de vida: con una vivienda en alquiler más accesible para aquellos que verdaderamente lo necesitan, con equipamientos funcionalmente bien localizados y con prestación de servicios de calidad, recalificando y dinamizando los espacios públicos para que cumplan con su función social igualitaria y el fomento de las libertades ciudadanas.
Para ello, es imprescindible recuperar la función pública del urbanismo que asegure un crecimiento ordenado, asentado sobre los siguientes ejes de actuación:
1 Considerar como prioridad la salvaguarda de la ciudad existente y fijar como su primer objetivo el de cuidarla y mejorarla. Asimismo, defender el derecho de la ciudadanía a su ciudad, abordando tanto los problemas de cohesión social y adecuación de barrios como aquellos derivados de sus necesidades de equipamientos y servicios.
2 Diseñar una ciudad urbanísticamente equilibrada y sostenible, proyectada hacia los barrios y distritos, que impulse nuevas centralidades como elementos aglutinadores de equipamientos y servicios generadores de actividades.
3 Promover la regeneración integral de barrios como forma de intervención urbana necesaria. Con este fin, deben formularse Planes Estratégicos de Distritos, que incidirán en la rehabilitación de edificios, en el reequipamiento de los barrios y en la creación de una mayor complejidad funcional, apoyando el desarrollo de las actividades económicas, el tratamiento del espacio público, incluido el verde, y las actividades deportivas y de juegos, así como la ordenación de una movilidad sostenible. 
4 Defensa, protección y mejora del patrimonio histórico que preserve la identidad cultural de Madrid como uno de sus valores.

5. Defensa del patrimonio de suelos y edificios públicos como garantes de responder a las necesidades de la ciudadanía en cuanto a equipamientos y servicios.

6. La participación pública será prioritaria como garante del desarrollo urbanístico, aplicando la máxima transparencia en el desarrollo y ejecución del planea miento, ya que la ciudad no puede desarrollarse a espaldas de la ciudadanía y la sociedad civil.
Para dar respuesta a los fines y objetivos antes descritos y que el cambio urbanístico que Madrid precisa comience a ser una realidad, no se puede dar por bueno el Plan General de 1997, un plan resultado de un modelo de ciudad desfasado, fracasado, incomprensible y pervertido, hasta el punto de que incluso el propio equipo de gobierno anterior consideró necesario cambiarlo.
En el contexto de elaboración por parte de la Comunidad de Madrid de una nueva Ley del Suelo, lo razonable es que se inicien a lo largo de 2017 los trabajos que den lugar a una Estrategia para la Ciudad con el consenso de todos los sectores de la sociedad madrileña, que serán la base de un nuevo instrumento de planeamiento que revise el vigente Plan General y que sea el inicio de una ciudad distinta.”

Sin duda ha de convertirse en el “Avance” de un nuevo modo de hacer ciudad, sino ¿qué valor añadiría al escenario actual? Del diagnóstico eterno que se lleva haciendo en Madrid desde el año 2013, parece que ha salido un tratamiento para este enfermo nuestro, llamado Madrid. Por fin!

Y con estos principios, conviene recordar lo que en la breve historia moderna hecha desde Madrid para Madrid, se ha ido haciendo.

