LEIOA

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LEIOA PIRAMIDE de POBLACION

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LEIOA PARO


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Leioa, situado actualmente en la Comarca del Gran Bilbao, tiene una superficie de 8,36 km2 -de los cuales 8,17 km2 son tierra firme y 0,19 km2 de ría- y se encuentra próximo a la desembocadura de la ría del Nervión-Ibaizabal, en la margen derecha, limitando al N con Getxo y Berango, al E y S con Erandio, y al O también con Getxo y con la ría. La capitalidad la ostenta la anteiglesia de Elexalde (35 mts. de alt.). Otras entidades son: Artatza (a 1km.; a 35 mts. de alt.) y Lamiako (a 3kms.; a 3 mts. de alt.). La población se encuentra muy dispersa entre los distintos barrios de estos núcleos, siendo el índice de concentración muy bajo, 54%.

Integrada plenamente en la zona de influencia de Bilbao, Leioa ha mostrado un contínuo crecimiento demográfico. La llegada masiva de población ha hecho que se caracterice por un predominio de los grupos adultos-jóvenes y, en consecuencia, de un crecimiento vegetativo muy alto, 6’6%.

Su relieve es poco accidentado, con una altitud media inferior a los 50 m, y está configurado por la existencia de numerosos ríos y arroyos que discurren entre suaves colinas, desembocando en una vega baja situada junto a la ribera de la ría.

Los montes más altos son Kurkudi (126 m), Bolumburu e Ikea. Desde estos altos discurren los numerosos arroyos que surcan el municipio en sentido N-S, dando lugar a su paso a la formación de pequeños barrancos. En la mitad S, las altitudes son inferiores a los 50 m., con abundantes espacios llanos generados por las vegas de Udondo y Lamiako, destacando en el centro el alto de Artatza, de tan solo 76 m. Prácticamente a nivel del mar se sitúa la vega de Lamiako, formada en la margen derecha del río Udondo en su confluencia con el río Gobela, antes de su desembocadura en la ría.

Etimológicamente, la palabra Leioa -antes Lexona y después Lejona (hasta el 21.12.1979)-, provendría de “leiho-ona”, buen mirador, haciendo referencia al horizonte visual desde las colinas de Artatza. Según otros autores, derivaría de “elexa-ona” (buena iglesia). En ambos casos la denominación de la anteiglesia guarda relación con el medio geográfico, y más en concreto con el relieve.

El río Udondo marca el límite oriental del municipio. A su paso por Leioa, el Udondo recoge las aguas de los arroyos Urgitxi, Iberre, Lertutxe -en cuya cabecera se encuentra el pantano del mismo nombre-, Mendibil y Elexalde, antes de enfilar su curso en dirección N-S para confluir, cerca de su desembocadura, con el río Gobela. Este, antes de que su cauce fuese modificado según los proyectos del arquitecto Pedro de Belaunzaran, atravesaba el municipio de Leioa (donde el arroyo Kurkudi le aportaba sus aguas), procedente de Getxo, en dirección SO-NE. Cuando su cauce fue alterado debido a la industrialización y a los aportes de arena, comenzó a discurrir de forma paralela pero contraria al curso de la ría, para desembocar en ella tras unirse al río Udondo. En su tramo final, ambos ríos tomaban durante unos metros el carácter de ría, viéndose afectada su desembocadura por el flujo de las mareas.

Las marismas de Lamiako se localizan al borde de la ría, a la derecha de la carretera de acceso a Las Arenas. Esta zona, que hasta hace solo un siglo se inundaba con las mareas, se unía con las marismas de Astrabudua formando un complejo marismal de cordones de dunas y lagunas salobres que se extendía desde Asúa hasta Algorta.

Leioa a lo largo de su historia ha acogido 2 zonas habitadas bien diferenciadas. Una más rural que integraba la casi totalidad del municipio y otra más urbana, creada al calor de la industrialización a los pies del ferrocarril que discurría paralelo a la Ría. Durante las décadas de 1960 y 1970 el desarrollo económico hizo que se diese un flujo importante de personas que llegaron a instalarse en Leioa. Este movimiento demográfico tuvo un enorme impacto en muchos de los núcleos de población, provocó un crecimiento aceleradísimo de los mismos, así como un importante cambio en su fisonomía urbana.

Muchas zonas de Leioa, hasta entonces escasamente pobladas, crecieron y se transformaron de una forma importante. Es en estos años cuando se produjo el fenómeno de mayor repercusión demográfico: la inmigración y el consecuente aumento poblacional transformó completamente el municipio, que fue adquiriendo poco a poco su aspecto actual.

Todo este proceso creó un Leioa desestructurado, disperso y carente de una estructura urbana de calidad, huérfano de espacios y equipamientos públicos al servicio de la comunidad. La llegada de la democracia y los primeros instrumentos de planeamiento y planificación urbana, las Normas Subsidiarias y el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), han venido corrigiendo de una manera importantísima esta situación mediante la creación de un moderno centro urbano y la unión de el mismo con los barrios y de estos entre sí, posibilitando la dotación de áreas de esparcimiento, zonas verdes y equipamientos urbanos de primer orden.

Leioa acoge hoy un hábitat todavía mixto de zonas rurales y urbanizadas, si bien con gran predominio de estas últimas. Los barrios que componen Leioa son en su parte más alta y lejana a la Ría del Nervión: Zuhatzu, Peruri, Sarriena, Santsoena y Lertutze. A partir de ellos y hacia el centro urbano, nos encontramos con los barrios de: Tellería, Basaez, Artatzagana y Aldekoena, así como la zona rural de Santi Mami. La zona central la componen los núcleos de Elexalde, Iturribide, Donibane-San Juan, Ikea, Mendibil y Udondo. Los barrios más cercanos a la Ría son Ibaiondo-Santa Ana, Pinueta, Lamiako-Txopoeta, Txorierri, Ondizy Aketxe.

Leioa se encuentra a 12,3 kms. de Bilbao y a 5 kms. de los centros de Getxo y Erandio.

Los principales ejes que unen Leioa con estos núcleos y sus barrios son:

  • – Autovía de la Avanzada, principal vía de tránsito comarcal.
  • – Carretera del Puerto, vía que linda con la ría del Nervión.
  • – Carretera de acceso a la Universidad.
  • – Corredor de Uribe Kosta.

La cercanía del aeropuerto de Loiu (a 7 kms.) y del puerto de Bilbao (a 2 kms.) convierten a nuestro municipio en un lugar estratégicamente situado.

Extraigo de “Leioa a través de la Historia” de Ana López Asensio, varios párrafos:

“Desde sus orígenes, en 1526, Leioa ha sido un municipio de caseríos dispersos dedicados a la ganadería y el cultivo de la tierra. Con la llegada de la industrialización a finales del s XIX, comienza una nueva era: se crean nuevos espacios para la edificación de viviendas, la industria, el ocio… Pero el gran cambio de Leioa se produce en los años 60′ con la implantación de importantes empresas que elevan el nivel de vida de una población creciente. El crecimiento demográfico y consecuente desarrollo urbanístico continúa hasta nuestros días..

Hasta el año 1526, fecha en la que Leioa surgió como entidad independiente de la anteiglesia de Erandio, su pasado estuvo unido al de esta última localidad. Para conocer el pasado de nuestra anteiglesia hasta esa fecha concreta, tendremos que acudir a la historia de la vecina Erandio. Encontramos las primeras noticias sobre Erandio -en concreto sobre la casa de los Arauco, cuyo solar se ubicaba en el actual barrio de Arriaga- en la Crónica del rey asturiano Alfonso III El Magno, año 886, donde también se hace la primera referencia a la voz Bizkaia, pero en ningún momento se menciona a Leioa. La siguiente noticia data del año 1100, fecha en la que tuvo lugar la fundación de la Iglesia de Santa María de Erandio, de lo que se puede deducir que, en ese momento, la campa de Erandio contaba con un poblamiento escaso y disperso, formado quizá también por caseríos radicados en Leioa, pero de los que no tenemos noticias.

Durante la Romanización, el hecho de que Bizkaia, y por ende Leioa, estuviese enclavada en el Saltus Vasconum (forma en que los romanos denominaban a esta zona boscosa y pastoril), hizo que quedase marginada de las grandes rutas terrestres a través de las cuáles se extendió la dominación territorial y cultural romana. De hecho, los únicos testimonios romanos en la zona, son dos enclaves (Forua y el oppidum costero de Ranes, en Zierbena) y algunos vestigios, en concreto varias monedas halladas en Plencia, Sopelana y aguas de Getxo.

En el siglo V dC, las invasiones germanas marcaron el tránsito a la Edad Media. Pero la anteiglesia de Leioa se hallaba de nuevo demasiado al Norte del camino natural de invasión. Sin embargo, esto no impidió que en el año 453, los piratas hérulos asolasen las costas del oriente cantábrico, y que quizá desde Leioa se viesen las velas de sus barcos.

LA EDAD MEDIA

En primer lugar y para ponernos en situación, diremos que durante la Alta Edad Media, el reino visigodo de Hispania, los francos, el reino astur y los musulmanes presionaron repetidamente al ducado de Vasconia que, formado en el siglo VII tras la reordenación económica y la basculación poblacional hacia Aquitania, se extendía desde la costa sur de este territorio, por la vertiente norte peninsular hasta Cantabria. La documentación altomedieval sobre la zona, y más en concreto sobre Bizkaia, es escasa, pero la Crónica de Alfonso III (año 900) nos permite saber que Bizkaia había estado siempre en poder de sus naturales, a pesar de la presión exterior desde los cuatro frentes a los que aludíamos antes. El primer gobernante conocido en este territorio, denominado en las fuentes “momi bizcayensis”, quizá fuese el conde alavés Momio Velaz. Sin embargo, parece ser que Bizkaia no tuvo condes o señores estables hasta el siglo IX: es en el año 1040 cuando se inicia la serie de señores con Iñigo López, hasta 1379, fecha en la que el título pasó a los Reyes de Castilla.

Posteriormente, las alusiones son muy escasas y se refieren principalmente a genealogías señoriales y al Señorío de Bizkaia. A pesar de que no haya referencias a Leioa, las noticias generales nos ayudan a hacernos una composición de lugar. Así, sabemos que durante el siglo XI, con el Señor Iñigo López (1040-1077), Bizkaia entró en la órbita navarra mediante una serie de enlaces matrimoniales con la familia del monarca; pero a partir de 1075, entró en la órbita castellana, y el señor de Bizkaia perdió Nájera, consiguiendo como compensación las tenencias de Alava y Guipúzcoa. Posteriormente, Lope Iñiguez (1077-1093) gobernó sobre las Vascongadas y consiguió convertir al Señorío en patrimonio hereditario de su apellido, al mismo tiempo que participaba en el avance hacia tierras musulmanas.

En el siglo IV, en concreto en los años 303-305, tuvo lugar la muerte de los mártires Emeterio y Celedonio en Calahorra, donde existía una basílica. En el siglo V, Calahorra era la última sede de la provincia romana de la Tarraconense y su jurisdicción se extendió durante mucho tiempo por todo el País Vasco peninsular. Posteriormente se constituyeron los obispados de Bayona, con jurisdicción sobre Guipúzcoa, el de Armentia para Alava (año 871) y los de Pamplona y Nájera, sobre Navarra y La Rioja. Las Encartaciones pertenecieron al obispado de Oca (año 464), después al de Valpuesta (804) y posteriormente (1084) al arzobispado de Burgos, hasta que en 1754 se creó la sede de Santander. Hay que señalar también que, en el siglo X, se extendía a lo largo de la costa vasca una ruta secundaria del camino de Santiago, centro de referencia espiritual para toda Europa.

En ese mismo siglo, Diego López de Haro I (1093-1124) apoyó a Doña Urraca en su enfrentamiento con Alfonso el Batallador de Aragón, quien dominó Castilla, por lo que Diego vio interrumpido su dominio sobre Bizkaia y Alava. Lope Díaz de Haro (1124-1170) apoyó al rey castellano-leonés Alfonso VII y fue desposeído del Señorío y relegado a las Encartaciones y Santander, ya que otro sector de la nobleza de Bizkaia apoyaba al renacido reino de Navarra. A lo largo del siglo XIII, el Señorío basculó entre la enemistad y amistad con Castilla. En 1366, el rey Pedro El Cruel cedió al heredero de Inglaterra, conocido como el Príncipe Negro, la costa de Bizkaia para obtener su apoyo contra Enrique de Trastámara. A pesar de la derrota de Pedro, durante algún tiempo, el inglés se tituló Señor de Bizkaia y Castro Urdiales. Los bandos vizcaínos, ya divididos en oñacinos y gamboínos, lucharon activamente en el conflicto, pero se retiraron antes de la batalla de Nájera. Tras la muerte del Señor Don Tello (1370), el nuevo rey Enrique concedió el Señorío a su hijo Don Juan, que comenzó a reinar en 1379, fecha a partir de la cual Bizkaia fue “gobernada” por los Corregidores, que simbolizaban la unión personal entre el Monarca y el Señorío.

La guerra de bandos

La crisis económica se hizo evidente en Bizkaia a finales del s XIII. Las hambrunas y epidemias, junto con la disminución de las rentas señoriales, hicieron aumentar la presión sobre el campesinado, las villas, los diezmos eclesiásticos y los señores rivales. Fue entonces cuando comenzaron los enfrentamientos entre 2 bandos:

a) Oñacinos (tomaron su nombre de la casa de Guevara de Oñate): los linajes más importantes eran los de las casas de Butrón y Mújica, que dominaron la zona de Gernika, Busturia y la margen derecha de la ría del Nervión.

b) Gamboínos (denominados así por el nombre de la casa de Mendoza, los Uribarri de Gamboa): establecieron alianzas con los Abendaños y los Salazares, que dominaban el valle de Arratia, las Encartaciones y el Este de la ría de Gernika.

En Erandio, anteiglesia de la que con el tiempo se desgajó Leioa, dominaba el linaje oñacino de los Butrón, que ostentó el control completo de la margen derecha. En esta zona se establecieron alianzas entre diferentes linajes con objeto de controlar más tierras y atar a ellas al campesinado, que veía cómo empeoraban sus condiciones de vida a consecuencia de la enajenación de los terrenos comunales. Es el caso de Gómez IV, Señor de Butrón, que concertó matrimonios con los linajes menores de Martiartu (algunos parientes menores de este linaje estaban asentados en Ondiz y Alzaga) y Asúa, de Santa María de Erandio, donde también destacaban otros linajes como los Alzaga, Agirre, Arauco, Arteche, Susúnaga, Uríbarri, etcétera.

Andando el tiempo, la lealtad vizcaína fue decantándose por Isabel y Fernando, que perdonaron los crímenes a los señores que aceptasen participar junto a ellos en la guerra de sucesión que les pemitiría llegar a ser los Reyes Católicos. En 1487, por el Ordenamiento de Chinchilla, las villas abandonaron el círculo de ocasionales alianzas guerreras con la Tierra Llana, donde imperaban los bandos, y se colocaron bajo el control administrativo de la Corona.

LA FUNDACIÓN DE LA ANTEIGLESIA

El 31.10.1526, tras un pleito relacionado con el cobro de los diezmos -que debió ser muy largo, pero del que no tenemos noticias- entre el patrono de Santa María de Erandio, don Juan Alonso de Mujica, señor de Butrón y el cabildo de beneficiados de la misma por una parte, los vecinos y moradores de Lejona y Lejonagoitia por otra, se dictó la sentencia por la cual la iglesia de San Juan Bautista dejaba de pertenecer a la de Erandio.

El aumento de población en Leioa (enmarcado en el proceso de recuperación y crecimiento demográfico vizcaíno que tuvo lugar desde mediados del s XV hasta mediados del XVI), su traslado desde las zonas elevadas a los valles para cultivar tierras más fértiles y dedicarse a la incipiente actividad molinera fluvial, así como las molestias que originaba tener que desplazarse hasta Erandio para oír misa, debieron ser las principales causas que llevaron a los leioarras a intentar por todos los medios lograr tener una parroquia propia y cercana. A pesar de todo, Erandio no se resignó y puso la condición de que los vecinos de Leioa siguiesen enterrándose en Erandio y acudiesen allí a oír misa en determinadas festividades religiosas. Con el tiempo, esta obligación, signo de la dependencia religiosa, fue desapareciendo.

Además, al disponer desde ese momento de parroquia propia, los leioarras se organizaron de inmediato en anteiglesia independiente, eligiendo fiel regidor (o lo que actualmente llamamos alcalde) a Diego de Aretxabaleta, que también fue apoderado o representante a Juntas Generales de Gernika. A partir de entonces, Leioa pasó a ocupar el asiento 36 (y posteriormente el 46) en éstas. Todo este proceso no se hizo mediante el uso de la fuerza, sino de la negociación.

A pesar del afianzamiento como entidad independiente -o quizá debido a esto mismo-, los pleitos con las anteiglesias limítrofes fueron frecuentes, y Leioa se empeñó siempre en mantener su integridad territorial frente a Getxo y Erandio, que pretendían poseer los arenales de Artaza y algunas zonas de Santimami respectivamente.

DE LA EDAD MODERNA HASTA EL INICIO DE LAS TRANSFORMACIONES DE LA ÉPOCA CONTEMPORÁNEA (SIGLOS XVI-XVIII)

Actividad marítima

A pesar de que Leioa no era una localidad esencialmente marinera, la presencia inmediata de la ría y el mar marcaron en el pasado el carácter de esta anteiglesia, y en particular a sus barrios de Udondo y la ribera de Lamiako, donde algunos de sus habitantes ejercían profesiones derivadas del aprovechamiento de los recursos marítimos y de los flujos de las mareas.

De hecho, la anteiglesia tuvo un pequeño puerto, Txakurzulo, llamado así por hallarse muy cerca del ya desaparecido caserío de este nombre, en una cala situada aguas arriba del río Udondo (de la que hay testimonios documentales en 1740). Se trataba de una pequeña ensenada que se utilizaba como embarcadero y para el trasiego de mercancías, y en la que las embarcaciones hallaban refugio seguro durante los grandes temporales y galernas que afectaban a la ría cuando aún no estaba canalizada, ni El Abra cerrado por muelles y contramuelles. En tempestades de poca intensidad, los leioarras solían varar sus embarcaciones de poco calado en los arenales que existían en lo que fue mas tarde vega de Lamiako.

Leioa, considerada por la Corona como “república aledaña a los puertos” se vió afectada por las constantes levas de marinería solicitadas por la Armada Real, inmersa a lo largo de la Edad Moderna en continuos enfrentamientos con otras potencias como Francia e Inglaterra, que pretendían arrebatarle su primacía en Europa. Por ejemplo, durante la regencia de Doña Mariana de Austria, Luis XIV de Francia rompió el tratado de paz con España y el Señorío de Bizkaia recibió instrucciones de estar alerta ante cualquier eventualidad. Leioa recibió una orden del Corregidor para que todos los vecinos estuviesen prevenidos con sus armas y acudiesen al socorro de los puertos en cuanto se les avisara, ya que varios navíos franceses estaban cerca de nuestra costa.

Además de marineros que se enrolaban en la Armada Real, la anteiglesia también dio capitanes de navíos mercantes como Manuel de Sarria, que surcaba los mares al timón de la embarcación llamada Nuestra Señora de la Guía. Los propietarios de esos navíos eran habitualmente uno o varios comerciantes, que así invertían los beneficios obtenidos en las transacciones.

Actividades preindustriales

La presencia en el pasado de 36 molinos propiedad de élites feudales locales en la cuenca del Gobela refleja la importancia que la actividad molinera tuvo en la zona y, por lo tanto, también en Leioa, donde se localizaban los molinos de arroyo de Alzaga y el de Elexalde y el de marea de Udondo, que después analizaremos con mayor profundidad.

También destacaban algunos oficios como el de carpintero y herrero, que se dedicaban principalmente a la construcción de viviendas y barcos, o de carros, como el carpintero leioarra de fines del s XVIII Juan Antonio de Cortina.

La cantería y la construcción también estaban bastante desarrolladas gracias a la existencia de canteras en Leioa y Axpe (Erandio). Estas canteras eran bienes comunales que se arrendaban a particulares sin límite de saca, los cuáles obtenían de ellas arenisca para la construcción, como abrasivo y, mas tarde, para fabricar vidrio. La construcción de edificios importantes requería la utilización de piedras de calidad. Por ello en el s XVII se empleó piedra de Arrigunaga y Arrikapela para las obras de la iglesia de Leioa. Otra actividad económica relacionada con la construcción era la fabricación de ladrillos y tejas.

El desarrollo de estas actividades preindustriales y del comercio permitía equilibrar el déficit agrario e impulsar la economía monetaria en detrimento del autoconsumo. Signo de este cambio que se estaba experimentando en la economía fue el desarrollo de ferias, como la de Getxo, en 1780.

La anteiglesia, resultado institucional de los núcleos rurales que en la Alta Edad Media surgieron para solucionar y defender intereses comunes de los grupos humanos en áreas geográficas concretas, era en Bizkaia el ente político-administrativo de base en la Tierra Llana o Infanzonado, es decir, en el territorio no amurallado de la Bizkaia nuclear -en contraste con las villas que sí lo estaban-, antecedente más inmediato de lo que actualmente denominamos municipio. En este proceso de aglutinación y articulación del territorio, jugaron un papel decisivo las demarcaciones eclesiásticas parroquiales, cuya significación social trascendió de lo religioso a lo civil. De hecho, el mismo término “anteiglesia” se deriva del lugar en el que, desde tiempos antiguos, se celebraban las reuniones de todos los vecinos (concejo abierto) para abordar los principales problemas a que se enfrentaban y tratar de solucionarlos.

La anteiglesia era gobernada por uno o varios síndicos o fieles regidores -en Leioa por uno-, en función del número de habitantes de la misma. Aquellos que, tras ser elegidos por la asamblea municipal, detentaban el cargo durante un año, se ocupaban de presidir los Ayuntamientos, hacer cumplir los acuerdos de la asamblea vecinal, recaudar los propios y arbitrios municipales, cuidar del buen estado de los caminos vecinales, del aprovisionamiento de víveres y de autorizar festejos, entre otras cosas. Para ser fiel regidor, se exigían una serie de requisitos, como eran ser vecino, natural o propietario de la anteiglesia, vizcaíno originario o hijodalgo, cristiano viejo, y no tener oficio mecánico.

En Bizkaia, las 72 anteiglesias existentes en la Tierra Llana, así como las villas y ciudad, agrupadas a su vez en Merindades, acudían a las Juntas Generales de Gernika.

Fundadas en territorio perteneciente a la jurisdicción de anteiglesias y con una legislación propia derivada del fuero o carta puebla de fundación, las villas jugaron un papel dinamizador de su entorno, al que se enfrentaron en no pocas ocasiones.

En el s XIV, las merindades eran Uribe -a la que pertenecía Leioa-, Arratia, Busturia y Markina. Posteriormente se crearon las de Zornotza, Bedia y Durango. Las anteiglesias, villas y la ciudad de Orduña, como parte integrante de las merindades, se reunían en las Juntas de Merindad y acudían a Juntas Generales de acuerdo a un orden de llamamiento foral que establecía una relación de antigüedad en la que la Merindad de Uribe ocupaba el primer puesto.

En 1558 se tiene la primera referencia documental de asistencia de un representante de la anteiglesia de Leioa a una reunión de Juntas Generales.

Dada la excesiva proliferación de Juntas por la abundancia de cuestiones a resolver, y la dificultad de reunir a todos los apoderados, se vio la necesidad de crear unos órganos semipermanentes: el Regimiento General -creado en 1500 y conocido como Gobierno Universal del Señorío a partir de 1630- y 2 regimientos particulares (1 para la tierra llana y 1 para las villas y ciudad), que surgieron en 1570. El Gobierno Universal del Señorío, auténtico poder ejecutivo de Bizkaia, se reunía cada 3 meses y estaba presidido por el corregidor e integrado por 12 regidores, 2 diputados generales y 2 síndicos, secretarios, consultores y tesoreros. Con la creación de este organismo permanente, la celebración de Juntas fue espaciándose hasta reunirse una vez cada 2 años durante 1 semana en el mes de julio. Pero muy pronto, las reuniones del Regimiento fueron también insuficientes, por lo que a partir de 1645 se creó la Diputación General. Como órgano delegado del Regimiento, atendía la correspondencia que llegaba al Señorío y resolvía las cuestiones más urgentes. A fines del siglo XVII dejó de estar sujeta al Regimiento General y fue adquiriendo más competencias en detrimento de este último, como lo eran la presidencia junto con el Corregidor de las Juntas Generales, en las que tenía voz, pero no voto, la jefatura militar de Bizkaia, la recaudación de rentas y arbitrios, hasta convertirse en el máximo órgano político.

Durante siglos, las leyes por las que se regía el Señorío, y en particular la anteiglesia de Leioa, fueron consuetudinarias, es decir, no escritas, sino refrendadas por el uso y la costumbre, como repetición de actos que se consideraban lícitos. La ley escrita apareció después para prohibir aquellos actos que se juzgaban lesivos para la colectividad. Así, en 1342 (fecha en la que hallamos la primera mención escrita sobre una reunión de Juntas Generales, aunque se admite su existencia antes del s XI), se procedió a la redacción del Fuero y Capitulaciones de Hermandad para limitar la violencia que reinaba en el Señorío como consecuencia de los enfrentamientos entre bandos. Posteriormente, en 1452, Las Juntas Generales solicitaron al Corregidor la redacción de los privilegios, franquezas y libertades de los vizcaínos, que se recogieron en el denominado Fuero Viejo. En 1527 se llevó a cabo la actualización de éste en el llamado Fuero Nuevo, vigente hasta 1877.

Este Fuero no recogía todas las leyes ni muchísimo menos, y consecuentemente, el pueblo se fue rigiendo siguiendo las prescripciones del derecho consuetudinario o tradicional y del derecho escrito. Algunos lugares, sobre todo las villas, redactaron sus propias leyes u ordenanzas municipales. Por su parte, los Fueros eran jurados por los Señores de Bizkaia. A partir de 1379, el título de Señor de Bizkaia fue asumido por los monarcas castellanos quienes, desde entonces y hasta 1814, juraron el respeto a estas leyes. El Fuero establecía un proteccionismo económico que favorecía la importación y ponía trabas a la exportación de productos agrícolas, de los que Bizkaia era deficitaria. También regulaba la exención fiscal y militar, que adquirió la forma de “donativo voluntario” plenamente institucionalizado. Contaba con un derecho civil propio que regulaba cuestiones como la troncalidad (al establecer la indivisibilidad de la propiedad, se favorecía la conservación del caserío como base económica de la familia), la libertad para testar y la comunicación de bienes. Por otra parte, la hidalguía universal abría a muchos las puertas para hacer carrera en la Administración y el Ejército.