I. Los pre-planes, “sanitarios”.

II. Los Planes de la 1ª generación.

La 1ª generación de Planes Generales, se redactaron en torno a la Ley del Suelo de 1956, asumiendo la tradición decimonónica (Ensanches, Planes de Reforma Interior de las Poblaciones, etc.) y ciertas aportaciones urbanísticas europeas de principio de siglo XX. En la teoría urbanística de postguerra destacó “la unidad vecinal y la fragmentación urbana como bases de la organización espacial del cuerpo de la ciudad, y la propuesta de las ciudades nuevas más allá del cinturón verde”. (TERAN TROYANO, Fernando de, 1982, 80)
El “funcionalismo orgánico” se inscribió en un contexto ideológico de “autarquía” que, como en otros sectores, otorga una gran importancia al Estado como regulador de los procesos sociales y económicos. “Se trataban de unos planes que, por esta relación todavía próxima con la antigua práctica urbanística, abordaban la tarea de ordenar la ciudad después de un análisis cuidadoso de la morfología del terreno, de las características de las construcciones existentes, de la composición social de sus habitantes, y que proponían una detallada tipificación de la ciudad existente o proyectada con una visión funcional de la ciudad, desde criterios de ordenación racionalista tamizados por la visión organicista en boga. El fuerte crecimiento que se produce en los 60′ desborda, en no pocos casos, las expectativas de este planeamiento relativamente comedido, incapaz de encauzar unos asentamientos que, ya fueran públicos o subvencionados (los nuevos polígonos de vivienda que se construyen) o productos de la venta marginal de terrenos periféricos (las llamadas urbanizaciones marginales), buscaron su ubicación al margen de toda previsión” (GIGOSOS, Pablo y SARAVIA, Manuel, 1993, 4)
A finales de los 50′ la perspectiva económica expansionista impidió la aplicación de los conceptos que regían el planeamiento de la primera generación. La rápida obsolescencia del estos Planes degeneró en una “tolerancia” administrativa y la existencia de una gran ‘libertad” para la ejecución de nuevos crecimientos urbanos. Se produce la paradoja: en un momento en el que estaba vigente un planeamiento muy restrictivo y preocupado por impedir cancerosos crecimientos urbanos, se construyen las mayores periferias y se imponen agresivas políticas sectoriales con independencia de lo previsto en el planeamiento territorial.
Durante estos años, la política de suelo se dirigió a posibilitar una masiva producción de viviendas sociales frecuentemente contra los Planes Generales: el objetivo de satisfacer el importante déficit de vivienda social en las grandes ciudades prevaleció sobre los criterios de racionalidad urbanística.

III. Los Planes de la 2ª generación

La intensa actividad privada, impulsada por la nueva política económica emanada del Gobierno, desbordó las determinaciones establecidas por los Planes de la primera generación, forzando la aparición de una segunda generación (años 60′ y principios de los 70′) que trataron de solventar las profundas contradicciones entre la nueva realidad económico- política y el planeamiento urbano vigente.
El espectacular crecimiento urbanístico, padecido por las ciudades españolas durante este periodo, en los siguientes términos: “Las ciudades, determinadas ciudades, sufren, como consecuencia de este impulso económico, desde finales de los 50′ a los 70′, la fase de máximo crecimiento de su historia. Así se pasa de no más de una docena de ellas con más de 100.000 habitantes en 1950 a medio centenar en 1981. Este crecimiento se apoya en ciudades milenarias que ahora adquieren papeles muy distintos, y provoca la diferenciación interior de su solar, donde las actividades y los grupos se asientan heterogéneamente: el centro pierde peso demográfico y se concentran en él actividades terciarias; se produce el crecimiento acelerado de las periferias y la conformación de ciudades dormitorio”. (GIGOSOS, Pablo y SARAVIA, Manuel, 1993, 39)
El urbanismo metropolitano de la 2ª generación acepta fuertes tendencias de crecimiento e intenta coordinar las políticas sectoriales ejecutadas en el territorio. La vorágine producida por las altas tasas de inmigración en las grandes ciudades, la necesidad de preveer grandes infraestructuras, etc. orientó la atención del urbanista hacia la planificación del crecimiento. Para ello, se marcan en el plano grandes áreas a las que se asignan ciertas tipologías (generalmente, bloque abierto) y un conjunto de usos (numéricamente expresados) remitiéndose su ordenación a una fase posterior (Planes Parciales). Asimismo, se proyectan potentes infraestructuras viarias que estructuran y conectan estos grandes ámbitos residenciales y productivos fijados en el plano: “todas las ciudades -señalan los mencionados autores- parecian tener vocación metropolitana y, por ello, se proyectaban enormes resevas de suelo industrial y residencial y costosísimas infraestructuras en función de unas expectativas de crecimiento desmesuradas. Si los planes anteriores todavía reflejaban el tejido urbano existente y ordenaban los futuros crecimientos según tipologías detalladas ahora la clasificación tipológica se sustituye por una zonificación de usos genérica, que se justifica según unas previsiones cuantitativas de crecimiento (de población, de actividades) desproporcionadas, y se organiza de forma abstracta, con la mínima referencia de una maya infraestructural” (Ibidem, 41)
Los procesos de especulación se dispararon y, una vez más, el planeamiento urbano quedó en entredicho. La concentración de capital financiero e inmobiliario impulsó nuevas formas de intervención en la ciudad y en el territorio (el “urbanismo concertado”, autopistas, etc.) que llevaron hasta sus últimas consecuencias el modelo urbanístico desarrollista. Sin embargo, el carácter despilfarrador de estas propuestas contrastó fuertemente con la situación de crisis económica existente a finales de los 70′.