Tras la muerte en 1793 del monarca francés en la guillotina a consecuencia de los sucesos revolucionarios acontecidos en Francia, España declaró la guerra al país en el que hasta entonces gobernaba también la dinastía Borbón. Este conflicto, denominado Guerra de la Convención, durante el cual se pusieron de manifiesto y se agudizaron las viejas diferencias entre los grupos de notables que controlaban el poder político y una minoría progresista permeable a las ideas revolucionarias, supuso el acoso a los fueros, el aumento de venta de comunales para pagar los gastos que originó tener que movilizar importantes contingentes militares para la defensa del territorio ante la amenaza francesa. 

Durante la ocupación francesa originada por la Guerra de la Independencia (1808-1814), la burguesía urbana reformista y liberal, encabezada por los exministros de Carlos IV Mariano Luis de Urquijo y el almirante José de Mazarredo, se alineó con José I. Esta minoría procuró inclinar la opinión vasca a favor de la causa afrancesada enfrentándose a la masa popular urbana y rural que, alentada por los notables y el clero y soliviantada por la creciente crisis económica, se movilizó en defensa de la religión, el orden tradicional y la moral, valores personificados en la figura de Fernando VII. 

Pero este período constitucional se vió interrumpido cuando el 4.5.1814 fue instaurado de nuevo el absolutismo de manos de Fernando VII, que gobernó hasta 1830 y durante cuyo reinado se avivaron las llamas del enfrentamiento entre aquellos que depositaban su confianza en el liberalismo como garante del fuero, y la mayoría, que estaban convencidos de que la defensa de sus privilegios forales pasaban por la pervivencia de un régimen absoluto.

El clima previo al estallido de la primera guerra

Tras el Trienio Liberal (1820-1823) la crispación social era tal que, en junio de 1823, una vez restaurado el absolutismo fernandino por los Cien Mil Hijos de San Luis, la Diputación de la Provincia aprobó la creación de compañías de Voluntarios Realistas, hombres fieles a la Corona y a los Fueros. Leioa se incorporó a la VII Compañía. Estos hombres serían la base del ejército carlista opuesto al reformismo liberal impulsado por el Gobierno central.

I Guerra Carlista (1833-1839)

Tras la muerte de Fernando VII, sucedió en el trono su hija Isabel, de tan solo 3 años de edad, bajo la regencia de su madre Doña María Cristina. A los 5 días, el teniente coronel Felipe de Ibarrola proclamó rey al príncipe Don Carlos, quien, alegando mejores derechos a la corona que su sobrina, y bajo las consignas “Dios, Patria y Rey” (es decir, la defensa a ultranza de la religión, la unidad de la patria y la figura monárquica, en definitiva, el Antiguo Régimen, a lo que posteriormente se añadiría la defensa de los fueros -banderín de enganche a partir de 1835-), dio a sus correligionarios la orden de alzarse en armas. Muchos vascos, sobre todo la pequeña nobleza rural, el clero y ciertos sectores populares, se inclinaron por la causa carlista ante el temor de perder sus libertades en caso de triunfo de la causa liberal, llamada también cristina o isabelina, y que aglutinaba en sus filas a la oligarquía rural favorecida por el gobierno, la burguesía urbana mercantil e industrial, funcionarios, profesiones liberales y una fracción minoritaria del alto clero, el clero secular y el pueblo.

Esta I guerra carlista tuvo en el País Vasco uno de sus focos principales, donde Zumalacárregui, mediante la táctica de guerra de guerrillas con ataques sorpresa, marchas y contramarchas, imprevistas emboscadas y rápidas retiradas, consiguió notables éxitos, sobre todo en la zona navarra. Fue entonces cuando en el seno carlista surgió una división de opiniones sobre la estrategia a seguir. Mientras que Zumalacárregui pretendía la ocupación de Vitoria y la marcha inmediata sobre Madrid para lograr la conclusión rápida de la guerra antes de que el enemigo tuviese tiempo de recuperarse, la corte de Don Carlos se inclinaba por la ocupación de la próspera Bilbao, lo que les haría ganar el reconocimiento internacional. Tras decidirse por esta última opción, el tercer batallón carlista de los 8 que integraban la “División de Bizkaia”, y que estaba formado por mozos de Leioa, Mungia y Erandio, protagonizó el asedio de Bilbao, cuya caída significaría la rendición del Señorío.

Poco después se rompió el cerco en torno a Bilbao. Tras los continuados fracasos carlistas, que se sucedieron tras la muerte del carismático Zumalacárregui en 1837, el 31 de agosto de 1838, el carlista Maroto y el liberal Espartero firmaron el Convenio de Bergara, que puso fin a la guerra y dejó la puerta abierta a las modificaciones que sufriría con posterioridad el régimen político-administrativo del País Vasco.

El período de entreguerras (1839-1872)

Tras la I guerra, la represión por parte de los vencedores se cebó en los vencidos: se dieron continuas órdenes de “Se busca”, se confeccionaron listas de afectos al carlismo y algunos individuos sospechosos fueron llamados a declarar. Las autoridades gubernativas y militares daban cuenta de cualquier movimiento faccioso y solicitaban la captura de sediciosos, no solo inmediatamente después de haber concluido la guerra.

En lo referente a la economía, se produjeron transformaciones sustanciales en las estructuras productivas. En 1841 se fundó la Sociedad Santa Ana de Bolueta, considerada la primera factoría siderúrgica vasca, y en 1846 los Ybarra constituyeron la sociedad Fábrica de Nuestra Señora de la Merced, con la que la margen izquierda comenzaba su periplo industrial. El sector de la construcción naval vivió también una etapa de actividad febril, al igual que el sector minero, que fue objeto de transformaciones significativas en la década de los 50. En torno a esas fechas, y en concreto en 1855, Bessemer inventaba un nuevo procedimiento para la obtención de acero que exigía un hierro no fosfórico, por lo que, tras la supresión en 1863 de la prohibición foral de exportar mineral, Bizkaia se convirtió en la principal suministradora de Inglaterra. Surgieron también las primeras iniciativas para modernizar la infraestructura viaria. La venta de trigo y la importación de manufacturas originaron la aparición de diversas compañías mercantiles y casas de banca. Como consecuencia de este período de bonanza económica, el crecimiento demográfico fue espectacular, pero enseguida se vió frenado por una nueva guerra.

II Guerra Carlista (1872-1876)

La nueva constitución de 1869, que proclamaba una monarquía constitucional en la figura de Amadeo de Saboya (1870-1873), cerraba la posibilidad legal de acceso al poder por parte del carlismo, que fue derrotado en las elecciones de 1872, lo que le llevó al alzamiento armado, con mayor ímpetu si cabe tras la proclamación de la Primera República.

Ahora la sociedad vasca era más compleja. En las filas carlistas, que marchaban bajo el mismo lema que en la anterior contienda, militaron campesinos y algunos sectores urbanos como burgueses, profesionales liberales y proletariado. El ejército liberal se hallaba a la defensiva y se encerró en las plazas fuertes, dejando el campo en manos del carlismo, que controlaba la casi totalidad del territorio vasco y vizcaíno, a excepción de Bilbao y Portugalete. Durante la batalla era muy importante estar bien uniformado y que se distinguiese bien a qué bando pertenecían los soldados. Por eso el 16.4.1873, Sebastián de Gorordo, comandante militar del distrito de Mungía del Ejército Real del Norte, solicitó 40 boinas de color azul oscuro, pero medio mes después aún no las habían recibido.

Desde las alturas de Las Arenas y Leioa los carlistas, que habían construido baterías bajo la dirección del coronel Patero (una de ellas en el lugar denominado popularmente “La Boronita”, en Gaztelueta), atacaron desde julio de 1873 a los liberales sitiados en Portugalete. Según el historiador Pirala, el 10.8.1873, por orden del comandante Gorordo “También rompieron los carlistas el puente de Lamiaco (el puente del Matadero de Udondo), lo que no se hubiera efectuado a no tener la marina abandonada en la ría, en la que eran fusilados los viajeros que iban embarcados, y como se propusieron los carlistas impedir la comunicación fluvial, ni aún de amparo servía la bandera roja, y llevándola un barco por conducir heridos, les aumentó el fuego que hicieron”. Portugalete, asediado y sin posibilidad de ayuda, capituló en enero de 1874, con lo que se eliminaba cualquier posibilidad de ayuda a Bilbao. Pero el 2 de mayo, los liberales al mando del general Concha libraron a Bilbao del cerco carlista y tomaron posiciones en El Abra (Algorta) y en la margen derecha de la ría, construyendo los fuertes de Artaza y Gaztelueta en Leioa durante el verano de 1874 para evitar un nuevo asedio sobre Portugalete. Del primero, que se erigió en Artaza para dominar la carretera de Asúa a La Avanzada, aún se conserva un lienzo de muralla, y durante muchos años sirvió de vivienda al popular personaje leioarra Lucas Bilbao, circunstancia por la que era conocido como el “castillo de Lucas”. Sobre los restos del fuerte de Gaztelueta, el naviero don Antonio Mentxaka construyó en los años 20 su mansión, sede actual del colegio Gaztelueta. Estos fuertes debieron ser construcciones sólidas, provistas de foso y cañones. En torno a la ermita de Ondiz, que también fue fortificada, los carlistas construyeron una trinchera de la que aún quedan restos. Entre marzo y julio de 1875, muchos leioarras y habitantes de las poblaciones vecinas (como algunos carreteros de Erandio) trabajaron en la fortificación de Ondiz y Algorta.

La noche del 12.4.1875 tuvo lugar la toma por sorpresa del fuerte liberal de Axpe, pero los carlistas abandonaron la posición porque temían la reacción liberal desde los fuertes leioarras. De hecho, el 27 de abril del mismo año, el Comandante del destacamento carlista en Leioa ordenó desalojar la ermita de Ondiz, donde estaban destacados. Finalmente, la causa carlista fue derrotada por inferioridad material y numérica.

Las consecuencias inmediatas de esta contienda fueron muy diversas:

La economía de los vecinos y del ayuntamiento de Leioa quedó agotada a consecuencia de las frecuentes peticiones por parte de ambos bandos de raciones de pan, carne vino y suministros de leña y paja. También pedían hombres para construir las fortificaciones y realizar otras tareas habituales en cualquier contienda, por lo que su trabajo diario de labrar la tierra se veía interrumpido.

Durante la Segunda carlistada, el bando carlista se estableció en Leioa, en concreto las Compañías 3ª y 5ª del Batallón de Durango del Ejército Real del Norte. En mayo de 1873 Leioa albergaba a 104 soldados carlistas. Entre enero y marzo de 1874, las peticiones de raciones de pan, vino y carne, velas y leña para los soldados, de paja, maíz, cebada y salvado para los caballos (los de los coroneles, capitanes y oficiales) se multiplicaron. Las tropas no solo reclamaban su sustento, sino que también necesitaban otras cosas como pliegos y plumas con los que redactar documentos de guerra, así como personal y medios para que los hospitales de campaña estuviesen en buenas condiciones para atender a los heridos. El hospital de heridos estuvo durante esta contienda en Las Arenas, y la anteiglesia también tuvo que cubrir los gastos que los miqueletes hacían al venir a Leioa a por colchones, mantas y sábanas para dicho hospital. Muchas veces la producción de la anteiglesia no alcanzaba para cubrir las necesidades de los vecinos y de las tropas, pero no por ello podían eximirse de la obligatoriedad de suministro al ejército; entonces, tenían que adquirir como fuera lo que las tropas necesitaban, y para ello acudían a los mercados de Algorta, Portugalete, y Mungia principalmente. 

La originalidad del fuero, vigente hasta la II guerra carlista, residía en su supervivencia en un ambiente político de monarquía absoluta con teorías políticas bien diferentes del pactismo medieval que lo inspiró. Pero su existencia fue puesta en entredicho en múltiples ocasiones. Tras el regreso al trono de Fernando VII en 1814 comenzaron los ataques directos al fuero. En plena I guerra carlista, la Constitución de 1837 no dejaba espacio a las diferencias regionales. Por la Ley de 25.10.1839, en la que se decía “se confirman los fueros de las Provincias Vascongadas y Navarra, sin perjuicio de la unidad constitucional de la Monarquía”, los Fueros quedaron sujetos a posibles modificaciones, lo que, tras una terrible guerra, fue admitido como mal menor. No obstante, Bizkaia continuó haciendo esfuerzos para restaurar por entero su antiguo gobierno.

Tras la victoria liberal en la II Guerra carlista, los fueros fueron abolidos (ley de 21.7.1876) y se clausuró la Casa de Juntas de Gernika. En virtud de esta ley, Leioa se ajustó al nuevo régimen municipal. 2 años después, el liberalismo burgués vasco consiguió sus objetivos económicos mediante el RD de 28.2.1878 por el que se promulgó el Concierto Económico, que establecía la obligación de contribuir al Estado con hombres y con dinero. Los impuestos eran encabezados provincialmente, estableciéndose los denominados cupos. La provincia pagaba el montante global que le correspondiese y las diputaciones recaudaban los impuestos a los ayuntamientos. El Estado cobraba impuestos del tabaco, cargas de justicia, minas y transporte, a lo que con el tiempo se añadió el impuesto por carruajes de lujo y alcohol. En definitiva, la ambigüedad jurídica resultó para Bizkaia muy rentable en términos de autogobierno.