IV. Los Planes de la 3ª generación

Los Planes de la tercera generación se redactaron, nuevamente, en un contexto contradictorio: por una parte, el texto legal de 1976 y el paradigma urbanístico anterior se elaboró desde el supuesto de un rápido crecimiento, y por otra, el impacto de la crisis económica y la extensión de nuevas ideologías urbanísticas, planteó la necesidad de centrar los esfuerzos en la ciudad existente. Esta generación de planes recibió la influencia de lo que se ha denominado “cultura de la austeridad”, surgida de la experiencia del gobierno local protagonizado por la izquierda italiana. De acuerdo con esta perspectiva, el planeamiento general no se concibió como un modelo estructural necesario para coordinar la actuación y las inversiones de los agentes públicos y privados. Por el contrario, el “urbanismo de austeridad” enfatizó el carácter expresivo o simbólico del Plan, proponiéndolo como un instrumento democrático en el que los ciudadanos explicitan su “ideal” de ciudad. Los nuevos Planes Generales , son percibidos como “ símbolos políticos, a los que además se confiaban las funciones de expresión simbólica e institucional de la nueva política municipal”. (QUERO CASTANYS, Damián, 1990, 147). Eduardo Leira reafirmó esta lectura simbólica de los nuevos Planes Generales destacando que, “mas allá de sus contenidos, pueden ser evaluados como instrumentos de intervención en la ciudad, en último término, como medios de gobierno municipal” (LEIRA, Eduardo, 1990, 153)
El urbanismo de austeridad priorizó la recuperación de la ciudad existente, controlando las expectativas de expansión heredadas de los planes metropolitanos. En este sentido, la crisis económica cuestionaba las grandes áreas metropolitanas que habían protagonizado la industrialización masiva y moderna. Estas grandes concentraciones fueron menos eficaces que otras geografías a la hora de afrontar la crisis productiva, además de ser socialmente más desequilibradas. (ROCH, Fernando, 1993, 50) 
Por lo tanto, una de las preocupaciones del nuevo urbanismo, fué la de “transformar la situación de crisis general de la ciudad y de sus mecanismos económicos en una ocasión para extraer las potencialidades, todos los elementos sobre los que concentrar la atención (es decir, inversiones, condiciones y modalidades de actuación, etc.) para volverlos estimulantes, para convertirlos en momentos de ensamblaje de procesos más generales de revitalización”. (MARCELLONT, Maurizio, 1980, 13)

Por último, se ha escrito sobre los Planes de la 4ª generación, preocupados por cuestiones morfológicas y por la selección de grandes macro-proyectos. Por aquí hemos debido pasar ya. O me lo he perdido? Porque tengo la sensación de haber vuelto a la sintaxis de post-crisis de los 80′ y haber perdido en el camino, el tiempo de estar al día.