El puente de Udondo

La Iglesia

La iglesia del s XIX, que era más reducida y también más pobre que la de siglos anteriores, vió amenazada su base económica por los episodios bélicos a que acabamos de hacer referencia y el creciente anticlericalismo liberal que desembocó en ataques al clero regular. La sociedad experimentó un proceso de secularización, pero éste fue muy lento:

Tras la derrota carlista en la primera guerra, los liberales moderados en el poder firmaron en 1851 un Concordato con la Iglesia que sirvió para la legitimación mutua de ambos poderes. El moderantismo del gobierno supo atraerse a la Iglesia y ratificar el sentimiento fuerista con la creación en 1862, tras muchos años de insistencia, de la diócesis en Vitoria, que agrupaba a las tres provincias vascas. Nueve años después tenía lugar el Concilio Vaticano.

EL PRIMER GRAN CAMBIO: LOS AÑOS FINALES DEL SIGLO XIX Y LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX

La población de Leioa experimentó los primeros cambios a partir de 1850; comenzó a crecer de forma más rápida, y ese crecimiento se aceleró en el último tercio del XIX, para posteriormente ralentizarse durante la Guerra Civil y la posguerra hasta los años 60′.

Pero Leioa, después de ser durante una época foco de salida de población, se convirtió en receptora de inmigrantes, que afluían al municipio en busca de trabajo. Aquellos que se asentaron en Leioa hasta 1890 provenían, en su mayoría, de Bizkaia y de Álava. Pero en el último año del siglo comenzó la afluencia cada vez mayor de inmigrantes de las provincias limítrofes de Burgos, La Rioja y Cantabria, así como de Asturias y Zamora, e incluso italianos, franceses y belgas que vinieron a trabajar en la Vidriera y otras empresas emergentes como mano de obra especializada.

El último cuarto del s XIX y los 15 años que van desde la I Guerra Mundial hasta la Gran Depresión de 1929 fueron los de mayor crecimiento urbano. Se produjo un desplazamiento del centro de gravedad hacia los núcleos mayores y un descenso de los centros pequeños. Poco a poco, la densidad de población, sobre todo en el área industrializada de Lamiako, pasó a ser similar e incluso superior a la de los municipios que albergaban en sus límites a más de 70 hab/km2 (Bilbao, las márgenes del Nervión, las poblaciones costeras y villas del interior con cierto desarrollo industrial y enclavadas en las principales vías de comunicación). De esta forma, surgió un nuevo tipo de hábitat diferenciado respecto del tradicional de núcleos de caseríos dispersos: la concentración junto a las fábricas. Lugares que hasta entonces habían sido poco significativos, protagonizaron un crecimiento a ritmo vertiginoso que, como veremos, no siempre tuvo consecuencias positivas.

LA ECONOMÍA TRADICIONAL

A finales del s XIX, en Leioa predominaban las pequeñas explotaciones familiares que combinaban a partes iguales trigo, maíz y alubias, así como otras leguminosas, nabos, remolacha, patata, vid (para la elaboración de txakolí y mosto), hortalizas y frutales (sobre todo castaños, manzanos, perales, ciruelos y melocotoneros, en una proporción de un ejemplar por habitante).

A comienzos del s XX, gracias al empeño de los baserritarras y al impulso de las instituciones, se empiezan a advertir los primeros signos de modernización en la técnica agrícola y los primeros intentos de mejora de las especies de ganado.

La dedicación económica de la mayor parte de la población leioarra era casi exclusivamente agraria, pero con el paso del tiempo y el asentamiento de las primeras industrias en Lamiako, algunos miembros de la familia comenzaron a combinar la tarea agrícola con el trabajo en las fábricas, o bien se dedicaron plenamente a él.

En cuanto a la dedicación marítima de Leioa diremos que, cuando la industrialización comenzó a dar pasos titubeantes, la parte baja de la anteiglesia se volcó hacia la ría, eje en el que se asentaron las principales fábricas. Todavía en 1889, Leioa contaba entre sus habitantes con un gabarrero que se dedicaba al transporte de mercancías y pasajeros entre las dos márgenes de la ría y que quizá seguía amarrando su embarcación en el pequeño puerto de Txakurzulo y acudiendo a la Casa de Contratación y Venta de pescado, conocida como Erriko-etxe en Udondo. Además, al importancia que tenía el mar queda reflejada en el escudo de Ondiz, punto excepcional para la observación de un tramo importante de la ría y su salida al mar.

EL IMPACTO DE LA INDUSTRIALIZACIÓN

La habilitación de los terrenos de Lamiako y el asentamiento de importantes industrias

Como acabamos de decir, la zona que se industrializó en Leioa fue la parte baja a orillas de la ría. Pero su imagen antes del asentamiento de las industrias era totalmente distinta a la actualidad y muy difícil de imaginar debido a los cambios producidos hasta la actualidad.

De hecho, hasta que a mediados del s XIX el comerciante e industrial bilbaíno Máximo Agirre Ugarte (que fue alcalde de la Villa y cónsul en Estados Unidos) compró 280.000 m2 a la anteiglesia de Getxo por un precio muy superior al que correspondía, e inició la desecación de las marismas y la fijación de la tierra mediante la plantación de pinos marítimos y argomas, intentando encauzar los ríos Gobela y Udondo, “la ría ocupaba una vasta superficie desde las colinas de Ondiz y Lejona hasta las de Sestao, quedando en bajamar 2 canales tortuosos y poco fondables en su parte superior”. Durante la bajamar, la profundidad no superaba los 3 pies, y muchos niños de Udondo, Aketxe y Ondiz que estudiaban en las escuelas en Sestao, pasaban la ría andando. Tras la construcción de los muros de regulación que se extendieron desde Axpe a lo largo de la margen derecha y la margen izquierda -el muelle de la Benedicta-, así como el conveniente dragado del cauce en repetidas ocasiones, las aguas de la ría, ya encauzada, ya no inundaban las marismas formando amplias playas y, poco a poco, se inició el acondicionamiento de los terrenos de la vega de Santa Eugenia (Romo) y la urbanización del barrio de Santa Ana de Las Arenas, que en 1850 solo contaba con 2 edificios: la Casa del Consulado y 1 venta municipal, pero que, a partir de entonces, en concreto tras la desamortización del ministro Madoz en 1855, se fue convirtiendo en la principal zona turística y residencial de las clases acomodadas de la villa de Bilbao. De hecho, en torno a esas fechas, se construyeron la ermita de Santa Ana y una casa de veraneo para cada uno de los hijos de Máximo Agirre.

Mientras en Las Arenas el naciente barrio de Santa Ana se convertía en el centro de un nuevo entramado urbano de alta calidad, el suelo de la zona de Lamiako, parte del cual fue adquirido por el industrial Víctor Chávarri se transformó en fértiles tierras de labranza mediante la colocación de “chimbos” o bombas de agua que controlaban la inundación y se creó una granja agropecuaria. Tras la muerte de Máximo Agirre en 1863 se creó la sociedad “Viuda de Máximo Aguirre e Hijos”, verdadera impulsora de la transformación de Lamiako. Convirtieron la citada granja en campo deportivo que en su día albergó un hipódromo, varios campos de fútbol -se creaban tantos terrenos de juego como era preciso, según el número de partidos que se disputasen-, tiro de pichón y campo de polo, y otra parte fue destinada al asentamiento de industrias. Entre 1865 y 1868, Eduardo y Ezequiel Agirre, hijos de Máximo Agirre, solicitaron al Estado la subasta de los terrenos adyacentes que miraban hacia la playa. Posteriormente continuaron comprando terrenos y urbanizándolos.

Dado el creciente desarrollo urbanístico, se fueron estableciendo diferentes medios de transporte, cada vez más rápidos y cómodos, que pasaban por terrenos de Leioa.

Fábrica de Vidrio de Lamiaco – Leioa

La primera empresa que se instaló en Lamiako, y la primera de este tipo en España, fue la denominada “Fábrica de Vidrio de Lamiaco”, que existía desde el 13 de septiembre de 1890 gracias a la iniciativa de Amadeo Deprit, hijo de padres belgas que se trasladaron a Bilbao para dedicarse al negocio vidriero. Se ubicó en un punto estratégico desde el punto de vista de las comunicaciones, como eran los terrenos ganados a la propia ría, cerca del puerto de Bilbao, junto a la carretera Bilbao-Las Arenas y cerca del ferrocarril Bilbao-Plencia. Estos terrenos eran propiedad de uno de los diez empresarios fundadores: Eduardo Agirre, heredero de Máximo Agirre, que se asoció con el citado Deprit, Víctor Chávarri, Carlos Jacquet, Tomás Allende, Evaristo Elizalde, José Antonio Errazquin, José Luis Villabaso y Leopoldo Bellefroi.

La fábrica, que ocupaba una superficie de 7.400 m2 y cuya actividad se orientó a la producción de vidrios planos o de ventana, constaba de 3 partes: el edificio más próximo a la ría, cercano a un embarcadero propio, era el almacén de las materias primas. A continuación estaba el departamento de fragua, carpintería y alfarería. En el centro estaba el gran horno de fundición sistema Bassen, construido bajo la dirección de Augusto Devilliers, director de la fábrica de Charleroy con la patente de Emile Gobbe, alimentado con gasógenos Siemens y calderas de vapor, con capacidad para 300 toneladas, y 5 hornos de extender, lo que daba a la fabricación de vidrio un carácter artesanal, puesto que algunos trabajadores tenían que dedicarse a la dura tarea del soplado de los manchones o trozos de vidrio incandescente que así era extendido sobre planchas para obtener el vidrio plano.

El 18.4.1892 el arcipreste de Bilbao dio su bendición a las instalaciones y para conmemorar el acto, tanto éste como el sacerdote y autoridades de Leioa fueron obsequiados con unos bastones de vidrio. En este año ya trabajaba un centenar de técnicos y obreros belgas bajo la dirección de M. Devilliers.

El 7.11.1895, se constituyó la “Vidriera Vizcaína” y en 1901 la Vidriera se fusionó con la fábrica de botellas “La Jerezana” y se creó la “Compagnie Genérale des Verreries Espagnoles”, con sede social en Bruselas. Algunos años después, en 1925, se creó la “Compañía General de Vidrieras Españolas, S.A.” con sede en Bilbao, nombre que mantuvo hasta 1971, y se implantó el procedimiento mecánico de estirado conocido como “sistema Fourcault”, que eliminó la técnica de soplado.

Después de la Vidriera, se asentaron en Lamiako “La Camera Española”, una fábrica de jabones que posteriormente traspasó sus instalaciones a la Compañía de Alcoholes, la fábrica de tubos y metales “La Delta Española” que luego se denominó “Earle & Bourne” y posteriormente “Eduado K.L Earle”.

A pesar del nuevo carácter industrial del municipio, la superficie cultivada aún ocupaba en 1910 casi 4 km2 dedicados a maíz, alubias, patatas y paja, que permitían el autoabastecimiento, no así de legumbres, arroz, vino, aguardientes, bacalao, aceite y embutidos, que eran importados.

La sociedad de la industrialización

La verdadera expansión de la aristocracia, que hasta entonces era de rango y fortuna modestas en el País Vasco, se produjo durante la Restauración. Entre 1875 y 1931 se crearon muchos nuevos títulos y se rehabilitaron otros tantos. Los nuevos nobles salieron del mundo de la política, la milicia y, en el caso de Bizkaia, de la industria y las finanzas, como fue el caso de Eduardo de Aznar y de la Sota, Evaristo de Churruca, Benigno Chávarri, Víctor Chávarri y Luis de Urquijo, que tanta importancia tuvieron en la recuperación del pulso económico de las márgenes de la ría en los albores del siglo XX.

Mientras en el cercano Getxo la oligarquización de la sociedad causada por la acumulación de capitales se hacía más evidente, en Leioa aumentaba de forma acelerada la población trabajadora. A principios de siglo, como las campañas de producción de fábricas como la Vidriera no duraban todo el año y se trabajaba “a destajo” o tarea terminada, el personal fijo era muy reducido. En época de máxima producción aumentaba la contratación de trabajadores eventuales, entre los que destacaban los extranjeros, sobre todo belgas, franceses e italianos, que no siempre se afincaban en el municipio. Según el censo de 1905, había 99 familias en Lamiako, distribuidas en las 7 zonas en que se dividía el barrio: La Playa, la Casa de las Escuelas, Ribera, la Casa Alta, Máximo Agirre, la calle de la Delta y la Vidriera.

La formación del pluralismo político y social como consecuencia de la industrialización

Los cambios radicales que trajo consigo la industrialización, impulsaron la formación del pluralismo político y social que condicionó la evolución histórica del s XX. 3 tendencias destacaron desde finales del s XIX y fueron afianzándose con el tiempo en Leioa. Estas fueron: el movimiento obrero de tendencia eminentemente socialista, el nacionalismo vasco, y en menor medida, el liberalismo fuerista que evolucionó a un liberalismo dinástico de referencia centralista que arrinconó muy pronto las posibilidades políticas de los tradicionalistas.

El movimiento obrero en el período 1918-1923

Diversos síntomas indicaban cómo la monarquía de Alfonso XII asistía impotente a la agonía del régimen dibujado por la Constitución de 1876. Era imposible formar gobiernos estables, porque el desastre de Annual, el súbito desarrollo económico favorecido por la neutralidad de España durante la Primera Guerra Mundial originó desequilibrios entre sectores, inversiones sin futuro y un descenso del nivel de vida de la clase obrera. Este empeoramiento de las ya de por sí difíciles condiciones de vida, dio lugar a sacudidas violentas como la huelga revolucionaria de 1917. Con tales precedentes, se abría una etapa de crisis política, crisis económica y agitación social provocada por el cierre de muchas empresas -del sector naviero y siderúrgico principalmente- tras la reducción de la demanda al terminar la Guerra. Los epicentros de la agitación social fueron Barcelona (caracterizado por el pistolerismo y la represión gubernamental contra el anarquismo) y el campo andaluz (donde lo acontecido tomó tal cariz que se denominó “trienio bolchevique”), pero también hubo conflictos en Bizkaia, donde los grupos políticos socialistas, nacionalistas y monárquicos hicieron gala de una elevada capacidad de movilización. En una España pródiga en atentados sociales, el País Vasco fue una excepción, pues la tensión laboral no provocó aquí, más que en ocasiones excepcionales, graves alteraciones del orden público, y ello, en parte, gracias a la política conciliatoria del socialista Indalecio Prieto, que predispuso el ánimo de los empresarios al diálogo y a la negociación.

La dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)

Cuando los partidos dinásticos de la Restauración comenzaban a prestar más atención a la opinión pública y a legislar de acuerdo con ella, en septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña Miguel Primo de Rivera, cerraba con un golpe de Estado un período de crisis y falta de paz social y ponía fin al sistema de la Restauración. Tres días después del golpe, fue nombrado Jefe de Gobierno por Alfonso XIII. Sus primeras medidas fueron otorgarse la prerrogativa de gobernar mediante decretos-ley, suspender los derechos civiles y declarar el estado de guerra. También declaró la guerra a los caciques en nombre de la regeneración nacional, pero su instrumento político, la Unión Patriótica, los incorporó a su organización en vez de eliminarlos. Durante este período y con el objetivo de apartar del escenario a los partidos, la represión se cebó en la CNT y el Partido Socialista. UGT, por su parte, decidió colaborar con el régimen y sus comisiones de arbitraje, por lo que disminuyó considerablemente la conflictividad social.

Segunda República (1931-1936)

La democratización de la vida política

La proclamación de la República significó en principio para el conjunto del Estado la esperanza de que éste se incorporase a una corriente de modernización pareja a la acometida en las grandes democracias occidentales de Francia e Inglaterra. Al menos eso esperaban los que tratarían de hacer realidad la participación política de las masas populares, ya que durante al Restauración solo podían votar los contribuyentes con una determinada cantidad de dinero94.

La crisis económica mundial provocada por el crack del 29 y el retraso material y cultural no hicieron sino acentuar el enfrentamiento entre los diferentes grupos sociales que trataban de controlar el aparato del Estado y favorecer un clima de violencia que había conducido a la dictadura de Primo de Rivera. El fracaso evidente en que fue entrando su gestión económica y las disensiones entre quienes apoyaban al dictador, acabaron por provocar la crisis de una monarquía deslegitimada por su implicación en el golpe de 1923 y en la política colonial de Marruecos. El propio golpe no fue sino una maniobra para eludir las responsabilidades del Desastre de Annual (1921) que recaían en el estamento militar y en el monarca Alfonso XIII.

Partidos políticos y elecciones

Cuando llegaron las elecciones municipales de 12.4.1931, que condujeron a la proclamación de la II República, los caciques estaban ya bien asentados en muchas zonas rurales. En realidad, los monárquicos obtuvieron el control en más municipios que la coalición de republicanos y socialistas, pero se trataba casi exclusivamente de pequeñas ciudades y pueblos en los que aún se solían utilizar los viejos métodos. El triunfo de los republicanos fue evidente en las grandes ciudades y capitales de provincias, donde el voto no estaba tan viciado por el caciquismo de los propietarios.

En Bizkaia el bloque antimonárquico de republicanos, socialistas y nacionalistas de Acción, triunfó claramente en los 17 municipios con más de 6.000 habitantes, al obtener 150 (47%) de los 317 concejales en juego. Sin embargo, el resto de los municipios de Bizkaia, entre los que se encontraba Leioa, tan solo obtuvieron 33 cargos. El Partido Nacionalista Vasco obtuvo excelentes resultados (86 concejales en los municipios de más de 6.000 habitantes y 83 en el resto). Los Monárquicos obtuvieron en total 203 concejales y se situaron como primera fuerza con el 32%. Sin embargo, buena parte de su representatividad se apoyaba en las áreas rurales de menor densidad, donde era norma que los grandes propietarios impusieran su voto a los arrendatarios. Esto determinó que su opción pudiera darse por derrotada ante un Bloque que tenía detrás un respaldo popular más evidente y un PNV que no entró en el debate sobre la instauración de la monarquía que se ventilaba en las elecciones.

En las elecciones a Cortes Constituyentes del verano de 1931 se enfrentaron 2 poderosas coaliciones: la Coalición de derechas (formada en el País Vasco por el Partido Nacionalista Vasco, la Comunión Tradicionalista (carlistas) y algunos católicos independientes, y que defendía el proyecto de Estatuto vasco aprobado en Estella el 14 de junio) y el Bloque republicano-socialista. Acción Nacional y los comunistas afectos a la Tercera Internacional acudieron a las urnas en solitario.

En definitiva, y teniendo en cuenta los resultados globales del País Vasco-Navarro, la Coalición venció al Bloque, pero en las capitales y centros urbano-industriales más importantes predominaban las izquierdas. La realidad política del País Vasco estaba más fragmentada que lo que hacía suponer la bipolarización creciente que se detectaba en el conjunto del Estado.

Después de que la política reformista de Azaña resultase inefectiva, se convocaron elecciones a Cortes ordinarias en noviembre de 1933. A pesar de que en el Estado se produjo la ruptura de la coalición republicano-socialista, en Bizkaia, Prieto consiguió la formación de una nueva coalición en la que no entraron los radicales socialistas. Los nacionalistas se presentaron en solitario con el apoyo de Acción Nacionalista, que no presentó candidatos en Bizkaia. Las derechas y los internacionalistas acudieron en solitario a las urnas.

Conocidos los resultados electorales, el nacionalismo se convirtió en el primer partido del País Vasco. En Bizkaia capital obtuvo el 40% y en Bizkaia provincia el 57,3%. La coalición de izquierdas obtuvo el 36,1% y el 13,7%, y las derechas el 14,4% y el 28,5%.

Tras la represión del gobierno de derechas, las izquierdas volvieron a una política de conjunción que agrupó un espectro político amplio, desde los republicanos moderados como los de Martínez Barrio hasta los comunistas (en el recién creado PC de Euzkadi). Mientras, los miembros de ELA-STV continuaron con su actividad propagandística y solidaria, plasmada en la creación de cooperativas, escuelas o cajas de solidaridad para los trabajadores en paro.

Las elecciones del Frente Popular de febrero de 1936, aceleradas por el patente deterioro institucional, resolvieron el proceso electoral en Bizkaia capital, pero en Bizkaia provincia hubo que recurrir a una 2ª vuelta el 1 de marzo. 

El 17.7.1936, el ejército colonial de Marruecos se alzó contra el Gobierno central. En los días siguientes se sumaron numerosas guarniciones peninsulares. Había empezado la Guerra Civil y en Bizkaia, donde la trama golpista era débil, el poder institucional quedó en manos de sus legítimos representantes, que pusieron en marcha los recursos para hacer frente a la sublevación.

La crisis de los años 30

El impacto de la crisis del 29 fue grande en Leioa: descendió la producción industrial, sobre todo la minería y la siderometalurgia, hasta entonces favorecidas por el proteccionismo estatal. En muchos hogares comenzó a conocerse muy de cerca el paro y las privaciones, mayores si cabe cuando no se contaba con una pequeña explotación agrícola en la que obtener lo necesario para sobrevivir y, si sobraba, para venderlo en el mercado y obtener algo de dinero. En las 6 mayores empresas siderometalúrgicas de Bizkaia (Altos Hornos de Bizkaia, Basconia, Echevarría, Constructora Naval, Babcock Wilcox y Euskalduna, que contaban con más de 1.000 trabajadores) la crisis fue muy grave y entre 1929 y 1934 se perdieron más de 5.000 empleos. En las pequeñas empresas capearon mejor el temporal diversificando la producción y reduciendo la semana laboral (lo que implicaba pérdida de poder adquisitivo para el obrero, pero le permitía seguir conservando su trabajo), sin necesidad de tener que reducir la plantilla. La crisis se dejó sentir en el sector del metal (Earle, Victoria y Echevarría Hnos) y en la Vidriera.

La propiedad de la tierra

El proceso de endeudamiento progresivo de los s XVII-XIX desembocó en una estructura agraria en la que muchos pequeños propietarios pasaron a ser arrendatarios de unas propiedades acumuladas por los grandes propietarios absentistas. La situación mucho tiempo después seguía siendo similar: unos pocos propietarios (familias de doble extracción nobiliar y burguesa con un peso específico en la vida política vasca, e incluso nacional, como Oriol, Ramón Coste Marqués de Lamiako, o la duquesa de Santo Mauro) controlaban el 30% de los caseríos y casi el 75% de los terrenos.

Las principales consecuencias de la instauración de la República fueron la activación de la vida política, más democrática y plural, y el encono mayor en las diferencias políticas esgrimidas por los 2 grandes bloques, derechas e izquierdas, que en el Estado fueron adquiriendo mayor protagonismo. Pero la situación socioeconómica interna y la influencia de los procesos políticos exteriores acabaron por cerrar las posibles vías al diálogo.

En el País Vasco el panorama político era de mayor complejidad, debido a la presencia del nacionalismo. Su carácter confesional, enfrentado al radicalismo anticlerical de que hicieron gala los gobernantes del primer bienio, le llevó a colaborar con la derecha, singularmente la local, con el fin de hacer realidad uno de sus objetivos primordiales: la autonomía política. Sin embargo, la actitud de las derechas impidió finalmente el logro de un Estatuto de Autonomía único que englobase a Bizkaia, Gipuzkoa, Alava y Navarra. Esta cuestión y el clima de conflictividad social acabaron de situar al Nacionalismo en un centrismo posibilista que encontraría un aliado dispuesto a colaborar en la construcción autonómica: el socialismo moderado de Indalecio Prieto. El estallido de la guerra aceleró la aprobación de la Autonomía en octubre de 1936, aunque solo afectaría al territorio de Bizkaia, ya que, debido a los reveses militares, era el único territorio histórico vasco que quedaba leal a la República.

En 1878 se eliminó la barra de Portugalete y se inició la canalización y el dragado de la ría para, de esta forma, favorecer la salida de los barcos que transportaban al extranjero aproximadamente el 90% del mineral extraído de las minas de la margen izquierda. Además de estos barcos de calado cada vez mayor, había un vaporcito que unía varias veces al día Las Arenas con Bilbao. En 1893 se inauguró el Puente de Bizkaia, símbolo de la unión entre las dos márgenes de la ría, que completó los servicios ofrecidos por el barco de pasaje que funcionaba desde antaño. Para 1903 ya había sido terminado el Puerto exterior, gracias a la iniciativa de la Junta de Obras del Puerto y al ingeniero Evaristo de Churruca.

Indudablemente, fueron el tranvía y después el ferrocarril los medios de transporte que tiñeron de modernidad la vida cotidiana de finales del XIX.

En 1856 comenzaron las primeras gestiones para la construcción de un ferrocarril que enlazase Bilbao con las nuevas poblaciones surgidas en terrenos ganados al mar. En 1875, por orden de la Dirección General de Obras Públicas, se dio autorización a Don Felipe Lezama para hacer el estudio de un tranvía de Bilbao a Algorta con un ramal desde el puente de Lutxana al de Asua, y el gobernador civil solicitó toda la cooperación posible. Para 1878 ya estaba preparado el Reglamento del servicio de viajeros del Tranvía de Bilbao. En 1881 circuló el primer tranvía de caballos. Como curiosidad, diremos que el nombre de tranvía procede del de su inventor, el inglés Outram. Pocos años después, se comenzó a pensar en introducir locomotoras a vapor y en 1885 se llevó a cabo la expropiación forzosa de algunos terrenos particulares por los que tenía que pasar el tendido de la vía, y D Ezequiel de Agirre, presidente de la “Compañía del ferrocarril económico de Bilbao a Las Arenas”, comunicó que “el tendido férreo no interrumpe en camino carretil que desde los barrios de Udondo y Aqueche se dirige por la izquierda del Gobelas hasta empalmar con el de Las Arenas” que se haría un estudio detenido de las posibles modificaciones que le afectasen, que serían mínimas teniendo en cuenta las ventajas que el ferrocarril implicaría para el pueblo, “que efectivamente está muy aislado, ganará muchísimo [ya que] al puente que se va a construir sobre el Udondo se le agregará una pasarela con objeto de que los viajeros de Lejona puedan dirigirse brevemente al apeadero de Axpe”. En 1886 se presentó una memoria, croquis y plano de los caminos y servidumbres que interceptaba el ferrocarril. Su construcción fue impulsada por el capital bilbaíno de origen mercantil, interesado en que se revalorizasen esos terrenos, y por el auge de los baños de mar a consecuencia de sus propiedades curativas y tonificantes. El 1 de Julio de ese mismo año fue inaugurado con la presencia de la familia real. El tendido, de tan solo una vía (no se autorizaría la doble vía hasta 1905), hacía que los trenes de vapor tuviesen que esperarse en determinados lugares del trayecto para, mediante un sistema de cambio de agujas como el del tranvía, poder continuar su marcha. Uno de estos cambios estaba situado en jurisdicción de la anteiglesia de Leioa, entre el puente sobre el ferrocarril en Udondo y la estación de Lamiako junto a la fábrica Earle, es decir, en el camino que atravesando la vega, comunicaba Leioa con Las Arenas.