Adjunto a continuación 2 textos lúcidos (de hace una 30 y 20 años, respectivamente), sobre el planeamiento urbano. Presagio quizá del descrédito labrado y de los lodos actuales.

Muerte y resurrección del planeamiento urbanoBohigas i Guardiola, Oriol. (4.11.1986 Diario El País)
…no olvidemos que un factor básico del planeamiento es la atribución de un objetivo político en la definición del futuro de la ciudad…
Resurgam.jpgResurgam, (Invocación para recuperar el urbanismo y continuar el planeamiento), 1997 Fernando de Terán Troyano

El Paradigma urbanístico de la austeridad.

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Urbanismo y austeridad. 1981. Giuseppe Campos Venuti. Ed. Siglo XXI 
“…En pocos ámbitos como en el del desarrollo urbano se hacen tan palpables los aspectos más negativos, irracionales y destructivos de un crecimiento capitalista tardío y salvaje. En este terreno, sin duda, son grandes los paralelismos entre Italia y España. Esta obra constituye ante todo una propuesta en favor de un urbanismo más racional, al servicio de los trabajadores, que constituyen la inmensa mayoría de los habitantes de las grandes ciudades; es también una reflexión sobre experiencias concretas realizadas en Italia y de cuyos avances e insuficiencias es posible aprender a la hora de elaborar una estrategia alternativa de desarrollo urbano. El análisis se inserta en el contexto de un proyecto político concreto ofrecido por la izquierda italiana en respuesta a la crisis económica de la segunda mitad de los años setenta: la austeridad. Frente a la evidencia de que el desarrollo capitalista de la posguerra se ha basado en el despilfarro, el ecocidio y el deterioro de la calidad de vida, se propone un nuevo modelo de desarrollo en el que la restricción del consumo no signifique -como siempre lo ha significado- una restricción exclusiva del consumo popular, sino en el que la austeridad de los trabajadores se traduzca en una mejora de la calidad a expensas de la cantidad, en unas mejores condiciones de trabajo, en unos servicios sociales más amplios y eficientes, en un nuevo urbanismo y una transformación del entorno urbano. Giuseppe Campos Venuti (Roma, 1926), arquitecto, es catedrático de Urbanismo en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Milán. Ha sido Concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Bolonia y, posteriormente, Diputado Regional de Emilia-Romaña. Asesoró los planes urbanísticos de varias ciudades italianas: Bolonia, Módena, Reggio Emilia, Ancona, Padua y Pavía. En la actualidad asesora los de Florencia y Roma. Formó parte del equipo de urbanistas que redactó el documento? Criterios y Objetivos para revisar el Plan General en el Municipio de Madrid? y actualmente es asesor de la Oficina Municipal del Plan del Ayuntamiento de Madrid. Es autor de numerosos libros de urbanismo, entre los que podemos mencionar: La administración del urbanismo (G. Gili, Barcelona, 1971) y Urbanistica inconstituzionale….” Texto de la contraportada.

Urbanismo, crisis y austeridad

“La actual recesión constituye una oportunidad para explorar la relación entre crisis económicas y producción del espacio. Este artículo esboza un marco de análisis para entender el rol de los procesos de reestructuración urbana y territorial en la formación, gestión y resolución de las crisis capitalistas, y viceversa, para comprender los períodos de crisis como etapas clave en la historia de la urbanización y la evolución de las técnicas urbanísticas. En primer lugar se realiza un rápido recorrido por varios episodios históricos de crisis, mostrando el papel estratégico de la transformación del medio construido en los mismos. Tras un breve análisis de las causas de la burbuja inmobiliaria española y su pinchazo, el trabajo sugiere que el nuevo “urbanismo de la austeridad” profundizará las prácticas abiertas por la urbanización neoliberal de las últimas décadas. Una vez estudiadas las principales características de este nuevo ciclo de destrucción creativa urbana, el artículo concluye con una serie de propuestas críticas para el desarrollo de un urbanismo alternativo basado en los principios de justicia y democracia socioespacial.”
Alvaro Sevilla Buitrago. 2015 Urbanismo, crisis y austeridad. Ciudades: Revista del Instituto Universitario de Urbanística de la Universidad de Valladolid, ISSN 1133-6579, Nº. 18, 2015 (Ejemplar dedicado a: La urbanística contra-reformista : administradores, promotores, financieros, propietarios de suelo, políticos, ideólogos, profesionales y francotiradores, contra la ciudad), págs. 31-48