En 1887 la Compañía ferroviaria de Bilbao a Las Arenas accedió a dar parada a varios trenes (los nº 3, 5, 25 y 28, que salían de Bilbao a las 6:30 de la mañana y 5:30 de la tarde, y de Las Arenas a las 7:30 de la mañana y 6:30 de la tarde) en el paso a nivel del punto llamado Andiquera. No se descartaba el estudio de un servicio mas completo, para lo cual el Ayuntamiento habría de construir un camino.

El ferrocarril prestaba un servicio casi insustituible a las industrias de Lamiako que tenían un permiso de “cruzamiento del ferrocarril con vía portátil para transporte de mercancías” hasta 1895, fecha en la que se restableció una línea secundaria de servicio industrial, es decir, un apartadero frente al apeadero de Lamiako para depositar los vagones que se necesitasen para carga de arena.

La posguerra y la dictadura franquista Sociedad, política y economía

La crudeza de la guerra provocó que muchas familias quedasen deshechas, bien por la evacuación inmediata y masiva de la población civil (con destino a Santander y Francia tras el sitio de Bilbao el 12 de mayo), bien por el destierro obligado de muchos a Europa y América que, sensibilizadas por la tragedia de Gernika del 26.4.1937, les acogieron de buen grado o, en el peor de los casos, por la muerte en combate de muchos soldados, bajas a las que hay que sumar las que se produjeron entre la población civil a consecuencia de los bombardeos, y a las que ya nos hemos referido en páginas precedentes.

Además de, anímicamente, tener que sobrellevar a duras penas la falta del cabeza de familia -que o bien había fallecido o bien estaba en la cárcel-, a la situación económica pésima se añadía la represión y eliminación de toda especificidad vasca, moneda corriente durante toda la Dictadura. Las fiestas de carácter nacionalista que habían venido realizándose desde principios de siglo tocaron a su fin y el uso del euskera fue prohibido y quedó restringido exclusivamente al ámbito doméstico. Muchos de los que en esa época eran niños recuerdan haber sido amenazados con ser llevados “a la perrera” o tener que pagar una multa si continuaban hablando en euskera.

Con la llegada de los años 50′, diferentes cambios entraron en escena. Subió el nivel de vida y poco a poco fueron cambiando las costumbres. Comenzaron a llegar las primeras vespas, las primeras lavadoras, el butano, la olla a presión, etc, símbolo de la mejora de la calidad de vida. La moral, hasta entonces controlada por la Iglesia, experimentó pequeños pero significativos cambios.

La industria vasca, por su lado, partía con más ventajas en comparación con otros lugares, lo que permitió a la burguesía, sobre todo si era profranquista, acumular importantes masas de capital e invertir en nuevos negocios, en la ampliación de los ya existentes, o en instituciones financieras. El crecimiento industrial y económico se basó en los sectores económicos vinculados a la reconstrucción y al equipamiento del ejército, sobre todo en el siderometalúrgico, así como en el cemento y en los sectores que nacían o se desarrollaban basándose en la sustitución de importaciones, como eran el sector químico, eléctrico, la máquina-herramienta, etc. La banca (gracias al ahorro forzoso generado por la autarquía), los seguros y las navieras también crecieron enormemente.

En esta época, la infraestructura económica de Leioa estaba integrada por 2 industrias extractivas dedicadas a la fabricación de ladrillos refractarios de piedra natural, un taller de aserrar madera, el molino harinero de Elexalde, 4 empresas de transporte, 1 contrata de obras, 1 taller de herrería, otro dedicado a la fabricación de calzado y 3 modistas. Como es de suponer, estas actividades, que poco diferenciarían a Leioa de otros municipios, no eran, desde luego, el centro de las actividades económicas. La columna vertebral de la economía de Leioa estaba formada por una serie de empresas muy importantes en tamaño y en número de trabajadores. Muchas de ellas habían hecho su aparición en Leioa de la mano del nuevo s XX, como La Vidriera y, sobre todo, la Earle, que durante la época franquista se dedicó a la fabricación y depósito de hierro negro y galvanizado, de tubos, accesorios para los mismos, baterías de cocina, alambre de cobre, latón para cartuchos, hilos, alambres y otras aplicaciones, aleaciones ligeras de aluminio, duraluminio, alpaca y metal blanco, así como piezas diversas de automóvil basándose en planos y muestras. También destacaban la Aguirena (dedicada también a la fabricación de máquinas debastadoras, pulidoras, esmeriladoras, rectificadoras, hilos y alambres de latón, grifería y accesorios de fontanería, insatalaciones eléctricas, estampaciones metálicas, platillos y casquillos de embellecedores, tapones de radiador, parachoques, tubos de escape, de salida, faros, etc, todo para la emergente industria del automóvil) y la Victoria Echevarría Hnos., de fundición de metales.

Poco antes de la guerra se habían creado también empresas como la Fábrica Española de Productos Químicos y Farmacéuticos (FAES), fundada en 1933. Durante la dictadura franquista se crearon varias empresas muy importantes en Leioa. En 1939, gracias a las aportaciones de los Bancos Vizcaya y Español de Crédito y la Sociedad Bilbaína de Minerales y Metales, se creó Dow-Unquinesa en terrenos de Axpe-Erandio y Leioa. Esta empresa, que acababa de desmantelar sus instalaciones en Barakaldo, se expandió enormemente al diversificar su producción y crear con posterioridad filiales como Metalquímica del Nervión, Inquitex, General Química, etc. En 1943, año en el que comenzaron las primeras restricciones eléctricas a consecuencia de la sequía y de la escasez de carbón, se creó Metales Ibérica Aranzadi S.A. (MISA), orientada principalmente al tratamiento de minerales de cobre, antimonio, plomo y estaño, y a la fabricación de metales y aleaciones en lingo, así como la empresa Cadenas y Forjados, dedicada a la fabricación de cadenas de ancla para buques, forja y estampación de piezas de hierro y acero, mecanización y ajuste. 

En 1945 se creó AGRA, S.A. Acidos Grasos y Derivados, dedicada a la elaboración de margarinas, grasas comestibles, etc, refinación e hidrogenación de aceites, ácidos grasos y emulgentes. En 1946 surgió Nicolás Salterain, S.A. para la fabricación de baterías de cocina. En 1950 se creó PRACSA, S.A., que producía válvulas y accesorios para la industria química. En 1952 se fundó la Precisión Mecánica S.A., dedicada a la fundición de hierro y metales no férricos, cáscara y modelos de fundición. A partir de mediados de los 50, se abandonó la autarquía económica y se impulsó la creación de grandes complejos industriales que favorecieron el enriquecimiento de los empresarios a costa de bajísimos salarios.

En lo referente al grado de especialización de la mano de obra, abundaban los peones procedentes de las provincias limítrofes. Por el contrario, la escasez de obreros especializados hizo que algunas instituciones religiosas y las propias fábricas creasen sus propias escuelas de aprendices y maestría para la formación del personal. Así lo hizo, por ejemplo, Dow Unquinesa.

Esta infraestructura industrial se daba en medio de una situación socioeconómica precaria, especialmente entre el proletariado industrial, ya que los salarios se redujeron al tiempo que aumentaba el coste de la vida, y aún más a consecuencia del aislamiento durante la II Guerra Mundial. Estas dificultades económicas, unidas al malestar que provocaba la situación de represión política, provocó la politización de los sindicatos de trabajadores y su oposición al régimen. Así, entre 1945 y 1946, a pesar de la persecución y desmantelamiento de las organizaciones sindicales en los años precedentes, el movimiento interior de resistencia, en el que participaban de forma destacada los elementos clandestinos de las centrales sindicales (STV, UGT y en menor medida CNT), articuló la respuesta de los trabajadores frente a la situación de penuria padecida. Poco a poco se fue perdiendo el miedo a la huelga (que según el artí. 222 del Código Penal era delito de lesa patria), y, al margen del Sindicato Vertical integrado por falangistas, se sucedieron desde el verano de 1946 varias protestas por el hambre, que se intensificaron en zonas de elevada concentración industrial, como era Leioa, y alcanzaron su punto culminante en 1947.

1946 LEIOA

La crisis económica de los 50′, que puso en evidencia el fracaso de los intentos de integración en el marco de la economía internacional, reprodujo los movimientos huelguistas. La protesta obrera dirigió entonces sus miras hacia las reivindicaciones materiales y sociales en detrimento de las políticas. Así, en marzo de 1951, los sindicatos y la resistencia impulsaron la convocatoria de una huelga para exigir el aumento salarial y el control de los precios, en un intento de detener la ayuda americana al régimen franquista. Se trataba de demostrar, en definitiva, la debilidad del régimen franquista y su escasa articulación en la sociedad civil. El PNV lanzó la convocatoria de huelga general para el 23.4.1951, que duró tan solo 2 días, y en la que se evitó cualquier referencia de carácter político. A pesar de todo, la huelga, más intensa que la de 1947, no sirvió para movilizar a la opinión pública mundial en contra de Franco, que siguió siendo reconocido internacionalmente.

1956 LEIOA

El crecimiento urbanístico de los 40′ y 50′

Progresivamente, se intensificó el proceso industrializador en Lamiako y Udondo. A lo largo de toda la ribera se construyeron casas en hilada entre el borde del camino, la vía del tren y la ladera de Ondiz. También aparecieron viviendas dispersas y algunas agrupaciones ordenadas como el llamado “Mirador de Lamiako”, que ya había tenido un antecedente en el cercano grupo “Nuestra Señora de Begoña”. La industrialización de esta zona se prolongó sin solución de continuidad hasta Erandio.

Por otra parte, los bordes de la carretera de La Avanzada, a la altura de Ikea-Elexalde, empezaron a ser ocupados por desordenados bloques de viviendas para inmigrantes que trabajaban en las cercanas fábricas. Un ejemplo de ello es el barrio de San Juan, de Antonio Echeandia.

Paralelamente a esta corriente industrial-obrera que, desde la ría a partir de Lamiako llegaba a través de Udondo al corazón administrativo del municipio (Ayuntamiento-Iglesia-Escuelas), también se desarrolló una corriente residencial de calidad a caballo entre Artaza y Neguri. Así, la aparición de Negurigane en los años 50, significó la presencia de una ciudad jardín de alta calidad de vida por mimetismo con lo que en las cercanías, pero con una mayor carestía de terrenos, existía.

EL SEGUNDO GRAN CAMBIO: DESDE LOS AÑOS 60 AL LEIOA DE HOY

En los 60′, con el fin del aislamiento -aunque no del intervensionismo del gobierno- y la llegada de inversión exterior propiciados por el Plan de Estabilización Económica de 1959, se produjo una reactivación y un nuevo tirón industrial, basado en la mano de obra barata proporcionada por inmigrantes agrícolas, en la inversión de capital extranjero en sectores dinámicos como lo era la industria química, la importación de tecnología, el dinamismo de la banca, el aumento de las exportaciones y el excedente del ahorro interno. También surgieron empresas dedicadas a la construcción naval, como La Auxiliar Naval (1962) que realizaba trabajos de calderería en general y fabricaba material estanco para instalaciones eléctricas en buques, y otras como FRIAASA (Frigoríficos y Auxiliares de la Alimentación, S.A) en 1964 o Derivados del Flúor en 1967.

El resultado de la suma de estos factores se tradujo en un alza demográfica favorecida por las ayudas del gobierno y por la llegada de inmigrantes jóvenes; sin embargo, frente a la acumulación capitalista, los obreros se veían perjudicados por la congelación salarial y el aumento de los precios de productos de primera necesidad, lo que dio lugar a la multiplicación de movimientos huelguísticos y a la desviación de mano de obra a otros países europeos.

En la década de los 70′, la agricultura estaba en franco retroceso por la ocupación del suelo por las industrias, y por la transformación del suelo agrario en áreas de servicios. El sector secundario (60 empresas del metal, 17 químicas, 10 dedicadas al vidrio y la construcción) empleaba al 60% de la población activa. El sector terciario se iba afianzando paulatinamente siguiendo el ritmo de crecimiento del municipio. Uno de los cambios más llamativos fue, por lo tanto, el crecimiento de la clase obrera, así como el de la clase media: aumentó el número de profesionales, técnicos, administrativos y empleados de comercio, gracias al impulso que dio el desarrollo de las universidades. Pero hacia 1973, finalizó la etapa del milagro económico que había comenzado en los 60′ y los sectores siderúrgico y naval entraron en crisis a consecuencia del descenso de la demanda, de la excesiva dependencia que habían generado y de la inestabilidad política que frenaba la inversión. Todo ello marcó el fin de la llamada “cultura del hierro” y provocó el aumento del paro y la consiguiente conflictividad laboral y regresión demográfica (la tasa de natalidad descendió, los saldos migratorios fueron negativos y la población inició un proceso de envejecimiento).