Y por otro lado, tenemos unas preguntas (casi evidentes) a los ciudadanos sobre temas casi ínfimos en el devenir de esta gran ciudad. Pero para los que vivimos en el entorno más próximo de la Gran Vía, no son baladí. 

Estamos hartos de esta Gran Vía. Hubo cines y teatro y hoy observamos una “gran vía cateta”, de compras, de “troleys”, de nuevos “Sepu”, de coches de paso y más coches de paso. ¿Vive alguien la Gran Vía?

Las traseras de la Gran Vía siempre han sido de barrio, y no por ello menos ni más que otros barrios ni otras zonas de cualquier barrio, pero la ausencia y el mal trato de estos espacios traseros de la Gran Vía ha sido un continuo histórico. Y sobrevivimos, sin más. Con lo que no se puede sobrevivir es con esta Gran Vía.

Hagan algo, ya. No queremos terrazas, no queremos más coches, no queremos más bolardos. Queremos tener nuestro barrio en los mejores condiciones posibles y eso alguien ha de estudiarlo y poner medios. Echamos de menos agua (de limpieza), orden con las descargas del comercio, silencio con los medios de recogida de basuras y del reciclado, facilidades para “regenerar” y renovar el patrimonio edificado,… como cualquier barrio de cualquier ciudad. Ni más ni menos.

Si nos ha tocado el “sambenito” de la turistificación (gran apuesta indolente), que sea en orden. No olvidemos que Madrid, ha sido históricamente posada de cortesanas, monjas y militares desde Felipe II. Las pensiones y casas de huéspedes hoy se llaman de otra manera, pero siguen siendo, espacios para “dormir, ducharse y desayunar”.

Las comunidades de vecinos, somos, como en cualquier barrio, heterogéneas. Quizás las más dinámicas de todo Madrid, cambiamos rápido, cada 6 meses, porque somos pasto de una mercantilización sin parangón (gerintrificación).  Y no solo por sus “contenidos”. Nuestros “contenedores” datan mayormente de finales del s. XIX, fueron hechos en madera, todos los años hay intervenciones en sus estructuras, cubiertas e instalaciones básicas de fontanería y saneamiento; rehabilitamos a nuestra costa, queremos apoyo técnico y comprensión (no “órdenes de ejecución” para que luzcan nuestras fachadas). Y un poquito de financiación con líneas a coste “cero” no vendría nada mal. “Derramamos” mucho y nunca preventivamente, una ruina. Pero lucimos bien. Triste.

No tenemos garajes en las plantas sótanos, ni locales en las plantas bajas, protejan el comercio de barrio (los chinos vienen y se van, como todos), y protejan las plantas bajas para uso terciario/oficinas (o acaso ¿tenemos que trabajar todos en Sanchinarro?). 

Cuide el ayuntamiento de “nuestro” patrimonio protegido (“sus” queridas fachadas sujetas a la CIPHAM, por ejemplo), protéjanos, exigiendo a las empresas cableadoras de esta ciudad un “Plan”, algo. ¿O es que no se han enterado aún de las blasfemias contra el buen gusto que están cometiendo? (Bucarestización)

Transporte público, peatonalización … ya tenemos de todo.

Del resto, bien, gracias.

Vota, sí o no, pero vota.