1980 LEIOA

En los 80′, la reconversión industrial que siguió a la crisis y que fue impulsada por la previsible entrada de España en la CEE, afectó a numerosas empresas de Lamiako; el hasta entonces núcleo fundamental del municipio, afectado por la reducción de empleo, las prejubilaciones e indemnizaciones, comenzó a perder su protagonismo en beneficio del área urbana en rápida expansión a ambos lados de la Avanzada. El proceso de residencialización convirtió a esta última zona en un área de habitación y crecimiento urbano, hacia la que afluía un movimiento poblacional en busca de una zona no tan saturada como la margen izquierda de la ría.

1985 LEIOA

Los 90′ fueron de crisis y recuperación, simbolizados por el cierre de Euskalduna, la creación de la ACB y el apagado del último horno de AHV, el “Mari Angeles”, en julio de 1996. Al tiempo que el sector financiero atravesaba una etapa boyante, se dio un fuerte impulso a la tecnología y a la competitividad, así como a la formación para reducir el desempleo.

Actualmente, Leioa cuenta con 27 grandes establecimientos industriales ubicados en su mayor parte en Udondo y Lamiako, y que ocupan a más de 2.000 trabajadores. Destacan 3 grandes empresas químicas, que generan más de la mitad de estos puestos, 18 pequeños establecimientos dedicados al sector del metal, y 6 empresas manufactureras. En total existen casi 300 empresas censadas en el municipio: el 15% se dedican al metal y al vidrio, más del 10% son carpinterías de madera y metal, 7% de construcción, 4% de alimentación, y 2,8% químicas y farmacéuticas.

La industrialización trajo consigo un alza en los niveles de vida y nuevos niveles de consumo. Los artículos de primera necesidad absorbieron una parte cada vez menor de los ingresos familiares y dejaron más para otros gastos (televisores, lavadoras, frigoríficos, teléfonos y, sobre todo, coches). Al mismo tiempo, asistimos desde hace varios años a una internacionalización o, mejor dicho, “americanización” de la cultura, que convive en Leioa con el mantenimiento de las tradiciones.

Dejando atrás su reciente pasado agrícola, actualmente Leioa es, como hemos dicho, un municipio industrial, pero que en estos últimos años se está convirtiendo en eminentemente residencial, desarrollándose de forma espectacular el sector terciario y el de servicios. Dada su cercanía a Bilbao, sirve como centro de descongestión a la capital, tanto desde el punto de vista residencial como de equipamientos.

Acoge las instalaciones principales de la Universidad del País Vasco (EHU-UPV) y numerosos centros docentes y religiosos privados como los colegios de Askartza Claret, Las Irlandesas, el Colegio Inglés, el Colegio Gaztelueta, el de las Madres Mercedarias, y el Convento de las Dominicas de la Encarnación, centros culturales y numerosos centros de servicios sociales orientados a la atención a la infancia y la juventud. A los numerosos establecimientos comerciales minoristas y entidades bancarias, hay que sumar la existencia de grandes superficies comerciales y locales de oficinas ubicadas en el eje de la Avanzada.

En definitiva, se abrió el proceso para que desde 1977, al reimplantarse la democracia en el Estado, se atisbaran nuevas posibilidades para la ciudadanía en el plano político y en sus intereses individuales y colectivos. Un efecto de todo ello fue la reinstauración de los ayuntamientos de elección popular y la posibilidad de votar en las elecciones estatales. Y sin duda, el reconocimiento de Euskadi como comunidad a través de la reimplantación de la autonomía vasca abrió a Bizkaia y a sus habitantes un marco institucional vetado durante 40 años.

2000 LEIOA

EVOLUCIÓN DEMOGRÁFICA

En las décadas de 1960 y 1970 la emigración se vio eclipsada por el impresionante flujo poblacional interior originado por el “milagro” económico. Según cifras oficiales, que indudablemente minimizan el grado de movilidad, alrededor de 5,7 millones de españoles se trasladaron de una provincia a otra entre 1962 y 1967. Este movimiento llevó a muchos millones de personas del campo a la ciudad, provocando un descenso en la mano de obra agrícola y un crecimiento aceleradísimo de los núcleos urbanos. En el País Vasco, los jóvenes fueron abandonando los caseríos en busca de trabajos asalariados en las ciudades. En lo que respecta a la tasa de natalidad, el descenso fue progresivo debido a la difusión de las prácticas de control de la natalidad y al aumento de la edad nupcial, entre otros factores.

Muchas zonas de Leioa, hasta entonces escasamente pobladas, crecieron de forma importante, como San Bartolomé. En 1960, se colocó la primera piedra de la que iba a ser la 3ª iglesia más importante del municipio, la de los Padres Oblatos. Es en estos años cuando se produjo el fenómeno de mayor repercusión desde el punto de vista demográfico: la inmigración y el consecuente aumento poblacional transformó completamente Leioa, que fue adquiriendo poco a poco su aspecto actual.

En el período 1981-1991, acorde con el descenso moderado de las tasas de natalidad y mortalidad, la población de Leioa mantuvo un crecimiento moderado que ha tendido a acelerarse en los últimos años de los 90′. Buena parte de este aumento de la población, compartido también por los municipios cercanos de Getxo y Berango, se debe a la saturación y declive de los municipios fabriles de la margen izquierda y a los movimientos migratorios internos. Así, el padrón de 1991 contaba con 25.490 habitantes de hecho, mientras que en 1998 pasó a contabilizar una población de 27.456 habitantes.

La densidad actual del municipio es de 3.050 hab/km2 y crece constantemente. En la actualidad, las zonas más densamente pobladas son la Avenida Iparragirre, Kandelazubieta, Ikea, Langileria, Avenida Sabino Arana, Sarriena, Avenida Santa Ana, Iturribide, Artazagane y Txorierri.

Leioa es un municipio de población joven (casi la tercera parte de la población no supera los 19 años) y de crecimiento vegetativo positivo (1,7%). La mitad de la población activa está ocupada en el sector servicios (46,9%), el 30,5% en la industria, el 5,7% en la construcción y el 0,2% se dedica a la agricultura.

2005 LEIOA

HÁBITAT Y URBANISMO

En 1960 la Junta de Caridad del Santo Hospital Civil de Basurto se planteó la necesidad de crear un nuevo hospital. Tras elegir Leioa como emplazamiento, la primera piedra de este edificio de 15 plantas se puso el 19.6.1974, pero que no se llegó a terminar por problemas económicos.

Las casas de obreros de la Vidriera fueron derribadas a finales de los 60′ y el suelo se destinó a uso industrial. A partir de los 70′ y hasta la actualidad, la corriente residencial de calidad que ya se había iniciado anteriormente, se expandió con urbanizaciones de casas unifamiliares adosadas con jardín en diversas zonas del municipio, que conviven con “las habituales e insufribles promociones especulativas de los 70′ y una excesiva pretenciosidad de los supuestamente sensatos años 80′. Un ejemplo de viviendas ajardinadas lo constituye el grupo Mardoena-Aurre de Sarriena, realizado en régimen de cooperativa para profesionales y clases medias. En su ejecución destacó el tratamiento individualizado de cada edificio y su integración en el entorno.

Todo este proceso ha dado lugar a un hábitat mixto, ya que la población se concentra en diversas áreas, formando urbanizaciones que se encuentran bastante separadas unas de otras. Estas urbanizaciones conviven con caseríos dispersos, formando un conjunto bastante desconexionado. El Plan General de Ordenación Urbana pretende corregir esta situación derivada del carácter de “road-village” mediante la urbanización de los espacios libres, de cara a unir estas zonas, dotándolas a la vez de áreas ajardinadas y equipamientos urbanos de primer orden. Todavía se conservan en el municipio algunas viviendas tradicionales de 2 plantas, pero poco a poco van siendo sustituidas por modernas urbanizaciones con espacios ajardinados y trama abierta. Las nuevas urbanizaciones se sitúan principalmente en los aledaños de La Avanzada, siguiendo el trazado de esta carretera hasta la rotonda de Getxo y extendiéndose hacia la Universidad por su parte derecha.

El centro administrativo y funcional del municipio se localiza a ambos lados de la carretera de La Avanzada, en los barrios de Udondo, Sakoneta, Iturribide, Monte Ikea, San Juan y Elexalde. El barrio de Elexalde, donde está emplazada la iglesia, el cementerio y el Ayuntamiento, está siendo urbanizado, junto a Sakoneta y Mendibile, primando la calidad de las nuevas viviendas asentadas en las proximidades del nuevo Centro Cívico de Leioa.

En las zonas periféricas encontramos urbanizaciones de distinto tipo: en la zona colindante con Getxo se encuentran los barrios de Pinueta, San Bartolomé y Negurigane, Gaztelueta y Ondiz, que cuentan con núcleos residenciales de cierta calidad alternados con edificaciones tradicionales y caseríos. A ello se añaden las edificaciones en la vega del río Gobela frente al nuevo Parque de Artaza, sobre arenales que en su día fueron predestinados por el Plan Comarcal para ser urbanizados, y que en la actualidad forman un conjunto de gran calidad estética. En las zonas altas del municipio y en el camino de la Universidad se encuentran las urbanizaciones de Artazagane, Peruri y Sarriena, donde abundan los chalets adosados y las urbanizaciones desarrolladas en altura pero dotadas de buenos equipamientos deportivos. La zona próxima a la ribera de la ría (Lamiako, Aketxe, La Chopera y el Mirador de Lamiako), en franco declive industrial y caracterizada por la mala calidad de las construcciones (en su día destinadas a albergar a la masa de inmigrantes que llegaban a trabajar en las fábricas cercanas en las décadas 1960-1970) y la carencia de equipamientos, está siendo objeto del Nuevo Plan De Reforma y Rehabilitación Interior (PERRI). Otras zonas como La Tejera, San Bartolomé, Pinosolo y Sansoena, presentan una mezcla de edificaciones tradicionales y caseríos con viviendas de nueva factura.

2010 LEIOA

COMUNICACIONES

Leioa está atravesada en su parte central por la principal vía de comunicación de la margen derecha de la Comarca, la Autovía de La Avanzada -soterrada al cruzar el municipio para evitar el impacto que suponía para la población-, que comunica a Leioa y Getxo con el Txorierri y los accesos al aeropuerto, con la comarca de Plentzia-Mungia a través del Corredor de Uribe-Kosta, y con Bilbao y la margen izquierda a través del puente de Rontegi. Por la ribera de la ría discurre la carretera BI-6311 de Bilbao a Las Arenas, que sigue el trazado del antiguo camino de sirga del Puerto de Bilbao, pasando por las zonas industriales y obreras de Lamiako y Astrabudua. Otras vías son la carretera de acceso a la Universidad, la carretera foral de Leioa al alto de Umbe y, teniendo en cuenta lo disgregado del municipio, numerosas pequeñas vías locales que enlazan los distintos núcleos.

Paralelo a la carretera Bilbao-Las Arenas discurre el Metro de Bilbao sobre el antiguo trazado de ferrocarril de la margen derecha. Aunque el municipio cuenta con dos estaciones (Lamiako y Leioa), el nuevo Metro no presta un servicio adecuado a la mayoría de la población de Leioa, ya que, a pesar de la insistente demanda, no llega hasta La Avanzada ni hasta la Universidad. A pesar de todo, el soterramiento en parte del trazado del metro a su paso por Lamiako, ha supuesto la mejora del transporte viario. En un futuro quizá se emprenda la peatonalización de Udondo y la construcción de un tranvía que uniría la estación de metro con el Boulevard.

Un futuro que ya es presente

El Planeamiento municipal de Leioa contempla diversas áreas de expansión para continuar haciendo ciudad. Para ello se definen diferentes suelos con vocación residencial, de equipamientos, y de actividades económicas.

En lo que a los suelos residenciales se refiere, dado que muchos de los contemplados son de naturaleza urbanizable, el desarrollo de los mismos va a permitir alcanzar estándares de vivienda protegida de hasta un 65% del total de vivienda a construir. Ello posibilitará que, unidos a otros suelos de carácter urbano aún pendientes de desarrollar, prácticamente una de cada dos viviendas a construir en el municipio tenga el carácter de vivienda protegida.

En este sentido, Leioa prevé el desarrollo de las zonas de Leioandi, Ubedene, Torresolo, Ondiz, Larrakoetxe, San Bartolomé, Telleria, Lamiako-Txopoeta y Txorierri.

Leioandi define el crecimiento de la ciudad hacia la Universidad en una primera fase, un objetivo estratégico de primer orden para el municipio: poder abrazar el campus universitario. En ella se recoge la ordenación de este crecimiento desde el Ayuntamiento hasta el colegio Irlandesas por un lado y a partir de la loma de Leioandi hasta Aldekoena y Artatzagana. La zona acogerá 407 viviendas protegidas, preservará la loma de Leioandi y la próxima al arroyo y molino de Errekalde como zonas de espacios libres, reordenará la calle Artatzagana desde la rotonda del colegio Inglés hasta el parque Bordeoena y permitirá la urbanización de una gran avenida por la que transitará el tranvía a su paso hacia la Universidad proveniente del centro urbano.

Ubedene, entre las instalaciones deportivas de Sarriena y el instituto Barandiaran Goikoa, supone un segundo paso en ese objetivo de alcanzar la Universidad a través de una trama urbana. Contempla la puesta a disposición de los y las leioaztarras de 124 VPO y la gestión de suelos necesarios para la ejecución de la senda tranviaria.

Torresolo y Ondiz determinan la expansión del centro del municipio hacia uno de sus barrios históricos. Ello será posible mediante la materialización de 322 viviendas protegidas a situar en una extensa zona que abarca suelos comprendidos entre el colegio Mercedarias, el parque de Aldapa, Pinosolo, el depósito de aguas y el barrio de Ondiz. Además de ello, el municipio ganará zonas totalmente equipadas (deportivas, docentes, culturales…) y de esparcimiento, así como nuevas mejoras en las comunicaciones viarias y peatonales de esos núcleos, así como del barrio de Txorierri. Las edificaciones previstas en Ondiz preservan y refuerzan su carácter de núcleo histórico y su encanto singular, potenciando sobre todo el entorno del parque, que más que duplica su actual extensión, la ermita y el probaleku.

Larrakoetxe, San Bartolomé y Telleria regulan el crecimiento previsto en los suelos situados en el barrio de Basañez y entre éste y los barrios de Artatzagane y Sarriena. Su materialización permitirá la puesta en marcha de 148 VPO y la habilitación del parque de Altzaga, así como la recuperación de un importante tramo del arroyo Landabarri con la creación de un corredor verde junto al mismo. Junto con ello se amplían y renuevan zonas públicas de esparcimiento como la plaza de San Bartolomé, en el centro cívico del barrio, y se obtienen suelos para equipamientos municipales (educativos, deportivos…). Igualmente se producen mejoras sustanciales en las comunicaciones viarias y peatonales entre los mencionados barrios con la apertura y renovación de nuevas calles. Lamiako-Txopoeta prosigue con las actuaciones de rehabilitación y regeneración urbana ya en marcha. Además del PERRI, auténtico motor de revitalización del barrio, la actuación prevista en los suelos industriales situados en el corazón del barrio, permite la salida del mismo de las empresas Delta de Lamiako, ALESA y LAN y su recuperación para unos usos más acordes con su céntrica ubicación. En ellos el municipio obtiene la cesión de un suelo vital para poder desarrollar equipamientos que acojan servicios municipales para el barrio, de modo que permitan trasladar los actualmente existentes al otro lado de las vías, así como aportar otros adicionales.

Txorierri ve completada su configuración urbana con un remate de gran calidad en la zona sur del barrio. De este modo se configura una plaza orientada a obtener el mejor soleamiento, un paseo mirador que permite unas inmejorables vistas a la Ría, así como una conexión mecánica que permita salvar el desnivel existente entre el barrio y Lamiako-Txopoeta.

Pinueta, si bien no acoge incorporación de nuevas viviendas, no está exento de actuaciones de mejoras contempladas en el PGOU. Tras varios procesos sucesivos de participación vecinal en la configuración de una propuesta que permita afrontar problemas de antiguo existentes en la configuración urbana del barrio, finalmente existe un consenso entorno a la construcción de un parking de aproximadamente 400 parcelas subterráneas, que permita a su vez dotar a la zona de una plaza de uso público y un frontón, así como destinar a usos municipales el inmueble histórico situado en Langileria, todo ello en Gaztelubide.

Plano del campus de la UPV:EHU de Leioa – ThingLink

Este crecimiento de corte residencial previsto para Leioa, exige también, en una apuesta de futuro que pretende ser equilibrada y responsable, una previsión de suelos para albergar actividades económicas que posibilite la creación de empleo en el municipio. Este objetivo se prevé afrontarlo mediante los Parques de Actividades Económicas de Saltuena, Leioa-Astrabudua y Lamiako-Txopoeta. Para ello existen ya las correspondientes reservas en suelos ubicados en la zona del antiguo Hospital no nato, en los límites con Erandio a la altura del río Udondo y en la zona inmediata a la dársena de Lamiako. Este último, el de Lamiako-Txopoeta, pretendería convertirse en el complemento necesario para equilibrar la actuación de regeneración urbana residencial que suponen las actuaciones de rehabilitación previstas en el barrio.

Un complemento perfecto a estos 3 nuevos PAEs vendrá dado por la creación del Parque Científico de la UPV. Una moderna y puntera instalación integrada en la red de parques tecnológicos de Euskadi que permitirá consolidar la apuesta de la UPV por su permanencia en el municipio aglutinando una importantísima oferta complementaria a la actividad investigación e innovación realizada en el campus, así como una enorme inyección de empleo de calidad ubicada en Leioa.

MODELIZACION LEIOA

Un lugar donde poder formarse y trabajar

El PGOU no sólo ha definido y permitido gestionar el desarrollo de la ciudad desde un punto de vista residencial y de equipamientos públicos. Una de las apuestas más importantes contempladas en el modelo de crecimiento urbanístico ha sido la reserva de suelo para albergar actividades de naturaleza económica que permitieran la creación y ubicación de empleo en el municipio. Todo ello con el objeto de mantener una realidad histórica, cual ha sido el garantizar en Leioa un binomio residencia-empleo y con el objetivo de superar definitivamente el concepto de ciudad dormitorio acuñado en épocas ya pasadas.

El Parque de Actividades Económicas de Ibarrabarri ha sido un punto referencial en esta apuesta. Este PAE consolida una realidad terciario industrial del municipio y le permite extenderse hasta prácticamente la Ría con una mezcla de usos amable: oficinas, talleres, pabellones… En este moderno espacio se ubica también el edificio municipal que acoge una buena parte de la oferta de corte formativo profesional del Ayuntamiento de Leioa.

Junto con este PAE de Ibarrabarri, también se ha materializado el de Udondo-Ría, en el límite con Erandio a pie del Ibaizabal, así como los de Amaia y Santa Ana, colindantes con Getxo en la zona de Gaztelubide.

En esa misma zona, el PAE de Ibaiondo permite dar unos nuevos usos a los suelos industriales de Cadenas Vicinay, posibilitando así una transición mas amigable entre dichos suelos y la zona residencial existente. Además, la actuación aporta también una amplia plaza de uso público, así como una importante oferta de parking subterráneo para una zona ya consolidada y el germen de un vivero municipal de empresas.

Leioa ha visto como se desarrollaban en su seno varios edificios de uso terciario, básicamente oficinas y comercios anexos, de importante calidad arquitectónica que además han contribuido a realzar zonas más residenciales. Así el edificio Ikea Etxea en el centro urbano y los de la zona terciaria de Laubide, que contemplan un conjunto de edificaciones como Artatza Etxea, el hotel Avanzada y otros además del Gobela. Este entorno se ha convertido en la rótula ideal entre el barrio de Basañez y la prolongación del centro urbano a través del paseo de Lekueder.

EDIFICACIONES LEIOA

Un lugar para vivir y disfrutar

Leioa ha crecido mediante la materialización de los desarrollos urbanos residenciales de Mendibile, Bulevar de Udondo, Pinosolo, Txorierri, Aldekoena, así como con la operación de regeneración urbana que se está llevando a cabo en Lamiako-Txopoeta. La puesta en funcionamiento de estas actuaciones ha permitido, entre otras realidades, poner a disposición de los y las leioaztarras cerca de 800 VPO y poder así continuar con una apuesta por la vivienda de precio asequible que el Ayuntamiento comenzó de forma pionera en Euskadi a principios de los años 90′ con la promoción de 100 VPO en la c/ Luis Bilbao Líbano. De este modo, Leioa ha destinado a VPO prácticamente el 35% del número total de vivienda construida en sus suelos urbanos, cuando el estándar legal aplicable se situaba en el 20%. Un total de 15 puntos porcentuales por encima de lo legalmente exigible.

El área de desarrollo de Mendibile se concibió como una solución para los problemas derivados del urbanismo intensivo y agobiante con que se crearon en los años 60′ los barrios de Iturribide, Donibane-San Juan, e Ikea. Por eso, Mendibile además de suponer un remate del centro urbano por el lado este, realiza 2 grandes aportaciones a estos barrios: por un lado, la zona de aparcamiento en superficie de Martibarrena y el parking de Bidekurtzio y, por otro, lo espacios públicos del parque de Mendibile y la plaza Bidekurtzio. Ello se ha complementado con la puesta en marcha de 2 actuaciones municipales, cuales son la pasarela de Mendibile que permite conectar las 2 márgenes de la Avanzada y la recuperación del caserío Mendibile como Bizkaiko Txakolin Etxea.

MAPA RUIDO LEIOA

El Bulevar de Udondo ha tenido la virtualidad de extender el centro urbano hacía el Metro y hacer posible una conexión urbana del centro con Lamiako Txopoeta con parámetros de gran calidad. La nueva zona residencial ha permitido la generación de nuevas conexiones viarias, amplias zonas peatonales, así como la reserva de un gran espacio destinado a un gran equipamiento municipal en los suelos hoy ocupados por el parking provisional de Udondo. Pero sin duda, lo más importante que ha aportado esta zona de expansión consiste en haber adelantado en el tiempo las obras de urbanización de la senda por la que transcurrirá el tranvía Metro-Universidad de Leioa, objetivo fundamental para lo que el Bulevar de Udondo fue concebido.

Pinosolo ha pretendido viabilizar el crecimiento urbano de Leioa por su zona oeste, al tiempo que, por un lado de la Avanzada permitía unir físicamente el centro con el barrio de Basañez y por el otro permitía un remate urbanístico en uno de los lados de la zona más próxima al ambulatorio de Osakidetza y al colegio Mercedarias con la renovada calle de Aldapabarrena. Pero además, el municipio ha ganado en zonas peatonales (como el paseo de Lekueder), reservas de suelo para la implantación del polideportivo de Pinosolo, equipamientos como el Skate Park, locales para albergar servicios municipales (como el Gazteleku) y sobre todo ha recuperado para el disfrute los parques de Pinosolo y Ugarteondo. Además la zona ha posibilitado aportar los primeros metros de un ambicioso proyecto de bidegorri que conecte vía bicicleta Leioa y Getxo.

Txorierri era la única zona del municipio que no había visto cumplirse las expectativas de crecimiento urbano previsto en las Normas Subsidiarias, instrumento de planeamiento municipal previo al PGOU y que rigió durante los primeros 20 años de andadura democrática. Esta carencia ha sido corregida con el citado PGOU que ha permitido consolidar el barrio por su zona norte, al tiempo que ha aportado 3 mejoras: la habilitación de una gran plaza pública con una zona verde que facilita su transición hacia el núcleo del barrio, una cierta racionalización de la circulación viaria y zona de aparcamientos y la aportación de nuevos espacios para mejorar los servicios municipales sitos en Txorierri (nuevo centro de mayores y sala polivalente).

Aldekoena, a caballo entre Sarriena y Artatzagana, ha supuesto una contribución importante a la hora de poder unir ambas zonas y aportar también soluciones a determinadas carencias. Así, el desarrollo de este nexo de unión ha permitido la renovación viaria, la mejora de la circulación con sendas rotondas ajardinadas con gran calidad, el aporte de nuevas oportunidades de aparcamiento y la habilitación del parque de Bordeoena con su zona de juegos.

En lo que a Lamiako-Txopoeta se refiere, el PGOU de Leioa había previsto varias operaciones de regeneración urbana cuya factibilidad venía dada por la finalización de las obras realizadas con motivo del paso del Metro por el barrio, ya que si bien no permitieron que se produjera de forma soterrada, si posibilitaron ganar una mayor amplitud de espacios con la ampliación de la calle Langileria, lo cual devino en vital para asegurar su buen fin. Ello ha posibilitado realizar la conexión urbana entre Lamiako y Txopoeta, con la operación de 170 viviendas del Gobierno vasco y la creación de nuevos espacios públicos (plaza, zona de juegos y nuevo centro de mayores y sala polivalente), así como dar comienzo al PERRI del barrio, una operación de rehabilitación urbana que permite derribar viviendas antiguas, viabilizar realojos, generar nuevos espacios públicos en forma de plazas, zonas ajardinadas y locales para equipamientos y servicios municipales.

PGOU LEIOA

PGOU LEIOA 02_ESTRUCTURA GENERAL Y ORGANICA (USOS GLOBALES)

PGOU LEIOA 03_CLASIFICACION DE SUELO

PGOU LEIOA 04_SISTEMAS GENERALES

PGOU LEIOA 05_PROTECCION DEL MEDIO Y DE LA EDIFICACION

PGOU LEIOA 06_DISENO URBANO-USOS PORMENORIZADOS

PGOU LEIOA 09_GESTION DEL SUELO

PGOU LEIOA 10_VIVIENDA DE PROTECCION OFICIAL

Da gusto interpretar con tanta precisión la dinámica imparable de los municipios activos como Leioa. Felicitaciones a esa gobernanza discreta y precisa.


Cada mercado es local.

Cada municipio tiene su singularidad.

Cada municipio se retrata en su parque residencial.


Seguiremos analizando en próximas entregas los 350 municipios mayores de España